sábado, 27 de junio de 2015

QUÉ DIFÍCIL ES VIVIR SIN BELLEZA.

Qué difícil es ser un dios del director Aleksei German. 
 “En este planeta no existía la belleza”, dice el narrador de la película rusa Qué difícil es ser un dios del director Aleksei German. La historia sucede en un agobiante ambiente parecido a una Edad Media de suciedad, enfermedad, superstición, violencia, hacinamiento. En su notable ausencia entendemos que la belleza es un concepto que va más lejos de la apariencia, es filosofía, es conducta. La distorsión de este concepto, la increíble ignorancia que lo remite al aspecto racial o físico, a la oferta de la publicidad y la sociedad de consumo, ha convertido a la belleza en algo prescindible, y lo más grave, incomprensible. Aleksei German literalmente nos tortura con su película, es un trabajo soportarla, este efecto es el que nos hace conscientes de la degradación humana que implica vivir sin belleza.
Qué difícil es ser un dios del director Aleksei German. 
La híper simplificación del arte comenzó con el rechazo a la creación de obras que fueran capaces de sublimar la realidad y llevarla a un plano intelectual y estético que rompiera con la promiscuidad del pensamiento inmediato. La existencia de la obra tenía que reducirse a lo más fácil para que una falsa intelectualización, contraria a la percepción real, la presentara como arte. La primera dificultad a vencer fue la belleza y la expulsaron del arte, esa representación capaz de sublimar hasta la más terrible manifestación, se cambió por la literalidad y la inmediatez. La inteligencia que deja de crear la belleza ya no es capaz de apreciarla. Las obras del estilo VIP no son así porque denuncien a nuestra sociedad banalizada y violenta, son así porque son un producto de esa sociedad. No son reflejo del problema, son parte del problema. ¿Qué queda del resto de la sociedad? No podemos disfrazar con retórica a la consecuencia de esta involución, la sociedad se está brutalizando. 
Y no se trata de buscar lo bonito que la sociedad de consumo vende y que es la estética del estilo VIP. 
Qué difícil es ser un dios del director Aleksei German. 
El arte es una síntesis y representación de lo bello, que sin embargo puede ser una visión, una narración atroz, la película German tiene una iluminación preciosista y el tema es casi intolerable.  La belleza es una abstracción, el primer contacto que tenemos con ella es la naturaleza que definimos como bella al separar o abstraer sus elementos: color, equilibrio, luz, sonidos, formas. La inteligencia con esa abstracción comprende, replantea y representa esos elementos: crea arte. Este proceso de armonía y equilibrio se prolonga a la existencia, podemos abstraer el sonido del agua y meditar con él, podemos abstraer el silencio y estar en ese equilibrio al que entendemos como belleza. Entonces la belleza tiene en el arte solo una de sus manifestaciones, la belleza es conducta, lenguaje, sentimiento, vacío, orden, todo eso que buscamos, justamente para poder asimilar y vivir la realidad. Al expulsar a la belleza del arte por la ignorante facilidad que supone una falsa libertad para crear, caímos en una trampa existencial, perdimos uno de los avances más valiosos de nuestro pensamiento abstracto, porque la belleza como abstracción logra la trascendencia. Al ser una idea que nos permite trasformar a la realidad y tener otra relación con ella, la trascendemos. 
El ambiente de la película de German es abyecto, no hay un instante de reposo, cuando estamos en la realidad, que es como esa película, y escuchamos música, vemos una escultura, nos abstraernos de la realidad, la trascendemos, somos más que ella. No hay fuga, hay noción de nuestro ser, nos encontramos fuera de lo que nos traga, porque nos integramos a esa belleza, la experimentamos, la hacemos nuestra: el espacio de equilibrio al escuchar a Bach está dentro de nosotros.

Esa experiencia se pierde si vamos a un museo y hay un montón de escombros, un letrero con una obviedad escrita, unos focos, presenciamos algo más bajo que la realidad porque carece de su circunstancia, aun con la tesis curatorial no puede proporcionar la experiencia de trascender. Sin la belleza únicamente nos queda asumirnos como tragadores de comida, depredadores del ambiente, como un estorbo en el planeta. Nuestra razón de ser, para estar aquí en el presente es mantener esa capacidad para habitar, sentir, vivir y crear belleza.

domingo, 14 de junio de 2015

BLANCO.

 El color blanco plantea un inicio, la página, el lienzo, el territorio en donde algo va a comenzar. La creación hace del blanco símbolo, herramienta, metáfora, tema, objetivo, espacio. Su presencia señala un vacío que crece hasta el vértigo, es una invitación que no promete, intimida hasta que esa interrogante se trastorna con un gesto. Entonces el espacio cede a la invasión y deja de existir, se vuelve contenedor que recibe el todo, en el que cualquier cosa es posible. Blanco de materialidad mineral o trampa de los elementos, efecto y anomalía de la naturaleza, entra en una obra con una pureza pervertible, basta una gota ínfima de otro tono y deja de existir o nos miente aparentando más fuerza, ente dispuesto a la metamorfosis y al engaño. Cuando la pintura expresa el blanco nunca es blanco, es gris, rojo, amarillo, ocre, azul, es una idea, una imagen. Cresta de la ola de Hokusai, muralla azul que se levanta y avanza para fragmentarse en espuma. La escultura en blanco es abstracta antes que barroca o minimalista, reduce, sintetiza, el volumen es forma, la textura es color. Arquitectura que aloja para destacar, el cubo blanco puede ser tan impactante que denuncia a la obra insignificante, el lugar que ocupe es un obstáculo injustificable. Sonido, silencio, el blanco está en la pausa que acentúa o que amarga, angustia que no puede romperse. Fotografía en blanco y negro, oposición que describe sin la consistencia de la realidad, dramatiza y mitifica.

El paño que cubre la desnudez de un dios, austeridad intocada, advertencia del ultraje. Idealización de una nación, el caballo de Zapata, alcatraces, ropa de manta, Diego Rivera y la pintura histórica exaltada. Nos obliga a estar alertas, es vulnerable, cuidar de su integridad protege al que lo viste, armadura sensible que expone, distingue, alardea. Meditar en blanco, aislamiento inconquistable, la mente no tiene espacio, hay que inventarlo, experimentar la inmutabilidad, la sabiduría crece en la vacuidad inalterable. El blanco enfría la obra y la hace cerebral, establece puntos de atención, estados de concentración. Papel, limbo generoso para la penetración, la línea de dibujo invade, caligrafía de la forma, huella del trazo ensimismado. Leonardo dibuja la luz del rostro con blanco sobre blanco. Manifestaciones contradictorias: transparencia, impenetrabilidad, sutileza, masa, luminosidad, opacidad. El sol se refleja, se recarga y se engrandece deslumbrante en los vestidos blancos de Sorolla agitados por el viento. Dalí es un caballo, un cisne, un huevo, nube, retrato de Gala, todo en falso blanco. El Impresionismo vistió a las mujeres de blanco, incómodas estorban en el paisaje sin contraste, estatuas de telas arrugadas. El renuente cuadro blanco de Malevich, reiterativo se funde con 
el reto que le vence, ángulo táctil e invisible.
Velázquez pinta un caballo ensillado, sin jinete, libre del dictado de un necio, la penumbra barroca es un páramo ocre, la libertad es color. La inocencia desilusionada del Pierrot de Watteau, su traje lo condena a ser el blanco de los astutos. La Virgen de Jean Fouquet irreal y voluptuosa ofrece el pezón rosado de su seno, enmarcada con elementos duros y tersos, un manto de armiño impecable, níveo, rodeada de perlas redondas. Esencia sacra de las religiones naturalistas, la montaña nevada es una deidad más sabia que nosotros, templo impenetrable. Los colores inciden en el subconsciente, forman parte de nuestras ideas y sensaciones, un reflejo visual del temperamento artístico.
Sea and Fog, paisaje de Peder Balke la nieve es un estado mental, el mar gris y negro se mete en el carácter, su desolación nos lleva a la creación misma, al fenómeno de inventar, al frío que emana la soledad de estar con la obra, la cúspide que espera cubierta de neblina, fantasma flotante, inalcanzable, potente y eterna, el trayecto que se escala cada día, geografía que con las nevadas y los deshielos cambia en una narración delirante de un enfermo de aislamiento. El entorno helado de Balke hace énfasis en el control, en la estadía irrenunciable, aprender de ese lugar, de su adversidad, sostenerse ante la obra, resistir las embestidas del blanco, del vacío.