martes, 14 de julio de 2020

ENNIO MORRICONE


La música tiene la capacidad de manipular nuestras emociones, regresarnos al pasado, encontrar recuerdos. Escuchamos música para concentrarnos, amar, gozar, darle sentido a un ritual.
Las partituras que son escritas exprofeso para el cine, establecen un argumento paralelo, nos llevan, seducen, y hacen que esa historia crezca. Ennio Morricone fue un gran narrador de historias, un artista que sabía que todos, como Orfeo, somos capaces de descender al infierno buscando el amor, sabía que la música trastorna a los demonios, y con una lira como única arma, trataríamos de atraer al ser amado. Las películas en donde participaba con sus obras, quedaron marcadas, Ennio era un guionista y director más, y así se convirtieron en sus películas. Los filmes de Sergio Leone, como “El Bueno, el malo y el feo”, esas series con Clint Eastwood, no estarían completas sin sus partituras, así como las más de 500 obras que compuso.
Escuchar y ver fue un gran invento del arte, desde los rituales, los autos sacramentales, la ópera, la unión del drama y la melodía, llevaba hasta lo más hondo de nuestra sique cualquier mensaje, la música enseñó a la humanidad a creer en Dios. En el cine mudo las voces de los actores las sustituyó las piezas que se interpretaban en vivo con piano. Al llegar el cine sonoro los actores entraron haciéndose espacio con la música que creció, fue orquestal, y la partitura fue un personaje más. El trabajo de un compositor-narrador musical va más allá del acompañamiento, no es una ilustración, es una obra completa capaz de sobrevivir a la imagen, que se sostiene en su propio argumento. Cuando la música es únicamente un servicio para matar al silencio, en eso queda y es tan intrascendente como las películas mismas. La música realizada para el cine es música clásica contemporánea, hay entre sus compositores muchos con más nivel que algunos encumbrados que son el equivalente a los artistas VIP, que componen música “intelectual y cerebral” porque son incapaces de crear una armonía que nos emocione.
Actualmente en el arte hay una falsa y arrogante creencia de que las obras comisionadas no motivan a la inspiración, como si las grandes obras de la Historia del Arte no fueran comisiones, hay artistas, que con ignorante presunción afirman “no estoy acostumbrado a trabajar con un tema específico”, “no puedo trabajar por encargo”, y llega un grande como Ennio y demuestra que la inspiración trabaja cuando hay maestría, oficio y humildad, que rechazar una comisión es una forma de encubrir la incapacidad y mediocridad.
Le dictó su epitafio a su agente, y dice: “Soy  Ennio Morricone, he muerto”. Inicia el silencio, ya no tendremos más partituras de Ennio, ya no tendremos su complicidad y compañía mientras vemos una película, sólo nos queda volver a ver, a escuchar y agradecer que él nos haya contado tantas historias.

3 comentarios:

Fackel dijo...

También estoy de acuerdo en que las películas a las que Morricone aportó su banda musical se quedarían demediadas, incompletas, tal vez con un significado diferente sin su aportación. Porque la obra llamada película es un conjunto y pocos filmes tienen una armonía total cuando quiebra o escasea alguno de sus elementos. Y además pienso que hay muchas películas en las que la música de fondo sobra y otras en que la banda musical es parte el cuerpo y genera lecturas paralelas al argumento, al trabajo de los actores, a la dirección.

He sentido también la muerte del maestro, escribí sobre ello. Adjunto enlace por si le place.


https://laantorchadekraus.blogspot.com/2020/07/la-vida-tenia-un-precio-addio-ennio.html


Salud y bien estar.

Anónimo dijo...

Ver " erase una vez en el oeste" sin la tensión que provoca la armónica y la melancolía de la canción, tiene enorme peso en la película, definitivamente las películas de Leone no serían lo mismo sin Morricone. Avelina, ahora con la cuarentena, con el tiempo para las películas, te recomiendo ver " Retrato de una mujer en llamas" me encantaría leer tu crítica sobre ella.

no olvide el gel antibacterial.

Anónimo dijo...

Porque sin su música, seguramente no serían tan entrañables las mismas historias. Hermoso escrito, Avelina, felicidades.