domingo, 5 de agosto de 2018

NO ME CALLARÀN COBARDES


La violencia física y verbal, la represión, no me intimidará ni me detendrá en la libre exposición de mis ideas. Lo que quieren silenciar es justamente lo que debemos revelar. Convoqué a un diálogo que desde un inicio fue saboteado con cartas y mentiras, atribuyéndome afirmaciones que no hice. En el recinto del Museo de la Ciudad de México, los grupos de graffiteros no dejaron de interrumpir y gritar durante mis intervenciones. Molestos por la crítica nunca escucharon mis argumentos, imponiendo una cerrazón que no dejó que el diálogo avanzara. Acostumbrados a los congresos y eventos realizados entre ellos y subvencionados por el Estado en el que no reciben críticas, que se desarrollan en el intercambio de elogios,  mi cuestionamiento a sus características estéticas y sus implicaciones sociales fue rechazado hasta llegar a la violencia física. 
Los graffiteros, aun con las evidencias de su violencia, continúan instalados en el chantaje del victimismo social, negando la responsabilidad de sus actos. La violencia está registrada en los medios, los graffitis están plasmados en los muros, es algo que todos pueden ver, el talento que logra conquistar una pared es aplastado por la inmensa mayoría de mediocres que invaden el espacio, es evidente que para estos grupos a hay dos enemigos: El talento y la libertad de expresión. 
Si esto es síntoma de los tiempos que estamos iniciando es alarmante, la censura es una enfermedad social que amedrenta a los individuos para ocultar la verdad. Desde aquí les digo, que no me van a intimidar, no me van a callar y que su cobardía los describe más que sus obras.
Agradezco a mis compañeros de Milenio Diario, Milenio Televisión, Milenio.com, al Consejo Editorial, el apoyo que me brindaron, a su reacción inmediata y solidaría, defendiendo el derecho a la libertad de expresión. La gran lección de este evento es y será la fuerza y el valor que existe en Milenio para defender a las ideas.