lunes, 13 de mayo de 2013
domingo, 12 de mayo de 2013
SUMISOS ANTE LA REALIDAD.
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| lorentijn Hofman, Giant “Rubber Duck” 2013. |
El proceso cognitivo del pensamiento abstracto nos permite la
asimilación, interpretación y dominio de la realidad. Este pensamiento nos
aleja de la literalidad, nos obliga a procesar y a implicar nuestra posición individual
ante un todo que de otra forma nos tragaría y nos nulificaría como personas. La
realidad es inabarcable y es gracias al proceso cognitivo de la abstracción que
podemos separar un fragmento, exponerlo, desmenuzarlo, reinterpretarlo y darle sentido
a la realidad misma. El arte es pensamiento abstracto.
De esta forma el ser humano pudo adueñarse de la realidad
para un fin fundamental: darle su propio valor. Con el arte el individuo es el ser
que le da sentido a la realidad y, además, tiene la libertad para decidir qué
es lo real. Decide que sus emociones, que su interior más prohibido, las
pesadillas, las perversiones, las ilusiones sean reales y que él posee el lenguaje
y la capacidad para darles visibilidad y existencia dentro de las fronteras de
papel, del lienzo, de la arcilla. El arte se convierte en el vehículo para
crear una realidad paralela, y con esto surge la rebelión más grande a la que
el ser humano tiene acceso: el arte cambia a la realidad. La destruye, la magnífica,
la expande, la difama, la hace mejor o peor de lo que es. Dice Richter
“Olvídense de los predicadores y los filósofos, los artistas son las personas
más importantes en este mundo”. En un paisaje no está el terreno, está el aire
de la atmósfera; en un retrato no está una persona, está el interior desnudo de
una psique; y logra que la tragedia esté contenida en el color. La obra abstrae
a la realidad y la trastoca, la hace suya.
Hasta que llegó la sumisión entreguista y cobarde del
readymade; hasta que la retórica tomó por asalto al arte y un grupo de académicos
sin capacidad creadora usurpó el lugar de los artistas y posicionó al objeto
sin factura y sin pensamiento abstracto en un pedestal. El auto llamado artista
medroso a la emancipación se puso de rodillas y claudicó ante la realidad, no
pudo abstraerla y dejó de entenderla, se humilló ante el objeto de consumo prefabricado,
plagió las obras de otros o las mandó hacer. Dejó de crear. Si quiere insultar
imprime un letrero, si quiere denunciar interviene un periódico, abandonó al
pensamiento abstracto para encubrir otro miedo: mostrarse a sí mismo a través
de la obra.
Una mancha en el lienzo dice más que unos zapatos pegados,
una pincelada furiosa dice más del ser humano que unos muebles desvencijados y un
pato de goma gigante. El artista que es capaz de revelarse de la realidad
reinventándola en la síntesis de un dibujo a tinta en blanco y negro, se
muestra con cada obra, con cada decisión. Un grabado, una pintura dicen tanto
de su creador que estremece estar frente a la intimidad expuesta, inquieta el
valor, la audacia de alguien que expone a sí mismo. Colgar unos alambres
enredados, intervenir animales disecados, o meter monedas en un frasco y
llamarlo arte es someterse a la realidad, es la confortable oscuridad que evade
del compromiso de descubrirse a través de la obra. Manifestarse, emanciparse a
través de la creación es una misión ingrata, sin promesa de éxito, sin
garantías de ningún tipo.
Estamos en la época de la comida prefabricada, del arte
prefabricado, de los sabores artificiales, de los artistas artificiales ¿por
qué ir en contra de eso? ¿Por qué no dejar que el arte sea pre hecho por las
teorías y no por los artistas? Es más fácil dejarse llevar por el arrollador
impulso de la mayoría, por el unificador grito de la masa y hacer arte
obediente sin diferencias entre una obra u otra. Es una inmensa responsabilidad
decidir cómo debe ser el mundo, inventar un lenguaje individual, único, alejado
de la obviedad y la literalidad del arte enclavado y esclavizado en el estilo “contemporáneo”.
Por eso lo más sensato es vivir en la tranquilidad de la obra sin implicaciones
emocionales, racionales y emancipadoras. Conmover con un lienzo, marcar la
realidad de otra persona con un dibujo, romper la tridimensionalidad espacial
con un grabado, esa libertad, esa disyuntiva, es una carga que no pueden
soportar los pusilánimes sobre sus frágiles hombros.
Publicado en el Suplemento Laberinto de Milenio diario el sábado
11 de mayo del 2013.
sábado, 4 de mayo de 2013
ENTREVISTA PARA LA REVISTA EMEEQUIS.
emeaquí
Avelina Lésper, crítica
“En
el arte de hoy
todos
quieren ser
bonitos”
Por
años ha clasificado las propuestas del arte contemporáneo en limitadas
categorías: farsa, chistorete, mediocridad. A ella no le impresiona un pedazo
de concreto iluminado por luces de neón, ni la cautiva una montaña de ropa
sucia exhibida en la sala de un museo.
Por Tatiana Maillard | tmaillard@m-x.com.mx
• @MadameMaillard
Fotografía: Eduardo Loza
Avelina
Lésper ha dejado claro que lo suyo no es la condescendencia: una caja de
zapatos vacía es una caja de zapatos vacía y nadie la convencerá de lo
contrario. No sonríe, al menos en público. La dureza de su crítica es similar a
la de su voz. En cambio, la mano con que saluda es ligera, una contradicción
ante el sentido de sus palabras: “En el arte de hoy, todos quieren ser bonitos.
Como si fueran una... tienda de Hello Kitty”.
Usted defiende que el público debería de perder la
solemnidad cuando asiste a una exposición, y si la obra es una burla, reírse en
la sala.
El arte contemporáneo hace un esfuerzo enorme por ser simpático, por
ser irreverente, irrelevante, complaciente, facilón, por caer bien. La mayoría
de las obras de arte contemporáneo son chistoretes. Los artistas suelen justificar: “estamos abordando
el tema con ironíiiiia (alarga esa vocal)”. La gente entra al museo y se
transforma. Se vuelve solemne y así ve la obra, ¡con solemnidad! El público
adopta la actitud de “estar en un museo, frente a una obra”, cuando ésta tiene
el nivel como para mostrarse en un programa cómico de la televisión. Lo que sugiero
a la gente es que reaccione en consecuencia de lo que ve. Si la obra consta de
unas latas de comida para gato encima de una sandía, de un Gabriel Orozco que
se esfuerza por ser chistoso, ¡pues ríete de su chiste!
¿No desiste de asistir a las ferias de arte?
Es parte de mi trabajo. Estar en Maco, Art Basel y... ¡bueno!,
para empezar, Maco (México Arte Contemporáneo) es una feria muy provinciana. En
México nos encanta propagar mitos, aunque no tengan una base real. Ya se engrosa
la fila de aquellos que creen el mito de que Maco es importante a nivel
internacional. Mentira. El mercado del arte mexicano no figura mundialmente. En
México se vende y se compra muy poco arte. Es ridículo que en condiciones así,
esta feria tenga nivel mundial. Está lejísimos de la Feria de São Paulo, por
ejemplo. Además, es bastante mediocre lo que se ofrece por dos razones: porque imitamos
lo que hacen en el extranjero tratando de aparentar que somos internacionales,
y porque las galerías que se presentan llevan obras sin calidad, ni de factura ni
estética, ya no hablemos de complejidad.
¿Alguna vez intentó pintar?
No. Únicamente hago análisis del fenómeno artístico.
¿Realizar obra en otro formato?
No. Jamás. Toda mi formación ha sido con base en la historia del
arte. El análisis de una obra no implica que tengas que hacer la obra. El
ejercicio crítico siempre ha existido separado de la factura. Y ahora sí que te
lo digo: eso viene desde los primeros críticos. Desde Aristóteles. Escribió la Poética, pero no era dramaturgo. Y aún así deja claro
todos los cánones bajo los que se debe escribir la tragedia. Lo que sucede con
la crítica es que es una mafia donde hay mucho tráfico de influencias y de
favores. Ahora resulta que un curador es, además, artista y crítico. Con ese
juego de intereses es imposible que critiques una obra si buscas solicitar ese
museo para exponer tu propio trabajo. Entonces siempre vas a decir que lo que se
expone es maravilloso.
¿Qué tanto equilibrio existe entre su emoción y su razonamiento?
La contemplación estética es racional y emotiva. Necesitarías
tener un problema de esquizofrenia para no emocionarte ante una obra. Lo que sucede
con muchas expresiones del arte contemporáneo es que no producen emociones
porque es un arte ascéptico, frío, que no comunica nada.
¿Qué obra le ha provocado la más grande impresión?
Yo he visto obras desde niña. Uno observa valores con los que se
va identificando. Hay una cosa muy grave: están desasociando la aportación de
memoria en el arte. No es invención mía: entendemos la realidad a través de la
memoria, es una cuestión neuronal. Estas obras no te aportan memoria. Así que
es imposible que te aporten una explicación de la realidad. El arte aporta
memorias a lo largo de tu vida, lo que vas leyendo, lo que escuchas de música, lo
almacenas. Literalmente. Yo fui almacenando mis experiencias estéticas. Por
eso, al momento en que veía en el MoMA unos ganchos doblados de Yoko Ono, decía:
“Bueno, a mí no me despierta nada” y decidí separarme de eso. Dije: “Para mi
bagaje personal, para mi experiencia de vida, yo quiero otra cosa”. Es una
decisión de existencia.
Alejarse de todo lo que sea ready made...
El ready made no es arte. Es una expresión sumisa de la
realidad.
…o simpático.
Bromas y chistoretes hace todo el mundo y no les debes dar
categoría de arte (tartamudea molesta). Es una enfermedad del ser humano querer
agradar. Pero el arte no está para eso.
¿Qué edad tenía cuando vio la pieza que…
Yo tenía 11 años cuando deseaba robarme El Jardín de las Delicias
(de El Bosco) del Museo del Prado. Obviamente es imposible.
Pero cuando iba de niña, ese museo estaba en abandono total. ¡Había goteras! Y bueno,
hubo gente que llegó a colgar sus obras en las paredes. Pasabas, las veías y
notabas que no eran parte de la exposición porque no tenían cédula. Ahora debes
preguntar si el extinguidor no es parte de la exposición. Quería que ese cuadro
fuera mío. Es tan bello, me llena tanto, es tan violento. Todos esos seres
copulando con animales y flores y vegetales. Ese infierno… ¡tendría que ser
mío! Estudié para apoderarme del arte, hacerlo mío. Después empecé a ver otras
cosas en el MoMA y me dije: “Eso no lo quiero en mi vida”. Hay ideas que el
público debe abandonar. Como el clásico: “Si no te gusta es porque no entiendes
la obra”. ¡Eso no existe! No debes entender nada de los orines de Wilfredo
Prieto en la Sala de Arte Público Siqueiros (instalación Two Blondes. Beer and Urine. 2012). ¿Qué debes entender? ¡Son los mismos
orines que hay en una banqueta! No hay mensaje. Y si lo hay, es impuesto. No hay
inteligencia.
¿Qué obra le despertó por primera vez esta
indignación?
De las primeras que recuerdo, fue una que vi en una exposición en
Los Ángeles. Obviamente no recuerdo ni cuál era la galería. Pero la obra era un
sillón desvencijado con una bandera de Estados Unidos encima. Pensé que si ya teníamos
que asumir cosas así como arte, pues el arte simplemente ya no me iba a
interesar.
¿Qué edad tenía cuando decidió eso?
Unos 13 años.
Una niña de carácter severo.
Es que a esa edad te empiezas a rebelar. Si tienes suerte,
encuentras el arte. Si no, encuentras las drogas.
¿Por qué esa relación tan cercana con los museos en
su adolescencia? ¿Influencia de sus padres?
¡Ay, no! Yo provengo de un hogar como el de todo el mundo: ¡horrendo!
Pero cuando de la escuela me mandaban al museo, estaba atenta de lo que había.
Por eso me parece genial que los maestros manden a los niños a las exposiciones.
Aunque la gente se queje de que sólo van a copiar, no importa: lo que copien,
se les pega. Y qué bueno que tengan que escribir en un cuaderno. Con ese
ejercicio, algo se les pegará en la cabeza.
¿Alguna vez duda de su juicio ante una obra?
No.
¿Nunca?
Tenemos una sola vida. No hay tiempo para dudas. Las instituciones
trabajan por imponer un tipo de ideas y de obras. Que se encarguen ellos de sacarme de mis certezas. ¿Te tienes que
comportar con el mismo respeto ante unos aguacates expuestos por Gabriel Kuri,
que si estuvieras frente a un cuadro de Francis Bacon, que es genial? Además,
es una mentira lo del acercamiento con el público. Si te acercas a tocar los aguacates,
¡así te sacan del MUAC! (truena los dedos).
Cuando usted critica una obra como la de Teresa
Margolles…
Ah, sí. Sus mentiras.
…¿hay repercusiones?
Yo estoy fuera del sistema y de las instituciones. Ni soy
becafirmante, ni pertenezco al sindicato del Instituto de Investigaciones
Estéticas de la UNAM. No pertenezco a ningún museo, ni me hace libros
Conaculta. Soy marginal. Quiero mantener mi independencia. Recientemente, en
Maco, las galeristas de Teresa Margolles me sacaron, porque estaba su libro de
fotocopias de nota roja de Ciudad Juárez. Yo me encontraba haciendo una cápsula
para televisión (Avelina conduce El milenio visto por el arte, transmitido por MilenioTV) y decía que esa obra no tenía valor
estético, que sólo hacía escarnio de la pornografía de estos periódicos, que
costaba 5 mil dólares y estaba avalada por un texto de Cuauhtémoc Medina... ¡y
me sacaron! “La libertad de expresión de este arte”, “la interacción con el público”.
Ajá.
¿Cómo mide el impacto de sus críticas?
Las reacciones son encontradas. Hay quien aprueba lo que digo y
hay quien dice cosas horribles de mí.
¿Enemigos?
Hay gente a la que le estorba que esté opinando, en primer lugar,
por dinero. Esto afecta el mercado del arte. Si dices: “Esto no es arte. No vale
lo que piden. El precio es una imposición artificial para generar un mercado
ilusorio, sin valor tangible, es especulación”, generas disgusto. Al final,
esto es solamente un asunto de dinero.
¿Se queda sola?
Sí. Pero yo no estoy aquí para ser simpática.
A usted le atribuyen fundamentalismo o cerrazón ante
nuevas formas de expresión o el uso de nuevos materiales.
El material no es un asunto del arte. Te hacen creer que si usas
como material el video, estás haciendo arte, aunque la imagen en movimiento tenga
más de cien años y haya logrado unos rangos de calidad alucinante. Lo mismo
pasa con la fotografía. Resulta que la fotografía conceptual es una imagen de
pasto quemado. Y si haces una foto con calidad, con un manejo certero de los
claroscuros, donde además arriesgaste la vida porque la hiciste en Irak y,
sobre todo, quedó hermosa, ¡eso no es arte! ¡Es fotoperiodismo! La cerrazón es
por parte de quien nulificó la factura y la inteligencia para aprobar la
mediocridad como arte.
También dicen que a usted únicamente le gustan la
pintura y la escultura, y fuera de eso nada le parece importante.
¡Pero! ¡Pero te anuncian una instalación y resulta que es un
tenderete de ropa y bolsas de plástico tiradas en el piso! ¿Por qué tenemos que
emocionarnos ante eso? Puedes hacer escultura con infinidad de materiales y la
pintura no ha dejado de evolucionar. El dibujo no para de cambiar. Las artes
gráficas no se detienen. La expresión en estos caminos es infinita. En cambio,
lo que hacen a partir de lo que llaman “otros medios” es limitadísimo. Nosotros
nacimos con una televisión y es increíble que estas personas no sepan hacer
video ni usar programas de cómputo. ¡Hay tremendos videojuegos! ¡Tremendos
efectos especiales para el cine! ¡Programas para ir más lejos en la imagen
digital! Y ves lo que ellos hacen con la computadora… Es de cibercafé. Los
medios no hacen al arte. Es la maestría con la cual los usas, lo que hace al
arte. Los limitados son ellos.
¿La suya no es una batalla perdida?
El arte lo es. El arte se hace con fracasos. Las batallas ganadas
son de Gabriel Orozco. ¡Seis museos! ¡Eso es éxito! Yo tengo una columna en un
periódico.
Me refiero a que, pese a la crítica, siempre habrá un
cesto de ropa sucia exhibiéndose en alguna sala.
Sí. Pero en México somos mediocres. Solamente se exhiben tres suéteres
y un pantalón. ¡Deberían ver las montañas de ropa de (Christian) Boltanski!
¡Esas sí son inmensas! Aquí somos hasta pichicateros.
¿Qué tanto influye la estima, la animadversión o el
cariño en su crítica?
Yo no tengo relación con nadie. Conozco poquísima gente. Quizá funcione
para curadores que meten amigos suyos en museos. Pero en mi caso, no juega,
porque yo no tengo tiempo de amar ni de odiar. Mi relación con la gente es a
través de su obra. Por eso nunca hago ataques personales. No me interesa
conocer a la gente.
¿Cuándo le satisface una pieza?
A mí siempre me va a sorprender la inteligencia. La inteligencia
es belleza. Por eso el arte contemporáneo nunca alcanza ese rango. Porque se
preocupa por ser bonito, como Takashi Murakami, Jeff Koons, Damien Hirst. Se
preocupan por ser bonitos, como si fueran una... tienda de Hello Kitty. En cambio,
ves una pintura de Rembrandt y te fascina cómo resolvió enfrentarse con el
lienzo vacío. Eso fascina. Me sorprende que la gente compre cosas menores. Pero
eso es especulación.
¿Usted ha adquirido piezas?
Sí. Tengo un Piranesi.
¿Coleccionista?
No. No tengo ingresos para comprar arte. Sólo asesoro.
Imágenes realizadas
en la Galería Eje Central, con apoyo de Tarsicio
Padilla.
Eje Central 425, colonia Narvarte.
Crítica de Arte
Entrevista
ENTREVISTA A DANIEL LEZAMA EN EL MILENIO VISTO POR EL ARTE.
Entrevista realizada en el estudio de Daniel Lezama en la ciudad de México.
Crítica de Arte
Entrevista
sábado, 27 de abril de 2013
LAS APARIENCIAS, ASÚMANLO, SON LO QUE CUENTA.
| Libro de fotocopias de una publicación amaríllista de Ciudad Juárez. Obra de Teresa Margolles. 5 mil dólares. |
Vivimos en una ilusión, en una ficción que inventan nuestros
abotagados sentidos. Vamos a Zona Maco y el público finge que la pasa bien en
una feria que ofrece arte internacional y nacional de segunda y tercera clase.
En este mundo cruel de clases y castas, aquí las hay y muy marcadas. Nada del
ranking mundial de las subastas, nada de estrellas de los grandes museos, nada
de la excitación de los dólares virtuales que se derrochan en Suiza y Hong Kong.
Con esta triste perspectiva los galeristas gruñen los precios y se escandalizan
con la crítica a sus obras en venta, “Te voy a denunciar para que te saquen de
la feria” me grita furiosa una galerista que vende de Teresa Margolles unas fotocopias
encuadernadas de un periódico amarillista de Ciudad Juárez y validadas como
arte por Cuauhtémoc Medina, 5 mil dólares, nada comparado con lo cotizan muchos
falsos artistas que han pisado los prestigiados pasillos de la Bienal de
Venecia.
La pintura sobresale y se distancia de esta colección de pretensiones,
Daniel Lezama, Javier Peláez, Armando Romero, esculturas de Chillida, la
Galería de Enrique Guerrero con una selección valiosa e inusitada para este
espacio, y un Diego Rivera en 2 millones 200 mil dólares en la galería AAMD de
Miami.
Pero es que fingir es lo que más se da en este mundo de mentiras. Afirmar
que es una feria “de clase mundial” con un centro de prensa paupérrimo que entrega
las acreditaciones tarde. Es imposible que un mercado que no figura
internacionalmente tenga una feria que se jacte de estar en niveles de la Sao
Paulo y otros ejemplos desproporcionados.
A los organizadores de esta feria se
les olvida que en lo que si somos famosos a nivel internacional es en el
melodrama, que para engañar el tirón sentimental es un recurso que sabemos
explotar muy bien. Necesitan, como preámbulo a su lanzamiento, un Zona Maco reality
show con los valores artísticos nacionales haciendo sus complicadas obras con llantas
de bicicleta ponchadas, demostrando que los becarios FONCA no malgastan los
impuestos y les implica un gran esfuerzo hacer un fotomontaje y un rompecabezas.
El melodrama mexicano ha sacado del anonimato a muchas nulidades y del olvido a
glorias del pasado, ahí está el clan Cuevas para demostrarlo con su telenovela La Ruptura: una madrasta, hijas que
nunca han destacado en lo poco que hacen y huérfanas-abandonadas a sus más de
50 años; un artista-padre-marido jaloneado, violencia intrafamiliar, herencias
malditas, vestuario con sombreros folklóricos, diálogos de arrabal, todo lo que
exige el público del horario con más rating. Estos personajes apuestan su vida
emocional, sin ningún pudor, y la ofrecen al mundo sediento de dramones. No
tendrán la tragedia y el genio de los Mann o los Wittgenstein ni el glamour, el
dinero y la belleza de los Kennedy, pero es lo que nos toca presenciar por acá
al sur de la frontera.
El performance-culebrón debería formar parte del
programa de apoyos de CONACULTA, que tanto ha sabido explotar esta familia,
porque les darían becas permanentes. Propongo que para el próximo Zona Maco se
lleven al clan Cuevas a vivir dentro del recinto de la feria, oficina notarial
y unidad de terapia intensiva incluida, para que podamos seguir día a día sus
miserias. Les garantizo que impactarían a nivel mundial y venderían la
instalación con los restos de su estancia, muy al estilo de Beuys. Y como el
drama genera más drama, cada año podrían comisionar el área y lanzar nuevos
performances-culebrones sin censura.
Con lo adictivo que son los folletines, el
público iría todos los días a la feria y no se quedarían con la decepción de
ver pegatinas en el piso cotizadas en 250 mil dólares y, además, fingir que les
encantan las naderías de los stands y aguantar la mala cara de los galeristas. Es
una feria, es un evento social para divertirse, gastar dinero y ponerse guapos, están
es su oportunidad de brillar en sociedad ¿por qué ese ánimo de guardianes de
museo solitario y fracasado como el Arte Alameda?
Pero fingir, ser pretencioso,
creerse lo que no son, tiene su punto: la mala cara ya es sinónimo de estatus,
vean a los cadeneros de los antros, que son el canon de esta conducta. Por eso
necesitamos a los Cuevas exhibiéndose y regalando con generosidad lo único que
no tiene precio: la intimidad.
Publicado en Laberinto el Suplemento cultural de Milenio Diario
el sábado 27 de abril del 2013.
ENTREVISTA DE PAULINA JAIMES EN EL MILENIO VISTO POR EL ARTE
Entrevista a Pulina Jaimes desde su estudio en la Ciudad de México para el Milenio visto por el Arte.
Crítica de Arte
Entrevista
lunes, 15 de abril de 2013
LA REPRODUCCIÓN MECÁNICA DE LA IRREALIDAD.
El arte crea expectativas casi míticas. Negando la
arbitraria e infundada suposición de Walter Benjamin, de que el arte pierde su
aura en la época de la reproducción mecánica, la obra vista en vivo por primera
vez deja una impresión que se queda depositada en la memoria, que nos acerca
con impacto a la experiencia estética. Podemos ver mil cromos de los paisajes
de Tuner pero esa ocasión en que pudimos verlo a unos pasos de distancia, de presenciar
la escala real, captar su pincelada, de apreciar los verdaderos colores sin la
adulteración del proceso de reproducción, ese día no se escapa de la memoria.
La tecnología permite que una obra pueda ser reproducida miles de veces pero no
ocupa el lugar de un original. La autoría y la unicidad de la obra no se ponen
en peligro con la reproducción ya que no sustituye al objeto mismo, una copia
es un documento, es información, no es la obra. El espectador no es ajeno a la
realidad, sabe que tener una impresión digital de una pintura no es tener a la
pintura misma. La reproducción mecánica no le ha afectado ni un ápice al gran
arte, al verdadero.
A las exageraciones de marketing que llaman arte contemporáneo,
al arte VIP, video, instalación, performance, al readymade, a la apropiación, y
demás objetos vacíos de inteligencia y rellenos de retórica académica, a esos,
la reproducción mecánica les dio su razón de existir. Gracias a que se puede
tomar cualquier objeto industrial, robarse cualquier trabajo o hacer copias de
obras artísticas y llamarlas arte, existen decenas de miles de obras y miles de
museos que las exhiben. La experiencia estética ante la presencia viva de la
obra original va más allá de las modas, y de la publicidad, porque es un
contacto personal e íntimo de nuestras emociones y nuestra inteligencia en el
que no puede entrar una influencia exterior, ahí no hay lugar para retórica.
No existe, hasta la fecha, ningún tipo de impresión digital
que se acerque, ni de lejos, a la monumentalidad y el misterio de Las Meninas de Velázquez. La presencia
del original impacta aunque sepamos que existen , millones de reproducciones.
El aura del original, retomando la errónea idea de Benjamin, no puede ser
tocada por la posibilidad de una reproducción, al contrario, ver una impresión despierta
la curiosidad de conocer el original. Lo mismo sucede con la música: la
posibilidad de escucharla grabada, y llevarla con nosotros, no se equipara a la
sensación de estar en un concierto en vivo y participar de ese acto ritual de
la interpretación musical, sentir de cerca los golpes de los instrumentos, las
pulsaciones de los artistas, compartir la emoción que ellos sienten.
Otra cosa es si la obra es una montaña de escombros o es la
documentación de “algo” en proceso, da lo mismo si lo vemos impreso porque el
aspecto del supuesto original no se altera con la reproducción. Esto hace que
la presencia de la obra misma marque una diferencia abismal entre el arte
verdadero y el arte VIP: que al arte verdadero hay que verlo en vivo, hay que
conocerlo, y mantener con él una relación personal. El resto de las cosas se
ven beneficiadas en su apariencia dentro de las páginas de los catálogos, acompañadas
con decenas de folios explicativos, lejos de la observación objetiva que pueda
analizarlas y desmontar su presencia como arte. Si la obra es de arte verdadero
crece con la contemplación en vivo, en directo, y si es de arte VIP, se viene
abajo, indefensa ante la visión sin filtros y en su exacta dimensión. La
retórica del plagio que toma las obras de otro y las reimprime es la ilusión
irracional del autoengaño, esa acción ni los convierte en creadores, ni
cuestiona algo, y mucho menos acaba con la autoría, descubre a un plagiario y
no disminuye al creador.
El temor
desproporcionado, superficial y sin fundamentos de Benjamin dio la vuelta sobre
su propio eje y propició una excusa para que surgieran miles de falsos
creadores que encontraron en la industrialización del objeto artístico y en la
velocidad de la copia una forma fácil de ser parte de un discurso artístico sin
creación y sin obra. Una idea con aspiraciones filosóficas unida a obras con
aspiraciones artísticas y todo al margen de la lógica y la realidad.
Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio
Diario el sábado 13 de abril del 2013.
CURSO DE CRÍTICA DE ARTE IMPARTIDO POR AVELINA LÉSPER.
Los cursos de crítica de arte enseñan argumentos para evadir
la responsabilidad de manifestar un juicio crítico. Este curso no es así, se
trata de ver y decir lo que vemos con argumentos. Está enfocado a las artes plásticas,
pero en esencia ayuda al ejercicio de análisis de los valores reales de un
trabajo creativo.
Más informes haz click en la Escuela Mexicana de Escritores.
Crítica de Arte
cursos
ENTREVISTA DE ARTURO RIVERA EN EL MILENIO VISTO POR EL ARTE
Entrevista realizada por Avelina Lésper para el Milenio
visto por el Arte desde el estudio del pintor Arturo Rivera. La versión impresa
la puedes ver aquí. Cada semana tendremos un programa distinto.
Crítica de Arte
Entrevista
miércoles, 10 de abril de 2013
EL MILENIO VISTO POR EL ARTE
| Los Pintores del Milenio Visto por el Arte. |
El Milenio Visto por el Arte es un proyecto de Grupo Milenio, son 34 pintores, su trayectoria y la visión que tiene del milenio. 34 programas de televisión que aparecerán todos los sábados en Milenio Televisión a las 19:30 horas y se repite ese mismo día a las 23 horas. Cablevision canal 120, Monterey canal 14 de cablevisión básico y 420 de megacable. Guadalajara canal 234. En internet podrán ver todos los programas bajo Milenio Arte. Aparecerá en Milenio Diario todos los viernes un gran anuncio para cada programa y el lunes dos planas completas con la obra y la entrevista. Además en la programación de televisión tendremos cápsulas con las pinturas y un texto en voz off. Se editarán 34 catálogos y un catálogo genérico de toda la colección.
Crítica de Arte
Entrevista
sábado, 30 de marzo de 2013
EXITOSOS, RICOS Y MEDIOCRES.
![]() |
| Wilfredo Prieto, Orina y cerveza en el SAPS. |
Ser feliz y exitoso en el arte es un despropósito. La
creación no es infalible, el arte no es una sucesión de éxitos, es un historial
de fracasos. Cada obra lograda tiene tras de sí más tropiezos, más dolor, más
renuncia que lo conseguido. No existe trayectoria artística sin obras fallidas.
Las obras abandonadas, que el artista dejó inconclusas porque no logró lo que
buscaba, son fragmentos indiscretos de una batalla pérdida. Por cada artista
rico y famoso que expone sus obras en museos como el Guggenheim o la Tate
Modern de Londres, hay miles que nunca alcanzaron el reconocimiento que merecían.
La insatisfacción y la frustración que muchas veces implica crear arte
contradicen a la quimera de vivir como personajes de una serie de televisión. Es
terrible porque esta sociedad depredadora estigmatiza los fracasos y, en cambio,
válida al crimen si este acarrea éxito. Presentarse con las manos vacías de
triunfo es una pesadilla que ha empujado a cientos de artistas al suicidio.
![]() |
| Wilfredo Prieto, su "estudio" en el SAPS. |
![]() |
| Martha Rosler, Garage Sale, en el MoMA. |
![]() |
| Martha Rosler, Garage Sale en el MoMA |
![]() |
| Pedro Reyes, performance en la Bienal de Venecia 2003. |
![]() |
| Pedro Reyes, performance en la Bienal de Venecia 2003. |
Publicado en el
Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario del sábado 30 de marzo del 2013.
sábado, 16 de marzo de 2013
CRUCIFICAR A UNA MUJER.
![]() |
| Felicien Rops |
![]() |
| Felicien Rops, La tentación de San Antonio. |
![]() |
| Albert Von Keller, Claro de Luna. |
Las pinturas de Albert Von Keller están creadas bajo un
erotismo siniestro y culpable. Obsesionado con el oscurantismo, ocultismo y los
fenómenos “paranormales”, seducido por las emociones inmediatas que ofrece la
superstición, buscaba un estado de peligro mental o neurosis para alimentar a
su propio imaginario. Sus obras
contienen el estado febril del pánico, de la fantasmagoría de seres que entran
por los orificios de sus víctimas incitando histerias. Las mujeres que pinta deliran
entre lujosos encajes, posesiones y trances. En su pintura El Claro de Luna una hermosa joven atada de pies y manos a una cruz
de grandes maderos, iluminada por una luz fosforescente, es la conclusión de una
terrible ceremonia, los pies le sangran, descansa agotada por el dolor, por la
violencia del suplicio. El espacio es una abstracción, no sabemos en dónde
está. Von Keller era amigo y admirador del psiquiatra forense e hipnotista
Albert von Schrenck-Notzing, investigador de los fenómenos paranormales, que
influido por las ideas de Krafft-Ebing sobre las patologías sexuales se especializó
en el tratamiento con hipnosis de estas desviaciones. Si la mujer crucificada
de von Keller, está exhausta después de una sesión hipnótica -psiquiátrica o espiritista,
la unión del erotismo femenino como enfermedad, condena o castigo, y la
posesión anormal como representación del deseo sexual, hace de la escena un
estado de transgresión y demencia. El deseo sexual se exhibe como anomalía
ejemplar, se coloca en una estaca, en una prisión para ser observado,
analizado. Esta visión deja de ser clínica, es perversa, la pena es parte del
deseo. El castigo no depura, corrompe. La consagración del instinto se castiga
con un ritual que lo detona, no hay distancia entre el pintor y la escena
creada, hay una clara búsqueda en las propias patologías.
Keller o Rops dan su
veredicto: si el deseo es culpable, ellos piden ser verdugos; si el deseo es
inocente, ellos se encargarán de pervertirlo. Estas pinturas dejan un diagnostico
irrefutable: el deseo, la implicación de la entrega, el juego desbordado no
inicia con el cuerpo, este siempre está atado, con las extremidades inmóviles,
es la rebelión de la imaginación la que va más allá de lo que el cuerpo puede,
la que rompe los límites. En la crucifixión de Rops, la tentación está
sometida, no ha sucedido acción alguna, a Antonio le basta pensar, imaginar
para que su frágil fe se desvanezca. En la de von Keller el cuerpo permanece preso,
ella duerme o está muriendo, su indefensión es conclusión. Detener al cuerpo no
detiene a una imaginación que resurge indomable. Castigar a la carne no evita
lo que le mente produce.
domingo, 3 de marzo de 2013
THERE´S NO BUSINESS LIKE ART BUSINESS.
| Ricardo Rendón, Área de trabajo, 260 mil pesos = 20 mil dólares. |
| Georgina Bringas, tablita con mini dvtape, 58 mil pesos = 4500 dólares. |
La obra-ocurrencia-chiste, este estilo contemporáneo es de
lo más simpático, de Abraham Cruzvillegas, Flebitis, la compraron por 182 mil,
y son un par de botas con unas peras de boxeador adentro. Las cobijas de Teresa
Margolles que basan su valor artístico en la ficción de que eran para cubrir
cadáveres, la UNAM pagó 575 mil tragándose esa historia. De Francis Alÿs,
revistas, papeles varios y unos perros metálicos, 1 millón 100 mil. Unas
mamparas de metal y concreto y 6 impresiones digitales, 1 millón 45 mil de
Damián Ortega. 16 fotos conceptuales, es decir sin valor estético, de Minerva
Cuevas en 297 mil; nada qué ver con los 7 mil 700 que le pagaron por cada una
de sus fotos a Pedro Meyer, que si es fotógrafo. De Gabriel Kuri adquirieron
dos piedras y sus recibos del súper mercado en 158 mil y unas placas de mármol
con una lata de refresco en 118 mil. A Georgina Bringas le pagaron 58 mil por unas
tablitas con minidv tape pegado. Sofía Taboas le dieron un total de 455 mil por
objetos como pelotas de plástico y tablas de madera. Un coche cubierto de
azulejos de Betsabeé Romero, 198 mil. 19 tablas agujeradas de Ricardo Rendón en
260 mil. Fernando Ortega, 460 mil por un video de 2 minutos y un trozo de pared
con un mosquito aplastado. Para estas compras no existe un concurso, se
adquieren imitando el capricho de una colección privada, con el contubernio de
los académicos, los funcionarios y con un Patronato que está de adorno y es
utilizado para validar este tráfico de influencias y de dinero. Los museos de
la UNAM funcionan sin tomar en cuenta que la generación de conocimiento está en
una pluralidad que han desapreciado para imponer su fascismo estético.
RESPUESTA A JOSÉ KURI.
En
el catálogo de Gabriel Orozco en el MoMA usted puede leer los textos firmados
por Consuelo Saizar, Ann Temkin y de Glenn Lowry, director del MoMA, en los que
hacen énfasis en el “generoso” y gran apoyo de CONACULTA y Televisa como los principales
donantes para la realización de la exposición. La obra de Orozco es básicamente
fotografía conceptual que testimonia sus
readymade y el resto de sus objetos, según la información del catálogo, no los
hace él, los manda hacer a tres talleres distintos. Entonces si es grave que
sus fotografías no se coticen en el mercado como las de otros artistas que
también utilizan este medio para testimoniar su obra, como Cindy Sherman, que
hace performance, y que una de sus fotografías en Christie´s alcanzó el precio
de 3 millones 890 mil dólares.Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario, el sábado 2 de marzo del 2013.
lunes, 25 de febrero de 2013
PRESENTACIÓN LIBRO DE EKO Y PACO IGNACIO TAIBO II
El viernes 1 de marzo a las 7 pm Editorial Sexto Piso presenta la novela gráfica Pancho Villa toma Zacatecas de Paco Ignacio Taibo II y Eko en el Auditorio Bernardo Quintana de la FIL de Minería, Tacuba 5 Centro.
Entrada Libre.
Entrada Libre.
sábado, 16 de febrero de 2013
EL CONTRATO CARNAL.
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| El Matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck |
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| Detalle del Matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck. |
| Pintura de la serie de Benamín Domínguez a partir de Van Eyck. |
| Pintura de la serie de Benamín Domínguez a partir de Van Eyck. |
| Pintura de la serie de Benamín Domínguez a partir de Van Eyck. |
En un aposento sucede desde La Anunciación de Fra Angelico hasta La muerte de Marat de Jacques-Louis David. El arte nos demostró, antes
de que lo supiéramos, que no queremos nuestra privacidad, queremos la de los
otros y que buscamos constantemente motivos para violarla. Lo que no podemos
ver lo especulamos y entre más tenemos vetada la vista al interior más crece
nuestra invención, nuestra sed de mirar. Con una imagen desahogamos esta
necesidad, satisfacemos la insana pasión de estar dentro de otras vidas, de
otro presente. Se destruyen las fronteras morales, la trivialidad se magnifica
y la tragedia es asimilable dentro de las fronteras físicas del lienzo.
Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario el sábado 16 de febrero del 2013.
sábado, 2 de febrero de 2013
EL CATÁLOGO DE LA INSIGNIFICANCIA.
El sexenio 2000-2006 cerró su ciclo con la edición en
español del catálogo de la exposición que le patrocinaron a Gabriel Orozco en
el museo MoMA de Nueva York y que replicaron en la Tate Modern de Londres y el Georges
Pompidou de Paris. En los interiores del catálogo dejan claro que la exposición
es una iniciativa y patrocinio del Estado mexicano en alianza con la Fundación
Televisa para hacer de “México una potencia cultural internacional”. La
producción de esta versión en español es una copia bastante inferior a la
versión en inglés que editaron con el MoMA. Está impreso y pagado por CONACULTA
y es ejemplo de la mala calidad de sus libros de arte. Hay varios ensayos, el
de la curadora Ann Temkin, Briony Fer, Banjamin H.D Buchloh, Paulina Pobocha,
Anne Burd.
LA FALTA DE ORIGINALIDAD COMO ARGUMENTO RETÓRICO.
LA FALTA DE ORIGINALIDAD COMO ARGUMENTO RETÓRICO.
Este catálogo reúne casi en su totalidad la obra de Orozco.
Al observarlo se evidencia a un artista integrado a un sistema, cómodo de
exhibir, que no rompe moldes, al contrario, se desarrolla en caminos claramente
marcados y señalizados. La obra de Orozco es dócil, hace de su insignificancia
una virtud, sin valor para tomar riesgos, se refugia en la pasividad de ser
insustancial, inexistente. Sus objetos y fotografías huyen de proporcionar una
experiencia estética al espectador, son presencias medrosas, que piden pasar
desapercibidas. Por eso hace un enorme esfuerzo, dentro de sus limitaciones estéticas
y creativas, de ser simpático, ocurrente: acomoda sus cositas, enfila las
piedritas, pone cáscaras de limones en un tablero de ajedrez impreso en una
mesa, coloca papelitos en árboles artificiales y, además, los bautiza, para que
nos quede claro qué está haciendo: Meada
de perro, es una meada de perro en la nieve. No hay lugar para el misterio,
la confusión o la interpretación. Repite una y otra vez las mismas ideas:
círculos, manchas, intervenciones “chistosas”. Lo más emblemático de su trabajo
es su compulsión recolectora de basura y cosas, afición que comparte con cientos
de artistas que hacen lo mismo: Son Dong, Martha Rosler, Portia Munson. ¿Por
qué el sistema del arte contemporáneo permite que precisamente la falta de
originalidad sea la virtud de un cuerpo de obra? ¿En qué momento el arte
decidió ser una representación fácil, digerida, sumisa, acotada?
EL ENSAYO ARTÍSTICO O LA NECEDAD DE NEGAR LO EVIDENTE.
Joseph Kosuth en su ensayo El arte después de la filosofía, cita a Sol LeWitt “La idea se
convierte en la máquina que hace arte”. El objeto de fabricación industrial, desperdicios,
piezas de factura mediocre, lo que sea, adquieren el status de arte con una
idea o concepto que los amparen. El esfuerzo se centra en decir que eso no es
lo que vemos. La utopía por fin llega al arte: es una fuente inagotable de
obras dotar de significado a cualquier objeto. Lo que no aclararon los teóricos
y artistas es que este acto de magia no es tan sencillo. El objeto entre más
elemental está más indefenso, para que le suceda este fenómeno de
transubstanciación se requiere una gran infraestructura burocrática: textos
escritos por varios académicos y especialistas, rodearlo del contexto del museo
o galería, inflarlo con un precio estratosférico y una intensa campaña
proselitista para que el espectador niegue su percepción y acepte que “eso” es
arte. Sin esto el objeto es incapaz de
demostrarse como arte. El catálogo de Orozco es una descripción exacta de cómo
funciona este mecanismo.
La trasformación en arte, que se supone es una de las
más elevadas formas de inteligencia, es portentosa. Llamar arte a unos balones
ponchados, a unos cochecitos de juguete o unas tapas de envases de yogurth, le
otorga al artista un poder enorme y lo libera de la responsabilidad de
enfrentarse a su propio talento. A Orozco le basta replegarse a una fórmula, al
instructivo de lo que los teóricos llaman arte conceptual o neo conceptual,
minimalismo, o el término que mejor lo integre al arte contemporáneo. La
presencia anodina de estas obras les permite a los curadores y los
especialistas escribir textos como los de este catálogo. Es la relación
perfecta: algo sin valor estético urgido de un discurso teórico que lo sustente
y teóricos que necesitan salir del closet de la academia y ser parte de la
creación artística. El peso intelectual de la obra, su sentido estético y
ontológico es un mérito de sus teóricos. Orozco les deja el trabajo de argumentar
que la banalidad de su obra es aparente y que su masa para pizza es una obra de
arte. Analizaré algunos de los textos del catálogo.
Ann Temkin habla del
artista sin estudio, y lo que en realidad es un artista sin obra, sin trabajo, y
que por lo tanto no requiere de un estudio, se traduce en una forma de
“derrocar las tradiciones artísticas”. La obra de Orozco se hace en la calle,
nos explica, porque recoge desperdicios u objetos diversos, los acomoda, los
fotografía, las define como “esculturas tipo
readymade”. Que Orozco pretenda que es arte su moto estacionada en
diferentes calles, se le llama “la cotidianeidad como una plataforma lista para
el arte”. El hecho de que sea un artista sin obras que puedan ser identificadas
como suyas por carecer de una factura personal que les aporte un estilo, para
Temkin es una ventaja porque se les puede aplicar diferentes ideas que las
hagan obras de arte. Cuando aborda a las pinturas Samurai Trees, Temkin se disculpa de que existan en el cuerpo de
obra de Orozco, da excusas, nos dice que no las hace él, que las manda hacer a
dos estudios y que ni va a ver el proceso, que para nada pensemos que él es
pintor. Se ve metida en un lío ante una pintura decorativa, reiterativa y
aséptica como el estampado de un sillón. Esas piezas no le permiten a ella
explotar su armario de teorías, le provocan un conflicto que en cambio no le
causa una bola de plastilina con basura pegada.
Benjamin H. D. Buchloh se
concentra en decir que la basura seleccionada constituye: “El cuerpo
escultórico que puede encontrarse en las acumulaciones aleatorias de objetos
disfuncionales o dispersos”. Se remonta de nuevo al readymade para sentenciar que el objeto prefabricado tiene
categoría de escultura. En su esfuerzo por enaltecer nimiedades cae en inconsistencias.
Estas corrientes parten de la negación de lo que llaman “arte tradicional” y
para legitimarse toman los parámetros de lo que niegan. Si Orozco pudiera hacer
arte de verdad, lo haría, si coloca naranjas en una ventana es porque eso puede
hacer, ese es su nivel creativo y de factura. Una naranja no es una pieza
realizada para aportar algo distinto, es una coartada que oculta la incapacidad
creadora, técnica, manual y poética de Orozco. Llamarla escultura es un intento
infructuoso para darle valor estético a un gesto evasivo que desemboca en una
broma, un chiste, la obra se llama Jonrón.
Orozco es un autor que busca ser gracioso, que Buchloh solemnice una acción que
es de origen banal, la hace caer aun más en el ridículo. Lo hace cursi. Recurre
a los parentescos para dar peso a la obra, Buchloh insiste en llenar de
referencias algo que de por si es resultado de un estricto instructivo. En este
cuerpo de obra no se toman decisiones, se copian moldes que cumplen milímetro a
milímetro los preceptos preconcebidos. Para darles más sentido las protege con
nombres: Brancusi, Duchamp, Serra, Beuys, Hesse, y al final lo reduce a representaciones
influenciadas por los “reductos míticos” que son frecuentes en una sociedad ignorante,
nos explica que por eso Orozco usa barro y pelotas ponchadas, por su influencia
maya y azteca.
Briony Fer escribe sobre los cuadernos de trabajo. En una labor
casi de psicoanálisis se pone a descifrar hasta las palabras que Orozco anota de
forma repetitiva, de cómo esos cuadernos pasan por el tiempo, etc.,
comparándolos con los diarios de Darwin. Esto es delirante, la aportación de
Darwin a la ciencia fue un giro tan radical a la idea del ser humano que dejó
sin argumentos a la teología, y nada tiene que ver con una obra que no aporta, y
prefiere copiar, repetirse, obedecer, plegarse a un sistema, que es resultado
de una idea que ni siquiera tuvo el autor.
Ahora, este trabajo, el de las
instituciones estatales, de las empresas privadas, de los expertos, para
presentar esta obra como algo memorable y trascendental, ¿dio sus frutos? El
mercado tiene la última palabra. En Art Basel Miami 2012 las fotografías de
Orozco no alcanzaron los 60 mil dólares. No igualaron los niveles de Cindy
Sherman, que tras su exposición en el MoMA, sus fotografías se cotizaron en 250
mil dólares cada una. Entonces, esta obra ni nos posiciona como “potencia
cultural”, ni es arte. Es un producto, como hay miles, de esta deformación
estética e intelectual a la que llaman arte contemporáneo y que permite
consagrar a la insignificancia.
Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario el sábado 2 de febrero del 2013.
Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario el sábado 2 de febrero del 2013.
FICHA DEL LIBRO.
Gabriel Orozco.
Producido por el departamento de publicaciones del MoMA de
Nueva York.
Edición: Dirección general de publicaciones de CONACULTA.
Textos de Ann Temkin, Briony Fer, Banjamin H.D Buchloh,
Paulina Pobocha, Anne Burd. Traducción de Gabriela Jáuregui.
255 páginas.
2012.
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