domingo, 18 de mayo de 2014

SUCUMBIR A NO SER.


Para Francisco Icaza, mi amigo.

De la proyección a la abstracción. La pintura hindú Los tres aspectos del absoluto. Primero el sanyasi o renunciante inicia la meditación aun cubierto por un velo, en el segundo cuadro se aísla del mundo, y en el tercero un limbo dorado, un espacio infinito lo absorbe, el sanyasi y la realidad misma, desaparecen. La meditación profunda, la concentración dentro de sí, la abstracción de la realidad que nos rodea y que nos impone su engaño, hizo que el yo fuera sustituido por el ser, y se disolviera en algo más grande que su entorno, más grande que la concepción que tiene del mundo. Abstraernos de la realidad nos muestra que estamos unidos a ella en una simbiosis esclavizante a nuestro yo y que somos nosotros los que la deformamos, alteramos y perpetuamos. La necesidad de darle forma es la urgencia de que la realidad tome la apariencia que le hemos asignado. Al separarnos, al abstraernos, podemos ver, nos convertimos en testigos de lo que hemos creado y despejamos el velo de Maya, de la ilusión. La realidad despojada de la noción que tenemos de ella se demuestra como es.

Esta pintura de 1823 de Jaipur, India, tal vez sea una de las primeras obras en la que la abstracción es tema y lenguaje, en ella la materialidad dejó de existir, la ausencia de límites se manifiesta como la realidad última del individuo. El sanyasi de la pintura está en abstracción y la pintura es una abstracción, es una lección y una propuesta estética, el arte estudia la presencia de la no presencia. El encuentro del ser consigo mismo se da al prescindir de las ataduras con el mundo exterior, estos lazos son manifestación de lo que conocemos y sabemos del mundo: colores, dimensiones y volúmenes; impulsos, emociones y creencias. En esta obra el vacío representa a la iluminación, un espacio limpio y dorado es el estado absoluto, la unión del sanyasi consigo mismo, la no división. El ser que comprende su realidad es capaz de absorberla hasta nulificarla. Sin confiar en las obsesiones de su propia mente, hace de la ausencia de sí mismo, de la extinción de su propio ser el camino para llegar a la esencia, a la no forma. Suprimiendo lo que asume y conoce, el ser se sumerge en una abstracción ilimitada. La no forma es infinita porque está naciendo constantemente y no tiene objetivo, no pretende llegar a algún sitio, esta vaciedad, este limbo permite un estado de contemplación que no se distrae, el ser está sin pensar en el tiempo, sin pensar en sí mismo.

Estamos indefensos ante el mundo exterior y estamos sometidos a nuestro mundo interior, vivimos con el mismo énfasis situaciones reales e imaginarias, nos dejamos arrastrar por  nuestras elucubraciones como nos dejamos poseer por las enfermedades, no tenemos una frontera clara entre la realidad tangible y nuestra pesadilla intangible, somos víctimas de nuestra psique, de los arquetipos que creamos para integrarnos como seres colectivos y seres individuales, aprehensiones que nos ahogan y nos obsesionan. La mente es fluctuante como la realidad, la cesación de esa fluctuación nos otorga el silencio, el ascetismo de la forma. La abstracción que la pintura de Jaipur plantea es un estado que nos separa de las ataduras cotidianas a las que estamos condenados, nos centra en la paz de no ser, y comienza por el artista que, como el sanyasi, es renunciante, y renuncia a recrear un paisaje o un entorno para ubicar al ser, renuncia a manifestar su conocimiento de la realidad. Ese estado de éxtasis en la pureza total de la negación se expresa con la anulación, el sanyasi aspira a la infinitud a través de la purificación, a través de su propia destrucción. Dimensionamos la realidad tangible a partir de nuestra propia proporción y fisicidad. La abstracción no está ligada a nosotros, su espacio no está supeditado al nuestro, y su vacío inconmensurable responde a que no tiene a nuestro punto de vista como objetivo. La abstracción nos lleva a la comprensión de que el no ser es el único camino para la eternidad, a aceptar que este no es nuestro cuerpo, que no somos nosotros, que esta realidad no existe. El vacío es el fin y es el todo.