domingo, 23 de abril de 2017

LA ACADEMIA VIP Y EL TOTALITARISMO

 La Academia Francesa fue un baluarte absolutista, los cardenales estrategas, primero Richelieu y más tarde Mazarino establecieron la institución que regiría los cánones estéticos de Francia, el reinado de Luis XIV podía controlar hasta la idea de belleza en el arte. El modelo se expandió en Occidente, y el academismo poco a poco se convirtió en un término del buen gusto, la rigidez estética y la disciplina en la educación. La institución imponía sus ideas al margen de las universidades, y su influencia abarcó todas las artes.
A pesar de las críticas a la autoridad y las reglas que imponía, la formación rigurosa se estableció como una norma, las discusiones estéticas existían dentro de la importancia de la maestría y del arte como un hacer relevante y trascendente. La autoridad de la Academia se fue deteriorando en la medida que las revoluciones sociales le dieron un escaparate ideológico a la libertad, lo que fuera en contra del axioma “libertad” estaba equivocado. La degradación de la educación artística comenzó con el desprecio del término “académico”, exigir el dominio del dibujo “académico” se vio como esfuerzo obsoleto y castrante para la creatividad. 
El resultado son generaciones completas de pintores que no saben dibujar; lo mismo sucede con la composición, la obligación de crear un orden en el planteamiento del lienzo, abstracto o figurativo, es materia desconocida en muchos pintores desde la sobre valorada Ruptura. La evolución de la Academia y el academismo es una burla, hoy pertenece completamente al sistema de las universidades y museos, no existe como un grupo alterno, es el grupo.  Desde el reproche a su imposición estética se ha regresado al mismo punto con una gran pérdida: no hay una búsqueda de la calidad artística.
La nueva Academia VIP la forman un conjunto de burócratas de la retórica y la moda, desprecian la formación estricta y el respeto a ciertos cánones estéticos pero están imponiendo otros: el panfletarismo, el efectismo, la sobre verbalización de las obras, y el soporte ideológico de toda expresión que consideren “novedad acorde a nuestro tiempo”. El academismo VIP es más beligerante y absolutista que el antiguo, todo lo que esté relacionado con la maestría del objeto artístico es rechazado por anacrónico, disciplinas como el grabado o la escultura son marginadas mientras llaman arte a cualquier objeto que este sostenido en teorías. El absolutismo ideológico regresó con el academismo VIP, la diferencia es que lo sublime se cambió por lo estulto, la belleza por el kitsch, el esfuerzo por el facilismo. Derribar a las instituciones se ha convertido en una actividad ociosa, sus miembros destruyen los cimentos, el oportunismo que alberga a la mediocridad para acarrear el aplauso de la mayoría no es exclusivo de la política, también participa el arte. La apabullante abundancia de mediocres es la sangre joven que sorben los sedientos burócratas de la Academia VIP. 

miércoles, 19 de abril de 2017

EL GRABADO, OBRA TOTAL

Alfred Jones
 Las técnicas de las artes plásticas se están perdiendo porque los estudiantes quieren ser artistas VIP y para eso no necesitan conocimientos. Las soluciones fáciles han invadido a la gráfica, entre la “expresión personal”, el minimalismo y el comercialismo las técnicas se limitan al poco talento del ejecutante. El Museo de San Ildefonso presenta una selección de obra gráfica de la National Gallery de Washington. Es una exposición valiosa y una oportunidad ahora que el Museo Nacional de la Estampa monta instalaciones de arte VIP que no expondrían ni en el lumpen Ex Teresa. 
Edward Hopper, Locomotive

Jenny Holzer

 La selección inicia en el siglo XVIII con la disciplina de reproducir las pinturas en estampas para darlas a conocer al gran público; el retrato, las escenas históricas y cotidianas, impusieron la racionalización de la línea y la monocromía. La escuela del paisaje con exquisitas obras del siglo XIX de Whistler, Thomas Moran y William Bradford. La cronología permite ver que la gráfica mantuvo su fuerza temática, estética y técnica hasta la primera mitad del siglo XX, entre más modernos, más facilones y superficiales. La dificultad de desarrollar un tema que le diera sentido al papel impreso con una obra que resumiera estética y compromiso se perdió por la “libertad expresiva” de gestos insustanciales y sin permanencia. 
The Arc Welders at Night  Martin Lewis
 Las composiciones audaces de geometrías con movimientos en negros absolutos, las secuencias de seres humanos que funden máquina y anatomía, el paisaje urbano que alcanzó un significado revolucionario, terminó en inútiles introspecciones, en piezas que son un desperdicio de material. La oportunidad de crear verdaderas propuestas de gráfica abstracta se diluyó en la repetición de gestos poco contundentes, desvalorando la técnica y el medio. El oprobio creativo lo inauguró Warhol con sus plagios seriales y cutres, está representado por uno de los infinitos falsos que giran por el planeta. 
Thomas Moran, Mountain of the holy cross

Winslow Homer 
 El vacío ocioso del Pop Art se corona con las obras de gráfica contemporánea que son “litografías en offset”, esa errónea denominación es parte de la decadencia de la gráfica. No hay litografía en offset, son técnicas totalmente distintas, le quieren dar valor artístico a los posters llamándolos litografías. Jenny Holzer, artista infra VIP, con un letrero de frases de su limitada cabeza, invocando su filosofía nivel libro de autoayuda; las Guerrilla Girls y su cartelito de statement falso que les ha dado becas y manutención durante años con su chantaje de ser cuota feminista de galería y convención; esas obra resumen la mediocre versión de la gráfica VIP que su ignorancia de la técnica y su pobre imaginación se protegen en la publicidad y la propaganda. Faltan desnudos y figura femenina, pero es una selección cargada de obras bellas, de maestría y entrega a una técnica exigente, difícil y sin embargo frágil, que permite crear obras totales y contundentes. 
Winslow Homer 
Fotografías de Aldo Hinojosa.

sábado, 1 de abril de 2017

SIN MISTERIO

“Sólo a las almas grandes e ilustres se les permite arrogarse privilegios por encima de la costumbre”, dice Montaigne y cita a Cicerón “Si Sócrates y Aristipo  hicieron algo contra la costumbre que nadie piense que puede hacer lo mismo; ellos podrán tomarse, en efecto, esa licencia por sus grandes y divinas cualidades”. La obsesión de descifrar el misterio de la obra de Leonardo Da Vinci es la necedad de igualar al pintor con el elemental pensamiento actual, como dice Montaigne “arrogarse ese privilegio”.
La Universidad de Freiburg hizo un estudio, el enésimo, sobre la sonrisa de la Mona Lisa y afirma que ya descifró el misterio. Su arrogante torpeza conmueve: para saber si en el retrato esta triste o contenta, montaron la imagen deformando los labios en más triste y más contenta, y con una encuesta decidieron que estaba contenta. En este innecesario estudio involucraron científicos y psicólogos, esa pseudo ciencia inventada por el marketing, generando tesis irrelevantes a la obra. Las preocupaciones de Leonardo sobre el cerebro y la conducta humana iban mucho más lejos que la superficialidad con que estos científicos observan la obra. En esta pintura no hay misterio, hay evidencias: el talento, la sensibilidad y el lenguaje de un artista logrado por su impecable técnica del esfumato que le permitía romper con la obligación de crear una definición literal de la realidad. La vaguedad del esfumato se evapora, disuelve suavemente las fronteras de la forma para crear veladuras oníricas, evocando los recuerdos difusos de nuestra mente, es parte del contenido conceptual de la obra. El efecto le permitió a Leonardo crear un realismo que se depositaba en la imaginación, La Virgen de las Rocas es completamente fantástica, los paisajes del fondo, la coreografía de las manos, las proporciones de los cuerpos, el color y la caída de las telas, es un montaje para satisfacer la imposible probabilidad de la escena.
Esa vaguedad es la psique humana recreada en la Mona Lisa, los psicólogos actuales, encasillados en el maniqueísmo de triste-feliz, igualan la pintura con un emoticon o un emoji, reducen a las emociones en una pegatina unidimensional. No alcanzan a comprender que la naturaleza humana tiene momentos de paz e indiferencia, de lejanía y ausencia, que no siempre estamos felices o tristes, eso que lo dejen para las telenovelas y la publicidad. La complejidad del arte dialoga con el laberinto de nuestra psique, los infinitos matices de nuestro ser no se constriñen a felicidad o tristeza, nuestro espíritu es un esfumato, que se diluye, se fuga, y eso lo sabía Leonardo. 
La Mona Lisa es el arquetipo de ese estado, es la representación perfecta del no estar, del instante en que la vida nos sorprende lejos de ella, en que perdemos el contacto con el entorno para sumergirnos en el filo de la vigilia y el sueño, en la hondura de nuestro silencio. Las investigaciones de estas obras se remiten a un fenómeno: no observar la obra, no dejarse llevar por su presencia.