domingo, 3 de marzo de 2013

THERE´S NO BUSINESS LIKE ART BUSINESS.

Ricardo Rendón, Área de trabajo, 260 mil pesos = 20 mil dólares. 
 Los presupuestos que maneja la UNAM se hacen con la obligada discrecionalidad y opacidad de un grupo que se desarrolla con “autonomía” y sin rendir cuentas a nadie. La adquisición de obra que, según su Dirección General de Patrimonio Universitario, se llevó a cabo durante el ejercicio 2007 hasta lo que llevamos del 2013, suma un monto de 13 millones 478 mil pesos. Esto parece poco dinero para incrementar el acervo universitario si tenemos en cuenta que la exposición de Cildo Meirelles trascendió que le invirtieron 8 millones y que el camión de cascajo de Teresa Margolles costó 1 millón 600 mil. Por un lado el presupuesto universitario se agota en montar exposiciones con obras efímeras que no crean acervo, y por otro, está el desequilibrio en el criterio de adquisición. La UNAM ha hecho una causa de la marginación de las artes plásticas de sus museos, y ahora más con la homologación que dictaron Teresa Uriarte y Graciela de la Torre para no dejar sitio a expresiones que no requieran de sus curadores. El criterio de compra evidencia su apoyo una sola corriente estética y lo hacen con dinero que proviene de los contribuyentes: se está utilizando el erario para posicionar artistas. De esta inversión de más de 13 millones únicamente 2 millones 702 mil pesos fueron dedicados para adquirir artes plásticas, y eso que entre las obras listadas hay un lienzo blanco de Mónica Castillo por 176 mil que se pudieron haber ahorrado y un busto en bronce que retrata a la madre del ex rector Juan Ramón de la Fuente, con un costo de 80 mil, un homenaje que se pagó con dinero oficial y se inscribió como obra de arte. El resto del dinero: 10 millones 700 mil pesos fueron para adquirir arte VIP, video, instalación, performance.

Georgina Bringas, tablita con mini dvtape, 58 mil pesos = 4500 dólares.  

La obra-ocurrencia-chiste, este estilo contemporáneo es de lo más simpático, de Abraham Cruzvillegas, Flebitis, la compraron por 182 mil, y son un par de botas con unas peras de boxeador adentro. Las cobijas de Teresa Margolles que basan su valor artístico en la ficción de que eran para cubrir cadáveres, la UNAM pagó 575 mil tragándose esa historia. De Francis Alÿs, revistas, papeles varios y unos perros metálicos, 1 millón 100 mil. Unas mamparas de metal y concreto y 6 impresiones digitales, 1 millón 45 mil de Damián Ortega. 16 fotos conceptuales, es decir sin valor estético, de Minerva Cuevas en 297 mil; nada qué ver con los 7 mil 700 que le pagaron por cada una de sus fotos a Pedro Meyer, que si es fotógrafo. De Gabriel Kuri adquirieron dos piedras y sus recibos del súper mercado en 158 mil y unas placas de mármol con una lata de refresco en 118 mil. A Georgina Bringas le pagaron 58 mil por unas tablitas con minidv tape pegado. Sofía Taboas le dieron un total de 455 mil por objetos como pelotas de plástico y tablas de madera. Un coche cubierto de azulejos de Betsabeé Romero, 198 mil. 19 tablas agujeradas de Ricardo Rendón en 260 mil. Fernando Ortega, 460 mil por un video de 2 minutos y un trozo de pared con un mosquito aplastado. Para estas compras no existe un concurso, se adquieren imitando el capricho de una colección privada, con el contubernio de los académicos, los funcionarios y con un Patronato que está de adorno y es utilizado para validar este tráfico de influencias y de dinero. Los museos de la UNAM funcionan sin tomar en cuenta que la generación de conocimiento está en una pluralidad que han desapreciado para imponer su fascismo estético.
RESPUESTA A JOSÉ KURI.
En el catálogo de Gabriel Orozco en el MoMA usted puede leer los textos firmados por Consuelo Saizar, Ann Temkin y de Glenn Lowry, director del MoMA, en los que hacen énfasis en el “generoso” y gran apoyo de CONACULTA y Televisa como los principales donantes para la realización de la exposición. La obra de Orozco es básicamente fotografía conceptual que testimonia sus readymade y el resto de sus objetos, según la información del catálogo, no los hace él, los manda hacer a tres talleres distintos. Entonces si es grave que sus fotografías no se coticen en el mercado como las de otros artistas que también utilizan este medio para testimoniar su obra, como Cindy Sherman, que hace performance, y que una de sus fotografías en Christie´s alcanzó el precio de 3 millones 890 mil dólares.

Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario, el sábado 2 de marzo del 2013. 

5 comentarios:

José Manuel Ruiz Regil dijo...

Excelente fiscalización,Avelina. Es importante saber en qué (y en quién) se invierten los recursos de la nación. Gracias.

Rocio @ Casa Haus dijo...

Hola Avelina, mucho gusto,

Me encantó haberte descubierto el día de hoy. Me encanta tu manera de pensar, la comparto, y me da mucho gusto que haya gente así como tú, que se anime a levantar la voz, ante esta situación por la que atraviesa el arte actual.

Estaré visitando tu blog.

Saludos!
Rocío Jiménez

Luis poblete meza dijo...

En Chile es frecuente que los directores de museos postulen a fondos del estado para comprar obras, las que resultan ser de los alumnos "aventajados" de estos mismos directores. Gracias por el llamado de atención al arte.

Aprendizaje orientado a proyectos dijo...

Admiro mucho tu postura y estoy de acuerdo con tus planteamientos sobre el arte contemporáneo. Un abrazo

Unknown dijo...

En la aclaración para Jose Kuri, concuerdo con él, hay un mundo de separación al uso de la fotografía que le dan Gabriel Orozco y Cindy Sherman. Y respecto a utilizar talleres, yo creo que ocupar asistentes para realizar obras de gran magnitud es algo bastante común, utilizar ese hecho para descalificar a Orozco, diciendo que esas obras no le pertenecen me parece demasiado aventurado.