domingo, 25 de mayo de 2014

IMPOTENCIA CREATIVA.


Decenas de muñecas inflables para juegos sexuales, sex dolls, colocadas en una ventana fue la última exposición de la artista conceptual Elaine Sturtevant. La “obra” tiene un statement político feminista obvio y elemental pero al curador le pareció reveladora, impactante y profunda. El arte contemporáneo VIP tiene obsesión con la política y la pornografía. Ser comprometido es crear obras que derrochen demagogia y que además, claro está, sean pagadas por el sistema al que “critican”. La noción que existe de lo políticamente artístico es el juicio amable de una situación que, suponen, pone a la sociedad en apuros. Como la mayoría de las obras, por limitadas y estultas que se sean, tienen un texto socialmente manipulable, éstas ya pasan desapercibidas. Es tal la avalancha de intenciones político-sociales-humanitarias que si sumamos los textos y los comparamos con los discursos de campaña de cualquier político populista, veríamos para quién trabajan estas obras. Los artistas VIP se parecen a los políticos en que los dos encubren su fraude y falta de talento con intenciones y palabras huecas.  

Con el sexo tienen otra opción, el tema les resuelve varias cosas: Audiencia segura, la noticia en los medios y la increíble facilidad de la obra. Robarse imágenes de la industria, colocar juguetes sexuales o acometer el show en vivo en la segura y cómplice área de exposición para “transgredir”. La eterna minoría de edad que explota el arte VIP no se ha dado cuenta que el porno es tan accesible, inmediato y abundante que no pueden impresionar parasitando el lenguaje de la industria. No se acercan al placer o al misterio del deseo, se van a la rudimentaria iconografía reciclada y vomitada millones de veces por un negocio más rico y global que los refrescos o las drogas. Esto es injusto porque los profesionales de esta industria viven su trabajo con muchos riesgos y exigencias que no cumplen ni remotamente estos oportunistas VIP. Los porno profesionales tienen un trato denigratorio y persecutorio en la mayoría de los países y sociedades que los desea y consume; son despreciados y explotados, citando a Marx, como una clase obrera sin derechos.  En cambio los performanceros y artistas VIP, que están obsesionados con sus escatológicos recursos artísticos, se exponen en la Bienal del Whitney, la de Venecia o de perdida en el museo del Chopo. 

Recientemente las arbitrarias autoridades cancelaron Expo Sexo y Erotismo en la Ciudad de México, y si ese show lo montan idéntico en una bienal de arte y le ponen unos textos ilegibles con citas que vayan desde Freud hasta Lipovetsky, Danto o el pensador estético de moda, los premian con el León de Oro. La próxima vez que organicen esta feria deben anunciarla como instalación y performance de arte contemporáneo, con venta de obras para que entren los juguetes y afrodisiacos, y con eso no hay manera de que los clausuren. La obra de Yann Leto en Arco Madrid fue una bailarina de tubo, pole dance, y como es de esperarse, también tiene asunto político: “A través de esta obra, quiero llamar la atención del espectador y hacerle reflexionar sobre la situación que atraviesa nuestra sociedad actual. Somos sujetos de un un congreso un poco febril que toma decisiones que no se adaptan a la situación y ponen en peligro el bienestar del ciudadano”.  Los guiones de las películas porno son infra malos pero los argumentos de estos artistas VIP son peores. 

La ominosa hipocresía de nuestra sociedad condena a unos y aplaude a otros. Si cobrar por la exhibición o el intercambio sexual es un delito de trata de personas, estas piezas que se exhiben en museos no deberían venderse, ni cobrar por verlas o pedir apoyo económico por lo que hacen. No existe la performancera capaz de bailar en el tubo como las expertas y no hay un artista VIP que pueda hacer su show sado masturbatorio en un museo como lo hacen los jóvenes actores que se atragantan de viagra para aguantar las maratónicas filmaciones. Por si fuera poco también quedan rebasados en la competencia con los amateurs y espontáneos que se exhiben en internet sin aspiraciones estéticas o comerciales, que lo hacen por diversión. En esto, como en la mayoría de expresiones que abordan, los artistas VIP son mediocres y de nula creatividad. Una solución para su impotente sexualidad artística es que se den de alta en el porno cannel y que los museos tramiten la licencia de antro.  

domingo, 18 de mayo de 2014

SUCUMBIR A NO SER.


Para Francisco Icaza, mi amigo.

De la proyección a la abstracción. La pintura hindú Los tres aspectos del absoluto. Primero el sanyasi o renunciante inicia la meditación aun cubierto por un velo, en el segundo cuadro se aísla del mundo, y en el tercero un limbo dorado, un espacio infinito lo absorbe, el sanyasi y la realidad misma, desaparecen. La meditación profunda, la concentración dentro de sí, la abstracción de la realidad que nos rodea y que nos impone su engaño, hizo que el yo fuera sustituido por el ser, y se disolviera en algo más grande que su entorno, más grande que la concepción que tiene del mundo. Abstraernos de la realidad nos muestra que estamos unidos a ella en una simbiosis esclavizante a nuestro yo y que somos nosotros los que la deformamos, alteramos y perpetuamos. La necesidad de darle forma es la urgencia de que la realidad tome la apariencia que le hemos asignado. Al separarnos, al abstraernos, podemos ver, nos convertimos en testigos de lo que hemos creado y despejamos el velo de Maya, de la ilusión. La realidad despojada de la noción que tenemos de ella se demuestra como es.

Esta pintura de 1823 de Jaipur, India, tal vez sea una de las primeras obras en la que la abstracción es tema y lenguaje, en ella la materialidad dejó de existir, la ausencia de límites se manifiesta como la realidad última del individuo. El sanyasi de la pintura está en abstracción y la pintura es una abstracción, es una lección y una propuesta estética, el arte estudia la presencia de la no presencia. El encuentro del ser consigo mismo se da al prescindir de las ataduras con el mundo exterior, estos lazos son manifestación de lo que conocemos y sabemos del mundo: colores, dimensiones y volúmenes; impulsos, emociones y creencias. En esta obra el vacío representa a la iluminación, un espacio limpio y dorado es el estado absoluto, la unión del sanyasi consigo mismo, la no división. El ser que comprende su realidad es capaz de absorberla hasta nulificarla. Sin confiar en las obsesiones de su propia mente, hace de la ausencia de sí mismo, de la extinción de su propio ser el camino para llegar a la esencia, a la no forma. Suprimiendo lo que asume y conoce, el ser se sumerge en una abstracción ilimitada. La no forma es infinita porque está naciendo constantemente y no tiene objetivo, no pretende llegar a algún sitio, esta vaciedad, este limbo permite un estado de contemplación que no se distrae, el ser está sin pensar en el tiempo, sin pensar en sí mismo.

Estamos indefensos ante el mundo exterior y estamos sometidos a nuestro mundo interior, vivimos con el mismo énfasis situaciones reales e imaginarias, nos dejamos arrastrar por  nuestras elucubraciones como nos dejamos poseer por las enfermedades, no tenemos una frontera clara entre la realidad tangible y nuestra pesadilla intangible, somos víctimas de nuestra psique, de los arquetipos que creamos para integrarnos como seres colectivos y seres individuales, aprehensiones que nos ahogan y nos obsesionan. La mente es fluctuante como la realidad, la cesación de esa fluctuación nos otorga el silencio, el ascetismo de la forma. La abstracción que la pintura de Jaipur plantea es un estado que nos separa de las ataduras cotidianas a las que estamos condenados, nos centra en la paz de no ser, y comienza por el artista que, como el sanyasi, es renunciante, y renuncia a recrear un paisaje o un entorno para ubicar al ser, renuncia a manifestar su conocimiento de la realidad. Ese estado de éxtasis en la pureza total de la negación se expresa con la anulación, el sanyasi aspira a la infinitud a través de la purificación, a través de su propia destrucción. Dimensionamos la realidad tangible a partir de nuestra propia proporción y fisicidad. La abstracción no está ligada a nosotros, su espacio no está supeditado al nuestro, y su vacío inconmensurable responde a que no tiene a nuestro punto de vista como objetivo. La abstracción nos lleva a la comprensión de que el no ser es el único camino para la eternidad, a aceptar que este no es nuestro cuerpo, que no somos nosotros, que esta realidad no existe. El vacío es el fin y es el todo.