miércoles, 2 de octubre de 2019

LA VIDA DE LOS OBJETOS


Coleccionar, ambicionar, comprar, observar, y todos, son para usarse, los inventamos, los necesitamos como esclavos inanimados, y cuando su función se ha agotado, estorban y los desechamos. Montañas de basura, fosas comunes de objetos abandonados, sin valor, perdidos, sin dueño, sin sentido, se degradan lentamente. La vida de los objetos es su utilidad, inservibles, mueren. En el arte contemporáneo VIP es un slogan el “trabajo con objetos cotidianos y a través de ellos buscamos una reflexión, etcétera, etcétera” y los objetos despojados de la dignidad de “servir” se muestran como rarezas en el higiénico basurero del cubo blando del museo. Sin provocar la “reflexión”, desolados sin su esencial anonimato cotidiano, insignificantes, padecen el ridículo discurso curatorial. El instante de la convivencia diaria les da valor, en la dependencia mutua son vulnerables al desprecio, pacientes esperan su final. Willem Van Aelst llevó la naturaleza muerta del Barroco neerlandés a un análisis extremo de la condición “inanimada” sin ánima, sin vida, la rigidez de lo que no respira, en los animales muertos reunidos con los objetos, con las armas que los asesinó.
El terrible y hermoso escenario de la temporalidad eternizada. Los animales comparten con los objetos la inmortalidad que el arte les otorga. En la pintura Juego muerto con Implementos de deporte, 1657, es un óleo tétrico y magnifico, ocho pichones muertos, atados de las patas, uno de ellos con el cuello caído, sin fuerza, yace sobre un cuchillo de plata y el cuerno de caza, las plumas sin brillo, los ojos entre abiertos, la mirada sin horizonte. En ese espacio son iguales el cuchillo y el pájaro, la vida del objeto es su dueño, el que lo manipula, la vida del animal es instinto y libertad, y ahí, juntos dejan de ser animales y objetos, son otra belleza, son contemplación. Privilegio humano, usar y desechar, la existencia se divide entre los que usan y los que son usados, pichones, cuchillo, agotado su momento, las personas se amontonan en las montañas de basura que acumula la memoria.
El pasado son esos pichones, el momento donde hubo vida, cielo, cantos, y el accidente de sobre volar el Juego Muerto, la cotidianidad que a unos alimenta y a otros aburre, para darle sentido juegan con las cosas, los animales, las personas, hasta que en ese pasmo de la nada se acaba el juego, y la vida. La fugacidad de nuestra vida, es ese juego en el que poco a poco desgastamos nuestro tiempo, los pájaros se quedan ahí, espíritus que han detenido su vuelo, cuerpos vacíos, y nos obligan a contemplarnos en su imagen. Vanitas, no seremos más de ese aleteo, en lo que nos rodea, en cada elemento está la belleza de lo que hemos perdido. El fondo de la pintura es negro absoluto, el Barroco y su oscuro silencio, la fuente de luz proviene del arte, del talento del artista para concentrar nuestra atención. Cuánto se pierde en esta existencia, utilizados, no sabemos lo frágil de nuestro vuelo, hasta que alguien decide que está aburrido.

4 comentarios:

Julio Cesar dijo...

Que tal, buen día.

Me interesa su punto de vista mencionado en el Despacho del poder.

Lo creo congruente y lleno de objetividad.

fuera de un orden convencional y lleno de luz propia.

Me crea un punto de vista más amplio a mis criterios relacionados con la pintura.

Sobre "la Vida de los objetos" lo encuentro profundo con un cierto resentimiento a lo comercial. Crea o nos recuerda que la esencia, la locura la interpretación del artista es lo que realmente da iluminación consencial de las obras.

Desde mi mas humilde opinión le felicito por su esfuerzo de sacudir las conciencias y darnos un punto de vista distinto a nuestra idea de lo en que es el arte.


Ale dijo...

Bravo, excelente como siempre.

Ale dijo...

Bravo, excelente como siempre.

Unknown dijo...

Soy un ignorante y creeme que ilustras cuando escribes y hablas de arte, mi total respeto