sábado, 2 de febrero de 2013

EL CATÁLOGO DE LA INSIGNIFICANCIA.

 El sexenio 2000-2006 cerró su ciclo con la edición en español del catálogo de la exposición que le patrocinaron a Gabriel Orozco en el museo MoMA de Nueva York y que replicaron en la Tate Modern de Londres y el Georges Pompidou de Paris. En los interiores del catálogo dejan claro que la exposición es una iniciativa y patrocinio del Estado mexicano en alianza con la Fundación Televisa para hacer de “México una potencia cultural internacional”. La producción de esta versión en español es una copia bastante inferior a la versión en inglés que editaron con el MoMA. Está impreso y pagado por CONACULTA y es ejemplo de la mala calidad de sus libros de arte. Hay varios ensayos, el de la curadora Ann Temkin, Briony Fer, Banjamin H.D Buchloh, Paulina Pobocha, Anne Burd. 
LA FALTA DE ORIGINALIDAD COMO ARGUMENTO RETÓRICO. 
Este catálogo reúne casi en su totalidad la obra de Orozco. Al observarlo se evidencia a un artista integrado a un sistema, cómodo de exhibir, que no rompe moldes, al contrario, se desarrolla en caminos claramente marcados y señalizados. La obra de Orozco es dócil, hace de su insignificancia una virtud, sin valor para tomar riesgos, se refugia en la pasividad de ser insustancial, inexistente. Sus objetos y fotografías huyen de proporcionar una experiencia estética al espectador, son presencias medrosas, que piden pasar desapercibidas. Por eso hace un enorme esfuerzo, dentro de sus limitaciones estéticas y creativas, de ser simpático, ocurrente: acomoda sus cositas, enfila las piedritas, pone cáscaras de limones en un tablero de ajedrez impreso en una mesa, coloca papelitos en árboles artificiales y, además, los bautiza, para que nos quede claro qué está haciendo: Meada de perro, es una meada de perro en la nieve. No hay lugar para el misterio, la confusión o la interpretación. Repite una y otra vez las mismas ideas: círculos, manchas, intervenciones “chistosas”. Lo más emblemático de su trabajo es su compulsión recolectora de basura y cosas, afición que comparte con cientos de artistas que hacen lo mismo: Son Dong, Martha Rosler, Portia Munson. ¿Por qué el sistema del arte contemporáneo permite que precisamente la falta de originalidad sea la virtud de un cuerpo de obra? ¿En qué momento el arte decidió ser una representación fácil, digerida, sumisa, acotada?

EL ENSAYO ARTÍSTICO O LA NECEDAD DE NEGAR LO EVIDENTE.
Joseph Kosuth en su ensayo El arte después de la filosofía, cita a Sol LeWitt “La idea se convierte en la máquina que hace arte”. El objeto de fabricación industrial, desperdicios, piezas de factura mediocre, lo que sea, adquieren el status de arte con una idea o concepto que los amparen. El esfuerzo se centra en decir que eso no es lo que vemos. La utopía por fin llega al arte: es una fuente inagotable de obras dotar de significado a cualquier objeto. Lo que no aclararon los teóricos y artistas es que este acto de magia no es tan sencillo. El objeto entre más elemental está más indefenso, para que le suceda este fenómeno de transubstanciación se requiere una gran infraestructura burocrática: textos escritos por varios académicos y especialistas, rodearlo del contexto del museo o galería, inflarlo con un precio estratosférico y una intensa campaña proselitista para que el espectador niegue su percepción y acepte que “eso” es arte.  Sin esto el objeto es incapaz de demostrarse como arte. El catálogo de Orozco es una descripción exacta de cómo funciona este mecanismo. 
La trasformación en arte, que se supone es una de las más elevadas formas de inteligencia, es portentosa. Llamar arte a unos balones ponchados, a unos cochecitos de juguete o unas tapas de envases de yogurth, le otorga al artista un poder enorme y lo libera de la responsabilidad de enfrentarse a su propio talento. A Orozco le basta replegarse a una fórmula, al instructivo de lo que los teóricos llaman arte conceptual o neo conceptual, minimalismo, o el término que mejor lo integre al arte contemporáneo. La presencia anodina de estas obras les permite a los curadores y los especialistas escribir textos como los de este catálogo. Es la relación perfecta: algo sin valor estético urgido de un discurso teórico que lo sustente y teóricos que necesitan salir del closet de la academia y ser parte de la creación artística. El peso intelectual de la obra, su sentido estético y ontológico es un mérito de sus teóricos. Orozco les deja el trabajo de argumentar que la banalidad de su obra es aparente y que su masa para pizza es una obra de arte. Analizaré algunos de los textos del catálogo. 
Ann Temkin habla del artista sin estudio, y lo que en realidad es un artista sin obra, sin trabajo, y que por lo tanto no requiere de un estudio, se traduce en una forma de “derrocar las tradiciones artísticas”. La obra de Orozco se hace en la calle, nos explica, porque recoge desperdicios u objetos diversos, los acomoda, los fotografía, las define como “esculturas tipo readymade”. Que Orozco pretenda que es arte su moto estacionada en diferentes calles, se le llama “la cotidianeidad como una plataforma lista para el arte”. El hecho de que sea un artista sin obras que puedan ser identificadas como suyas por carecer de una factura personal que les aporte un estilo, para Temkin es una ventaja porque se les puede aplicar diferentes ideas que las hagan obras de arte. Cuando aborda a las pinturas Samurai Trees, Temkin se disculpa de que existan en el cuerpo de obra de Orozco, da excusas, nos dice que no las hace él, que las manda hacer a dos estudios y que ni va a ver el proceso, que para nada pensemos que él es pintor. Se ve metida en un lío ante una pintura decorativa, reiterativa y aséptica como el estampado de un sillón. Esas piezas no le permiten a ella explotar su armario de teorías, le provocan un conflicto que en cambio no le causa una bola de plastilina con basura pegada. 
Benjamin H. D. Buchloh se concentra en decir que la basura seleccionada constituye: “El cuerpo escultórico que puede encontrarse en las acumulaciones aleatorias de objetos disfuncionales o dispersos”. Se remonta de nuevo al readymade para sentenciar que el objeto prefabricado tiene categoría de escultura. En su esfuerzo por enaltecer nimiedades cae en inconsistencias. Estas corrientes parten de la negación de lo que llaman “arte tradicional” y para legitimarse toman los parámetros de lo que niegan. Si Orozco pudiera hacer arte de verdad, lo haría, si coloca naranjas en una ventana es porque eso puede hacer, ese es su nivel creativo y de factura. Una naranja no es una pieza realizada para aportar algo distinto, es una coartada que oculta la incapacidad creadora, técnica, manual y poética de Orozco. Llamarla escultura es un intento infructuoso para darle valor estético a un gesto evasivo que desemboca en una broma, un chiste, la obra se llama Jonrón. Orozco es un autor que busca ser gracioso, que Buchloh solemnice una acción que es de origen banal, la hace caer aun más en el ridículo. Lo hace cursi. Recurre a los parentescos para dar peso a la obra, Buchloh insiste en llenar de referencias algo que de por si es resultado de un estricto instructivo. En este cuerpo de obra no se toman decisiones, se copian moldes que cumplen milímetro a milímetro los preceptos preconcebidos. Para darles más sentido las protege con nombres: Brancusi, Duchamp, Serra, Beuys, Hesse, y al final lo reduce a representaciones influenciadas por los “reductos míticos” que son frecuentes en una sociedad ignorante, nos explica que por eso Orozco usa barro y pelotas ponchadas, por su influencia maya y azteca. 
Briony Fer escribe sobre los cuadernos de trabajo. En una labor casi de psicoanálisis se pone a descifrar hasta las palabras que Orozco anota de forma repetitiva, de cómo esos cuadernos pasan por el tiempo, etc., comparándolos con los diarios de Darwin. Esto es delirante, la aportación de Darwin a la ciencia fue un giro tan radical a la idea del ser humano que dejó sin argumentos a la teología, y nada tiene que ver con una obra que no aporta, y prefiere copiar, repetirse, obedecer, plegarse a un sistema, que es resultado de una idea que ni siquiera tuvo el autor. 
Ahora, este trabajo, el de las instituciones estatales, de las empresas privadas, de los expertos, para presentar esta obra como algo memorable y trascendental, ¿dio sus frutos? El mercado tiene la última palabra. En Art Basel Miami 2012 las fotografías de Orozco no alcanzaron los 60 mil dólares. No igualaron los niveles de Cindy Sherman, que tras su exposición en el MoMA, sus fotografías se cotizaron en 250 mil dólares cada una. Entonces, esta obra ni nos posiciona como “potencia cultural”, ni es arte. Es un producto, como hay miles, de esta deformación estética e intelectual a la que llaman arte contemporáneo y que permite consagrar a la insignificancia.    

Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario el sábado 2 de febrero del 2013.  

FICHA DEL LIBRO.
Gabriel Orozco.
Producido por el departamento de publicaciones del MoMA de Nueva York.
Edición: Dirección general de publicaciones de CONACULTA.
Textos de Ann Temkin, Briony Fer, Banjamin H.D Buchloh, Paulina Pobocha, Anne Burd. Traducción de Gabriela Jáuregui.
255 páginas.
2012.  

13 comentarios:

Anónimo dijo...

hola Avelina, muy buen artículo, no vi el catálogo pero me lo imagino. Una pregunta, quees una duda de hace rato: ¿de qué vive Gabriel Orozco? quiero decir, cómo se mantiene, si no vende su obra... tiene un subsidio, una beca, mecenas, sponsors (la empresa que fabrica el yoguth) o algo?
Me serviría de mucho saberlo.
gracias, un saludo

F.J. Gil S. dijo...

Hola Avelina, quiero recomendarte un libro, no se si lo hayas leído: "Posproducción" de Nicolas Bourriaud, espero te sirva un poco, saludos :)

Anónimo dijo...

Un ejemplo más que demuestra que el aparato ideológico-dogmático no puede sostener sus imposiciones. Para hacer existir a estos artistas conceptuales, es necesario invertirles dinero continuamente, de lo contrario su vida artificial se extingue. Si a este señor Orozco le desconectamos el enchufe del alquiler de la franquicia Guggenheim y la autoedición de sus onerosos catálogos, simplemente deja de existir.

Rodolfo Fuentes dijo...

Hola Avelina, me ha resultado muy interesante y esclarecedora tu postura frente a muchas de las farsas del "arte actual".
Te dejo aqui mis blogs, donde a veces escribo sobre asuntos bastante coincidentes, y te mando un abrazo desde Uruguay.
Rodolfo Fuentes

http://fuentesbaez.blogspot.com/
http://rodolfofuentesdg.blogspot.com/

EUbrit dijo...

Cualquiera deja de existir al dejar de exhibir en el Guggen. Pero el caso de estas personas es que ni siquiera existen durante su exhibición individual. Ése es el punto de esta columna. Anónimo, pon en orden tus ideas antes de escribir.

Brasas dijo...

EUbrit, queda algo confuso tu comentario; ¿a qué "estas personas" te refieres? ¿y a cuál de los dos anónimos te diriges, y qué cosa de las que dijo provoca que lo aconsejes?
A lo mejor dentro de tu cabeza ves tus ideas modélicamente bien puestas en orden... (pues desde fuera te aviso: No se te entiende :D)

EUbrit dijo...

Brasas, ¿Para qué perder el tiempo individualizando la nada? Un anónimo es igual a otro. De verdad que un tren de pensamiento obtuso no ve la causa y el efecto de una discusión, ni tampoco la contrastación de ideas que lleva a un desenlace. "Estas personas" es obvio que son los artistas conceptuales, indistinguibles entre sí, que usufructúan y abusan de un bien público como son los museos del Estado. Claro que si tu puedes distinguir entre las botellas vacías de Nacho Criado, Meireles o Song Dong, además de atribuirles valores diferentes a cada una, entonces te digo, el MACBA se está perdiendo de un curador;)

Brasas dijo...

De joven fui a una conferencia de Nacho Criado; no sólo me pareció insulso lo que decía, también su obra y su persona me resultaron extraordinariamente aburridas. A los otros que citas no los conozco en persona, pero por el tipo de obra que hacen pienso que estamos ante lo mismo, individuos a los que ortopédicamente se aclama como "artistas" aunque sea notorio que carecen de la más elemental creatividad; cualquier feriante, titiritero o vendedor callejero demuestra ser más ocurrente y tener más ARTE que ellos.
Por ello, lo que dice el anónimo es correcto: Hace falta una gran inversión de influencia, dinero, promoción, enchufe... para hacer que esos adoquines sean reconocidos como "artistas".

En cambio ¿"Cualquiera deja de existir al dejar de exhibir en el Guggen"?
No sé qué significa eso. El Guggenheim tiene mucha basura dentro, desde luego no es el Prado ni el Louvre ni la National Gallery. Por otra parte la mayoría de artistas actuales que hacen obra imaginativa nunca van a ser exhibidos en el "Guggen"... ¿eso supondría que no existen? ¿Por qué?
¿Y a quién carajo le importa el Guggenheim? Por mí lo puede planchar un meteorito.

Anónimo dijo...


El Roto

http://elpais.com/elpais/2013/02/13/vinetas/1360780574_993097.html

Mirad este, que es muy bueno.

Anónimo dijo...

La galería protestó. Insisten que Gabriel Orozco sí es un éxito comercial:
http://issuu.com/laberintomilenio/docs/laberinto-505/9

Fatboy dijo...

¿Pero en qué puede ser un éxito comercial Gabriel Orozco? ¿En chicles masticados? ¿En tapas de yogurt? Lo último que muere es la ilusión de Kuri, de que a Orozco se le ocurra amontonar dulces en una esquina como la pieza de González-Torres "Untitled" (Portrait of Marcel Brient)de los 90's y la venda por 4,5 millones de dólares. Ésos sí son sueños húmedos.

A. Abello C. dijo...

He llegado tarde pero me permito participar. Más allá de que a algunos les parezca arte o no la operación conceptual, que he de decir, se ampara en el reconocimiento de un siglo de desarrollo que no podemos desconocer para exigir una lectura simplista, la verdadera obra de arte trasciende al objeto, esto es arte, problematizar el cotidiano para generar debate, amasar los resecos sesos de la "elite". No estoy de acuerdo con que la repetición operativa sea deplorable, mucho menos en lo formal, esto deben tenerlo claro los pintores decorativos y artesanos en general. Debemos asumir el territorio de pérdida que dificulta la producción artística y aprovechar cinicamente los cánones imperantes. Si además esta producción inútil se integra a un mercado específico, ¡bingo! hemos hecho un retrato de nuestra sociedad de consumo. ¿Acaso eso no es "bello", no es arte? Si no, pintemos nubecitas en todo soporte existente.

Anónimo dijo...

Todos ustedes y su visión retrógrada del arte nos van a hundir como país. La critica me parece excelente, pero tampoco significa cerrarse por completo. Cierto, el arte conceptualista es una repetición interminable de la idea originaria de duchamp, pero si lo vemos así, entonces la pintura también lo es. Si no comprenden las vanguardias en el arte, no se compliquen la vida y manténganse al margen, pues el mundo gira, y México y "sus ideas" en realidad nunca han dejado huella en la historia del arte.