lunes, 11 de mayo de 2020

DESPUÈS DE HOY


Renunciar al mundo, abstenerse de sus sensaciones, placeres y experiencias, era el camino purificador para alcanzar la paz divina.  Los conventos y monasterios, el aislamiento de los eremitas, imponía una frontera entre ellos y la contaminación de la realidad.
Decisiones místicas, no científicas y sin embargo estamos sometidos a un confinamiento obligado, para no contaminarnos de un virus, que está violando nuestro derecho al trabajo, vivimos una privación de la libertad de movimiento y acción.
La diferencia es abismal, en un confinamiento voluntario, la renuncia mística hace soportar la pérdida de lo que creíamos nuestra realidad, y en un confinamiento impuesto, la privación se vive como un castigo, y puede ser tan difícil de aceptar, como está sucediendo, que la salud mental se vea afectada.
La incertidumbre laboral, la impotencia del encierro, el deterioro económico han provocado el aumento de las depresiones. El proceso nos está deshumanizando, negar el contacto físico, establecer comunicación vía internet, después de millones de años socializando, creando una educación sentimental  dirigida al contacto y la confianza, nos obligan a alejarnos y desconfiar, encerrarnos, y dar la espalda al mundo.
Toneladas de libros y estudios denunciando que las redes estaban provocando que los individuos se aislaran y fueran más egoístas, que los jóvenes ya no tenían contacto humano ni en las fiestas, que dedicaban el tiempo a ver sus teléfonos, y en este momento esa virtualidad emocional, se plantea como la única forma de sobrevivencia. La pregunta es ¿qué vamos hacer después? Cuando esto termine y haya personas que han vivido esta jornada viendo cientos de horas de televisión y series creando adicción, con video llamadas, sin tocar a nadie, saliendo con la cara cubierta y en la paranoia de la enfermedad. La salud mental no se cura con vacunas, no se recupera por decreto, ni se valora de forma seria, después de esto no seremos los mismos.
Si la ciencia no es dogmática, cabe dudar de ella, cabe dudar de que hayan valorado debidamente las consecuencias en la salud mental de millones de personas. La única salida que nos dejan los científicos es seguir el camino de los místicos, y es renunciar, no oponer resistencia al confinamiento, pensar, como dicen los Sanyasis, que todo es efímero, que el dolor va a terminar, que en el vacío está el silencio.
Al atomizar el conocimiento separaron la filosofía de la ciencia, el mundo material y el mundo espiritual tomaron caminos distintos. Es tiempo de volverlos a unir, y de que la filosofía abandone sus preocupaciones fatuas e inmediatas que ha mantenido durante el siglo XX, para darnos un refugio ante esta catástrofe que ni la ciencia puede resolver. La ciencia confunde el consuelo y la sanación con la terapia psicológica o psiquiátrica, no ven que hay algo en el espíritu que no responde a sus diagnósticos, ni a sus pastillas y drogas. El aislamiento nos invita a regresar al origen, y pensar como dice el Yogavasistha “Todo está en el alma, la totalidad del Universo está en ella, sin ninguna división, ni dualidad”.

8 comentarios:

Luis Blanchard dijo...

Que casualidad, Avelina....durante esta pandenia no pare de pintar...y una de mis ultimas obras lleva el titulo de "La dualidad"...y al medio una figura con un barbijo
Tiempos dificiles para el comun de los hombres, y mujeres....y para los artistas ,muchos de los cuales viven de la venta de sus obras.
Vaya para ellos mi apoyo...y deseos que esto pase pronto

sarahidalgop dijo...

Una invitación también a recordar que somos parte de un todo. A disfrutar el aquí y el ahora porque nada es para siempre.
Me ha sido muy reconfortante leerte.

Oscar Seoane dijo...

El ser humano es tan nefasto, que se agradece no tener contacto. El virus nos demuestra que no podemos contra la naturaleza, que formamos parte de ella y esto debe de traernos una lección que aprender. Algo que ya sabíamos pero que hemos olvidado.

Unknown dijo...

La vida nos permite recibir una lección a cada instante. Nos da la posibilidad de tomar decisiones que cambien las cosas. Y ésto lo habíamos olvidado. Quizás necesitábamos ver a la muerte tan cerca, tan cerca que casi la estamos tocando, para encontrarle a la vida el sentido que tiene.

Javier Rodríguez2705 dijo...

Yo como mi "vida social" es muy limitada o sea casi nula, no me pesa estar en casa pues me deleita pintar (cuando estás pintando pues nunca estás solo, dialogas contigo y con lo que estás haciendo), lo único que sí me padesco es no poder ir a los lugares que me gustan como trotar en viveros de coyoacán o al Centro a comprar mis inciensos, velitas y aceititos esenciales... cositas así que disfruto.

Gallego Rey dijo...

El rebaño se hace cada día más grande. Los pastores siguen siendo los mismos, y sus perros, aunque excelentemente adiestrados, no pueden ya controlar a todas las ovejas. Había que crear más lobos imaginarios, que se les iba de las manos.

Anónimo dijo...

Es verdad, cuando la ciencia no pueda hay que buscar refugio en la filosofia, solo que hay un inconveniente, que mas de la mitad de los mexicanos no conoce la filosofia. A mi me toco que cuando estudiaba la preparatoria estaban reduciendo las horas/clase de Filosofia en escuela publica.

DalU. dijo...

Hoy más que nunca hace falta salirse del sentido común y correrse de los discursos hegemónicos, y la filosofía tiene la necesidad de pensar desde una perspectiva diferente.
El virus demuestra las limitaciones del individuo en términos de lo que implica una enfermedad en el organismo, pero también en la imposibilidad de salvarse por sí solo. Al mismo tiempo, la idea del individuo como fundamento primero o último de todo –que está en la base del pensamiento individualista– nos posibilita repensar la metáfora de confinamiento. Porque la cuarentena, simbólicamente hablando, instala una narrativa del individualismo. Cuando un paradigma se pone en peligro se transforma o se fundamentaliza… Y creo que hoy pasa lo segundo, se está dando un neoindividualismo cada vez más potente. Y su expresión máxima de que hoy las fronteras dejaron de ser nacionales y pasaron a ser las mascarillas. Ahí comienza y termina en uno mismo.
Se difunde bastante la idea de que “nos cuidamos entre todos”, pero, ¿qué tanto hay de intención colectiva ahí? ¿Podría tratarse de un individualismo solapado con una frase que da a entender que se actúa por un bien común?...preocupa es que se nos vuelva una filosofía de vida este espíritu de vigilancia policíaca en nuestra relación con el otro, que se vuelve un agente de contagio permanente e inminente. Esa consecuencia del confinamiento percibo como nociva.Ese espíritu de vigilancia policíaca es muy seductor en relación a un ejercicio de poder, pero en el fondo se reduce siempre a lo mismo: priorizar lo individual.
Ahora ¿Se va a romper la narrativa de la productividad, la idea de que solo vale lo que es productivo, después de una situación como esta donde cuasi colapsó la productividad? La pregunta es, ¿podemos soportarnos a nosotros mismos viviendo el día a día desde un lugar más improductivo al que estamos acostumbrados? ¿Se va a romper la narrativa militar que explica la salud en términos de un “enemigo invisible”?..es toda una elección ir por esa narrativa. El ser humano, básicamente, es un animal que narra para darle un sentido a algo que lo representa. Pero no hay una única narrativa y eso habla también de nosotros y de nuestras posibilidades y elecciones. En fín ojalá que después de todo esto se mueva algo. Pero si tuviera que dar una respuesta unívoca, me cuesta creer que haya una transformación en términos sociales. aunque si hay una transformación no pienso que sea positiva, sobre todo si pensamos lo social como apertura al otro. Sin embargo, pienso que puede ser muy transformador para muchas existencias singulares, en eso que nos hace diferentes, incluso, con nosotros mismos.
Punto aparte y como lo que ejerzo expresó mi profundo malestar por el modo en que se descuida la salud mental en el marco de las decisiones que orientan la respuesta a la pandemia, haber entendido la preservación de la vida como una regulación higiénica, de acuerdo con la perspectiva del modelo médico hegemónico. melancolizados, al punto de volverse insensibles: quizá no quieran salir después de que se levante la prohibición. El deseo se refugia en el Zoom, en los sueños, cada quien está más dispuesto a vigilar al otro antes que preguntarse por cómo implementar un afuera incluso en el living de casa. Por otro lado, ideas del estilo “recuperar la pasión” o “volver a encontrarse” en una pareja son propias de una sociedad que inventó el microondas. Cada sociedad ama según como elabora sus alimentos. En otra época el pan se consumía fresco en el día, al día siguiente se la hacía tostadas y, luego, budín de pan. El pan nunca se tiraba. Hoy en día se lo freeza y luego se lo recalienta en el microondas; así queda gomoso y, después, se lo tira. Así son nuestros amores: recalentados y gomosos. Netflix es el microondas de las parejas contemporáneas. Pienso que más que tener miedo a nuestro deseo, tenemos una relación muy laxa con el deseo, fácilmente consolable y dispuesta a aceptar sustitutos y sucedáneos, conformista...
Gracias brillante Maestra Avelina.