martes, 28 de octubre de 2014

"Tenemos falsos artistas", entrevista de Myrrha Yglesias con Avelina Lésper.

Avelina Lésper, Fotografía de Héctor Flores Tellez. 

¿Cuál fue tu primer acercamiento con el arte?
Tuve una infancia complicada, como la de todo el mundo, parte de la circunstancia familiar en la que yo viví fue estar constantemente en los museos. Nos llevaban a mi hermano y a mí y nos dejaban como si el museo fuera en una especie de guardería, y pasábamos horas ahí. Antes de cumplir diecisiete años yo ya conocía el Hermitage, decenas de veces estuve en el MOMA, en el Museo del Prado, el cual conocía perfectamente, en el Louvre, y mi experiencia con el arte fue completamente espontánea, emocional y, digamos, virgen. Es diferente cuando te acercas teóricamente y te imponen la apreciación de una obra a través de una teoría. Mi contacto con el arte fue completamente empírico, ya después cuando estudié fui entendiendo muchísimas otras cosas, pero eso no cambió lo que a mí me causaba placer y lo que me provocaba el deseo de saber.

¿Por qué decidiste convertirte en crítica de arte?
Para empezar siempre he sido espectadora del arte, y en una ocasión, hablando sobre arte, estaba el director del Suplemento Laberinto, José Luis Martínez, y me retó al preguntarme si me atrevería a escribir mis ideas sobre arte y le dije que claro que sí. Se me vino el mundo encima porque los maestros de la Ibero le escribieron al director del suplemento pidiéndole que me corriera. Después publiqué mis textos en el blog y se volvieron virales.

¿Por qué crees que a los críticos de arte en México les falta rigor?
Porque la crítica en México es muy complaciente y se escuda en un falso academismo para nada más hablar con términos poco cotidianos, no se involucra con la obra. Es muy fácil para ocultar la falta de valor recurrir al lenguaje, hacer como que dices y no dices nada. Es por eso que la mayoría de los críticos no tienen lectores.

¿Cómo se define el arte para poder evaluarlo?
Para evaluarlo como espectador debes confiar en ti mismo cuando ves una obra de arte, eso es fundamental. El hecho de que tú tengas curiosidad por conocer el arte literalmente te da la pauta de que eres una persona sensible y la curiosidad siempre es una predisposición de saber, y basándote en esto debes de sentir que esa obra te comunica. Si sientes que esa obra te contiene, si te sientes representado por ella, así sea un muro de Pompeya, y te emociona, te fascina y quisieras volver a verle, eso debe permitirte evaluar la obra. Todo mundo tiene derecho a sentirse contenido en una obra figurativa, en una abstracta o en una primitiva. Somos diferentes y habrá obras que te contengan más a ti que a otra persona y eso no significa que sepa menos que tú, ni que tú sepas más, simplemente que, como seres distintos, necesitamos expresiones diferentes.
El mercado del arte tiene muchos parámetros para evaluar. Si vas a comprar arte por primera vez, compra lo que te gusta. El arte siempre va a subir de precio. Piensa que cuando compres algo vas a convivir mucho tiempo con eso, es como casarte o hacerte un tatuaje. Lo que adquieras va a decir algo de ti y te describirá como persona, porque el coleccionismo describe al coleccionista.
Si no lo vas a tolerar, aunque esté de moda, aunque te aconsejen que lo compres, no lo hagas.

¿Cuáles son tus parámetros para definir el arte?
Una de las cosas que más buscamos en las diferentes expresiones, ya sea de pensamiento o científicas, es que el ser humano ha evolucionado en la medida en que siempre está preguntándose cosas y tratando de responderlas en múltiples formas. Una de las respuestas a estas cuestiones de la vida la da el arte, y no necesariamente con respuestas, puede replantear la pregunta y llevarnos a eso que nos hace entender muchas cosas. Cuando yo en una obra no percibo inteligencia, un verdadero compromiso creativo y no distingo una aportación a mi propia realidad, siento que eso no está bien, y por el lado contrario, si esa obra a mí me da una visión distinta de mi realidad, me aporta algo, siento un reto a mi propia inteligencia al verla y que esa persona se tomó un reto consigo misma al realizarla, siento que estoy viendo una obra de arte.

¿Por qué se confunde la técnica con el arte?
La técnica es fundamental para el arte porque te da las herramientas para expresarte, te permite dominar el lenguaje con el que quieres hablar. Tú no puedes pintar lo que quieres si no dominas el tratamiento del lienzo, la composición o el color. Lo que quieres decir como tú quieres, nada más lo puedes hacer si dominas la técnica. Un bailarín no puede bailar una coreografía o un músico no puede interpretar la partitura, si no están bien preparados. Interpretar y darte voz en ese sentido nada más lo obtienes dominando la técnica, además debes de tener qué decir porque muchísima gente domina la técnica y no tiene qué decir. Se desgastan pintando una botella de Coca-Cola, por ejemplo, y tú te preguntas para qué, o se consumen llenando los cuadros de cosas, y el cuadro no es un anaquel. Debes de tener una preocupación seria sobre cuál es tu asunto y cómo quieres decirlo.

¿Cuáles son las expectativas de la crítica de arte en nuestro país?
Como toda crítica, la única expectativa que tiene es ser sincera y decir la verdad. Si siguen enclaustrados en su academismo que los protege de decir la verdad y siguen menospreciando al público, obviamente va a suceder lo que ha pasado durante años: que la gente los ignora.

¿Quiénes son los farsantes en el arte en México?
Es como una cadena, primero tenemos a los que yo llamo falsos artistas, gente que no tiene talento y que realiza obra sin la más mínima factura y pasa como artista porque el medio lo permite. Después está la academia, el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, así como todas estas personas que egresan como curadores, maestros y que avalan la obra de estas personas. Después están los museos que exhiben esto porque están en complicidad con el mercado. Vas a los museos y te encuentras con un montón de vidrios tirados en el piso y los tienes que apreciar como “la obra”, aunque no te aporta nada. Los museos son como una caja fuerte o un banco donde no puedes correr ni hablar fuerte, porque se supone que adentro hay algo de valor. La historia del arte es la única que no es crítica, donde los críticos aprenden una historia del arte acrítica. Estamos haciendo un retroceso en el pensamiento humano, nos estamos volviendo estúpidos al aceptar ver vidrios rotos o una pecera vacía. El arte no es una religión, hasta el Papa acaba de decir que los sacerdotes son pederastas. El sentido de nuestra nación está fundamentado en el cuadro de la Virgen de Guadalupe y es de dar miedo todo lo que puede hacer el arte. El muralismo, por ejemplo, reinventó México.

¿Te gusta el arte callejero?
El arte callejero confunde el medio con la obra. Hay gente que dice que el grafiti es arte pero para que tú lo conviertas en arte necesitas saber pintar. El grafiti es repetitivo, es imitación, no creación. Yo creo que la calle sí es una oportunidad para hacer obra. Tú pones una escultura en la calle y haces un lugar. Ésa es la aportación, cuando hay gran arquitectura que define a la ciudad. En cambio cuando tú ves una construcción horrenda te echa a perder la calle completa. La calle tiene la capacidad de acoger el arte. Creo que si los grafiteros aprendieran a pintar, si hubiera una escuela seria de grafiti, aportarían muchísimo a la ciudad. El Londres hay un grafiti impresionante y en Alemania es excelente. Olvídate de Banksy, es pura moda.

¿Qué opinas de las nuevas plataformas digitales en el arte?
La obra no la puedes ver digital y las plataformas no son nuevas, el problema es que todo mundo es novato y amateur. La imagen en movimiento tiene más de cien años de existir, la fotografía aun más tiempo y el video ya tiene sesenta años.

¿Para ti qué es arte contemporáneo?
El arte contemporáneo es un estilo, no es arte, y el estilo se basa en usar como herramientas de expresión los medios que considera actuales, como el video, el software, el audio electrónico y las redes sociales. Por eso los llamo artistas VIP o arte VIP: video-instalación-performance. Como segregan a las artes plásticas les va muy bien el VIP.
¿Recientemente qué exposición te gustó en México?
Fui a ver al MUNAL (Museo Nacional de Arte) la exposición “El hombre al desnudo”, y creo que la curaduría es horrenda pero había unas piezas formidables. Es curioso que estemos en una sociedad falocrática donde no se puede ver el desnudo masculino, por eso fue muy importante presentar esta exposición.
México tiene muy buenos pintores, ahora hay jóvenes que están pintando con muchísimo riesgo y mucha decisión. He ido a muchas ferias de arte en el extranjero y me da coraje no ver pintura mexicana porque está a la altura de la internacional.

¿Qué tiene que cambiar en el arte en México?
Yo creo que se cometió un error al haber dado becas en lugar de haber creado mercado porque México lo necesita, así como más promoción. Zona Maco es una feria muy pequeña para el arte que hay en el país. Si en México el arte fuera cien por ciento deducible de impuestos habría más mercado.
Me gustaría agregar que es importante que los jóvenes tengan siempre la opción de vida en el arte. El arte no da nada a cambio, así que hay que sacar el espíritu crítico del clóset. Los museos son espacios públicos, así los inventó la Revolución Francesa, cualquier persona puede visitarlos. Los que tengan la inclinación de hacer arte deben hacerlo, deben tomar el riesgo.


OTHELLO RE-IMAGENED IN SEPIA.

 “Abrumadle, con tan diversas vejaciones hasta que pierda parte de su color” 
(“Plague him with flies: though that his joy be joy, Yet throw such changes of vexation on't, 
As it may lose some colour”) alardeando de su odio le ordena Iago a Rodrigo, en la tragedia Othello de Shakespeare. El racismo detona el conflicto: Othello es un estratega y un militar valiente pero eso no es suficiente para ser valorado porque es africano, musulmán y negro. Shakespeare encarna en Iago el odio racista y en el destino de Othello deposita la vulnerabilidad de saber que lo más esencial en él es detestable para otros. Es Venecia hace cinco siglos y es hoy, en este siglo XXI, en cualquier lugar del mundo. 

 “No voy a disculparme por lo que soy”, afirma Curlee Raven Holton en la presentación de su exposición Prints 1987-2013 en la Dubois Gallery, Maginnes Hall en Lehigh University. Raven Holton ha conocido personalmente la vulnerabilidad de Othello, es artista afro-americano y defensor de los Derechos Humanos. Expone la Suite Othello, una serie de diez grabados que reinventan una versión visual de la tragedia y se convierten en un análisis de la condición humana. Este Othello está dibujado con una estética negra, por alguien que conoce sus raíces, que lleva en la sangre el pasado y la vida de Othello, una estética identitaria que se ha gestado después de más de quinientos años de lucha por la reafirmación de las libertades a través de la creación artística.
 Presenta al personaje en el canon del hombre de Vitrubio dentro de un círculo, su cuerpo representa el orgullo, odio, amor, duda, en él está la Historia de una raza. Para esta serie posó el académico universitario Barrisford Boothe que tiene únicamente un brazo, el cuerpo de este Othello es un símbolo de las diferencias y las fronteras físicas. En la serie de grabados nunca vemos al traidor Iago, somos testigos de las consecuencias de su odio y de las acciones del héroe. Othello llega a Venecia en medio de ese juego de mentiras que son las máscaras del carnaval, la careta que permite ser otro y revelarse, en el que la realidad es un equívoco constante. El dibujo de Raven Holton es abigarrado, barroco, caligráfico, no deja espacio vacío, con la suntuosidad de la atmósfera isabelina y el surco de la línea del grabado.
Amar a Desdémona consuma la tragedia del personaje: no podemos dejar de ser quienes somos, no podemos desprendernos de nuestro origen, estamos ineludiblemente atados a este designio del destino. La intriga de Iago, que difama el amor de Desdémona, va más lejos, aquí la gran mentira es la creencia de que también el amor está determinado por los prejuicios de la perfección física y la raza. Esta intriga deforma la realidad hasta desatar un crimen: Othello asesina a Desdémona, se desprende de lo que más ama, el héroe lleva el cuchillo en la mano y en su rostro Raven Holton graba la más profunda tristeza, estamos contemplando dos cadáveres, el del amor y el de la ilusión. 
 Raven Holton rompe con la versión original, este Othello no comete suicidio físico, su muerte es interna, es una trasformación, no es el mismo hombre, ha dejado su vida anterior y le da un sentido heroico a su decisión, y lo embarca, sin máscaras, sin la suntuosidad de su llegada a Venecia, con el pecho desnudo a enfrentarse con su verdadero ser. La existencia nos obliga a elegir entre la realidad y la ficción de nuestros propios pensamientos y emociones, el dolor inmenso de Othello, es producto de circunstancias sociales, para vencerlas el personaje sufre una catarsis, tiene que llegar a lo más verdadero de sí mismo, con el heroísmo que esto implica, y defender sus valores.

 La nueva fortaleza de Othello está en el sufrimiento que es la revelación del engaño, la tragedia le permitió conocerse, creer en una mentira lo hizo ver la verdad de la naturaleza humana, el personaje que sobrevive a ese dolor se convierte en indestructible. Raven Holton cierra esta suite con la promesa de que Othello seguirá navegando y conquistando la fortaleza espiritual. Esta narración visual, al margen de sus poderosas implicaciones filosóficas y sociales, es una obra que exalta la belleza del dibujo y que manifiesta que la creación es un acto de libertad que exige, como a Othello le exigió la vida, sobrevivir a la catarsis de ser nosotros mismos.