domingo, 19 de abril de 2015

MURALISMO VISIONARIO.

Los artistas del movimiento muralista del siglo XX decidieron plasmar preocupaciones sociales en el muro y guiar el compromiso del arte público. Los murales del New School for Social Research (Nueva York 1930) fueron emblemáticos, uno de ellos a cargo de José Clemente Orozco, denunciaba el imperialismo británico en la India, mostraba la Revolución Mexicana y la Revolución Marxista en Rusia, y en el otro mural Thomas Hart Benton pintó una narración crítica llamada America Today. Este mural está recuperado y expuesto actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York. La descripción que hace Benton de América es tan actual y feroz que el museo se vio obligado a “traducir” el contenido con un texto que la presenta como “una obra que idealiza una sociedad que vive la fascinación por las máquinas en un despegue humano y económico”. La reseña del New York Times, repitiendo la infundada pretensión de que sólo el arte contemporáneo VIP hace crítica social, lo calificó de curiosidad histórica.
Benton pinta este mural durante el shock por la Gran Depresión que acabó con el sueño del progreso y que despertó movimientos de tendencia izquierdista. Benton militaba en grupos artísticos contestatarios que denunciaron las trágicas consecuencias de la Gran Depresión, la corrupción y la diferencia abismal de las clases sociales, que también es descrita con crudeza en la obra monocroma Gods’ Man de Lynd Ward, el artista creador la primera novela gráfica americana. La América de Benton es la América de hoy, pero el continente entero, una visión que más tarde inspiraría obras como The Grapes of Wrath de John Steinbeck filmada por John Ford. El mural contiene ocho secciones pintadas en temple sobre gesso en lino montado en paneles de madera.
El panel Instruments of Power se concentra en la tecnología, aviones, locomotoras, la generación de energía, es una composición cinética que se expande fuera del muro. Lejos de ser una utopía como afirma el MET, la pintura anuncia la dominación capitalista que controla el progreso a través de los avances tecnológicos y científicos que dejan relegados a los países subdesarrollados, como el nuestro. 
Deep South denuncia que la esclavitud en el campo sureño continúa, en el primer plano un campesino negro vacía un costal de algodón en la báscula del capataz. La modernidad no ha llegado, los negros siguen sometidos a un régimen laboral inhumano, los patrones blancos controlan la tierra y las cosechas. Traspasamos estas escenas al campo del resto de América Latina y veremos que después de Revoluciones, Reformas Agrarias y sistemas clientelares, seguimos en un atraso social y productivo idéntico al del mural. 
Midwest se adentra en la explotación industrial del campo, de los bosques y los animales de granja; se acaban las cooperativas minoritarias, nace el modelo que detonó las primeras fortunas americanas, rompió el equilibrio con la sobre producción y la especulación de precios y productos. Actualmente eso se mantiene, la industria alimentaria prefiere tirar toneladas de alimentos para manipular precios y la expoliación de los recursos naturales ésta devastando a la ecología. 
Las secciones Changing West, Coal, Steel, City Building, exponen la idea rectora del mural: el progreso se sostiene sobre las clases obreras, en los que no pueden acceder a esa riqueza, ellos construyen los rascacielos, explotan las minas, trabajan en las fábricas, en ningún panel vemos a los jerarcas del capital, hay manos, cuerpos que son usados como maquinaria. 
El panel final City Activities With Subway es la decadencia ética, los residuos del progreso. Especuladores de la bolsa de valores, fiestas burguesas con alambiques de alcohol violando la prohibición, diversiones evasivas, sobornos, las “taxi dancers” mujeres que cobraban por bailar con los clientes. Es nuestra sociedad contemporánea: un pequeño grupo de especuladores y banqueros llevan países a la quiebra, la injerencia imperialista a través las políticas incongruentes hacia las drogas, y la ignorancia masiva absorta en el entretenimiento digital. El progreso no es utopía ni ideal humanista, es injusto. 

El mural de Benton es un vaticinio crítico que se proyectó como una advertencia del futuro.  

2 comentarios:

Roger Silverio dijo...

Avelina, no todo lo que brilla es oro, esto se repite desde tiempos inmemoriales. Detrás de todo este barullo están las manos de quienes en realidad llevan las riendas y dominan al mundo, las dos tendencias que guían a la humanidad en el presente son perros del mismo dueño, en ese juego víctimas y victimarios son simples instrumentos de ese poder secreto y el arte no se escapa a sus tentáculos. Todos debíamos averiguar quienes en realidad mueven las fichas de este ajedrez de poder, que tanto dolor trae a la humanidad.

José Miguel Costa dijo...

El progreso es injusto... es la mecanización de la injusticia. Creo que el sistema de producción se sigue basando en las grandes posesiones. Antiguamente de tierras y títulos, principalmente con la nobleza. Con la burguesía, posteriormente de dividendos, o de todo ello mezclado. Es sumamente interesante al respecto la imagen del poder que se suele transmitir en el arte. A menudo los reyes se retrataban idealizados. Los burgueses preferían ser retratados con su propia cara y riquezas, como diciendo; "con esta cara, he conseguido esto y esto...". El muralismo es, creo, uno de los grandes géneros populares, en el cual el protagonista son las clases desfavorecidas. Es, tal vez, cuando en la pintura por primera vez el pueblo llano es retratado en formato monumental con sus propios intereses y ambiciones.

Eso creo.