miércoles, 7 de julio de 2021

LA GITANA


 La esperanza alienta. La espera castiga, es una prueba de templanza, la austeridad de un tiempo sin horizonte. La esperanza induce al engaño. Detrás de la espera, se esconde la desilusión. Sin término medio, alejamos las dudas con la magia de lo incierto, con la improbable predicción del oráculo.

El Barroco inventó el realismo, llevó la “naturalidad” más lejos del detallismo de la Edad Media, para hacer de la carne y el espíritu un estado verosímil, capturar la apariencia de la existencia. Bartolomeo Manfredi, pintor virtuoso y erudito, capta con una precisión, que hoy se llamaría híperrealista, la esperanza que se confunde con más dudas, en su óleo La Lectora de la fortuna (1616-1617).  La gitana está ciega, como Tiresias, es capaz de conocer el destino con la mirada de la sabiduría que contiene el tiempo, es la mente prodigiosa de los oráculos. La ceguera que es capaz de percibir lo que la mirada mundana no alcanza. Sin ver la mano de la dama, le describe lo que las líneas del destino le tienen designado. Sus ojos están fijos, sus dedos tocan la palma de la mano, y señalan. La dama elegante, a la moda con un sombrero, y vestido de seda, inclina la cabeza en ese gesto de pensar en lo que oímos, es la otra mirada: la del sonido, las palabras y su significado. La luz, ese invento del Barroco, la luz, que es personaje, dictador, narrador y artificio, va de derecha a izquierda, de la gitana a la dama, la luz de las palabras, le ilumina el rostro. Al lado de ellas, dos personajes,  otra gitana que acompaña a la adivina, y un hombre ojeroso, con sombrero tocado por una pluma roja, que mira con atención intrigado a la gitana. Los amantes y la adivina, lo que ellos ocultan, la adivina lo revela, con la luz del Barroco.

El contraste es la penumbra, que cubre a la otra gitana, de manos agiles, que roba mientras la Pitonisa habla. La esperanza y la espera, la ilusión y el desengaño.

La incertidumbre es la penumbra que los rodea, esa que crea el contraste con la luz, el dibujo de los rostros, la ropa, las ojeras del hombre, el refugio de la belleza. La gitana en trance, sus ojos encima de la realidad, son los ojos de Manfredi, de Tiresias, de la edad del mundo.

Sucedió hace cinco siglos, era la cotidianeidad de enfermedad, guerras y amores frustrados, como lo es ahora. Esa esperanza seduce a la joven dama a preguntar al oráculo los secretos que la  vida no responde, pasan por encima de la espera para agarrase de los harapos de la esperanza.

 

5 comentarios:

josemaria dijo...

Gitanas y adivinadoras que con una mano leen el futuro ajeno y con la otra se proporcionan una mejora para el propio. Siempre me encantó la buenaventura de De la Tour, a pesar de que pueda achacársele un cierto tono misógino (si es que se pretende: el mocito indefenso rodeado por una tropa de mujeres en la que ninguna desea su bien por uno u otro motivo). La composición de estos cuadros basa su equilibrio compositivo en los juegos de manos y miradas y un estudio de personajes característicos cuasi arquetípicos que lo convierten en un género por si mismo, genero que podría considerarse, más que un “apres nature” del que solo conserva la coartada costumbrista, otro tipo de naturaleza muerta: bodegones de personas.
Esperanza e ilusión vs espera y desengaño. No puedo estar más de acuerdo con Ud. en este campo (semántico). Esperanza e ilusión se entienden como las versiones elevadas, “espiritualmente” hablando, de espera y desengaño. Sin embargo, la esperanza no se basa en una proyección de futuro desde las posibilidades reales sino en una fe de futuro, es decir, en el deseo de cumplimiento de una imagen concreta de futuro. Un ejemplo claro de esperanza, y de la capacidad de resiliencia que asiste a quien vive inmerso en ella, es el moralizante cuento de la lechera. Con la ilusión lo tenemos mas fácil: en latín quiere decir “engaño” y de ahí que exista un “desengaño” que oponerle. Al contrario, la espera sería una proyección racional a futuro de las posibilidades y la desilusión la victoria de la verdad sobre la mentira. Aun así, consideramos la esperanza y la ilusión como valores positivos y sus opuestos como negativos. Esto solo puede indicar que, o bien el ser humano desea vivir inmerso en la mentira o que la alegría está ausente de su vivir diario, y no se cual de ambas estampas se dibuja mas terrible.
De la misma manera, en la lucha del ser humano por superar la incertidumbre, el orden se considera un valor positivo y elevado y el caos uno negativo y rastrero, cuando el orden se basa en la profesión dogmática de una fe (y nada puede ser mas incierto que lo inmaterial y fantasioso) y el caos en lo concreto (aunque desconocido). En definitiva, llamamos certeza a la mentira que nos resulta más conveniente y caos a la realidad que no nos satisface.
Quizá una frase de este tipo, que describiera la necesidad de autoengaño (más allá de la capacidad de mentirse a uno mismo) habría sido lo bastante definitoria de la especie humana para ser grabada en los discos de las sondas Voyager…pero, como no podía ser de otra manera, los humanos se engañaron nuevamente mostrándose perfectos.

josemaria dijo...

Leí su comentario en Milenio sobre la espantosa estatua de Lady Di. Podría quedar resumido en su primera frase: Primero el melodrama (la vida de Lady Di) y después la tragedia (la estatua). Acertado su análisis. Añadiría que, cuando vi la imagen de la presentación con los príncipes, se me hizo “ofensiva” la sustracción que hace la estatua del papel de reina madre (madre de rey) que debería haber tenido en un futuro Lady Di que se deriva en favor de una infancia ajena que además es estandarizada y ramplona. Y digo que me pareció una imagen “ofensiva” de cara a los hijos, que descubren la estatua (que sin duda conocían de antemano) y no se ven reflejados en ella, como si su madre les hubiera repudiado definitivamente. La excusa de este sacrificio se debe haber sustentado en una pretendida “Universalidad de Diana”, pero es evidente que la estatua no desprende ninguna de las virtudes que honoris causa se le otorgaron en vida a la princesa, y ni siquiera lo intenta, perpetrando una maternidad protagonizada por una “madre de nadie” y de nada. También me ha asaltado el extraño papel que juega en el conjunto el tercer niño, el “invisible”, el oculto. ¿Se esconde en esa figura un extraño mensaje cifrado (me resuenan tejemanejes propios de “el contrato del dibujante” de Greenaway) o simplemente han intervenido tantos intereses divergentes sobre la estatua que, finalmente, ha quedado un despojo descoyuntado e inconexo que solo sirve al descredito de la representada y es una muestra mas de la decadencia de su familia política?
Un saludo!

Unknown dijo...

Hola Avelina, cómo estás?
Quisiera invitarte a ver un video que acabo de montar a youtube, el cual lleva por título EL ARTE HA MUERTO, en el cual incinero toda mi obra
https://youtu.be/QIgajHKtHCg
Un abrazo y gracias por tu tiempo

Erika Zavala dijo...

Hola Apreciable Avelina Lesper, me gustaria poder contactarme con usted dejo aqui mi comentario ojala se comunique .

Unknown dijo...

Admirada Avelina:
Hasta ahora no tenia el placer de conocerla.Me siento totalmente identificado con sus opiniones y considéreme desde hoy su seguro seguidor desde Vejer, pequeño pueblo de Andalucía desde donde se puede disfrutar de las vistas de Africa,Tánger, desde mi terraza.
Me gustaría saber si tiene previsto visitar España.Para ARCO no se lo aconsejo!
Es broma Avelina....
Un abrazo
Agustín