miércoles, 2 de enero de 2019

ELTIEMPO


El tiempo presente y el tiempo pasado
Quizás estén presentes en el tiempo futuro
Y el tiempo futuro lo contenga el tiempo pasado.
Si todo tiempo es un eterno presente
Todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es una abstracción
Una constante  posibilidad perpetua
Sólo en un mundo de especulaciones.
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
Avanza a un solo fin, siempre presente

T.S. Eliot.

Los Cuatro Cuartetos

El tiempo es una obsesión de la existencia, la sensación constante de fuga, urgencia, tardanza, la reducción utilitaria que nos obliga a cumplir horarios desgastantes, y el final, si es que el final existiera, vivimos la pérdida de lo que no hacemos por lo que hacemos.
El tiempo para ser, estar y observar, ya no existe.
Comprender nuestra presencia en la estancia temporal es un pensamiento filosófico, científico, tecnológico y artístico. El arte requiere y exige tiempo.
La experiencia de la realidad encuentra su cimiento existencial en la noción de aquí y ahora, en el espacio y el tiempo. Es la relación con lo que vivimos, hacemos, sentimos en un momento y un lugar específico, que provocamos en nuestro sentido de la libertad o aceptamos en un designio de la fatalidad. 
El arte es experiencia y manifestación del tiempo: la contemplación y la creación suceden en el tiempo, en un presente intransferible que acontece en el individuo, cada acción, decisión y estado que el arte provoca o necesita es una consecuencia del individuo que lo vive, lo enfrenta y lo integra a su estar en el mundo.
Las tres niñas pelan patatas, sin levantar la vista, concentradas en su labor están sentadas en una sucesión de movimientos, las cáscaras rizadas caen en el suelo, los vestidos rojos dan armonía y fraternidad a la escena, a espaldas de la niña mayor la puerta abierta se prolonga en una fuga, la profundidad plantea un trayecto. El tiempo pasa mientras ellas pelan las patatas, ellas lo experimentan a través de su labor, y el espectador mira la obra pintada en 1896 por el pintor belga Léon Frédéric, y la contemplación sucede en el presente del que mira, en el aquí y ahora que se suma a la memoria y forma parte de las nociones que enriquecen nuestra propia construcción de la realidad.
El proceso de creación de Frédéric, la observación que suspende el movimiento de las manos, la mirada, los pliegues de los vestidos se trasforman con la invención, el pintor decide cómo es su propia versión de la realidad en la composición, al elegir el color rojo para los vestidos, al matizar el cabello de las niñas de rojo, y además, en una metáfora de la vida que están por continuar, abre la puerta a un pasillo sin destino visible.

Rothko en su pintura Light red over dark red, de 1957, aplica las capas de color, espera que sequen, las desvanece, sumando las capas del tiempo, la sensación de que el pasado queda en el fondo de una continuidad interminable que plasmada detiene la incesante marcha, y permite el instante de contemplación, de entrar a cada uno de los colores, a cada matiz que exigió autonomía para integrarse sin desaparecer.
Mientras la experiencia cotidiana nos hace sentir que el presente esta “vivo” y el pasado está “muerto”, que el futuro guarda una promesa, el arte rompe con esa noción, y trae sus manifestaciones a una vida perpetua, la obra de Rothko o la de Frédéric o los primeros dibujos de hace 40 mil años, están vivos en la experiencia de la creación y la contemplación.
La música, el teatro, la poesía, rompen esas barreras y nos significan en el instante en que las experimentamos. El paisaje, la figura humana, la naturaleza muerta, la abstracción, el color, son representaciones del tiempo y contienen en su presencia el proceso de la creación que exige la entrega de la vida al momento de la realización.
Mientras la sociedad dicta un uso utilitario del tiempo, en el que cada instante debe ser productivo, crear beneficios y capital, el arte desobedece esa imposición, existe en el no hacer, la meditación, la observación, exige que el aprendizaje sea lento, probar y comprender los materiales, que los errores guíen. El arte es una liberación que otorga al espíritu el estar y vivir, el arte rompe con la obsesión del desgaste, el arte es eterno.