miércoles, 31 de diciembre de 2014

LOS 100 MÁS PODEROSOS.

Los ricos y los curadores son los que mandan en la lista de los 100 más poderosos del mundo del arte de la revista Art Review del 2014. Destacan a un solo pintor, Gerhard Richter, y lo incluyen porque es el artista vivo que superó su propio record de venta en subasta con una pintura de 37 millones de dólares. El resto de los "artistas" son del tipo de Tino Sehgal que mencionan como "el artista que nunca ha hecho una cosa" personas consideradas por la arbitraria mediocridad del estilo VIP contemporáneo. La mayoría de los enlistados son galeristas, curadores-especialistas y los coleccionistas millonarios que elevan el arte a cifras increíbles, que lo usan como mercancía y escaparate. Es muy revelador que un artista no sea mencionado porque revolucionó con su obra o porque sus aportaciones están cambiando el rumbo del arte. Por ejemplo, Jeff Koons que tiene una obra complaciente, facilona y vulgar aparece porque logra precios muy altos en las subastas que él mismo manipula. La lista demuestra sus intereses, los artistas incluidos como poderosos están acompañados por sus galerías: Jeff Koons o Cindy Sherman, y más abajo su galerista Larry Gagosian; sucede lo mismo con Yayoi Kusama y su galerista David Zwirmer. Esta colección de nombres, que se supone nos informa del who is who in the art world, dice que el arte no está dirigido por las aportaciones creativas, en realidad el motor es el dinero que hay detrás de las obras, los nombres que manejan las bienales y dictan qué es arte, los artistas que crecen a la sombra del capricho de un galerista o un coleccionista.

Para esta lista los más importantes del arte mexicano son Eugenio López y el dúo Kurimanzutto; en eso coinciden con las aspiraciones de la masa del estilo contemporáneo VIP que los han convertido en su meta de realización personal, artística y social. Aquí se derrumba el mito de la gran efervescencia artística que ilusoriamente vive el gremio mexicano del estilo VIP, porque son invisibles para los que rigen el estatus mundial del arte. Este ranking tipo lista de revista de papel couché funciona como denuncia: si para la creación artística lo importante es el dinero, el tráfico de influencias curatoriales y los “artistas” que citan, entonces desde hace mucho tiempo el arte dejó de ser una actividad humanista y es únicamente un negocio, es un producto financiero como los hedge funds y las hipotecas basura. 
El mercado es muy importante para el arte pero no lo es todo, lo fundamental deberían ser los artistas. La creación y venta de obra es un equilibrio entre la aportación artística y la plataforma para que sea una inversión cultural y económica. Los galeristas impulsan carraras, no las inventan; vender la obra de alguien debe ser un apoyo, no un engaño comercial y artístico. El arte es una inversión inteligente pero es muy distinto utilizar el nombre del arte para manipular precios y vender basura. La especulación también afecta a las obras valiosas; que una pintura, así sea de los geniales Freud, Richter o Bacon, alcance cifras inverosímiles, no los hace a ellos mejores pintores, no cambia a la pintura, ni mejora su calidad, tampoco modifica su apreciación en la historia del arte. Estos precios distorsionan el sentido del arte porque la publicidad alrededor de la cifras convierte a una obra excepcional en parte del exhibicionista consumo millonario. Al exponer estas piezas el público en vez de verlas como arte ve millones de dólares colgados de una pared. Lo mismo pasa con una pintura mediocre, el precio y la publicidad no la pueden transformar en una obra maestra. El caso de las obras infra inteligentes de Sherman, Koons o Kusama, el precio es el significado y peso artístico, su papel en la historia del arte se escribe en dólares.
Esta lista sirve para ver quiénes han pervertido la noción de arte, cómo lo usan y para qué lo usan. Estas personas, obviamente, están ahí para influenciar con el “poder y el éxito” que les da ser nombrados en la lista, y no importa que el arte sea el más perjudicado. El poder no se otorga, se detenta ¿En qué momento los artistas permitieron que el arte ya no fuera de ellos, que la capacidad de transformar los paradigmas no estuviera en sus manos, que la especulación retórica y económica dictaran los caminos del arte? Hay cómplices por omisión y cómplices por cobardía, tal vez los 100 nombrados se ganaron el puesto.

domingo, 14 de diciembre de 2014

EL CENTRO DE LA DONA.

 “Nosotros creemos que los consumidores son el centro de la dona”. La obsesión decorativa de la exposición de Yayoi Kusama en el Museo Tamayo debería cambiar su texto curatorial por el statement empresarial de las donas Krispy Kreme. Esta obra es un centro vacío dentro de un círculo empalagoso, para una sociedad que evade pensar, que necesita aturdirse de azúcar, que admira y encumbra un estilo artístico que es un placebo cerebral. Los barroquismos de la psicodelia están provocados por el LSD y los puntos de Kusama por un postre relleno de cremosos ansiolíticos. Kusama aclara que los puntos y las variaciones Krispy Kreme de chispas de colores son sus alucinaciones, consecuencia de su conflictiva psique y su torturada vida, menciona anécdotas melodramáticas del hospital psiquiátrico como un hogar con facilidades psicotrópicas para la creación. Incongruente con la desgraciada biografía que la detona, esta reiterativa obra es una “fantasía glaseada”, imitación de la reducida noción de felicidad que la sociedad de consumo vende como un estado estúpido que suspende al cerebro de sus funciones cognitivas. Se supone que el estilo VIP es para reflexionar pero Kusama evidencia la cómoda realidad de un estilo fácil que le permite descansar y poner sus limitadas ideas en manos de un equipo de diseñadores de interiores que las diversifican en marketing, vestidos, bolsos, cortinas, muebles, etcétera. 
Obra de Yayoi  Kusama, Dots Obsession 2011 as part of ‘Yayoi Kusama: Look Now, See Forever’, Gallery of Modern Art, 2011 
 Es pertinente analizar qué clase de sociedad tenemos que considera y expone como arte este ejemplo de banalidad y frivolidad. La seriedad presuntuosa con la que ven y describen esta obra contrasta con su presencia ridícula, que se multiplica en la insustancialidad y la falta de contenido, es un retrato clínico del sinsentido del concepto de arte que manipulan la crítica, las universidades y los curadores. La terapia ocupacional derivó en una compulsiva decoración acaramelada, su narcótica elementalidad responde a una sociedad que reposa su escaso juicio y nulifica el sentido crítico. La manada social camina sonámbula, quiere obras insignificantes que imagina divertidas, busca la ausencia de complejidades para disculparse de ejercer su inteligencia. Lo expuesto, desde el cuartito de luces hasta las “actividades”, son una fuga continua, un devenir entre una imaginación perezosa y la académica sobrevaloración argumental sustentada en el lugar común. ¿Por qué la sociedad no quiere pensar? ¿Por qué el arte ha llegado a estos niveles de desidia mental? Todos tienen derecho a renegar del compromiso de razonar, infra-vivir en demencia voluntaria. La existencia es difícil, demandante, involucrarse es una disyuntiva dolorosa. Estar en contra de la inteligencia se ha convertido en el comportamiento políticamente correcto, en una oportunidad de convivencia, disentir o cuestionar es una actitud indeseable, antisocial e incómoda. Los individuos quieren ser populares, ser trending topic, tener miles de amigos y eso se consigue con simpatía.

Por eso es absurdo que esta obra no se asuma como el pretexto comercial enajenante que es y la sitúen en un museo, le den una infraestructura intelectual y la llamen arte. Deberían llevarla a sus últimas consecuencias, liberarla de las estrecheces institucionales, pintar con el mismo estilo el centro de convivencia infantil y la montaña rusa, poner animadoras y payasos mostrando la exposición disfrazados de Kusama, invitar a los asistentes a una alberca de pelotas, con observadores psiquiatras, sociólogos y antropólogos que hagan un estudio de lo que está pasando con el arte. Hace décadas que la televisión dejó de ser la “caja idiota” hoy ese honor es del museo que es el "cubo blanco idiota", la supuesta pauperización intelectual televisiva es propiedad de exposiciones como ésta que convergen con la exponencial venta de comida basura, medicamentos, drogas, es el gigantesco conjunto de elementos que construyen un entorno social irracional, complaciente, adicto a la satisfacción fácil. Es un desperdicio que este magno escenario no sirviera para velar los restos de Chespirito que habría tenido un marco a la altura de su talento e inspiraría a la comunidad intelectual a escribir textos que más tarde reconocerían con El Premio Nacional de Ensayo.