sábado, 7 de septiembre de 2019

CAMP

 Hemos triunfado, hemos impuesto estéticas extremas que hace tiempo eran de maricones, de putas y de travestis. Y me encanta 
Alaska

El que se excede no se rinde, no cede, continúa hasta tocar el límite entre el ridículo y lo memorable. El excéntrico rompe el centro del decoro, del equilibrio, se burla del austero, se jacta de desquiciar el orden. Camp es excesivo, excéntrico, es el sitio de la individualidad extrapolada que se demuestra como una anomalía. Moliere, ese descarado psiquiatra disfrazado de dramaturgo, recreó los caracteres de la usurpación, de la personalidad reinventada, en su comedia Las Imposturas de Scapin surge el adjetivo camp, la pose, pretender ser alguien distinto, convertirse, travestirse. 
 En el Metropolitan Museum de Nueva York la exposición Camp hace un homenaje a la fantasía de ser un personaje que desprecia al ciudadano correcto, a la valentía cínica de usar la existencia como un teatrino del artificio. La museografía en un laberinto rosa de escaparates, inicia con Luis XIV el Rey Sol, sus zapatos de tacón, la peluca rizada, medias de seda blanca, posaba mientras escuchaba a Lully, y rivalizaba en estilo con su hermano Felipe de Orleans en la pasarela de la envidia de Versalles. Bisexual, homosexual, travestido, la presencia camp engaña desde la desproporción. La moda persigue lo camp cuando quiere salir de sus propios cánones, la ropa no es para vestir, es una máscara que destierra la seguridad de la imitativa integración a la masa. 
 Versace y sus medusas doradas, House of Schiaparelli con un tocado y vestido con dos flamingos rosas, símbolo de la exposición, las fotografías y poemas de Oscar Wilde, es la osadía de turbar, sin fingir, ser naturalmente operático. Arte y moda, aparecen los Prerrafaelistas, el autorretrato de Caravaggio, los dibujos sobre Salomé de Aubrey Beardsley, la afectación de una estética antisocial, que estigmatice, la belleza outsider difícil de asimilar, y propiciatoria del juicio moralista. El kitsch amenaza al camp, es su enemigo, tanto como la mediocridad, y sin embargo, en la guerra del estilo un saco con el logotipo de McDonald’s de Moschino, destroza a la mediocre vulgaridad de Banana Republic. El kitsch  es masivo, su cursilería es tan común que pasa desapercibido, el camp es excepcional, anti imitativo, cada personaje camp es diferente, no es costumbrista como el kitsch. 
 La alta costura busca el camp para unirse a la excepcionalidad, casi desagradar creando otra dirección de su estética.  Plumas, encajes, bordados, cadenas, flores, terciopelos, materiales artificiales, plástico, camp no es orgánico ni ambientalmente responsable, es agresivo, despilfarrado, revive el Barroco y la presunción. Camp es incómodo, es un corset exhibicionista, son zapatos que torturen, lo “comfy” es para la cintura puritana-feminista-autentica, el camp se mete en unos leggins plateados, y carga estoico decenas de cadenas doradas de Chanel. Hedonistas y masoquistas, sacrifican la paz de los zapatos de goma, es tortura, martirio, hay ropa que no permite sentarse, zapatos que no son para caminar, enormes vestidos que no caben por una puerta, hay que sufrir para mantener el tipo sin romper la pose, ese dolor es la cúspide del instante en que el mediocre se apena de ser quién es. Libertad, eso grita camp, sin arrepentirse, ya podremos meter en el armario la posibilidad de ser iguales a los que nadie mira. 



6 comentarios:

Unknown dijo...

¡Hola Avelina!,tú criterio sobre arte me parece magnífico. ¿ Has leído " Ateísmo Estético, Arte del siglo XX " de Antonio García-Trevijano ? Es muy bueno. Un gran libro que pocos conocen. ¡Saludos!

Unknown dijo...

Avelina, seguramente iré a un lugar común pero... tendré la oportunidad de ir al Louvre sólo medio día en una visita muy rápida a París, ¿podrías sugerirme alguna(s) obra(s) que no debo perderme?

Gracias!

Anónimo dijo...

Como ves? La ENPEG convoca a sus alumnos a un "EJERCICIO ACADEMICO" con KOONS para el sabado 21 del mes en curso. Eso si, se realizará una seleccion de alumnos a partir de sus carpetas. ¿Alumnos a modo? ¿Se le habrán agotado las ideas al maestro?.

Unknown dijo...

hola avelina que tal la verdad que comparto muchisimo tu forma de ver el arte y el valor que tienes para decir las cosas como son desgraciadamente nosotros mismos como publico estamos alimentando todo ese tipo de arte VIP..y es verdad que no es arte pero la gente que acude a esos performans deveria de tener un poco de côncimiento para saber que estan ante un gran engano...y es verdad el arte no se tiene que explicar con un argumento el arte habla por si solo

Julián Velcardo dijo...

¡Hola Avelina!

Nuevamente, Sumercé toca un tema que me gusta bastante, el Camp Vs. el Kistch. Trataré de dejar por aquí, en este tu espacio virtual, un pedacito de mi pensamiento, sobre este fascinante capítulo del Arte y los caprichos que lo rodean.

Para comenzar, quisiera compartir con Sumercé que para mí es claro que, la naturaleza humana es compleja, impredecible y frágil. Es infinitamente heterogénea. En su abigarrada estructura contiene elementos que van desde lo más bello, sublime e inefable, hasta lo más feo, exagerado y grotesco. Muchos de los elementos que aquí se encuentran son producto de las costumbres propias de determinada etnia, confesión religiosa o región en particular. Otros, son propios de las costumbres de las tribus urbanas que se han formado alrededor del hip-hop, el punk, y el heavy metal. Otros, son consecuencia del gusto por la literatura gótica y la literatura distópica, como el cyberpunk y el steampunk. Otros, como el caso que nos ocupa, contiene elementos que vienen del mundo de la moda y el mundo del arte. Con fronteras tan difusas, que a veces se mezclan y a veces se repelen.

El Kitsch, es el arte feo. El Camp, es la contemporaneidad del arte barroco. Considero que, tanto el uno como el otro, no son producto del folklore. Aunque, en ocasiones podría parecer que sí, por la aparente forma en que, de acuerdo al país en que se manifiesten estos fenómenos de la moda, los usos y costumbres de determinado sitio en el mapa, los absorben y les ponen muy particulares nombres. Estos caprichos de la moda, los veo como eso, como caprichos de la moda. Ya que, en un esfuerzo por marcar la diferencia, y hacer una declaración de independencia frente al medio social imperante, se llega hasta los límites de la autoflagelación social. Esta búsqueda de independencia estética -si se puede llamar así- sacrifica el bienestar, usando calzado, ropajes y accesorios, pesados, incómodos y carnavalescos.

Esta suerte de independencia estética, también puede funcionar como independencia social o política, porque al desafiar ciertos cánones de lo políticamente correcto en el vestir, puede convertirse en una postura anarquista, expresada no a través de las ideas, sino a través de la indumentaria.

En tus palabras: «...El excéntrico rompe el centro del decoro, del equilibrio, se burla del austero, se jacta de desquiciar el orden. Camp es excesivo, excéntrico, es el sitio de la individualidad extrapolada que se demuestra como una anomalía. (...) Camp hace un homenaje a la fantasía de ser un personaje que desprecia al ciudadano correcto, a la valentía cínica de usar la existencia como un teatrino del artificio. (...) Libertad, eso grita camp, sin arrepentirse...»

¡Excelente artículo, Dama Avelina! Gracias por darme la oportunidad de opinar sobre este tema. Muchas gracias por haberme escuchado. Es un honor pertenecer a tu círculo. ¡Nos videamos!

Williams Torruco dijo...

Es increíble, nunca imagine su origen, muy buen texto Avelina, saludos desde Tabasco