lunes, 25 de septiembre de 2017

LA VENGANZA DE LOS MASOQUISTAS

 Jean-Antoine Watteau, Pierrot, 1719
 El masoquista es una víctima voluntaria, se entrega al sufrimiento porque sabe que perdura más que el placer, su gozo es persistente, le acompaña en cada herida. El sádico es efímero, su instante se volatiliza, la recurrencia no es suficiente, porque es eternamente breve. La Comedia dell’arte creó a Pulcinella, el personaje que encarna al masoquista, al ser que provoca la risa y el escarnio, que se humilla a sí mismo exhibiéndose insignificante y dentro de esa máscara burlarse del poder que lo somete, del sádico que ingenuamente cree que su desahogo puede hacer daño. El sufrimiento es fetichista, el vestuario de Pulcinella lo señala, el traje blanco, cuello con pliegues, botones grandes, zapatillas, una máscara, se viste pare el ridículo, dentro de ese traje habita un residuo de nuestra propia entrega, de la sumisión que desata la codicia del otro, la neutralidad del color le permite responder, agredir, invertir el papel, y ser el espejo degradante del sádico. En las escenas galantes de Watteau las damas tienen la compañía de un Arlequín melancólico, que canta y bromea, con su inocencia fingida y asexual es un juguete que se deja hacer, es receptor del gozo, su entrega no tiene consecuencias, encarnar al títere de nuestras bajas diversiones es parte de su juego, es el bufón que desprecia servir con lealtad. 
Giovanni Domenico Tiepolo, Pullinchenelo, 1770
 El Puncinello de Tiepolo inicia la deformación que provoca el morboso escarnio del sádico, la joroba, la máscara negra, el vestuario blanco de pantalones cortos, se viste para ser el leproso de la risa enferma, desde la infancia es educado para disfrutar de la crueldad y la vejación. Tiepolo dibujó a Puncinello para los niños, el horror se infusó en la memoria, y germinó la repulsión al personaje, a su constante provocación del dolor, escenas con flagelaciones, peleas, montoneros, libertinos asesinos en la Revolución Francesa, nos inicia en la tragedia, en la certeza de que la sumisión se trastoca en maldad. 
Giovanni Domenico Tiepolo, Pullinchenelo, 1770

Giovanni Domenico Tiepolo, Pullinchenelo, 1770
 Pagliacci, la ópera de Loncavallo, lleva el personaje a la demencia, sin distinguir entre la realidad y la ficción de su traje, asesina a su amante poseído por los celos, esa cumbre del dolor. 
Pennywise, Stephen King, 2017
 Stephen King en su novela It decreta el miedo como sufrimiento, convoca al clown que todos hemos temido, del que no comprendemos su degradación y por qué nos debemos reír con ese espejo grotesco, obligándonos a desflorar nuestro sadismo, a tener miedo de nuestra propia adicción a sufrir y dañar para perpetuar nuestro egoísmo. King se ensaña con nuestra cobarde  obsesión de no ver nuestro traje blanco, de no caminar por el escenario y asesinar lo que imaginamos. La versión cinematográfica (2017) de Muschietti viste al payaso Pennywise de Puncinello, es la recreación de este fantasma, concentra esa pervertida relación con la humillación y la crueldad, nos ofrece la catarsis y asumimos que el circo, el payaso, nos entregan la ilusión horrenda de ser verdugos mientras somos victimizados.  
Pennywise, Stephen King, 2017