domingo, 28 de julio de 2013

ANIQUILA AL ARTE Y CONSERVA A LA CURADURÍA.

Anuncio de Cerveza Sol, apropiación y comercialización de Gabriel Orozco. 
 La arrogancia de los curadores de esta exposición los hace nombrarla Hay más rutas que la nuestra, en una respuesta contemporánea a la declaración de principios de Siqueiros de “No hay más ruta que la nuestra”. El curador Willy Kautz con la colaboración de Eduardo Abaroa y Daniel Garza Usabiaga, demuestran que con un discurso curatorial arbitrario e ignorante se puede exponer cualquier cosa, en el orden que sea y además decir que esto responde a un “campo de tensiones estéticas”. Analizaremos lo que la curaduría y las obras expuestas presentan como “Otras rutas, posturas y modelos estéticos”. La ruta de la curaduría: Pretende que estas obras son consecuencia de la renuencia de Tamayo de inscribirse en un discurso realista nacionalista. Esta ruta curatorial es superficial y tramposa, carente de perspectiva y análisis histórico, con trasfondo y claros intereses. Por un lado se niega a ver que Tamayo, aunque lo haya declarado, nunca se alejó de una visión nacionalista del arte, su paleta y sus obras más representativas son las que retoman un imaginario prehispánico que mitifica, como los muralistas mitificaron a la nación, ahí está en mural del Museo de Antropología que grita esta vocación. La obra que lo hizo icónico y que propulsó el trademark oaxaqueño fueron sus sandías verdes, blancas y rojas. Su museo fue el gesto nacionalista por excelencia.

Muro Baleado, detalle, readymade de Teresa Margolles. 
 La curaduría nos está diciendo que esta penosa reunión de cosas de Orozco, Margolles, Alys, Abaroa y Amorales representan la ruta siguiente. Está justificando que la obra de Tamayo no la exponen porque creen que sobra en su propio museo; y que las valiosas obras que adquirió para su colección deben ser utilizadas como telón de fondo, como un readymade que se cuelga de la peor forma posible para reducirlas a escenografía. ¿Qué les hace pensar que un boleto de avión de Orozco sustituye una obra de Tamayo? ¿Quién les dijo que ellos son lo que sigue?
La ruta de Orozco es la apropiación y comercialización de un rótulo del anuncio de cerveza Sol repitiendo el método que agotó Warhol en la reducción Estados Unidos es Coca-Cola, es imitación simplista, es inmovilidad intelectual; y la postura curatorial es la delirante idea de compararlo con un mural de Siqueiros para denigrar al movimiento muralista y negar sus implicaciones. 

Fotografía de un luchador, de Carlos Amorales.   
 La ruta de Margolles es un “muro baleado”, es la apología del delito y la violencia, el ominoso panfletarismo de convertir a los narcotraficantes en trofeos estéticos, ideológicos y partidistas, como si fueran estrellas de telenovela. La ruta de Abaroa son sus llaveros y moldes de piezas prehispánicas, la de Amorales son sus fotos de luchadores, un gabinete de cosas prescindibles y olvidables que les han servido a los dos para venderse en el extranjero como artistas/productos estrictamente nacionales, son como el mariachi o los tamales, su “ruta estética” es la acrítica promoción turística. Hacer reproducciones de figuras prehispánicas no pone “en tela de juicio la inclusión de las culturas autóctonas” simplemente le da al auto llamado artista la oportunidad de venderse él también como cultura autóctona e incluirse como cuota en los museos. Las obras que muestran no son la continuación o la alternativa a una propuesta o movimiento estético, son la exacerbación folklórica que estas personas hacen de su falta de talento.

Boleto de avión intervenido, de Gabriel Orozco. 
 Las “rutas, posturas y modelos estéticos” que proponen los curadores es la exaltación del neo patrioterismo reaccionario. Estas obras no demuestran “complejas realidades sociales” demuestran mediocres y oportunistas realidades artísticas. La ruta que proponen comercializa los lugares comunes de un concepto de nación inventado por la retórica curatorial que sigue los eslóganes y estética de la publicidad y la ideología del gobierno en turno para hacer creer que confrontan cuando en la realidad apologizan. Este camino no se acerca a lo “internacional del arte contemporáneo”, impone un catálogo de obras que sea asimilable para los primermundistas que les gusta ver con conmiseración a los países en desarrollo, es para que en los museos extranjeros los acepten como souvenires. Esta es la ruta para conseguir la vergonzosa destrucción del nombre de Tamayo.

Llaveros tipo souvenir, de Eduardo Abaroa. 
Hay más rutas que la nuestra, Museo Tamayo hasta agosto 15 del 2013.

Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto, de Milenio Diario, el sábado 27 de julio del 2013.  

ENTREVISTA A RODRIGO CIFUENTES EN EL MILENIO VISTO POR EL ARTE.

domingo, 14 de julio de 2013

EL FUTURO NUNCA LLEGÓ.

Francisco Gómez Carcalla, Concreto
 El futuro fue una invención de las Vanguardias. Esa imagen utópica, progresista y magnífica que tenemos, hasta hoy, de un tiempo superior con adelantos tecnológicos, industriales y científicos es antes que una abstracción filosófica, una creación estética. El progreso como panacea del individuo y la sociedad, la sustitución del dogmatismo religioso por el dogmatismo tecnológico y científico es únicamente la atmósfera idealista de las obras de las Vanguardias. El futuro nunca llegó. El mundo ideal, el desarrollo absolutista jamás nos alcanzó. Esta utopía, este optimismo desmedido se materializó en México en las obras de los artistas como Francisco Eppens, Gerardo Murillo Dr Atl, Julio Prieto, son la estética de un Ávalon tecno industrial, una realidad que existió en la poesía, en la escultura, y principalmente las artes plásticas. En 1916 Einstein publicó la Teoría General de la Relatividad, cambiando la noción del Universo y abriendo paso a la existencia de una nueva ciencia: la cosmología. Desató un debate en el que la filosofía entró tarde, y desde entonces, no ha podido recuperar la influencia que tenía en la generación de ideas: la explicación de la realidad la dan los científicos; y la interpretación y recreación la hace el arte.

Francisco Eppens, 1935.  
 Mientras Francisco Eppnes estaba realizando el planteamiento estético del porvenir con sus dibujos con aerógrafo y gouache de aviones y hombres alados, inicia la discusión sobre la metodología de la cosmología. En 1935 el matemático Edward Arthur Milne con su Relatividad, Gravitación y Estructura del Mundo cuestiona la teoría de Einstein, negando el modelo a priori y afirma que los cosmólogos “sueñan despiertos en los posibles modelos del Universo y luego deducen cuáles consecuencias observables siguen sus hipótesis”.  Milne no ve “operativas” estas teorías. El arte si las vio: si podemos cambiar la noción infinita del Universo por uno que aunque se expenda tenga un fin, entonces el ser humano, la imaginación especulativa, puede inventar la versión estética del futuro. Lo que lograron las vanguardias fue capturar ese futuro y recrearlo en una estética limitada y expandible, como el Universo.


 Este futuro se acabó ahí porque lo que llegó más tarde no pudo mantener esta visión. El arte contemporáneo, que intenta aparecer como moderno, no tiene esta fuerza que reta la concepción de la realidad, abjura de la creación, busca la tutela académica, exige la aceptación implícita, y huye de la dificultad intelectual. Los vanguardistas eran los punks de su momento, fue una pose subversiva, transgresora, insolente y agresiva que reaccionaba a un México post revolucionario, que era como es hoy mismo, ensimismado en sus propias limitaciones, en sus cortas preocupaciones, en no cambiar.

Francisco Eppens, 1935.  
 Los vanguardistas con sus ismos, habitaban en un mundo creado por ellos, con decisiones estéticas que les dieran un escenario de progreso, que los ubicaran como dueños de su destino. La pintura de Francisco Gómez Carcalla, Concreto, es un homenaje a la construcción monumental, al edificio como nueva torre de Babel que crece desmesurado gracias a la tecnología. El territorio del ser humano ya no es bucólico, el campo es anacrónico, el futuro es la urbe estéril, funcional, poderosa. Se extinguieron los remordimientos por violar los terrenos de los dioses, si el Universo es finito los dioses también lo son. El nuevo altar es tecnológico: volar en el cielo, adorar a la velocidad, venerar a la maquinaria.

Francisco Eppens, 1935.  
 El súper hombre de Nietzsche está aquí en la beligerancia de List Arzubide. Se educa a los niños con un Golem robotizado, Troka, que les dice cómo el progreso crea una sociedad ideal. Los grabados de José Chávez Morado destruyen la perspectiva para hacer del contraste blanco y negro un mundo físico, un sistema cerrado en sí mismo, son la síntesis de este desmesurado sueño. La estética que crearon estos pintores, dibujantes, escultores, grabadores y poetas sigue mostrando esa cuarta dimensión, porque crearon el canon del mañana. Permanece como el modelo del que parten todas las propuestas futuristas del comic, del cine de ciencia ficción, la arquitectura actual. La exaltación de un futuro que aun esperamos, del que sentimos nostalgia.

José Chávez Morado.  

José Chávez Morado.  

José Chávez Morado.  
Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto, el sábado 14 de julio del 2013.

ENTREVISTA A MANUEL FELGUÉREZ EN EL MILENIO VISTO POR EL ARTE.