martes, 31 de marzo de 2020

NARCISO DESDE EL VACÌO

Narciso, Caravaggio 
 Narciso al contemplarse en el agua, esperaba encontrar su belleza y se horrorizó ante su soledad. El vacío, la inesperada prueba de detenernos ante algo invisible y amenazante, nos enfrenta ante nuestro propio ser, en ese impasse, en ese espacio, estamos con lo que somos y eso, como a Narciso nos puede paralizar.
La Medusa huía de contemplarse a sí misma, sabía que tenía el castigo de su rostro, castigo que compartimos todos, por eso somos diferentes, para saber quiénes no somos. La renegada de los dioses fue derrotada por la imposición de mirarse, y ¿por qué deberíamos hacerlo? ¿Por qué no desparecer sin saber quiénes somos? Observar a la realidad es una forma de conocernos, ir a su encuentro y dedicarle el tiempo de percibir el espacio limitado en el que habitamos, en ese momento surge el arte.
La respuesta que damos al mundo es la creación, la invención de lo que no existe y que puede surgir en el instante en que sabemos lo que sí existe, y no tiene que ser el todo, basta con un mínimo fragmento. Mirar detenidamente lo que hay en nuestra mesa, y recrearlo en la mente, describir sus detalles, y con esa infinita información crear algo, una línea de una historia, de un poema, un dibujo, un acorde, y ese sencillo elemento nos demostrará que el arte es más que la realidad. 
Medusa, Rubens 

En ese estado de observación la soledad es el cómplice que nos espera, paciente, a que amemos su terrible presencia. Narciso se hundió en ella, se ahogó en su silencio, se abalanzó a su vacío, y en ese espacio sintió que su voz sin réplica, su llanto sin consuelo, serían arte. Medusa está a nuestro lado, sabe que estamos confinados,  y nos ofrece la madeja de sus serpientes, en la mordida de cada una está el veneno de la creación, con una gota, observando, el silencio de la calle, la casa, de los días que inician uno tras otro sin pausa y sin diferencia, y con esa sustancia en la sangre podemos crear, describir ese espacio y el resultado será verdad, será una aventura y será la luz mínima del arte.
La invención del arte viene de lo creado, que una vez arrancado de la realidad es otra cosa, hurta los recuerdos, reinventa las memorias, altera las historias, y vuelve a comenzar, como Dido, ponemos en una pira enrome toda nuestra vida y la incendiamos para que de esas cenizas surja un instante que de sentido al presente.
En la incesante exigencia del ser social, deja de existir el ser creador, para ese no hay tiempo, porque exige un espacio privado, íntimo, de libertad, lejos de la aprobación y autoexplotación, el ser creador se oculta, enmudece y se pierde, hasta que muere sin haber salido a la luz. Es momento de que exista, de que regrese a observar, a inventar, a hacer algo inútil, indispensable y eterno. Es la oportunidad extraordinaria, malvada, alevosa para la creación, sin testigos, como Narciso, con la sola respuesta de nuestra propia voz.

2 comentarios:

Juan Britos dijo...

Hermosas palabras como incentivo a seguir aprendiendo y creando, siempre.

Sonia del blog "Conexión feérica" dijo...

Me he encantado leer esta entrada, ha sido como recibir un necesario latigazo para arrancar a andar de nuevo en el sendero de la creación. En estos días, casualidad o no, he leído el libro "Violín" de Anne Rice. Recomiendo su lectura a aquellos que han dejado de crear por depresión, o para aquellos que creen que no tienen talento. Entre sus lineas se muestra como entre el dolor y la locura puede surgir el arte. Gracias por este articulo Avelina.