sábado, 18 de agosto de 2018

EXCLUIR Y CONSERVAR

Fragmento de manuscrito Por el Camino de Swann
 Iniciar nos aleja del final, escrita la primera palabra, las dudas conducirán a la única certeza, que a pesar de su irrevocable presencia, inspirará una desconfianza permanente. El inicio del libro Por el camino de Swann, del primer volumen de En Busca del Tiempo perdido, de Marcel Proust, narra la larga trayectoria de la mente para alcanzar el sueño, la oscuridad, los pensamientos, la descripción de la estancia en la inactividad al tratar de dormir. En la Morgan Library de Nueva York, exponen parte de la colección de cartas y manuscritos de Pedro Correa do Lago, entre ellos el borrador de ese pasaje con la caligrafía minúscula de Proust. El papel está roto, separado de otras palabras inútiles, en una decisión implacable y temerosa, se puede leer que anotó que el personaje tenía un periódico en las manos, y después lo corrigió por un libro, como se conservó en la versión impresa.
El contraste entre la prisa de que el papel retenga esa idea, y la profunda inmersión en la descripción de un tránsito que guarda las señales de la novela completa, que se gesta en la oscuridad de la habitación y del pensamiento. Las páginas del borrador de A la sombra de la muchachas en flor, están fragmentadas, corregidas, armadas en distintos papeles que rompía, recortaba y unía en su “cuaderno violeta” que contenía el manuscrito final, un collage solamente legible para él y la paciente Celeste. La confusa e impenetrable secuencia, contemplar cómo la creación está unida a la destrucción, que  la novela alcanzó la perfección guiada por la duda, por el miedo, y que cada palabra lanza al abismo de un pensamiento que no deja de exigir, que la conclusión no fue una decisión, fue una fatalidad. Ahogado por el asma, respiraba para escribir, exhalaba cada palabra, los fragmentos anuncian que la muerte iba a terminar la novela, que Proust al comenzar con la oscuridad de la noche, estaba condenado a no detenerse. La forma en que rompe, avanza y regresa evocan el dolor con el que  construía la historia, el papel memorizando un orden que la memoria ya no soporta, las tachaduras, la fuerza de la línea que mata palabras, frases, que llevan a otro sitio a los personajes, y el autor sacrificado en una falsa biografía. 
Fragmento del manuscrito del libro A al sombra de las muchachas en flor 
La pérdida de estos testimonios es parte del progreso tecnológico de nuestra época, escribir se ha convertido en una virtualidad que no deja rastros de esa humanización y esa sensibilidad, la caligrafía  lleva la huellas de nuestro ser, se altera con las emociones, cambia con los años. El invento de la máquina de escribir lo pronostico, nos dio velocidad, limpieza, y nos quitó esa marca individualista que hizo de la caligrafía un aprendizaje que nos abría a la libertad de expresarnos y hacer de la palabra y su forma una descripción de nuestras ideas y emociones. En los escritos de Proust, dicen sus biógrafos,  se alcanzan a ver las lágrimas que caían sobre sus páginas, la tinta que se escurría llevándose las palabras. Excluir, eliminar es lo que dimensiona lo que conservamos, esa separación es central en la novela y es la fuerza de este testimonio. El papel tan frágil y efímero como la existencia, la caligrafía evidencia que no hay salida, que los sentimientos, ideas, cada página es una confrontación interna que no se resuelve, que mantiene la lucha. La belleza es inconclusa, y la tragedia es la imposibilidad de finalizar, nuestra razón de ser está encadenada a lo que nos aniquila.  

6 comentarios:

Viko dijo...

¿Asistirás a zona maco?

Álvaro Sánchez Díaz dijo...

Hola Avelina! Escuché en la radio sobre la exposición "Luna y Sol, Dualidad" que se exhibirá en San Ildefonso pero no encuentro información al respecto. Podrías confirmar la fecha y hora del evento? Muchas gracias!

2yto dijo...

Hay un video en YT donde Celeste cuenta muy emocionada cuando Marcel Proust logra concluir la historia en una primera (y única vuelta). "Se sentía como un niño que había encontrado el juguete más bonito del mundo, decía: ya escribí la palabra FIN en la historia; ahora ya puedo morir en paz" aunque ella le contesta "¿y ahora cuales papelillos quiere que añada a modo de corrección?" Proust le responde : "Eso querida Celeste , ya es otra cosa".
¡Qué cariño le tenía esa mujer! Lástima que nunca pudo darle una pulida a los últimos tomos.

Huiini huadxi dijo...

Te amo Avelina. Me fascina tu alma artesana.

Alejandro González Acosta dijo...

De igual forma que Felipe II habría saltado de alegría si hubiera tenido una computadora, Proust habría llorado de placer de haber contado con Windows...

Estefanía Rojas dijo...

No he leído a Proust, pero gracias por la invitación a hacerlo..