lunes, 4 de febrero de 2019

4 MINUTOS Y 30 SEGUNDOS

“El arte toma tiempo” nos dice con sabiduría el publicista de Burger King, y lo demuestra con un corto cinematográfico de Andy Warhol comiendo una hamburguesa, que filmó el artista   Jorgen Lenth en 1982. El corto fue utilizado como publicidad de Burger King en el Super Bowl de este 2019, cuando las marcas lanzan sus campañas más costosas y las celebrities venden el glamour del capitalismo, llega el arte contemporáneo VIP a ocupar el museo que siempre han anhelado: la pantalla que los acerque a las masas.
El filme es una anti campaña y una anti obra, el pobre de Andy, que abusaba de la comida basura como parte de su statement artístico bulímico, metiéndola en su metabolismo y vomitándola en sus obras, no puede comerse la hamburguesa, es la comida más larga y tortuosa que se puede ver en pantalla, en esos 4 minutos y 30 segundos, la embadurna de sala cátsup, la observa, y mastica con una cara de disciplina neoliberal ochentera, hasta que decide quitar una rebanada de pan, comer un poco más y la mete en la caja sin terminarla. La verdadera obra son los desperdicios, la bolsa, la caja y el pedazo mordido, eso lo podrían haber subastado en el medio tiempo del partido del Super Bowl. El publicista, para demostrar el poco talento y nulo intelecto que ejerce para promocionar un producto que se vende solo, arraigado en el gusto masivo por la chatarra y la mala salud, premio a los primeros compradores que se inscribieran en la campaña de Twitter, y les hizo llegar una “mysterious box”, una caja que si Andy la hubiera visto pensaría que alguien lo estaba amenazado de muerte, el kit contiene una peluca estilo Warhol, una botella de salsa cátsup, y un cupón canjeable por una hamburguesa Whopper.
El corto, por supuesto, se va a exhibir en el Whitney Museum en Nueva York y en página oficial de Burger King. Es la sinergia perfecta, la realidad total del arte VIP, se derrumban los discursos, se acaban las teorías, ahora los doctorados serán de cómo tragarse una hamburguesa y con esa tesis ganarán subvenciones y exposiciones. La comida basura y el arte basura unidos en su vocación por el menor esfuerzo intelectual y físico. Andy nunca fue artista, él era un publicista, y con su comercial post mortem se dimensiona en dónde deberían ser estas exposiciones, ya vimos la de Gabriel Orozco en el Oxxo, sus museos están en los templos del consumo rápido y barato, en los lugares en donde la sociedad se enfila a ocupar su  lugar de peón del establishment ideológico. Es una lástima que los espectadores en lugar de presenciar a una celebridad gozando de su hamburguesa, hubieran visto al freaky de Andy tragar con esfuerzo, ese es el precio del arte, y el de la Fundación Warhol que dio el permiso para que la marca explotara el filme. Los millones de consumidores estarán felices de saber que cada vez que comen su paquete de refresco, papas y Whopper se devoran una obra de arte, son artistas y su performance forma parte de la trascendencia del arte contemporáneo VIP, una trascendencia que dura 4 minutos y 30 segundos


domingo, 3 de febrero de 2019

SECRETOS AJENOS


Los barnices de Vermeer, los de Dalí o de los hermanos Bellini. Los pasteles de Degas, que dejaba en el sol por días para lograr las tonalidades. El esfumato de Leonardo, la invención de la cámara oscura y la plumbonacrita que Rembrandt agregaba a sus pigmentos en los efectos de luz y relieve de sus pinturas. Es la obsesión de los investigadores y artistas, descubrir los secretos de los maestros. La investigación, aunque apoya en la autentificación y restauración de obras, es manipulada para reducir al arte a fórmulas y “habilidades manuales”, como si descubriendo el uso de un ingrediente revelara el misterio de la creación de una obra. El desarrollo técnico es consecuencia del concepto del artista y trabaja con los materiales para la resolución de ese problema, y permitir que la obra exista.
El asunto es que el arte contemporáneo VIP no tiene secretos de factura, materiales y realización, comenzando por el mingitorio hasta la variedad de performances con papel de baño de Yoko Ono. El paso del artista, como hacedor de la obra en la que involucraba su intelecto, imaginación y capacidad técnica; al nuevo artista VIP como “pensador” de la obra, que manda hacer, que no hace porque es nada, que ya está hecha porque es un readymade, acabó con la labor humana de crear belleza a partir de la inteligencia. La denostación de la realización de la obra y las técnicas ha arrojado miles y miles de obras carentes del más elemental misterio. Las obras con detritus orgánico lo único que pueden investigar es el ADN de los orines y saber si son auténticos del artista o si contrató a otro para que orinara en el lienzo. El readymade exterminó el proceso cognitivo de la creación y las consecuencias directas son la obviedad, falta de complejidad intelectual y la ausencia de secretos del arte VIP. Al dejar de ser un reto la conceptualización y realización, la desidia de “hacer filosofía” con ocurrencias, el menor esfuerzo es la virtud de la modernidad. Ser merecedora de una nueva clasificación, como los “conceptuales lúdicos”, que hacen crítica social con chistoretes, es la simple transacción entre un artista oportunista y un académico con deudas.
Los investigadores y curadores VIP se jactan de los “complejos procesos” de las obras, documentan con detalle la recolección de chicles pegados en las calles, que el artista separó y volvió a masticar, nos dan la provenance y el calendario de cada “pieza”, le otorgan beca y  financiación, y el museo la compra para su acervo. El catálogo lleva un texto sobre la fenomenología del chicle pisado y masticado, sus implicaciones sociales, de género y, además, nos dicen que la obra continúa en proceso. El gran “ingrediente secreto y misterioso” del arte VIP, que tendría que ser sometido a Rayos X, es la poderosa infraestructura institucional que impulsa la abulia intelectual como forma de manifestación artística, son los tratos entre curadores, artistas, galeristas y museos, que colocan a la estupidez en el pináculo de la maestría.  

EL TESORO EN EL CUERPO

 En la cabeza la filigrana de oro tejida por artesanos, incrustada con las esmeraldas de mineros esclavos, la corona es aura pesada que eleva la cabeza y deslumbra a los envidiosos dioses. El cuello ahorcado con la hilera de perlas, en la garganta que canta vaticinios y palabras adoradas. Las leyendas de la estirpe labradas en un pectoral de fuerza, herencia, zafiros, leones, torres y campos que la rapiña conquistó para engolfarse. El  ser humano padeció la vulnerabilidad de su cuerpo y se refugió en el fetichismo de las joyas que ahora está expuesto en el Metropolitan Museum de Nueva York. El cuerpo viste, calza, traga y respira, bebe y transpira, se enferma, se retuerce de placer y dolor, es un cofre abierto cargado de joyas, para protegerse demostrando poder, infalibilidad, hechizo, seducción, o una fe que pende en un yugo, en una condena sin perdón. Expulsado del Paraíso se vistió, no con pieles o con rudos textiles, no, fue una sortija que le traería eso, sortilegios, la protección mínima, urgente, ante el miedo a la perversa realidad, inventada por los dioses para divertirse con nosotros. Tiaras y cadenas barrocas de dioses sensuales y valientes de la India, cuidan fertilidad, juventud,  emanaciones sobrehumanas de fuego y aire.

Coronas con esmeraldas para vírgenes que lloran descalzas. Serpientes enroscadas en los brazos, antídoto dorado para venenos promiscuos del imperio bizantino. Espadas de reyes, falo filoso, y largo, arma memoriosa y vengativa. En la creación de una joya hay escultura y mito, los materiales son la búsqueda de lo excepcional, brillo, pureza y la penuria para obtenerlos. El amasiato de la muerte y la belleza, diamantes y piedras preciosas, perlas limpias o barrocas, metales preciosos, son vidas, detrás del preciosismo hay cadáveres, es el precio que pagan unos y gozan otros. Anillos en pies y manos, amarrados a pulseras y tobilleras, coronas con cadenas que cubren el rostro, deslumbra el ser que se impone el castigo vestir con riqueza dolorosa, convertirse en intocable, hafefobia fastuosa, retirarlas es ritual tortuoso, debajo del esplendor está la ruina. Las armaduras cubrían la cobardía, los báculos demostraban rencor, las gargantillas protegían de la venganza. La cota de malla de Alexander Mcqueen, inspirada en las medievales, cristales rojos de Swarovski montados en aluminio, vestuario sadomasoquista, dominatriz que excitaría Felipe IV el puritano paladín del catolicismo, que alardeaba mostrando sus purulentas pústulas pudriéndole el cuerpo, materiales modernos para un diseño ancestral, cuando la peste arrancaba las condecoraciones de la guerra. Las piezas realizadas con lápices, esperma, alambres, la modernidad que desacraliza, honrando a deidades estériles de promesas, mitos y altares, la única superstición que nos sobrevive es el reciclaje de la intrascendencia.