miércoles, 22 de julio de 2020

LA PANDEMIA DE LA SUPERSTICIÓN

 La enfermedad es compañera nefasta del ser humano, y más nefasta aun, es la superstición y la ignorancia que la rodea. Obsesionados con el auto engaño, buscando falsos paraísos que oculten la verdad, los seres humanos, desde hace millones de años hasta el día de hoy, preferimos seguir al pensamiento mágico que al conocimiento y la razón. Hemos atribuido las enfermedades a los demonios, a la brujería, a seres de otros mundos, y hacemos lo mismo con la curación, despreciamos la prevención, y dedicamos los esfuerzos a creer en los milagros.
La superstición actual es más folclórica y tecnológica, la delirante ignorancia atribuye esta pandemia desde a las antenas de celular, el G5, que con nuestro pésimo servicio de internet y telefonía tendríamos que estar a salvo y no es así; que al covid 19 lo inventaron para “vender una vacuna innecesaria”, hasta la leyenda de que otra de las vacunas, que está en experimentación, tendría un chip de la tecnología de Bill Gates para espiarnos, de lo cual también debemos estar tranquilos, porque si es tan ineficiente como el Windows, sabrán de nosotros menos de lo que todo el mundo publica en su Facebook.
La humanidad es necia, es ridículo el apego que tenemos a la ignorancia y la superstición. En el periódico New York Times se publicó un largo artículo documentando el movimiento anti vacuna del Covid 19. La vacuna aún no está lista, está en pruebas aplicada en 30 mil personas, y ya tiene sus detractores, que argumentan lo mismo que los movimientos anti vacunas desde el siglo XVIII.
María Antonieta de Francia, fue inoculada de la viruela en 1782, de una forma casi experimental, con la supuración de una vesícula de un enfermo. Muy criticada, decían que se enfermaría más gravemente, y sin embargo, esa decisión ejemplar permitió inocular más personas y seguir con el proceso de la vacuna. María Antonieta vio horrorizada, el cuerpo de Luis XV, que murió de viruela, sin dejar herederos, y obligados ella y su marido, Luis XVI a ocupar el trono cuando eran casi unos adolescentes. La joven princesa se dijo a sí misma que no moriría esa terrible enfermedad, murió de la filosa guillotina de la Revolución Francesa. 
Los argumentos antivacunas son un catálogo de las ideas retrógradas de la humanidad: la libertad de no cuidar de sus propios cuerpos, sus derechos humanos, las teorías de la ineficacia, los pseudo científicos, los dogmas religiosos, y ahora los tecnológicos-político-conspirativos. Es decir, para una masa ignorante y ruidosa, la enfermedad tiene causas irracionales, su cura también deberá ser irracional. Entonces la vacuna y la prevención serán, como siempre para la parte pensante, y las curas milagrosas, la providencia, la fe, las buenas vibras, romper antenas de celulares, serán para esa masa que hace de la superstición las razones de su escaza razón. 

martes, 14 de julio de 2020

ENNIO MORRICONE


La música tiene la capacidad de manipular nuestras emociones, regresarnos al pasado, encontrar recuerdos. Escuchamos música para concentrarnos, amar, gozar, darle sentido a un ritual.
Las partituras que son escritas exprofeso para el cine, establecen un argumento paralelo, nos llevan, seducen, y hacen que esa historia crezca. Ennio Morricone fue un gran narrador de historias, un artista que sabía que todos, como Orfeo, somos capaces de descender al infierno buscando el amor, sabía que la música trastorna a los demonios, y con una lira como única arma, trataríamos de atraer al ser amado. Las películas en donde participaba con sus obras, quedaron marcadas, Ennio era un guionista y director más, y así se convirtieron en sus películas. Los filmes de Sergio Leone, como “El Bueno, el malo y el feo”, esas series con Clint Eastwood, no estarían completas sin sus partituras, así como las más de 500 obras que compuso.
Escuchar y ver fue un gran invento del arte, desde los rituales, los autos sacramentales, la ópera, la unión del drama y la melodía, llevaba hasta lo más hondo de nuestra sique cualquier mensaje, la música enseñó a la humanidad a creer en Dios. En el cine mudo las voces de los actores las sustituyó las piezas que se interpretaban en vivo con piano. Al llegar el cine sonoro los actores entraron haciéndose espacio con la música que creció, fue orquestal, y la partitura fue un personaje más. El trabajo de un compositor-narrador musical va más allá del acompañamiento, no es una ilustración, es una obra completa capaz de sobrevivir a la imagen, que se sostiene en su propio argumento. Cuando la música es únicamente un servicio para matar al silencio, en eso queda y es tan intrascendente como las películas mismas. La música realizada para el cine es música clásica contemporánea, hay entre sus compositores muchos con más nivel que algunos encumbrados que son el equivalente a los artistas VIP, que componen música “intelectual y cerebral” porque son incapaces de crear una armonía que nos emocione.
Actualmente en el arte hay una falsa y arrogante creencia de que las obras comisionadas no motivan a la inspiración, como si las grandes obras de la Historia del Arte no fueran comisiones, hay artistas, que con ignorante presunción afirman “no estoy acostumbrado a trabajar con un tema específico”, “no puedo trabajar por encargo”, y llega un grande como Ennio y demuestra que la inspiración trabaja cuando hay maestría, oficio y humildad, que rechazar una comisión es una forma de encubrir la incapacidad y mediocridad.
Le dictó su epitafio a su agente, y dice: “Soy  Ennio Morricone, he muerto”. Inicia el silencio, ya no tendremos más partituras de Ennio, ya no tendremos su complicidad y compañía mientras vemos una película, sólo nos queda volver a ver, a escuchar y agradecer que él nos haya contado tantas historias.