sábado, 30 de mayo de 2020

FELINOS SALVAJES


Por qué a los gatos les gustan los libros?  Hay un libro abierto, y ése, precisamente ese, es el mejor lugar para sentarse o reposar. Al comprar libros por internet es fundamental medir al gato con una cinta flexible de sastre, desde las orejas a la cola, y calcular su peso, estos datos determinan la selección literaria: un gato grande necesita cuatro tomos de la Biblioteca Clásica de Gredos de filosofía greco latina, para  uno mediano son ideales los best sellers de tapa dura y los pequeños con dos pocket books están perfectos. Se debe especificar que el envío sea en caja de cartón, para que el gato pueda dormir en la caja y la integre a su territorio.
Inteligentes, siguen nuestra mirada, observan nuestra atención y se recuestan en el teclado de la computadora o el  mouse, son agudos editores literarios, terminan los textos con crípticas palabras o los borran expresando su opinión crítica.
Dotados de una capacidad de análisis, más refinada que la de un psiquiatra, piensan “¿Cómo puedes estar hablando con esa máquina, si yo estoy aquí, con mi hermoso pelaje, con mis ojos amarillos y mi intensa presencia?” Y se sientan en el teléfono celular que está en la mesa y cortan la llamada.
Comparten los genes con los grandes felinos salvajes, conservan sus hábitos, si en la selva las panteras se suben a un árbol, para esperar pacientes a su desayuno con traje de explorador, un gato se sube al refrigerador, espera que un humano pase y cae sobre él, deteniéndose con sus uñas en la espada y cuello de la víctima.
Los felinos caseros evolucionaron para la urbe, es evidente que son leones, otros son leopardos, o tigres, es cuestión de observar su conducta, y para todos, los humanos seguimos siendo una oportunidad de variar el menú. En la selva se afilan las uñas en un árbol, en la casa en un sofá o un tapete, creando un toque rústico en la decoración.
Es muy común que los humanos colocan estorbos en sus trayectos, como adornos en las mesas, portarretratos y otras cosas inútiles que dan “atmósfera”, los gatos atacan el acumulativo síndrome de Diógenes y tiran al suelo los objetos, lo ideal es aceptar su dictamen y quitarlos o llevar a la basura los pedazos.
Son maestros milenarios, practican la meditación y hacen Yoga, los Sanyasis en los Himalayas, aprendieron de ellos las asanas más complejas. Buda les dio el don de caer siempre de pie, y los imita al dormirse una siesta durante la meditación. Son libres, y nos domestican con destreza, necesitan un hogar, saben tanto de nosotros que conviven amorosamente, nos enseñan a confiar en nuestros sentidos, a oler el aire, gozar del sol y la divagación,  y vivir sólo en el presente.

domingo, 17 de mayo de 2020

LEY DEL MECENAZGO POPULAR PARTE 1


La fatídica oportunidad del Estado de unir la crisis de la pandemia con su obsesión de pauperizar el arte y la cultura, se ha consumado, desde ahora, sin museos, sin exposiciones, sin teatro, danza, música, entregando los “ahorros” del presupuesto al uso ideológico del régimen, entraremos en un desierto creativo que deteriorará aun más a la sociedad.
Mí propuesta para una  solución es la creación de la Ley del Mecenazgo Popular, que consiste en:
Establecer la deducción al 100% de todo consumo y apoyo artístico y cultural.
Esta ley involucra a la ciudadanía, por eso es “Popular”, el consumo de un libro, una revista, un boleto para el teatro o un espectáculo musical, serán deducibles al 100% de impuestos, para motivar y establecer el consumo de arte como una forma directa de mecenazgo.
Cada ciudadano al consumir cultura apoyará a la creación y será mecenas del arte.
Las empresas podrán patrocinar obras de teatro, espectáculos de danza, pagar ediciones de libros, comprar arte sin límite y deducirlo al 100 %.
Actualmente hay muchos candados que obligan a que la inversión privada sea un módico porcentaje en relación a los impuestos de la empresa, al establecer sin límite, una empresa o un ciudadano, financiarán por completo un montaje teatral o el tiraje de un libro.
Acabará con el paternalismo del Estado que impone con sus escuetas y ahora nulas políticas de apoyo, porque por un lado se convierte en el único mecenas “legal” y dificulta la inversión privada y con eso ejerce presión sobre la comunidad cultural.
El arte y la cultura serán una forma de inversión privada ya que el Estado ha demostrado que no están en sus prioridades de inversión.
La Ley del Mecenazgo Popular dará verdadera libertad de creación, porque la ciudadanía decidirá qué desea consumir y apoyar.
Se detonarán la industria y mercado cultural, con más museos privados, más galerías de arte, más editoriales, con motivación real para el consumo: el beneficio intelectual, la conciencia de un acto de mecenazgo y la ganancia económica.
Impulsará  coproducciones privadas con un compromiso con la calidad de las obras.
En los países con alto nivel de mercado artístico y cultural se incentivan las donaciones a museos, compañías de teatro y ópera, y esa participación se valora como un bien social.
En este país estigmatizan las donaciones, el consumo por parte de la población es mínimo, porque se ha fomentado que el Estado es quien da los apoyos y quien comercializa la cultura, creando un monopolio.
El resultado es que vivir de la creación es muy difícil, se benefician unos cuantos privilegiados del Estado, el resto vive en condiciones precarias.
El Estado no quiere invertir, que nos dejen a los ciudadanos hacerlo, y que ese consumo construya nuestra identidad nacional, construya una industria que permita a la comunidad cultural una vida digna e independiente.
El país necesita crear mercado cultural y artístico, necesita fuentes de trabajo, y es momento de que seamos los ciudadanos los que apoyemos la cultura y el arte.

lunes, 11 de mayo de 2020

DESPUÈS DE HOY


Renunciar al mundo, abstenerse de sus sensaciones, placeres y experiencias, era el camino purificador para alcanzar la paz divina.  Los conventos y monasterios, el aislamiento de los eremitas, imponía una frontera entre ellos y la contaminación de la realidad.
Decisiones místicas, no científicas y sin embargo estamos sometidos a un confinamiento obligado, para no contaminarnos de un virus, que está violando nuestro derecho al trabajo, vivimos una privación de la libertad de movimiento y acción.
La diferencia es abismal, en un confinamiento voluntario, la renuncia mística hace soportar la pérdida de lo que creíamos nuestra realidad, y en un confinamiento impuesto, la privación se vive como un castigo, y puede ser tan difícil de aceptar, como está sucediendo, que la salud mental se vea afectada.
La incertidumbre laboral, la impotencia del encierro, el deterioro económico han provocado el aumento de las depresiones. El proceso nos está deshumanizando, negar el contacto físico, establecer comunicación vía internet, después de millones de años socializando, creando una educación sentimental  dirigida al contacto y la confianza, nos obligan a alejarnos y desconfiar, encerrarnos, y dar la espalda al mundo.
Toneladas de libros y estudios denunciando que las redes estaban provocando que los individuos se aislaran y fueran más egoístas, que los jóvenes ya no tenían contacto humano ni en las fiestas, que dedicaban el tiempo a ver sus teléfonos, y en este momento esa virtualidad emocional, se plantea como la única forma de sobrevivencia. La pregunta es ¿qué vamos hacer después? Cuando esto termine y haya personas que han vivido esta jornada viendo cientos de horas de televisión y series creando adicción, con video llamadas, sin tocar a nadie, saliendo con la cara cubierta y en la paranoia de la enfermedad. La salud mental no se cura con vacunas, no se recupera por decreto, ni se valora de forma seria, después de esto no seremos los mismos.
Si la ciencia no es dogmática, cabe dudar de ella, cabe dudar de que hayan valorado debidamente las consecuencias en la salud mental de millones de personas. La única salida que nos dejan los científicos es seguir el camino de los místicos, y es renunciar, no oponer resistencia al confinamiento, pensar, como dicen los Sanyasis, que todo es efímero, que el dolor va a terminar, que en el vacío está el silencio.
Al atomizar el conocimiento separaron la filosofía de la ciencia, el mundo material y el mundo espiritual tomaron caminos distintos. Es tiempo de volverlos a unir, y de que la filosofía abandone sus preocupaciones fatuas e inmediatas que ha mantenido durante el siglo XX, para darnos un refugio ante esta catástrofe que ni la ciencia puede resolver. La ciencia confunde el consuelo y la sanación con la terapia psicológica o psiquiátrica, no ven que hay algo en el espíritu que no responde a sus diagnósticos, ni a sus pastillas y drogas. El aislamiento nos invita a regresar al origen, y pensar como dice el Yogavasistha “Todo está en el alma, la totalidad del Universo está en ella, sin ninguna división, ni dualidad”.

sábado, 2 de mayo de 2020

ALFRED HITCHCOCK, EL GENIO, EL PERVERSO


Norman padece su existencia a la orilla de una carretera, esperando que por ese camino llegue la mujer ideal para ser asesinada, como en un sueño su vida es un estado de tránsito, hotel, camino inhóspito, y su rutina sin sentido de la realidad. Norman Bates es hijo único, inquilino único, amante sin mujer, es un fantasma abandonado de su propia historia.
Hitchcock inventa un análisis científico de la personalidad de Norman, dirigiendo desde el diván de un consultorio psiquiátrico induciendo cada decisión de su personaje, se dio cuenta que hacemos más esfuerzo en demostrar una patología que en reprimirla. En ese  hotel de paso, un ser insignificante se empecinó en tener una vida extraordinaria, así lo decidió su creador, su Dios, desde el guión hasta la iluminación, en la frialdad de la fotografía en blanco y negro.
Norman es un buen hijo, tiene a su madre disecada, un cadáver seco, y le habla, él le presta voz, y responde, se pelea con ella, le dice que ahora sí encontró a una “buena chica”, que no es como todas, como todas, las que habrán viajado por esa carretera, las que habrán dormido un momento en ese hotel. Le da una cena a su inquilina, es un buen hombre, los seres humanos no sabemos qué es la bondad o la maldad, inconstantes, cambiamos sus valores, los degeneramos a nuestra conveniencia, las castigamos o premiamos, más dispuestos al crimen que a la virtud, nos bastan las apariencias para juzgar y condenar.
La joven va a tomar un baño, la habitación es austera y limpia, Norman hace el aseo y cuida el hotel, es un hijo ejemplar, la joven es rubia, como le gustan a Norman, a imagen de su creador. Ella se mete a la ducha, el baño es blanco, la cortina es blanca, limpio, como la piel de ella, y el mal aparece, con el poder que le confiere la ventaja de nuestra credulidad. El buen hombre, el buen hijo, el dueño del hotel, la acuchilla, ella grita y su mano ensangrentada se resbala por la pared de mosaicos blancos, la sangre se mezcla con el agua en el piso y se va por el drenaje. Qué limpio es Hitchcock, la mancha de sangre es el delito, negra, es la tinta de su guión, es la maldad misma, agua, baño. Norman hace el aseo, y deja la habitación impecable, así es la maldad, no deja huellas para seguir adelante, no tiene memoria, por eso es insaciable. Ese lugar inhóspito, anodino, puede contener algo más terrible que su apariencia, en ese hotel que es nuestro cuerpo, en esa carretera que es nuestra vida, hay sitio para lo más degradante o lo más sublime, el límite es imperceptible, y una vez roto no hay camino de regreso en esa interminable línea de asfalto, que no lleva a ningún sitio.
El poder del creador está en torturar y premiar a sus hijos, Hitchcock se burla de Norman, y luego lo premia, hace que la ley detenga esa vida perfecta, y entonces, en una demostración de arrogancia y superioridad, el creador le da más poder a su hijo, y nos demuestra que su bondad le impide matar a una mosca, que en una magistral actuación, camina por su mano, y nos susurra que tal vez toda esta historia es una gran equivocación, que Norman es inocente y que tuvo que vivir esa existencia, solo para que un día una mosca se posara en su mano.