miércoles, 16 de junio de 2021

¿EL MUNDO HA CAMBIADO?


 Al finalizar la Segunda Guerra Mundial el ambiente era eufórico, sensual, excitante, los triunfadores eran los sobrevivientes, los que había resistido la tragedia y la violencia. El pintor Lucian Freud, nacido en Alemania y emigrado a Londres durante la guerra, en una entrevista narra la atmósfera de libertad y deseo que se respiraba entre las ruinas de la ciudad de Londres, el enorme deseo de besar a la gente, de abrazarse.

El mundo no ha cambiado, ni nosotros tampoco, contemplo los cuerpos desnudos que ha pintado Lucian Freud,  la vulnerabilidad de la carne, los miembros entregados a la observación del artista, y somos ese cuerpo que se enferma en una pandemia, que se destroza en una guerra, vivimos, somos a través de ese conjunto de vísceras, piel y emociones. Europa se volcó en fiestas, celebraciones, fue la orgía que consagraba la vida. La diferencia con este final de la cuarentena, es que no hay esa sensación de triunfo, al contrario, se respira un cese sin optimismo. El tránsito de un periodo de pérdidas no anuncia que este vaya a terminar.

Al final de las guerras viene un furor de la reconstrucción, la reunificación, un deseo de sanar heridas, de recuperación, en nuestro país no es así. No se ha lanzado un sólo plan de recuperación para el arte y la cultura, no hay una sola propuesta para motivar al público para que regrese a los museos, los teatros, salas de conciertos, la danza, es decir, la actividad que incentiva a la creación. Al final de las guerras hay ciudades destrozadas, en nuestro propio final de capítulo hay miles de negocios destruidos, millones de empleos perdidos, las escuelas están saqueadas, y eso es parte de esta sensación de que no ganamos una lucha, porque no hay señales de gloria.

En la Ciudad de Nueva York van a organizar un gran concierto en Central Park, para celebrar que ya terminó la cuarentena, que regresan a la vida, se anuncia la reapertura de Broadway, aquí el luto es porque el gobierno, el poder, no fue suficientemente halagado en las elecciones. En su arrogancia no hay más pérdida que su imagen sucia en el espejo.

Contemplo las pinturas de Lucian Freud, escucho las Partitas para piano de Bach, y veo que la belleza existe a pesar de nosotros y para nosotros.  Lo que nos ha demostrado esta pandemia es que en este país el poder no está a la altura de las tragedias. En el recuento de los acontecimientos, podremos decir que lo poco que se haya ganado es saber que seguimos siendo ese cuerpo que pintó Lucian Freud, y que nuestra vulnerabilidad es nuestra naturaleza, capaz de sobrevivir sin esperanza.

12 comentarios:

A.Kunizawa dijo...

Un artículo que diría yo aplicable en muchos países ... acabo de conocer este blog y la autora . Me gusto su visión real con la medida justa de expresar la realidad. Saludos desde Uruguay

Guadalupe Monroy dijo...

Definitivamente una reflexión que aprecio enormemente de poder leerla y releerla a mi familia. Hemos disfrutado su pensamiento brillante, fundamentado, revelador y enriquecedor. Gracias por su ética, es ejemplo para mis pequeñas que ya también la siguen. ¡Hemos encontrado la luz para aprender a ver! Bendiciones

Unknow dijo...

Una reflexión brillante, reveladora y enriquecedora. Apenas y vimos sus notas en Milenio y no le perdemos el rastro. ¡Siempre aprendemos! Le agradezco su valiente labor. Permítame sincerarme y comentarle que, en familia leemos y releemos sus escritos. Siempre extraemos frases ("al contrario, se respira un cese sin optimismo.") que son estimulantes para pensar mejor. ("No se ha lanzado un sólo plan de recuperación para el arte y la cultura [...], para motivar al público [...], [a] la actividad que incentiva a la creación. Gracias infinitas.

Evaristo dijo...

Avelina, como siempre, es una maravilla el poder leerte.

Abraham Méndez dijo...

Ojalá que me dé la oportunidad de mostrarles mi trabajo, Es difícil que se reconozca el arte tradicional en México.

josemaria dijo...

En cuanto al concierto de Central Park, ¿no es un poco pronto para cantar el "Zefiro torna"?
¿Necesario económicamente?, Si. ¿Necesario socialmente?, mitad y mitad. ¿Necesario (y prudente) en cuanto a la salud?...¿Celebrarlo de esta manera es como dar por sentado que cualquier retroceso en el control pandémico no será tenido en cuenta y se continuará la huida hacia adelante?

Patxibilbao dijo...

Avelina. Eres como esa ráfaga de aire fresco en un bochorno. "Por fin" pensamos. Alguien que dice que el rey va desnudo. Aquí tenemos el museo guggenheim y me he hartado de criticar a ciertos "artistas", que la gente corriente no se atreve. Prefieren arrastrar ese complejo de "noentiendonada" que resulta exasperante.

Emiliano González dijo...

Maravillosa Reflexión! Muchas gracias por luchar por sanear el arte. Saludos desde Argentina.

Emiliano González dijo...

Maravillosa Reflexión! Muchas gracias por luchar por sanear el arte. Muy buen Reportaje también en "Tipito Enojado". Saludos desde Argentina.

josemaria dijo...

Le envié dos correos “descuartizados” que, imagino, dada la laboriosidad necesaria en su recomposición, habrá mandado a la basura de un plumazo. Lo encuentro lógico. Imagino por tanto que no los habrá leído, y le adjunto el comentario a su artículo sobre la “apática voluntad” de fin de la pandemia que, como todo en los tiempos que nos han tocado vivir (con o sin pandemia), parece haberse filtrado en el quehacer (y el quesentir, y el quevivir…) general. Si lo considera largo en exceso, no lo publique.

josemaria dijo...

Texto de fuerte tono melancólico y propio de un tiempo que no puede vivirse como una victoria por el Poder pues, por exitosa que hubiera sido su gestión al solucionar la crisis (y lo digo en condicional y aun no estamos libres de la amenaza pandémica), una epidemia siempre es una derrota para quien, como el Poder, vende seguridad y estabilidad a sus gobernados. Minimizar al enemigo, deshumanizarlo, funciona bien cuando es otro humano y el soldado aleccionado no debe matar a un semejante sino a un insecto; sin embargo, esta metáfora no sirve para el enemigo que ya viene siendo inhumano de origen. Con este enemigo, el ciudadano de a pie se convierte en un “soldado en primera línea” y no hay manera de “censurar el correo que envía a la metrópoli” pues habita en ella. La propaganda triunfalista se empequeñece en estas circunstancias porque no es posible cantar glorias e hinchar triunfos (solo útiles para la moral de un público ignorante de una realidad lejana) cuando el enemigo está a las puertas y se respira su aliento. El Poder, para gestionar estas crisis, precisa de la cooperación del ciudadano y, al ponerse en un relativo plano de igualdad con él, y en algunos casos con un tono de franqueza y supuesta sinceridad, hace que su torre marfileña pierda estatura y se evaporen muchos velos que deben mediar entre Poder y súbditos para que se mantenga el estado sonambúlico propio del autoengaño.
En definitiva, para el Poder no es lo mismo sacrificar un millón de jóvenes para regar el altar de la Patria en guerra con su sangre que perder cien mil conciudadanos por una “debilidad sanitaria”. Cualquiera que estuviera afincado en el Poder ofrecería otro millón más al holocausto del primer caso, ¡que tremenda inversión en cohesión social!, cuando, para el segundo, solo desearía minimizar las repercusiones de un “fallo en la seguridad del sistema” que pone en evidencia el mucho oropel usado para esconder tantas vergüenzas y en entredicho a la autoridad competente.
El final de su texto, serenamente melancólico (Freud, las partitas a piano -imagino por Gould-), me han hecho pensar que, a la vista y al oído se unía el tacto con una “cesta
con áspid modelo Schrödinger”, es decir, el ánimo sereno, en una mano una copa y en la otra la cesta potencialmente mortal: abrirla o mantenerla cerrada, esa es la cuestión que define dos futuros diferentes que coexisten. Sí, me ha llegado en sus palabras un austero eco Senequista. Austero y confortable, todo sea dicho, pues Seneca cortaba los trajes a medida de los seres humanos y raro es que no sienten bien. De forma más oscura me ha asaltado la postapocalíptica “La hora final”, película de Stanley Kramer con Gregory Peck, y la impactante imagen de una botella de CocaCola convertida en un falso faro de esperanza para aquellos que creen ser los únicos supervivientes en la Tierra: Esa botella encerraba realmente “la chispa de la vida”.

Anónimo dijo...

Antes que nada quiero reiterar que disfruto tu prosa y respeto tu construcción mental. Tus contribuciones son necesarias y contribuyen al diálogo, independientemente del estar o no de acuerdo con ellas. En tu tono retórico encuentro mucha identidad latinoamericana y mexicana.
En la necesidad de acción de tus descripciones encuentro ese ente ambiguo que es aquél gobierno que no hace por el ciudadano, también aquél pueblo innombrable que saquea las escuelas... es nuestra oscuridad barroca que se contrapone al "otro" civilizado que celebra su órden y su optimismo en un órden indescriptible difícil de explicar y muy lejano. En esa ambiguedad es fácil no asumir responsabilidades.
Aquí es donde me alegra que hayas escrito estas palabras. En la belleza de tu órden retórico donde te enfocas en la axiología y en la estética, mi invitación es que expandas tu crítica a la epistemología, la ética y la política ( Cómo sé de esto, qué debería hacer, qué acciones son permitibles).
Me preocupan dos frases en específico: "El poder no está a la altura de las tragedias."
En una sociedad democrática el "polis" se refiere a los ciudadanos, que por ende tienen que ser participativos con la meta del mayor bien común. Si pensamos en una estructura religiosa, o piramidal, ese concepto desaparece y el gobierno se convierte en el nuevo Tlatoani ("one who speaks, ruler") o en algo eclesiástico, o en una cuestión dictatorial. En ese caso, ellos, o ÉL me resolvería mis problemas o me haría el milagro. Pero para que ellos existan, es necesario que la sociedad sea inerte y-o se haya dado por vencida (falta de acción, falta de imaginación con las acciones permitibles -o no permitidas-).
Esto me da pie a las tres últimas palabras de tu escrito. "sobrevivir sin esperanza".
Creo que por esto me animé a escribirte. Así como sucede frecuentemente con el arte, por muy racionales que seamos, nuestras acciones podrían catalogarse o definirse como constantes actos de fe. En tus palabras admiro tu necesidad de acción, pero pareciera, tal vez inconscientemente, que regresas en momentos cruciales a nuestras trampas recurrentes discursivas que van más allá de nosotros mismos (tercer mundo, pobrismo-buscar término-).
En Nueva York, citando el ejemplo, es la "polis" que hace que los engranajes den vuelta. Pero para eso también hay que analizar la ética y la política de las estructuras sociales de las comunidades específicas y cuánto poder tienen porque lo asumen los individuos.
A veces, tal vez inocentemente, en las rupturas de los cánones, en la búsqueda de nuevos significados, podemos irnos acercando cada vez más a eso que deseamos para nuestras comunidades. En México existen cuadros y esculturas de una estética canónica, pero con significados que van de lo macabro a lo sublime en la misma obra. En eso tiene qué ver la epistemología, y cambia de significado dependiendo de la naturaleza, el origen y la validez del conocimiento.
En tus palabras yo leo mucha esperanza, sería muy interesante sentarse contigo con una buena taza de café o un tecito e imaginarnos cómo podríamos ser comunidad con nuestros vecinos para crear esos espacios de arte, esas escuelas de nivel primario de calidad, cómo contactar y saber quiénes son nuestros representantes políticos y a dónde se van nuestros impuestos, también cuántos impuestos pago y compararlo con ciudades como Nueva York, pero incluyendonos como entes con el peso completo del ser ciudadano.
Te mando muchos saludos y espero estés bien. Gracias por tener este blog. Espero puedas disculpar a aquellos que recurren a las vísceras y a la descalificación. También hay que trabajar con ellos.