martes, 28 de octubre de 2014

OTHELLO RE-IMAGENED IN SEPIA.

 “Abrumadle, con tan diversas vejaciones hasta que pierda parte de su color” 
(“Plague him with flies: though that his joy be joy, Yet throw such changes of vexation on't, 
As it may lose some colour”) alardeando de su odio le ordena Iago a Rodrigo, en la tragedia Othello de Shakespeare. El racismo detona el conflicto: Othello es un estratega y un militar valiente pero eso no es suficiente para ser valorado porque es africano, musulmán y negro. Shakespeare encarna en Iago el odio racista y en el destino de Othello deposita la vulnerabilidad de saber que lo más esencial en él es detestable para otros. Es Venecia hace cinco siglos y es hoy, en este siglo XXI, en cualquier lugar del mundo. 

 “No voy a disculparme por lo que soy”, afirma Curlee Raven Holton en la presentación de su exposición Prints 1987-2013 en la Dubois Gallery, Maginnes Hall en Lehigh University. Raven Holton ha conocido personalmente la vulnerabilidad de Othello, es artista afro-americano y defensor de los Derechos Humanos. Expone la Suite Othello, una serie de diez grabados que reinventan una versión visual de la tragedia y se convierten en un análisis de la condición humana. Este Othello está dibujado con una estética negra, por alguien que conoce sus raíces, que lleva en la sangre el pasado y la vida de Othello, una estética identitaria que se ha gestado después de más de quinientos años de lucha por la reafirmación de las libertades a través de la creación artística.
 Presenta al personaje en el canon del hombre de Vitrubio dentro de un círculo, su cuerpo representa el orgullo, odio, amor, duda, en él está la Historia de una raza. Para esta serie posó el académico universitario Barrisford Boothe que tiene únicamente un brazo, el cuerpo de este Othello es un símbolo de las diferencias y las fronteras físicas. En la serie de grabados nunca vemos al traidor Iago, somos testigos de las consecuencias de su odio y de las acciones del héroe. Othello llega a Venecia en medio de ese juego de mentiras que son las máscaras del carnaval, la careta que permite ser otro y revelarse, en el que la realidad es un equívoco constante. El dibujo de Raven Holton es abigarrado, barroco, caligráfico, no deja espacio vacío, con la suntuosidad de la atmósfera isabelina y el surco de la línea del grabado.
Amar a Desdémona consuma la tragedia del personaje: no podemos dejar de ser quienes somos, no podemos desprendernos de nuestro origen, estamos ineludiblemente atados a este designio del destino. La intriga de Iago, que difama el amor de Desdémona, va más lejos, aquí la gran mentira es la creencia de que también el amor está determinado por los prejuicios de la perfección física y la raza. Esta intriga deforma la realidad hasta desatar un crimen: Othello asesina a Desdémona, se desprende de lo que más ama, el héroe lleva el cuchillo en la mano y en su rostro Raven Holton graba la más profunda tristeza, estamos contemplando dos cadáveres, el del amor y el de la ilusión. 
 Raven Holton rompe con la versión original, este Othello no comete suicidio físico, su muerte es interna, es una trasformación, no es el mismo hombre, ha dejado su vida anterior y le da un sentido heroico a su decisión, y lo embarca, sin máscaras, sin la suntuosidad de su llegada a Venecia, con el pecho desnudo a enfrentarse con su verdadero ser. La existencia nos obliga a elegir entre la realidad y la ficción de nuestros propios pensamientos y emociones, el dolor inmenso de Othello, es producto de circunstancias sociales, para vencerlas el personaje sufre una catarsis, tiene que llegar a lo más verdadero de sí mismo, con el heroísmo que esto implica, y defender sus valores.

 La nueva fortaleza de Othello está en el sufrimiento que es la revelación del engaño, la tragedia le permitió conocerse, creer en una mentira lo hizo ver la verdad de la naturaleza humana, el personaje que sobrevive a ese dolor se convierte en indestructible. Raven Holton cierra esta suite con la promesa de que Othello seguirá navegando y conquistando la fortaleza espiritual. Esta narración visual, al margen de sus poderosas implicaciones filosóficas y sociales, es una obra que exalta la belleza del dibujo y que manifiesta que la creación es un acto de libertad que exige, como a Othello le exigió la vida, sobrevivir a la catarsis de ser nosotros mismos.