viernes, 27 de septiembre de 2019

ADIOS AL INSTITUO CABAÑAS


Los museos no son para exhibir los caprichos de sus directores y curadores, ni son para manipular sus preferencias y descargar sus odios. Los museos son recintos para mostrar arte, son un espacio de comunicación y acceso a los artistas y sus obras, para impulsar la capacidad de contemplación de la sociedad. Es un vicio corrupto la forma como se dirigen museos en este país, los directores son caciques, su pobre capacidad y visión estética contamina al espacio y lo reduce a sus mediocres alcances. La Colección Milenio Arte llevó durante cinco años una excelente relación con el Instituto Cabañas, mostró en sus espacios cinco de sus series de pinturas, grabados y fotografías, cada exposición contó con un impulso sin precedente en medios de comunicación, todas las plataformas del Grupo como Milenio Diario, Milenio.com, Milenio Televisión y Milenio Radio, publicitaban las exposiciones, daban cobertura oportuna a el resto de la cartelera y actividades del Instituto. En la primera exposición se nos entregó una sala destruida, que era bodega, Grupo Mileno la restauró por completo, desde el piso de madera hasta la iluminación, y se sumó como un espacio expositivo. El Instituto nunca erogo un peso para estas exposiciones, todos los gastos de traslados, seguros, montajes, inauguraciones, fueron cubiertos por la Fundación Milenio. En cada exposición impartí conferencias magistrales en la Capilla Mayor con llenos totales, las inauguraciones eran abiertas a todo público. En todas las exposiciones mostramos obras de artistas de Jalisco, con gran talento y lenguaje.
Eso se acabó, la actual directora del Museo, Susana Chávez, nos negó el espacio, me dijo que el museo desde ahora seria para “otros fines”. Buscamos el apoyo de Giovana Jaspersen,  directora de la Secretaria de Cultura, y sin involucrarse nos indicó que harbáramos con el “curador de la Capital”, es decir, de la Ciudad de México. Tuvimos que esperar meses para agendar la reunión, porque el “curador de la Capital”, va y viene entre Jalisco y la Ciudad de MX. Susana Chávez, muy orgullosa, dijo que todo lo decidiría “el curador de la Capital”, así, “de la Capital”, ¿en todo Jalisco no había una persona apta para ser curador de ese museo? ¿Necesitaban a alguien “de la Capital” que les dijera qué hacer? La gran aportación de este “curador de la Capital” fue “atraer públicos” dedicando las salas del museo a talleres de cocina, clases de gimnasia y demás ocurrencias, todo menos arte, con eso no se “atraen públicos”. Nos otorgaron una sala chica y un cuarto de trebejos que iban a desocupar para que expusiéramos “lo que cupiera”, y por supuesto nos avisaron que el museo estaría ocupado hasta el año en que se abriera el Séptimo Sello, y por fin desapareciera el arte de la faz de la Tierra.
“Atraer públicos” sacando del museo la colección  de pintura contemporánea más importante del país, que impulsa a los artistas de Jalisco, que les hacía publicidad, reducir uno de los espacios más importantes del país a casa de cultura de barrio, así se manejan los museos, como un receptáculo de la ineptitud y prepotencia de dos personas. Al margen de su estrategia de “atraer públicos”, el Instituto Cabañas y la Colección Milenio llevaban una gran relación de respetos y cooperación y no había motivos para acabarla de esa forma tan autoritaria, el museo no es de ellos, es de la sociedad. La directora y su “curador de la Capital” le están negado el espacio a una colección de arte, se lo están negado a más de 250 artistas y fotógrafos, se lo están negado al público que seguía las exposiciones, todo para imponer sus intereses personales, obcecación y mediocridad.  

sábado, 14 de septiembre de 2019

VICTORIA ULTRAJADA

 La destrucción, el exhibicionismo de la violencia con “causa”, enaltecer el vandalismo a través de consignas, no solo distorsiona los fines de esa “lucha” sino que, además, pone en el mismo nivel de desprecio al que protesta con el motivo de su protesta, es decir, imitar los métodos los iguala en los fines. En agosto y en septiembre dos manifestaciones y protestas feministas dañaron gravemente las escalinatas y la base de la columna del Ángel de la Independencia, en la Ciudad de México. La victoria alada es una mujer, es un símbolo y una obra de arte, fue vandalizada, violada y mancillada por mujeres en su protesta. 

Los asesinatos y violaciones en contra de mujeres son deleznables, es una patología social, y la indolencia de las autoridades para convertirlos es complicidad, pero la destrucción de una obra no aporta nada en la búsqueda de justicia, porque repite el abusar de lo más vulnerable e indefenso.  Las mujeres compartimos la violación a lo más vulnerable con el arte público, vandalizan el Ángel porque no es susceptible de respeto, como nos sucede a las mujeres. En nuestro estatus social, las mujeres tenemos que “defendernos” constantemente, defendemos nuestro cuerpo, nuestra profesión, nuestro prestigio, a diferencia de los hombres que lo tienen ganado, nosotras lo debemos obtener con mucho esfuerzo, y a veces no lo conseguimos y es cuando abusan de nosotras, física, moral o psicológicamente. Las mujeres necesitamos un vigilante, un hombre a lado para que nos respeten, por eso las casadas en su apellido son “mujeres de”, son de un hombre y él tiene derecho a matarla o a mantenerla. Al arte público le pasa lo mismo, lo respetan metido en una jaula, en una barrera, incluso toda propiedad pública, como es “de todos” merece ser vandalizando.
La violencia se traslada de los seres humanos a los objetos, es la destrucción como privilegio de la fuerza, de la impunidad de sentirse superiores a lo que se golpea, se pinta o se mata. Las pintas, la cobardía del anonimato al hacerlo encapuchadas, exhibió una conducta que más allá de tener un ideal tiene un sistema que goza de la complicidad demagógica. El Ángel ha sido vandalizando por las protestas de todo tipo, hasta los fanáticos del futbol dejan la huella de su barbarie, que lo hagan con una causa justa o arbitraria en nada cambia los hechos, es el uso de la violencia. Al Estado le conviene más patrocinar el berrinche y ser condescendiente con todas las “causas”, en lugar de aplicar leyes que protejan los monumentos y las obras de arte. Lo escribo como mujer que ha sufrido la violencia por mi forma de pesar y por ser mujer, lo que hicieron denigra a la razón y se suma a la violencia social que nos ahoga.
El Estado  “restaurará” el monumento, argumentará que no hay cargos porque no son represores y las protestas se quedan despojando la dignidad a la causa. El hecho de que lo hayan perpetrado mujeres, por una causa femenina y lo hagan sobre la escultura de una mujer no es denuncia, no es una victoria, es otra vez una víctima y un victimario.

viernes, 13 de septiembre de 2019

AVELINA LÈSPER ENTREVISTA A CARLOS CÀRDENAS


Entrevista al maestro Carlos Cárdenas en la ciudad de Durango, conversamos sobe su obra, la filosofía de San Agustín y la Pitonisa, dentro de la serie de la Colección Milenio Arte, titulada El Tiempo.

sábado, 7 de septiembre de 2019

CAMP

 Hemos triunfado, hemos impuesto estéticas extremas que hace tiempo eran de maricones, de putas y de travestis. Y me encanta 
Alaska

El que se excede no se rinde, no cede, continúa hasta tocar el límite entre el ridículo y lo memorable. El excéntrico rompe el centro del decoro, del equilibrio, se burla del austero, se jacta de desquiciar el orden. Camp es excesivo, excéntrico, es el sitio de la individualidad extrapolada que se demuestra como una anomalía. Moliere, ese descarado psiquiatra disfrazado de dramaturgo, recreó los caracteres de la usurpación, de la personalidad reinventada, en su comedia Las Imposturas de Scapin surge el adjetivo camp, la pose, pretender ser alguien distinto, convertirse, travestirse. 
 En el Metropolitan Museum de Nueva York la exposición Camp hace un homenaje a la fantasía de ser un personaje que desprecia al ciudadano correcto, a la valentía cínica de usar la existencia como un teatrino del artificio. La museografía en un laberinto rosa de escaparates, inicia con Luis XIV el Rey Sol, sus zapatos de tacón, la peluca rizada, medias de seda blanca, posaba mientras escuchaba a Lully, y rivalizaba en estilo con su hermano Felipe de Orleans en la pasarela de la envidia de Versalles. Bisexual, homosexual, travestido, la presencia camp engaña desde la desproporción. La moda persigue lo camp cuando quiere salir de sus propios cánones, la ropa no es para vestir, es una máscara que destierra la seguridad de la imitativa integración a la masa. 
 Versace y sus medusas doradas, House of Schiaparelli con un tocado y vestido con dos flamingos rosas, símbolo de la exposición, las fotografías y poemas de Oscar Wilde, es la osadía de turbar, sin fingir, ser naturalmente operático. Arte y moda, aparecen los Prerrafaelistas, el autorretrato de Caravaggio, los dibujos sobre Salomé de Aubrey Beardsley, la afectación de una estética antisocial, que estigmatice, la belleza outsider difícil de asimilar, y propiciatoria del juicio moralista. El kitsch amenaza al camp, es su enemigo, tanto como la mediocridad, y sin embargo, en la guerra del estilo un saco con el logotipo de McDonald’s de Moschino, destroza a la mediocre vulgaridad de Banana Republic. El kitsch  es masivo, su cursilería es tan común que pasa desapercibido, el camp es excepcional, anti imitativo, cada personaje camp es diferente, no es costumbrista como el kitsch. 
 La alta costura busca el camp para unirse a la excepcionalidad, casi desagradar creando otra dirección de su estética.  Plumas, encajes, bordados, cadenas, flores, terciopelos, materiales artificiales, plástico, camp no es orgánico ni ambientalmente responsable, es agresivo, despilfarrado, revive el Barroco y la presunción. Camp es incómodo, es un corset exhibicionista, son zapatos que torturen, lo “comfy” es para la cintura puritana-feminista-autentica, el camp se mete en unos leggins plateados, y carga estoico decenas de cadenas doradas de Chanel. Hedonistas y masoquistas, sacrifican la paz de los zapatos de goma, es tortura, martirio, hay ropa que no permite sentarse, zapatos que no son para caminar, enormes vestidos que no caben por una puerta, hay que sufrir para mantener el tipo sin romper la pose, ese dolor es la cúspide del instante en que el mediocre se apena de ser quién es. Libertad, eso grita camp, sin arrepentirse, ya podremos meter en el armario la posibilidad de ser iguales a los que nadie mira. 



AVELINA LESPÈR ENTREVISTA A MARIA ROSA ASTORGA


Entrevista con la maestra María Rosa Astorga, radicada en Oaxaca, hablamos del destierro, la poesía, la ciencia del color, en la nueva serie de la Colección Milenio arte dedicada a analizar El Tempo.  

AVELINA LESPÈR ENTREVISTA A RAUL SANGRADOR


Entrevista con el maestro Raúl Sangrador, nos habla de las pérdidas irreparables, la estigmatización y la esperanza de una visión más humana para la comunidad LGTB, en la nueva serie de la Colección Milenio arte dedicada a analizar El Tempo.  

martes, 3 de septiembre de 2019

SAN JERONIMO INCONCLUSO


La penitencia de las pasiones, apagar esa invasión incesante que maldice las noches, persigue los silencios saturándolos de voces que nada dicen, voces que esperan una réplica que nunca llega, diálogo enmudecido con el alama negra del arrepentimiento. Jerónimo se ocultó en el desierto de Siria, se desnudó, padeció hambre y sed, se golpeó el pecho con una piedra para callar a los Doce Demonios del Infierno. Danza, música, comida, vino, sensualidad, placeres y la promiscuidad perseguían a Jerónimo y lo separaban de sus oraciones, tan fuerte es la carne que desconoce al espíritu, lo calla con la mordaza de un beso. En el Metropolitan Museum de Nueva York exhiben temporalmente San Jerónimo Penitente de Leonardo da Vinci, en una salita oscura, atascada de turistas ruidosos. Partida en dos piezas y unida en el siglo XIX, la tabla denuncia la torpeza de las restauraciones, la pintura está inconclusa, es una vida suspendida en la atmósfera incierta de los colores. Leonardo pidió piedad con esa obra, Leonardo lloraba mientras la pintaba, es un autorretrato y una confesión. La pintó en el Convento de San Donato de Scopeto, en Florencia, cuando estaba al servicio de los Medici, tenía que hacer un gran fresco para los frailes, que le pagaron y nunca realizó. Es una obra que nadie comisionó, la realizó en un impulso, sin más motivo que sus emociones. El arte en esplendor, era propaganda, arma y juguete del poder. Colmado del amor que sentía por su maestro y amante el virtuoso escultor Verrocchio, compartían el lecho y la sabiduría, la música y la poesía, discutían de la proporción de la belleza y se divertían diseñando ropajes para deslumbrar como artistas y dictadores de la moda. Los demonios de la envidia los miraban con codicia, la sombra de la violenta hipocresía los vigilaba, y lanzaron la acusación, señalaron al Verrcchio como sodomita. Lo evidente se criminalizó, y  el genio fue enlodado por la mediocridad.
La obra inconclusa está desnuda, se puede ver la técnica, el orden del trabajo, y no revela nada de ese misterio que es llevarla a ser una pieza excepcional, irrepetible. En la obra está Jerónimo el sabio, gritando al cielo que contemple su miseria, que tengan piedad de su sacrificio, a sus pies está el león, su amigo, el único ser que le demostró agradecimiento y lealtad, el paisaje fantasmal y mágico que Leonardo llevó magistralmente en la Virgen de las Rocas, es el escenario de la desolación. Jerónimo y el león, Verrocchio y Leonardo. El frágil león encontró piedad y sanación en Jerónimo, que le extrajo una espina; y el sabio desesperado pedía lo mismo al cielo en la soledad de la ermita, mientras los demonios gozaban provocando dolor.
Jerónimo se curó de sus pasiones trabajando, estudiando la misma voz a la que pidió paz, traduciendo los libros de la Biblia del griego y hebreo al latín vulgar, vulgata, una vez terminada su misión regresó a su ermita, con la sola compañía de su silencio. Leonardo huyó de Florencia, dejó atrás a los demonios de las plazas, nunca terminó la pintura, no pudo continuar mirando su propio padecer. Lo esperaba la corte de Ludovico el Moro en Lombardía, dejó inconclusa una obra maestra, abandonó al amor en el cuerpo seco de Jerónimo, en  el león que cuidó la tumba del santo hasta morir de hambre y sed.