sábado, 19 de enero de 2013

LA VIRGINIDAD DE ÚRSULA.

“Podrá desaparecer la especie humana y esto no cambiaría el curso de los astros” dice con toda verdad el Marqués de Sade. Nos desgarramos en guerras, enfermedades y asesinatos, y el universo, demasiado grande para nuestras pequeñeces, ni se inmuta. Lo que si deja tras de sí la muerte trágica es la huella de sus golpes. Caravaggio, acusado de cometer un asesinato, pintó sus últimas obras mientras esperaba el indulto papal. Tal vez en el presentimiento de su muerte, une la belleza a la infinitud del dolor, hace un análisis descriptivo del ominoso conocimiento del verdugo sobre la acción que ejecuta, la inocencia de la víctima y del crimen como uno de los recursos del poder.
En El martirio de Santa Úrsula retoma el mito de la princesa virgen que es asesinada por el rey de los hunos. En la pintura, Caravaggio reinventa la dramatización de la escena para mostrarnos al responsable. El rey esta de frente y en un hecho absolutamente irreal e improbable, dispara a unos pasos de distancia la flecha que atraviesa los senos de Úrsula. Ella mira cómo la flecha la penetra, es el instante previo a su muerte, no hay sangre, no hay herida. La ve con extrañeza, nos damos cuenta de que su ignorancia la hace virgen. Úrsula es alcanzada por la muerte antes que la comprensión de su propio asesinato, muere sin saber qué está pasando, por qué la muerte llega de esa forma. En cambio, él asesino si lo sabe; él vivirá consciente de lo que hizo. Observamos al rey, conocemos su rostro; él y nosotros sabemos qué ha hecho. La delicadeza de la actitud de Úrsula contrasta con la penumbra en la que Caravaggio rodea a la escena, ella viste un espeso lienzo rojo, metáfora de la inmensa atrocidad que está sucediendo. Los brazos del rey conservan la posición del reciente lanzamiento, su mirada sigue el trayecto de su ofensa, se asegura de haber dado en el blanco, de haber matado con certeza. Caravaggio mismo presencia la escena detrás de Úrsula, clama al cielo conteniendo las lágrimas, incapaz de protegerla, dejándola cumplir su destino.
En La decapitación de San Juan el crimen está cargado de saña y, de nuevo, saber lo que sucede hace más cruel a la tragedia. El verdugo somete a Juan, lo está degollando como a un cordero, aun trabaja en desprender la cabeza, sabe matar y sabe empuñar el cuchillo. Con gran sentido del drama, el pintor altera la anécdota y pone a Herodes señalando la bandeja en dónde deberán depositar la cabeza. La pobreza del verdugo contrasta con la elegancia de Herodes, los dos son autores del mismo crimen, y sin embargo, no son iguales. En uno el asesinato es oficio, en otro es la investidura de su poder. El que ordena la muerte es tan criminal como el que la ejecuta. Juan tiene un rostro apacible, murió sin poner resistencia a su lento martirio. La criada de Salomé que se lleva con pesar las manos a la cabeza, es la anagnórisis de esta tragedia. En un ángulo del cuadro, en la oscuridad de un lugar sin arquitectura, desde una ventana enrejada, dos hombres presencian el sangriento espectáculo. Es una historia de testigos, de culpables, de cómplices. La muerte despoja de memoria, dejamos de existir y dejamos de recordar. El que vive con sus pesadillas es el asesino, el que señala la bandeja para que posen la cabeza, el que dispara la flecha, el que hunde el chuchillo. Los testigos también se llevan a esa muerte, la cargan, la maceran en su interior, son parte de la violación.
Saber y no actuar nos involucra, nos hace responsables. Entender que somos capaces de atrocidades advierte o incita, la abominación sucede en un instante. Úrsula y Juan están indefensos ante la violencia, porque mientras el asesino sabe cómo actuar la víctima siempre ignora, desconoce, está ante un evento que no propició. La pasividad ante el crimen es complacencia con el poder. El que no se solidariza con el inocente, se identifica con el crimen, la barbarie despierta afinidades y lealtades. En estas obras Caravaggio reinventa la composición y la historia para darle espacio y rostro al sacrificio, sabe que la víctima desaparece y eso la condena al olvido, pero el verdugo, el asesino se queda aquí, entre nosotros, no lo olvidemos. Recordar es una forma de castigo.

Publicado en Laberinto, Suplemento Cultural de Milenio Diario, el sábado 19 de enero del 2013. 

VIDEO DE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO RORCAM DE ALEJANDRO MONTOYA

Presentación del 16 de enero en el Museo Universitario del Chopo. El video fue realizado por Camila Sandoval. En la mesa están Alejandro Montoya, dibujante, Reynaldo Velázquez, Andrés de Luna, Avelina Lésper, Nayeli Cifuentes y Jesús Moreno. Los dibujos de este libro estarán expuestos en el Museo del Chopo hasta el 24 de febrero.

lunes, 14 de enero de 2013

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE ALEJANDRO MONTOYA.

Dibujo de Alejandro Montoya de la serie Retratos Óseos, Retratos Cráneos. 
Invitación para la presentación del libro de dibujos de Alejandro Montoya, Retratos Óseos, Retratos Cráneos. Participaran en la mesa Avelina Lésper, Andrés de Luna, Reynaldo Velázquez, Nayeli Cifuentes y Jesús Moreno. 
La cita es el miércoles 16 de enero a las 20:00 horas en el MuseoUniversitario del Chopo, en el Foro del Dinosaurio. 
La obra de Montoya está expuesta en las salas de este museo. Entrada libre. 

sábado, 5 de enero de 2013

CON LOS MEJORES DESEOS.

Estrenamos año y gobierno. Los nuevos titulares de CONACULTA, Rafael Tovar y de Teresa y de Bellas Artes, María Cristina García Cepeda, ya están en sus cargos. Estas peticiones son sobre un programa de trabajo artístico y cultural, que aun no existe con certeza, y van dirigidas, con todo respeto, a los dos. En sus declaraciones, por ejemplo, la encargada de Bellas Artes afirmó que “habría continuidad”. ¿A qué continuidad se refiere usted? Venimos de una política artística y cultural desastrosa, ostentosa y de nula visión social. Pensar que eso va a continuar es alarmante. Hay poco que rescatar de los 12 años de la derecha y ya no digamos de los últimos seis años. Desde la destrucción del Palacio de las Bellas Artes; la construcción de la Estela de Luz; la delirante celebración del Bicentenario; la construcción de un mausoleo-biblioteca para la memorabilia de Monsivais comisionada a varios despachos de arquitectos y decorada con avioncitos y móviles; la remodelación costosa, antiestética e incoherente de la Cineteca Nacional, y un largo etcétera de caprichos propios de un regidor que sólo le rinde cuentas a sus impulsos.

La insensibilidad de la política cultural llegó a niveles criminales y de una falta de solidaridad vergonzosa. Mientras castigaron a los estados con la violencia de la fallida e injusta guerra contra el narco y los invadieron con muerte y militares sin regulación, CONACULTA negaba apoyos, planes y fondos, desperdiciando el presupuesto en obras absurdas. En la mayoría de las ciudades del interior no hay dinero para montar una exposición con dignidad y las escuelas de arte trabajan con presupuestos paupérrimos, sin espacio para talleres, sin recursos para seminarios, sin galerías escolares y sin bibliotecas especializadas. Los conmino a que conozcan personalmente las escuelas de arte, donde las haya, y que analicen sus carencias y las solucionen. Es prioritario que hagan sinergia con las facultades de arte de las universidades de provincia y mejore el nivel educativo. En el súmmum de la demagogia y la incongruencia esta guerra violó sistemáticamente los derechos humanos, destrozó el tejido social y CONACULTA, rayando en la demencia, se concentraba “En superar el umbral tecnológico del siglo XXI” sin mirar el umbral descomunal de esta guerra y la ausencia de planes educativos y culturales para los estados. Las cosas en el arte no marchan bien. El desarrollo cultural no se lleva a cabo con obras faraónicas, ni con pretensiones desequilibradas. Es una labor que inicia con la educación artística que no existe a niveles elementales y que es insuficiente o mediocre a niveles profesionales.

Es imperioso que expongan un plan concreto con los museos, para que dejen de improvisar y que ya de una vez asuman que este favoritismo por una sola corriente estética ha hecho un gran daño al arte y a los creadores. La pintura, la escultura y el grabado tienen que estar expuestos, los museos están concentrados en una sobre oferta de arte VIP, video instalación, performance. Museos que siempre están vacios, que ya comprobaron su estrepitoso fracaso por la obtusa visión artística con la que los manejan, convertidos en los receptáculos de las arbitrariedades de sus directores, en tráfico de influencias y de intereses.

Estos últimos años la política cultural deambuló entre la grosería dictatorial y el desmesurado endiosamiento. La inversión económica sin precedentes para encumbrar a los artistas oficiales de la derecha y de la narcoguerra: Gabriel Orozco y Teresa Margolles, mientras que dejaron en el vacío a decenas de artistas. A Orozco le patrocinaron exposiciones mundiales, libros y catálogos y en cambio un pintor como Arturo Rivera tuvo que soportar que lo maltrataran y que con años de dilación le entregaran un libro sin la mínima calidad editorial.

Es urgente hacer una revisión de los premios como el Carlos Fuentes. Es obsceno regalar el dinero así cuando vivimos tantas carencias en otros ámbitos del arte y la cultura. Un premio de ese monto, 250 mil dólares, y esa naturaleza, con la obvia oscuridad de sus cláusulas de postulación, es para que los gobernantes se adornen y se hagan la foto, no tiene otro fin. Ya es tiempo de que dejen esas arbitrariedades de país bananero y le den un manejo responsable y serio a la cultura. Simples deseos.