sábado, 5 de mayo de 2012

¿Y QUIÉN SACA A LA BASURA DEL MUSEO? Arte Ecológico.

Ann Hamilton, Corpus. 
 Sequía en Somalia, Etiopia y Kenia, consecuencia del calentamiento global, con millones de personas padeciendo hambre y desnutrición. Las inmobiliarias incendian bosques en Europa para recalificar el uso del suelo. El derrame de British Petroleum en el Golfo de México abarcó 6 500 klm2 de superficie marina a un ritmo de casi 60 mil barriles diarios. Ante estas catástrofes ¿qué hacen los artistas contemporáneos activistas de la ecología? Una instalación con una tina de aceite quemado, colocan un vaso con agua en un pedestal, pegan los encabezados de periódicos en la pared. La ecología es un tema que a todos concierne. La fatalidad de nuestro estatus depredador se combina con el de productores: entre más producimos alimentos, objetos y satisfacemos nuestras necesidades, más depredamos y desperdiciamos. Este asunto, que es en evidencia grave y del que no se puede disminuir su importancia, es el lugar para el oportunismo, la demagogia y el lucro. Si los Estados y sus dirigentes, partidos políticos y ONGs de dudosa credibilidad hacen del daño ecológico que padece el planeta un vehículo para el fraude, para adquirir una respetabilidad que de otra forma jamás alcanzarían y robar donativos, cómo no lo iba a utilizar el arte contemporáneo. Este tema por su corrección política es el escapismo perfecto para no analizar a la obra y para darle un apoyo incondicional aunque en sus formas, métodos y resultados sean ellas mismas un atentado ecológico. La ecología está entre los llamados temas sociales del arte que pretenden la interacción comunitaria, la concientización de ideas y la utilización de nuevos materiales. Esto es retórico ya que las obras, en su mayoría esclavizadas al material, podrían ser casi todas ecológicas. Si se le asigna en discurso pertinente a los objetos encontrados y la utilización de basura es reciclaje, y se supone que es arte. Esta pepena, dependiendo del curador que tenga en sus manos el destino conceptual de la obra, podría ser una versión de un readymade o un mensaje al mundo para concientizarnos de las toneladas de basura que se desechan cada minuto en el planeta.
Ann Hamilton, Corpus
 Al margen de que el arte contemporáneo jamás se va quedar sin materiales, porque desde el cartón corrugado hasta la comida podrida, han pasado por las salas de los museos y pertenecen con orgullo a muchas colecciones privadas, lo que sí se puede decir es que tratándose de salvar al planeta con la revalorización de nuestros desperdicios hay artistas que podrían recibir el Premio Nobel de Ecología. La obra completa de Gabriel Orozco, Klara Liden, Karla Black, Gabriel Kuri, Eduardo Abaroa, B. Wurtz, Cildo Meirelles, y una lista interminable de artistas que hacen su obra con lo que debería estar en un vertedero. Su magnánima decisión de elegir un objeto, sobrevalorarlo y darle la condición de arte es una imposición que se queda corta con el esfuerzo que hacen buscando entre la basura y darle una segunda vida a algo que ya estaba desechado. Los artistas que intencionalmente se alinean en el término de ecológicos y que su discurso se centra en hacernos pensar en algo que ni ellos alcanzan a entender y plantear con certeza y coherencia, utilizan un tema para, como muchos políticos y ONGs, conseguir respetabilidad y un aprecio hacia sus obras expoliando el membrete social. Su sistema de trabajo es ejemplo de la depredación humana; sin lograr crear con autonomía, se apoyan en oceanógrafos, investigadores, botánicos, científicos, escritores, la comunidad, etcétera, para retroalimentarse y crear obras interactivas y participativas. Esta enorme lista de involucrados varía según el tema, el espacio y el material, pero la constante es que ésta es una de las ramas del arte que más apoyo requiere porque el artista carece de la iniciativa y los conocimientos generales para crear su obra. Con su posición de concientizador de las masas, de profeta que nos dice qué hacer y qué no hacer, poseedor de la lámpara de Diógenes que nos guía en la oscuridad, el artista, armado de un equipo multidisciplinario hace obras que en la mayoría de las veces atentan contra la ecología y la ética con que debemos tratar a la naturaleza.
Ann Hamilton Privation and Excess   
 Las obras de Ann Hamilton, artista militante y ecologista a ultranza, son una oda al desperdicio del que se supone nos tiene que hacer consientes. La instalación Corpus, en el piso de la sala del MoCA de Massachusetts, del tamaño de un campo de futbol, cubierto con miles hojas de papel. En la instalación Privation and Excess colocó 750 mil monedas de un centavo sobre un piso cubierto de miel, en otra área del museo metió dos ovejas en una jaula improvisada, sometiéndolas a un estrés innecesario y peor al que la industria impone a estos animales. Este despilfarro de materiales, la utilización de comida, la crueldad animal, son evidentes pero la arbitraria y demagógica idolología del politburó de este falso arte, evita verlas, las aplaude y justifica la falta de ética porque la artista, en su omnipotencia, nos está aleccionando de algo que tiene que ver con la conservación de nuestro planeta.
Mierle Laderman Ukeles
 Mierle Laderman Ukeles, otra activista de la basura, hace planos de los vertederos del estado de Nueva York y parte de sus performances es limpiar a fondo el museo, (si ella lo limpia es arte, si lo hacen los encargados de mantenimiento no es arte, es su trabajo). En otra obra pone a desperdiciar diesel a dos excavadoras para que hagan una coreografía. También llenó la sala del museo con 600 toneladas de vidrios rotos. Despilfarro, generación de basura, y gasto inútil de materiales. Su obra se concentra en hacernos sentir culpables de la basura que se produce y lo hace llevando toda clase de desperdicios al museo, ya en 1983 el Islip Art Museum en Long Island el personal de limpieza levantó su instalación antes de la apertura del show y la regresó de donde venia, al vertedero.

Marcela Armas, Exhaust
La obra de Marcela Armas, Exhaust, que, según ella, trata sobre la contaminación, es contaminación lo que produce. Inflar con el humo que producen los motores encendidos de varios automóviles una réplica de iguales dimensiones de una columna de un paso a desnivel, es un atentado contra el ambiente. El uso normal de esos carros genera trabajo, la obra de ella es ociosidad que no genera algo útil y en el momento de vaciar esos inflables esas toneladas de monóxido de carbono se fueron al aire, incrementando el problema, que se supone, está denunciando.
La contradicción entre lo que en verdad hacen y el discurso es parte de la ideología de este arte de la basura que nunca logra empatar sus ideas con sus acciones y objetos. Como en la demagogia, estas contradicciones son invisibles para los seguidores de sus obras. Es la ventaja de subirse a la tribuna de un tema políticamente correcto.  Los trabajos de jardinería, llevar macetas al museo, pintar casas, realizar encuestas, grabar el ruido de las calles, sembrar árboles, colocar tiendas de campaña o peceras en donde deberían estar obras de arte reales, son versiones del arte ecológico. Para resolver el problema de la degradación ecológica del planeta, para trabajar en él con objetivos serios y continuidad ya existen instituciones y organismos internacionales que lo hacen, ¿en qué momento el auto nombrado artista aspira a que su intervención sea una ayuda para este problema? Esta arrogancia, que se limita a una sala de un museo, a la invasión de espacios urbanos comunitarios, en realidad es una salida de emergencia.
Las obras al carecer en su esencia de propuestas estéticas se refugian en propósitos sociales y discursos morales. La salida de la ecología permite que una persona haga una instalación de ramas secas y pasto amarillo y le llame arte con un “benéfico” mensaje social. Los artistas con estas obras no realizan ni una mínima parte de lo que en realidad se requiere, además, banalizan el problema y en muchos casos ellos mismos son una fuente de contaminación, despilfarro y abuso animal. Trabajan sin una metodología real y sin acciones sistemáticas y contundentes que puedan aportar para resolver el problema. Esa evidente demagogia les trae grandes ventajas porque les abre la puerta a financiamientos, becas, exposiciones. Las instituciones les otorgan apoyos porque con estas obras sin valor estético se desatienden de llevar a cabo acciones reales. Y ya sabemos, no aportar a estas obras es estar a favor de calentamiento global, de la sequia o con lo que el artista desee chantajearnos. La dictadura de las buenas intenciones es implacable.

Publicado en la Revista Replicante

7 comentarios:

Eduardo Alvarado dijo...

Demagogos!

Alejandro Contreras dijo...

La peor burla no es solo que esto se trate de llamar "ARTE", es como la gente con dinero desperdicia pagando por esas cosas solo para decir que apoyan una buena causa. un circulo vicioso tremendo el que expones en este texto donde lo único que se puede observar es lo corrompido del sistema

Rey dijo...

Además es un tema que no incomoda a nadie, pero vaya si ¡protesta! Los lectores les califican de "demagogos" los deconstruye Lésper, el público queda indiferente o ausente de las salas (este material es exclusivamente de museo, nada menos no merecen) y los curadores, seguramente discretos lectores de este blog, siguen con su discurso mal redactado y peor pensado porque, ¿quién está peleado con el discurso sustentable y financiable por las fundaciones analfabetas que deducen impuestos con esta basura?

. dijo...

Hola, Avelina. No encuentro tu dirección de mail es por ello que te escribo por esta vía. El próximo martes 15 de mayo a las 6.30 pm, se inaugurarán dos exposiciones paralelas en el Palacio Nacional. Al equipo que hemos estado trabajando en ellas y en especial a mi, nos gustaría contar con tu presencia.

Ambas exposiciones tienen por tema la Intervención Francesa en México, en especial la Batalla de Puebla y en ambas se trata de trabajos desarrollados desde la gráfica, el tono de ellas oscila entre lo sarcástico y lo épico, una de ellas se llama "Constantino Escalante: Estampas de la Intervención Francesa" y la otra se llama "05.05.1862", a cargo de Omar SM [yo(arenaldelineas.blogspot.mx)]; cabe decir que la de Constantino Escalante es un visión de la batalla justo en el momento en que esta sucede y la que yo he propuesto retoma el mismo tema para trabajarlo desde la actualidad. Mismo tema, siglo y medio de diferencia. Amabas exposiciones van a la par de un ciclo de conferencias "A150 años de la Batalla dePuebla. Reflexiones en torno a su conmemoración" que se estarán llevando a cabo los martes de mayo y junio. Aunque la exposición durará tres meses, espero puedas asistir a la inauguración. El lugar es en Palacio Nacional, Recinto Homenaje a Don Benito Juarez, Tercer Patio Mariano. Buen día.

Anónimo dijo...

Afortunadamente mucha gente está despertando y ya no se deja engañar, este tipo de manifestaciones de la mediocridad pronto irán desapareciendo como la moda que son, en cambio la pintura y la escultura volverán a ganar terreno,sólo bastaba echarle una mirada al facebook del Maestro Arturo Rivera, donde muy constantemente subía imágenes de pintores de gran calidad y la respuesta que tenía era asombrosa, lamentablemente desde ayer SU CUENTA ESTÁ CENSURADA, justo cuando comenzaba a publicar la obra de grandes talentos mexicanos.
Roge Silva

luis blanchard dijo...

La mediocridad crece al ritmo con que lo hace la basura , y al ritmo con que se consume el petroleo ...
El futuro es negro ...
Estos seudo artistas , han pasado a ser lo que definian los rusos de la era comunista : idiotas utiles...

Anónimo dijo...

Excelente nota! Soy activista ambiental y me identifico perfectamente con el tema, y no sólo en cuanto a arte sino en cada vez más ámbitos de nuestra cotidianidad en los que creer que para proteger al planeta a que "pintar todo de verde"... pero soy positiva y creo que hay muchas más personas conscientes de lo que creemos. Saludo y bendiciones!!

Giuliana
Argentina
IG: @thechaina