domingo, 5 de julio de 2015

ADAPTARNOS A LA MEDIOCRIDAD.

La adicción a la comodidad y al menor esfuerzo contagió al arte y a la literatura. Está de moda la adaptación de los autores clásicos que llaman “traducciones” para que el lector contemporáneo, sin tiempo, con un lenguaje mínimo y con intereses fugaces se aplique a leerlos. Los editores piensan que así van a vender más libros, porque como siempre en estos casos, se trata de un asunto pedestremente comercial. La literatura debe ser como fast food, prehecha, sin complicaciones para que el consumidor saque del paquete algo premasticado y ni siquiera tenga que triturarlo para digerirlo.
El aniversario del Quijote no es para motivar su lectura, es para que autores que carecen de la estatura de Cervantes apliquen su estandarizado vocabulario y trasformen la novela. El contenido de una novela es también el vocabulario, el estilo para hablar de una época, el autor la pensó así, reflexionó sus frases, imaginó la anécdota, desarrolló la trama con esas palabras, no con las de Pérez Reverte o Trapiello. El idioma de Cervantes ya no existe como tal, y eso justamente es parte del valor de la novela, porque tampoco existe su mundo, ese Siglo de Oro, esa España poderosa y oscura. Es incongruente que un personaje hable con un lenguaje “actual “o “traducido” y viva en otra época, para eso, los autores ya podían convertirlo en zombi o Mad Max, algo más vendedor, para qué se limitan, se supone que es para un lector moderno. 
Si vamos a leer un libro la dificultad es parte de la lectura, el que no quiera hacer un esfuerzo que no lea, para eso existe twitter, hay toneladas de contenidos basura en internet, que lean los whatsapp  infrainteligentes que se envían como parte de su comunicación social. En una entrevista Trapiello dice que la gente sufre, “se abruman y se derrotan con la lectura” del original, entonces que lo reduzca a 140 caracteres, así nada de dolor. La gente que sufre leyendo que pague el precio de su acomodaticia ignorancia, se quede con lo que le gusta y viva sin ejercer sus neuronas.

Entender un libro no es instantáneo, un libro se relee, se estudia, toma tiempo, la comprensión es paulatina, entender rápido es parte de la cultura banal que se vende para desecharla. Los editores no se dan cuenta que alguien que no quiere hacer el esfuerzo de leer no va a cambiar porque le resuman y le traduzcan el libro del español al español. Leer es la oportunidad de saber muchas cosas, entre ellas más palabras, aplicarlas, aunque sean del pasado, es conocimiento. Para los modernizadores de la literatura el contexto histórico y social es un problema, ven su propia época como un ideal, y el pasado se tiene que adaptar, y ¿quién decide que el habla de hoy es mejor que la del pasado? Actualmente la gente habla con monosílabos, no saben explicarse sin groserías y se regodean de la fractura que viven con el lenguaje, lo de menos es que no lean, de todas formas con suerte ganan las elecciones para gobernador o se hacen estrellas en la red.