sábado, 6 de junio de 2020

SIN DISTANCIA

La enfermedad es el negocio de la industria farmacéutica, no la salud. Los científicos han abandonado en primer lugar a los médicos y personal sanitario, los han dejado sin armas para pelear contra el COVID 19, y nos han dejado a las sociedades y ciudadanos en la incertidumbre y el miedo. Se suponía que esta cuarentena feroz era para dar tiempo a que la ciencia encontrara una solución y para no saturar a la salud pública, y mientras los hospitales no se dan abasto, las farmacéuticas se han dedicado a especular y ganar fortunas con esta enfermedad.
La crisis económica se ensaña con los más pobres, y basta que un laboratorio declare que “ya casi tiene la cura” y sus acciones  en Wall Street se disparan al alza, por mencionar uno, Moderna Pharmaceutical, subió 30% en bolsa, ganando millones de dólares sin tener la medicina, sin vender una sola dosis, con sólo las pruebas y declaraciones, sus propios científicos y ejecutivos especularon con las acciones.
El desfile de científicos compitiendo en aparecer en los titulares internacionales, con información cada vez más confusa, persiguiendo el premio Nobel, versión ideologizada e intelectual de Miss Universo. ¿En dónde quedó la ética científica? La falta de rigor en la información científica, declarando sin ningún cuidado que tenemos que vivir para siempre con un cubre bocas y que al día de hoy desconocen el origen del virus.
Dilatar la invención de la medicina y la vacuna, incrementa la necesidad y aumenta las ganancias de las farmacéuticas y los especuladores financieros, que son los grandes beneficiados de este caos. Gojo Industries, fabricantes de sanitzadores, han ganado billones de dólares, “ante la histeria de la pandemia” según Forbes.
La pandemia no sólo ha dejado contagios y muertes, ha dejado pobreza, precariedad laboral, depresiones, violencia, y las farmacéuticas y los especuladores jugando a la ruleta.
La “nueva normalidad” es un deterioro general de la cotidianeidad, que nos tomó millones de años construir. Han instituido el miedo y aislamiento como forma de control y “prevención”, es un proceso involutivo y represivo que no convivamos, que no nos toquemos, las consecuencias psicológicas y físicas son impredecibles. ¿Ya no vamos a volver a ir al teatro, las universidades,  los conciertos masivos, museos, restaurantes? 
Vivir aislados o con cubre boca  es aceptar el gran fracaso de la ciencia, los investigadores y laboratorios.
No tienen derecho a jugar con nuestra salud física y mental, las farmacéuticas son un monopolio ultra millonario, global, todos los medicamentos los realizan las mismas firmas en todos los países, y en China se fabrican las materias primas o sales, es evidente la especulación económica y la oportunidad única de enriquecerse. Si ese es el objetivo, perfecto que sean más ricos, qué más da, pero que ya solucionen esto, trabajen en una cura y no en hacer negocio, es escalofriante pensar el dinero que están ganando y van a ganar con nuestro sufrimiento.