lunes, 15 de abril de 2013

LA REPRODUCCIÓN MECÁNICA DE LA IRREALIDAD.


El arte crea expectativas casi míticas. Negando la arbitraria e infundada suposición de Walter Benjamin, de que el arte pierde su aura en la época de la reproducción mecánica, la obra vista en vivo por primera vez deja una impresión que se queda depositada en la memoria, que nos acerca con impacto a la experiencia estética. Podemos ver mil cromos de los paisajes de Tuner pero esa ocasión en que pudimos verlo a unos pasos de distancia, de presenciar la escala real, captar su pincelada, de apreciar los verdaderos colores sin la adulteración del proceso de reproducción, ese día no se escapa de la memoria. La tecnología permite que una obra pueda ser reproducida miles de veces pero no ocupa el lugar de un original. La autoría y la unicidad de la obra no se ponen en peligro con la reproducción ya que no sustituye al objeto mismo, una copia es un documento, es información, no es la obra. El espectador no es ajeno a la realidad, sabe que tener una impresión digital de una pintura no es tener a la pintura misma. La reproducción mecánica no le ha afectado ni un ápice al gran arte, al verdadero.
A las exageraciones de marketing que llaman arte contemporáneo, al arte VIP, video, instalación, performance, al readymade, a la apropiación, y demás objetos vacíos de inteligencia y rellenos de retórica académica, a esos, la reproducción mecánica les dio su razón de existir. Gracias a que se puede tomar cualquier objeto industrial, robarse cualquier trabajo o hacer copias de obras artísticas y llamarlas arte, existen decenas de miles de obras y miles de museos que las exhiben. La experiencia estética ante la presencia viva de la obra original va más allá de las modas, y de la publicidad, porque es un contacto personal e íntimo de nuestras emociones y nuestra inteligencia en el que no puede entrar una influencia exterior, ahí no hay lugar para retórica.
No existe, hasta la fecha, ningún tipo de impresión digital que se acerque, ni de lejos, a la monumentalidad y el misterio de Las Meninas de Velázquez. La presencia del original impacta aunque sepamos que existen , millones de reproducciones. El aura del original, retomando la errónea idea de Benjamin, no puede ser tocada por la posibilidad de una reproducción, al contrario, ver una impresión despierta la curiosidad de conocer el original. Lo mismo sucede con la música: la posibilidad de escucharla grabada, y llevarla con nosotros, no se equipara a la sensación de estar en un concierto en vivo y participar de ese acto ritual de la interpretación musical, sentir de cerca los golpes de los instrumentos, las pulsaciones de los artistas, compartir la emoción que ellos sienten.
Otra cosa es si la obra es una montaña de escombros o es la documentación de “algo” en proceso, da lo mismo si lo vemos impreso porque el aspecto del supuesto original no se altera con la reproducción. Esto hace que la presencia de la obra misma marque una diferencia abismal entre el arte verdadero y el arte VIP: que al arte verdadero hay que verlo en vivo, hay que conocerlo, y mantener con él una relación personal. El resto de las cosas se ven beneficiadas en su apariencia dentro de las páginas de los catálogos, acompañadas con decenas de folios explicativos, lejos de la observación objetiva que pueda analizarlas y desmontar su presencia como arte. Si la obra es de arte verdadero crece con la contemplación en vivo, en directo, y si es de arte VIP, se viene abajo, indefensa ante la visión sin filtros y en su exacta dimensión. La retórica del plagio que toma las obras de otro y las reimprime es la ilusión irracional del autoengaño, esa acción ni los convierte en creadores, ni cuestiona algo, y mucho menos acaba con la autoría, descubre a un plagiario y no disminuye al creador.
 El temor desproporcionado, superficial y sin fundamentos de Benjamin dio la vuelta sobre su propio eje y propició una excusa para que surgieran miles de falsos creadores que encontraron en la industrialización del objeto artístico y en la velocidad de la copia una forma fácil de ser parte de un discurso artístico sin creación y sin obra. Una idea con aspiraciones filosóficas unida a obras con aspiraciones artísticas y todo al margen de la lógica y la realidad.    

Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario el sábado 13 de abril del 2013. 

14 comentarios:

Anónimo dijo...

En ocasiones las reproducciones nos llenan de gran curiosidad; luego, cuando vemos la obra real, no nos gusta tanto como sospechamos, con verguenza propia y ajena , confieso que tal fue mi experiencia con J. Miro. Lo siento, pero las fotos de los libros me impresionaban grata y grandemente. En efecto, con execepcion del vitral que iluminaba mis lecturas en la biblioteca de la universidad donde estudie, la obra de Miro no me resulto tan vibrante; quizás sufro de perversión estética ( pero es solo con algunos artistas, no con todos) En general, es cierto, el sentimiento que nos produce una obra original es irremplazable. Gracias por este ensayo, como siempre, es extraordinario. Saludith de Judith G.

Anónimo dijo...

Escribí un comentario temprano pero desde mi IPad y la conexión no era buena, asi que creo que no salió . Decía más o menos esto: Algunas reproducciones, fotos de libros, de internet etc a veces nos sorprenden pero cuando vemos el original la impresión no es tan intensa como esperábamos. A mí en lo personal me ha sucedido con muchos artistas actuales, imagino que es porque usan programas de photoshop, etc pero incluso me ha sucedido con algunos grandes maestros, no todos. Confesaba en mi comentario, que con vergüenza propia y ajena, eso me había pasado con las obras de Miró las cuales disfrutaba grandemente cuando de joven las veía en reproducciones y en libros; ya adulta, fui al museo del pintor en Barcelona y no estuve tan contenta, quizás estaba muy cansada de turistear ese día, a lo mejor es una perversión estética eso de disfrutar más las reproducciones que las obras mismas, pero la verdad que no me sentí tan emocionada. Pero en general estimada Avelina, es cierto, las obras originales causan al amante del arte gran conmoción; nunca olvidaré el día que vi personalmente la Balsa de la Medusa, Ahh y con los dibujos de William Blake nada que ver con reproducción alguna. El ejemplo con el cual ilustra su ensayo , que es sobre la música y los conciertos no podía ser más apropiado. Por favor dígame si usted tiene publicado una cartelera o calendario de sus cursos y conferencias, así los internacionales podemos planificar con tiempo. Me encantaría hacer el que ofrece en la Casa del Escritor en Coyoacán, pero recién me acabo de enterar. Saludos, desde Miami, Judith G.

Fernando Peñuelas dijo...

La única forma de entender a la pintura es ir y verla. Auguste Renoir

Si se tiene la experiencia de ver una pintura con diferentes tipos de iluminación, una luz media, filtros por ejemplo de cortinas, una luz lateral se tienen experiencias con eso que llamas el aura de la pintura, cosa que no ofrece la reproducción de ningun tipo. Por ejemplo a mi me agrada ver mis pinturas con una luz lateral que viene de un cuarto contiguo, o bien observar como los colores se transforman al filtrarse con la cortina rosa de mi estudio, los verdes se oscurecen,los azules se vuelven violetas, los blancos se transforman en rojos.
Una vez me lleve una pintura a plena luz del día para tomarle una foto y la encontre sumamente clara, los colores eran demasiado radiantes y comprendí que al menos el tipo de pintura que yo realizo golpea demasiado a la vista con una luz muy fuerte o blanca, son colores demasiado vivos por lo tanto les favorece otro tipo de iluminación.
Me gusto mucho este artículo Avelina creo que estas dando seguimiento para ir aclarando a lo que tu llamas el arte verdadero, creo que poner las Meninas de Velazquez fue un estupendo ejemplo.
Te comparto que en un viaje de estudios que realicé con mis compañeros de la Lic. en Artes Plásticad de la Universidad de Sonora me tope con una exposición de arte mexicano en el Hospicio Cabañas estuve frente una pintura que me encantaba desde la primaria eran los volcanes del Dr Atl que aparecian en la portada de mi libro de geografía de sexto grado,fue fabuloso estar frente a una pintura que desde su reproducción siempre quedo grabada en mi mente, sin lugar a dudas esas reproducciones de pinturas en las portadas de los libros de primaria fueron importantes en mi vida, pues la provincia donde vivo carece de museos y de exposiciones de arte y esas portabas me dieron un acercamiento a lo que es el arte, hoy por desgracia los libros de texto gratuitos tienen ilustraciones infantiles que nada se compara con los que a mi me tocaron de niño, recuerdo gratamente esas portadas de Saturnino Herrán, Siqueiros, Jorge Gonzalez Camarena, Diego Rivera, Rufino Tamayo, etc.

Saludos desde Caborca, Sonora

Fernando Peñuelas dijo...

La única forma de entender a la pintura es ir y verla. Auguste Renoir

Si se tiene la experiencia de ver una pintura con diferentes tipos de iluminación, una luz media, filtros por ejemplo de cortinas, una luz lateral se tienen experiencias con eso que llamas el aura de la pintura, cosa que no ofrece la reproducción de ningun tipo. Por ejemplo a mi me agrada ver mis pinturas con una luz lateral que viene de un cuarto contiguo, o bien observar como los colores se transforman al filtrarse con la cortina rosa de mi estudio, los verdes se oscurecen,los azules se vuelven violetas, los blancos se transforman en rojos.
Una vez me lleve una pintura a plena luz del día para tomarle una foto y la encontre sumamente clara, los colores eran demasiado radiantes y comprendí que al menos el tipo de pintura que yo realizo golpea demasiado a la vista con una luz muy fuerte o blanca, son colores demasiado vivos por lo tanto les favorece otro tipo de iluminación.
Me gusto mucho este artículo Avelina creo que estas dando seguimiento para ir aclarando a lo que tu llamas el arte verdadero, creo que poner las Meninas de Velazquez fue un estupendo ejemplo.
Te comparto que en un viaje de estudios que realicé con mis compañeros de la Lic. en Artes Plásticad de la Universidad de Sonora me tope con una exposición de arte mexicano en el Hospicio Cabañas estuve frente una pintura que me encantaba desde la primaria eran los volcanes del Dr Atl que aparecian en la portada de mi libro de geografía de sexto grado,fue fabuloso estar frente a una pintura que desde su reproducción siempre quedo grabada en mi mente, sin lugar a dudas esas reproducciones de pinturas en las portadas de los libros de primaria fueron importantes en mi vida, pues la provincia donde vivo carece de museos y de exposiciones de arte y esas portabas me dieron un acercamiento a lo que es el arte, hoy por desgracia los libros de texto gratuitos tienen ilustraciones infantiles que nada se compara con los que a mi me tocaron de niño, recuerdo gratamente esas portadas de Saturnino Herrán, Siqueiros, Jorge Gonzalez Camarena, Diego Rivera, Rufino Tamayo, etc.

Saludos desde Caborca, Sonora

Tomás Pariente Dutor dijo...

Hace un tiempo que leí ese libro de Benjamin, pero no me pareció la obra de alguien preso de un temor desproporcionado, superficial y sin fundamentos. Puede que estuviese equivocado, pero no creo que tuviese ningún temor con respecto a la desaparición del Aura, y si en cambio un temor (no se si desproporcionado) a cómo el Fascismo podía usar el Cine como medio de propaganda ideológica. Tampoco creo que Benjamin hiciese algo superficial y sin fundamentos, incluso aunque -estoy de acuerdo en eso contigo- se equivocase porque es claro que el Aura no ha desaparecido. pero si que hay un arte que carece de Aura. Lo que es superficial y sin fundamentos es el uso que se hace de Benjamin en muchas ocasiones.

Tomás Pariente Dutor dijo...

Por si le interesa a alguien hice unos artículos en mi blog sobre el Aura, pongo un enlace al primero que es en el que me centro más en lo que escribió Benjamin y donde hay un enlace al texto entero al que el artículo de Avelina se refiere, por si algún lector de Avelina quiere leerlo:

http://grabadoliquido.blogspot.com.es/2012/11/aura-liquida-1.html

莊子 dijo...

Más allá de la audacidad del texto, me pregunto ¿qué sucede con el arte al cual le es inherente la reproducción mecánica? Hoy salí del taller de grabado y al entrar al blog y ver este título me hizo pensar en que se trataba de algo sobre el grabado y la reproducción que él tiene implicita, pero solo hablaba lo que ya se ha dicho de este problema. Evidentemente la experiencia estética dota de un 'aura' a la obra de arte, pero la reproducción mecánica dada por medio del grabado es capaz de superar la des-significacion prudicida por la repetición de la imágen y la "perdida de calidad". Evidentemente al señor Benjamin se le olvidó que los talleres de grabado existían mucho tiempo atrás y que las imágenes se repetían técnicamente desde antaño.

Salud!

Tomás Pariente Dutor dijo...

Hola, Benjamin, al principio de su texto, si que considera el grabado. En concreto menciona la Xilografía, la calcografía y la Litografía como antecedentes limitados de la capacidad técnica de reproductibilidad. Se detiene más en la Litografía porque esta permitió incorporar a los periodicos imágenes muy rápidamente, hasta el punto de convertirlos en diarios. Pero estos avances no son nada comparados con la fotografía mecánica (ahora podemos distinguirla de la digital). La fotografía y el cine, que si son claramente Postauraticos (porque, ¿Qué más da una copia que otra?),han tenido como resultado la reconsideración casi total del grabado, del que ahora se dice que da lugar a originales múltiples. Incluso en el caso de la fotografía la fotografía digital ha dotado a los procesos quimicos directos de vertientes que conducen hacia revelados diferenciados y únicos.

Gustavo Rico N dijo...

La fotografía de pintura no reproduce una pintura ni un grabado sino que los insinúa. Los temores de Benjamin son bien infundados porque supone que si pululan las radiografias habr{a saturación de huesos.

Gustavo Rico Navarro dijo...

La fotografía de pintura no reproduce una pintura ni un grabado sino que los insinúa. Los temores de Benjamin son bien infundados porque supone que si pululan las radiografias habr{a saturación de huesos.

Anónimo dijo...

A mí como a Judith me pasó con Mondrian y con pollock, llegue con toda la emoción del mundo al MOMA de SF y el Mondrian que tenían ahí era una composición de cintas adhesivas o algo así, no recuerdo, en colores negro, rojo, amarillo ya bastante desprendidas, me rompió el corazón. Y el pollock bueno muy bien conservado pero no logre comprenderlo, por decirlo de algún modo. Saludos Carlota

Oval dijo...

Hola,
Estoy de acuerdo en que una reproducción no puede competir con un original, porque en el reproducir parece haber implícita una degradación, es así como en el grabado las impresiones primeras son más costosas y apreciadas que las últimas. En lo que no estoy de acuerdo es en decir que; el video, la instalación y el performance son objetos vacíos de inteligencia, reconozco que hay muchos, más bien muchísimos que si pueden estar vacíos de inteligencia como también hay muchísimas pinturas vacías de inteligencia, pero hay los que son sublimes e impactan tanto como un Turner. Estoy de acuerdo con las exageraciones del marketing, sería de miopes no darse cuenta y también estoy de acuerdo en que gran parte del arte contemporáneo abusa de la retórica. Me parece exagerada la generalización que haces, sin embargo admiro la causa y las razones de tu lucha contra un arte vacío que es producto del marketing y no del talento. En el caso del performance y la instalación se requiere ese contacto personal e íntimo de nuestras emociones y nuestra inteligencia del que haces mención, lo que se pueda ver de ellos en fotos o videos son tristes vestigios, es como ver una obra de teatro en video, sencillamente no se puede comparar, porque son artes que exigen la presencia del espectador y la experiencia real. Ciertamente hay arte que debe verse en vivo y es por ese arte que vamos a los museos, a las galerías o a las plazas, de no existir un arte así bastaría con quedarse en casa y tener internet y esto último no suena a vivir la realidad.
Saludos desde Venezuela.

Luis Blanchard dijo...

bueno , las reproducciones nos han permitido un acercamiento a las obras de arte , que de otro modo no hubieramos tenido la posibilidad de saber que existian .Claro que el estar frente a ellas cambia la cosa; a veces son mejores en la reproducción , en otras aparece ese aura al que te refieres...lo senti al ver una obra en el museo Thissen de Madrid , era un antiguo holandes, no muy conocido , pero de esa pintura emanaba algo especial ...alli estuve contemplandola casi una hora ....tenia una vida propia ...Otras veces vemos un VanGogh que sale mejor en los fasciculos de dos pesos ..

Anónimo dijo...

La idea del "Aura" a la que Walter Benjamin se refiere es la experiencia única e irrepetible que una ves existió para el publico frente todas las artes. Este es un mundo difícil de imaginar hoy en día donde todo es reproducible inclusive nuestro ADN.

Estaban claros aquellas tribus que no querían que se les tomara fotos no fueran a perder el alma misma..