domingo, 9 de junio de 2013

CORRE, ANTONIO, CORRE.

La familia de Carlos IV, Francisco de Goya. 
  El progreso nos ha hecho impacientes, queremos que la existencia se resuelva como una sopa instantánea: con unos segundos en el microondas. La comida rápida tiene penalizado el servicio, unos minutos tarde y es gratis. A marketing no le importa la calidad del sabor, le importa llegar antes que la competencia. Nuestros deseos, las relaciones personales, el sexo y toda clase de apetitos se satisfacen en unos minutos. La literatura se comprime en 140 caracteres para fortuna de los novelistas sin talento, y para lo poco que tienen que decir, hasta eso es demasiado. Claro, que hay algunos que insisten en vivir y crear como si estuviéramos en el Renacimiento y aun importaran la belleza, la resolución de la composición y resolver los enigmas de una obra. Es el caso de Antonio López que no termina la pintura oficial de los actuales Borbones españoles. Goya pintó a la familia de Carlos IV en varios meses, y el resultado fue más favorecedor que los bocetos, de los que dice el historiador Elie Faure “Los pinta con espantoso realismo”.

El retrato que realiza Antonio López, inconcluso. 
Antonio López lleva 17 años con esta comisión. La retoca, cambia de lugar al príncipe de Asturias, le pone otro traje a la reina, pinta y borra a los yernísimos dejando huecos en la composición. La prisa de la Casa Real es comprensible. Esta obra sigue inconclusa y por la familia pasan cirugías, divorcios, juicios, elefantes, yates y los banqueros destruyen Europa con una fiereza que se vive un ambiente de post guerra. Si las parsimonias de López continúan existe el riesgo de que esa pintura ya no tenga uso para la monarquía. Eso le sucedió a David, que seguía pintando uno de los retratos de Napoleón cuando este ya había perdido la guerra y estaban listos para exiliarlo. Para acelerar el final del enorme retrato se lo han llevado de casa del pintor a las dependencias del Palacio Real, ahí tendrán más control sobre la obra y podrán presionarlo: “Oiga, maestro, ¿cuánto le falta? ¿Le queda mucho por hacer? ¿Podría dejar eso como está y avanzar por este lado?”. López no deja de notar defectos en la obra, cosas que cambia y repinta, sin pensar que ese régimen se desmorona mientras él hace su retrato. Lo peor de todo, es que tal vez, a estas alturas López ya no tenga interés en esta pintura y por eso no la termina. Es el problema de los pintores, en su obsesión perfeccionista, pueden retocar una obra hasta estropearla o ya no les motiva. La otra posibilidad es que en realidad no sepa cómo acabarla, y es justo, así es el arte, son decisiones, dudas, hasta que la solución aparece en una visión, en una pincelada o nunca llega y la obra se queda inconclusa.
Esta situación no existiría si desde el inicio le hubieran dado esta comisión a un colectivo de arte contemporáneo. Un equipo inter disciplinar establecería los mecanismos de formalización y configuración de los dispositivos intelectuales y materiales para realizar la obra. Documentarían el proceso, los discursos generados, las diferentes propuestas consustanciales a la re materialización de la familia real a través de sus problemáticas emotivas y personales. Decidirían una intervención site-specific para suplantar a la representación y crear una presencia que impugne el canon establecido desde Velázquez a Goya. Con esta metodología definida, el colectivo accionaría las piezas que significaran y reflexionaran sobre las posibilidades constructivas y psico-sensoriales aludiendo a las especificidades de la polarización/integración de cada personaje a través de la superposición de formas híbridas y elementos diversos: bloques de concreto, luz neón, botellas vacías, pedruscos, papeles arrugados, confeti dentro de un frasco de vidrio, cigarrillos, restos de comida, sonidos alterados, alambres enredados, neumáticos ponchados. El proceso les tomaría unos días y la obra final la montarían en pocos minutos. 
Eso es lo que le hace falta a la monarquía, dejar sus gustos old fashion y apuntarse a la último en la moda, además así se librarían del juicio implacable de ser analizados por un pintor y vivir la experiencia de la familia de Carlos IV, que hasta ahora no se desprenden de esas miradas vacías, de esos rostros anestesiados que les dejó Goya para la Historia.  

13 comentarios:

Pedro Sacristán dijo...

Sin duda el tiempo es determinante para crear una obra de arte; anteriormente las cosas tardaban "el tiempo necesario" hasta que estuvieran verdaderamente acabadas, eso puede verse en todas las disciplinas, empezando por la arquitectura, que al obsesionarse por la funcionalidad perdió su belleza, aunque esto permitió también el ejercicio independiente de la pintura y la escultura.
De todos, mi ejemplo favorito sería la producción de libros manuscritos, los libros anteriores a la imprenta, hechos por los amanuenses e iluminados por artistas de la talla de los hermanos Limbourg, libros que podían tardar muchos años en ser entregados y que se contaban entre los tesoros de sus propietarios.

Como artista plástico he tenido que enfrentarme a la pregunta ¿Cuanto te falta para terminar? a lo que he repondido: "O lo hago rápido o bien, pero no se pueden tener ambas al mismo tiempo" y he experimentado en carne propia lo que es hacer obras de meses y años, sin arrepentirme nunca del tiempo, porque el arte me ha enseñado que ese tiempo es una inversión y que todo lo que uno pone en la obra se refleja en el resultado final.
Francamente no pertenezco a este mundo que vive tan apresuradamente y del mismo modo las pinturas que amo, no son cosa de un día.
Termino este comentario diciendo que no sé lo que es hacer una pintura en una sola noche, creo que el tiempo mínimo que le he dedicado a un dibujo sencillo es de una semana o un mes.

Como siempre, leer este blog despeja mi mente, me da libertad y me llena de ilusión.
Gracias.

Rosario Roman dijo...

Hola, soy pintora y debo de confesar que me importa mucho la belleza, la resolución de la composición y mucho más resolver los enigmas de una obra. También estoy de acuerdo en que todo exceso es malo, refiriéndome al tiempo que debe de llevar una obra, si bien hay obras que por más que una las dé por acabadas no nos satisfacen completamente, debe de haber un momento en dejarlas ir y terminar con ese proceso creativo en un tiempo razonable, más si es obra por encargo y mucho más si es un encargo de los actuales Borbones españoles.
Los tiempos de las obras inconclusas, pienso yo, ya pasaron y son cosa del Renacimiento; y no eran precisamente por un protagonismo sino por un perfeccionamiento hacia lo ideal/universal que sabemos hoy en día es imposible de alcanzar al reconciliarnos con nuestra imperfección humana.
La cuestión de que si se le da a un colectivo de arte contemporáneo ¿? o a un pintor (¿no somos contemporáneos?) no es el problema, (en este sentido, también he trabajado con éxito en colectivos) en ambos se corre el riesgo de que la obra no se acabe y probablemente exista más riesgo de que los participantes tiren la toalla y termine solo una persona acabándola, hay muchas probabilidades de éxito de una obra llevada por un pintor o colectivo, el número no marca la diferencia.
Buena sugerencia de metodología, pero insisto, ésta metodología la puede llevar con éxito una persona o un conjunto de personas.
Y probablemente los Borbones españoles lo que buscaban es el estilo tradicional y no una obra conceptual, siendo la responsabilidad del pintor el seguir evolucionando para aportar a la pintura de retrato nuevos caminos dentro del ya pesado papel que nos heredaron nuestros virtuosos artistas del pasado y de acuerdo a nuestra contemporánea visión del mundo.
El crear productos exprés en el arte (arte exprés) donde la obra tome unos días y la obra final sea montada en pocos minutos (¿arte efímero?) y que me imagino, a un precio exorbitante, reflejan a una sociedad vacía, que para mi percepción de ver mi mundo, es la ilusión que la mercadotecnia nos ha hecho ver y creer…somos más que eso, la cuestión no es calificar o descalificar si los “gustos“ son old fashion o contemporáneos, sino el peso que propone uno al postular su verdad, su visión de ver el mundo con honestidad.
Justo ahora estoy siguiendo a Goya y su impactante propuesta plástica, gracias por el Blog.

- ------------:-:------------- - dijo...

Que buen articulo, te felicito

Mucha resistencia para el Pintor Antonio Lopez

Anónimo dijo...

Creo que el mejor retratista para la acutal monarquía española hubiese sido Francis Bacon, pero lamentablemente murió hace un tiempo.
Si no se retrata la corrupción espantosa de la monarquía ¿qué sentido estético puede tener?

Javier Saavedra dijo...

Me encantó tu texto, Avelina; Lo encontré muy divertido y disfruté mucho con tu manera tan irónica de escribir. Gracias una vez más por tus escritos. Por otro lado, sí me impresiona que una persona dedique 17 años a trabajar una obra (!!!).
Me parece una exageración. Pero coincido completamente en que es fundamental comprometernos en la elaboración a conciencia de nuestro trabajo artístico, sin importar cuales sean los ritmos que nos quiere imponer nuestra época.

Anónimo dijo...

Sí, qué descaro el de la monarquía española exigirle al pintor que después de diecisiete años termine la obra ya pagada (como los Reyes viven de su trabajo, y no de los impuestos de la ciudadanía durante el mismo número de años).

El artista puede merecer especial miramiento y consideración en atención a su especificidad, pero como dijo tu paisana la chimoltrufia, "una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa".

Por desgracia, se trata, al mismo tiempo, de una obra de arte y un trabajo. Entonces, hay que cumplir, mas no en diecisiete años. !Qué descaro!

Y si un artista tiene que esperar diecisiete años para que lo visite la musa de la inspiración, eso ya es un defecto cognitivo de todo orden.

Anónimo dijo...

Sí, qué descaro el de la monarquía española exigirle al pintor que después de diecisiete años termine la obra ya pagada (como los Reyes viven de su trabajo, y no de los impuestos de la ciudadanía durante el mismo número de años).

El artista puede merecer especial miramiento y consideración en atención a su especificidad, pero como dijo tu paisana la chimoltrufia, "una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa".

Por desgracia, se trata, al mismo tiempo, de una obra de arte y un trabajo. Entonces, hay que cumplir, mas no en diecisiete años. !Qué descaro!

Y si un artista tiene que esperar diecisiete años para que lo visite la musa de la inspiración, eso ya es un defecto cognitivo de todo orden.

Brasas dijo...

Meses después de ingresar en la Facultad de Bellas Artes, un amigo mío resumía así su principal aprendizaje: "Creo que ya sé como funciona esto del mundo del Arte: O te curras la obra ... o te curras el personaje".

¿Alguien se puede creer que Antonio López lleva 17 años currándose esa obra? Yo creo que es un caso claro de artista que se curra el personaje -¡casi pienso que es más actor que pintor!- lo que pasa es que su personaje es el de "el pintor más cansino del mundo", y al parecer ese es un rol que a la gente le gusta mucho ver representar.

-(Por primera vez tengo que confesar que he realizado mi comentario sin haber leído la entrada; hasta ese punto me aburre todo el paripé de los reyes y del personaje de López -por no hablar de cómo me aburre lo que pinta- aunque como ser humano real me caiga bien)-

Federico dijo...

Anónimo dice que los reyes viven de su trabajo, ¿es broma? después del escándalo planetario que hacen de sus vidas, es increíble que alguien piense así, son una clase parásita, y si Antonio López no termina ese cuadro es que no le interesa o sabe que de esa gente queda muy poco, la verdad es que esa pintura inconclusa es una metáfora de la caída de esa monarquía holgazana.

quique ruiz dijo...

Muy divertida la parte en que imitas los textos curatoriales.

Anónimo dijo...

Sin duda un artículo con mucho conocimiento de causa. Los pintores simplemente después de un tiempo del trasegar de la historia con sus retratos, pierden el interés en lo que inicialmente les impulsó para arrancar.... Las emociones son tan largas como las pasiones.

Gracias, muy apropiado su artículo.

Anónimo dijo...

Ese cuadro tengo entendido ya ha sido cobrado por el artista, pagado por Patrimonio Nacional , no sólo se es profesional por pintar de maravilla como él lo hace, sino por cumplir con unos plazos de entrega razonables. Entiendo las prisas por parte de Patrimonio perfectamente. Han pasado 17 años .

Anónimo dijo...

Creo que leí una vez en un artículo que este pintor,decía: Una pintura nunca se acaba, sino que se llega al límite de las propias posibilidades.¿cuantas posibilidades tiene el ser? ¿Qué valor puede tener para las personas ,sobre todo de España, este cuadro? Bajo mi opinión, una mofa para quien sufre a las figuras aquí expuestas.Lo hecho ,hecho está, pero tiene huevos observar a alguien rendirse al dinero y a la sombra que proyecta,que es quien hace al dinero ser lo que es. No es la "democratización" del arte ,como dice usted en algún discurso, lo que degenera el arte, sino la corrupción que traen las palabras críticas ,y de los oficios que derivó, a sueldo tanto para un bando como para otro, también es fruto de el buen comer que tiene algo tan abstracto como el mercado, como bien dice,al mezclar ideas,posturas de moda,dinero y afiliación al discurso dominante ocurre lo que ocurre, es el timo de la estampita en todo su esplendor. No estaría mal probar a repensar los espacios donde el observador se encuentra con la obra,que quiere ser observada y vivida., a ver quien es el amo del castillo que se ofrece de mecenas y que pretende.