lunes, 19 de marzo de 2012

GENITALIA, FRUTAS Y MILAGROS.

La adoración de un seno que se ofrece como un fruto colectivo. Jacob Jordaens concibió la composición de La Adoración de los Pastores, para centrar la atención de la pintura en el seno de la virgen, redondo, pesado. La luz emana de él, los pastores voyeristas rodean con avidez a la virgen que presiona y dirige su pezón a la mirada del espectador, de ese ser que través del tiempo contempla esta pintura con la impudicia de la primera vez. Jordaens trabajó a las órdenes de Rubens y es perfectamente visible su influencia: ilumina la carne, la piel, los músculos, con ese hedonismo que invita a tocar, a imaginar la indolencia con que se prodigaban esos cuerpos para saciar sus apetitos. En La Adoración de los Pastores hombres y mujeres se extasían ante la belleza de la generosidad con que la Virgen comparte su seno, como presiona para que la leche brote. Una mujer no resiste y acerca la mano para sentirlo.

La escena invoca a la maternidad sensual, la que es consecuencia de un coito apasionado, la virgen se descubre como amante que amamanta, como fuente de alimento y seducción: el lazo imborrable de nuestros primeros apetitos, saciados con órganos sexuales, erógenos. El claro oscuro es un lenguaje en sí mismo, nos dice qué es lo que debemos mirar. Ante un portento inexplicable la luz dorada crea una intimidad tibia, se proyecta de abajo hacia arriba y desde la madre, dando a los rostros definición y temperatura a la piel. Es ya un lugar común confundir perfección o virtuosismo con realismo. En esta escena, en la que todo es creíble por su fidelidad a nuestra naturaleza, no hay realismo, todo es inventado: la composición, la caverna iluminada por una fuente de luz sobrenatural que nace de seres que son opacos, el atrevimiento de la virgen al mostrar su seno con mirada inocente y las sombras en los pliegues de las telas. Una anécdota tan simple como la de una mujer que está a punto de alimentar a su hijo se convierte en una historia fantástica en la representación.

La pintura flamenca, con la presencia de Rubens como un canon estético, se volcó en la sensualidad cotidiana: si el tema era religioso o una naturaleza muerta la atmósfera exudaba la necesidad de gozar. Las frutas en la mesa, derramándose, con profundidades genitales, de colores maduros, casi putrefactos, dulces, el fondo oscuro de la habitación cerrada, de la privacidad que exige el libertinaje. El Descendimiento de la Cruz de Rubens, es un homenaje al cuerpo masculino del ideal griego, de los esclavos que conseguían la libertad en una gesta olímpica y de la desnudez de sus dioses. La luz de Rubens se desliza por una tela blanca que forma un aura que se desvanece y que cubre con delicadeza lo que los pliegues denuncian. El falo de los dioses también hace del misterio su verdadero poder. El rostro de un hombre está al nivel de los genitales del héroe. El peso del cuerpo que se vence complica la composición, es una coreografía desesperada que evita que el cadáver quede expuesto, que su deifica condición se vea tan cercana a la humanidad. El rostro conmueve por la boca abierta, los ojos cerrados, los rasgos relajados, es la pequeña muerte, la placidez del que ya se entregó, del que ya gozó. Rubens hace de la sangre y la musculatura la verdadera mística de la imagen, la santidad del cuerpo desnudo, del origen profanado por heridas.


Sacrifica lo que debería seguir existiendo para ser adorado, poseído, dejándonos la desolación del deseo. En sus sonetos, Shakespeare trata de convencer a su amante de que su belleza lo obliga a dejar descendencia. La descendencia estética de Rubens es la aventura lúdica de disponer de parábolas religiosas para celebrar al cuerpo. No existen placeres discretos: para Rubens y Jordaens cada pintura es una bacanal de color, forma, composición. Un platón de uvas, con una granada que es un orificio genital; los culos suaves del Sueño de Venus de Jordaens después de una orgia agotadora en medio de un bosque; los contrastes de humedad, penumbra y luz de Rubens. Son una invocación al epicúreo, libertino y sofisticado barroquismo de la sexualidad que se promete en la convicción de que no hay más que una condición y es física, temporal y egoísta.
Arte Flamenco del siglo XVII. Colección del Museo Real de Bellas Artes de Amberes. Museo Nacional de Arte MUNAL. Hasta el 22 de abril del 2012.
Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario el sábado 17 de marzo del 2011.

8 comentarios:

Carlos ZerpAbzueta dijo...

RESULTA CURIOSO Y UN POCO EXTRAÑO QUE EN EL SIGLO XXI UN CRITICO DE ARTE TAN AGUDO DESCRIBA UNA OBRA CENTENARIA CON TAL NIVEL DE DETALLE Y PASIÓN, AL CONTARNOS SU PASEO PAUSADO Y MILIMETRICO POR EL RESULTDO DE UN PINCEL PRECISO Y MUY COMPROMETIDO CON UNA REALIDAD QUE LA FOTOGRAFÍA NUNCA HUBIESE PODIDO CAPTURAR. RECONFORTA SABER QUE ESOS PASEOS SON JUSTOS, NECESARIOS Y MUY OPORTUNOS EN UN MOMENTO DE RE-ENCUENTRO CON UNA REALIDAD QUE DEJAMOS AFUERA MIENTRAS NOS DIVERTÍAMOS EN UNA RUIDOSA FIESTA DEPREDADORA DE LA CUAL AHORA NADIE SE HACE RESPONSABLE. LA PINTURA PINTURA ESTA ALLI PARA RECORDARNOS LO QUE SOMOS Y NO DEJAREMOS DE SER A PESAR DE ESAS AVENTURAS EN LA QUE LA HUMANIDAD PARECIERA EMBARCARSE VOLUNTARIAMENTE CADA CIERTO TIEMPO.

Anónimo dijo...

Brillante como siempre. Sugerencia; antes de la era digital, veíamos a Rembrandt, Rubens y otros, amarillos y con colores empastados (como las primeras fotos en el articulo) y crecimos pensando que los originales eran así, cuando se trata de todo lo contrario. Cuando descubri Google art, me dije; esto es revolucionario, se hizo justicia con el arte exquisito. Pero tambien en Flickr u otras web existen buenas fotografias. saludos, enrique

José Luis Muñoz dijo...

Muy acertados tus comentarios. La sensualidad está muy presente en la pintura de toda esa época, hasta, como bien dices, en la de temas religiosos. La historia de la pintura está llena de Venus retratadas en prados en actitudes claramente postcoitales. Siempre me di cuenta de ellos por la lasitud de sus miembros y la mostración de sus cuerpos ya colmados por el placer. Hay un cuadro muy curioso, creo que de la época flamenca, en donde dos damas muy elegantes y nobles se pellizcan los pechos una a otra. ¿Se sabe la historia y el significado de ese lienzo?

Cristina López Casas dijo...

buen texto, Avelina! el final me dejó pensando en Sade, por supuesto.

eric dijo...

Avelina muy interesante tu artículo, es muy enriquecedor todo lo que puede haber detrás de una pintura, sus diferentes significados, para comprender más a fondo una obra como las que reseñas, sigo aún con la duda si realmente Jordaens y Rubens quisieron expresar precisamente todo eso que tú mencionas en sus cuadros o sólo una parte, vaya no sé cuánto puede ser producto de una meditación profunda y cuánto de acometidas no planeadas sobre la marcha en una creación artística... Pero celebro que tengamos estos testimonios que gente como tú los estudia y nos hacen ver cuestiones que no veíamos antes...

Alejandro Contreras dijo...

pero ahora somos bastante mojigatos, no?, digo, así se explica que en vez de hacer obras como estos grandes maestros hicieron, nos enfocamos a pensar que un colchón con cobijas y unos condones regados en el piso de la galería irradian erotismo.

Muy buen texto

Lenin Rojo dijo...

Leo todo el tiempo a mis alumnos y a todo aquel que me quiere escuchar la pagina 32 del libro la rebelión de las masas de Don José Ortega y Gasset, Y cito
La única diferencia radical entre la historia humana y la historia natural es que aquella no puede comenzar nunca de nuevo,Kohler y otros han mostrado cómo el chinpancé y el orangután no se diferencia del hombre por lo que, hablando rigorosamente, llamamos inteligencia, sino porque tienen mucha menos memoria que nosotros.Las pobres bestias se envuentran cada mañana con que han olvidado casi todo lo que han vivido el día anterior, y su intelecto tiene que trabajar sobre un mínimo material de experiencias.Parejamente el tigre de hoy es idéntico al de hace seis mil años, porque cada tigre , tiene que empezar de nuevo a ser tigre, como si no hubiese habido antes ninguno.El hombre en cambio ,merced a su poder de recordar, acumula su propio pasado, lo posee y lo aprovecha.El hombre no es nunca un primer hombre,comienza desde luego a existir sobre cierta altitud de préterito amontonado.Éste es el tesoro único del hombre su privilegio y su señal.Y la riqueza menor de ese tesoro consiste en lo que de él parezca acertado y digno de conservarse: lo importante es la memoria de los errores, que nos permite no cometer los mismos siempre.El verdadero tesoro del hombre son sus errores, la larga experiencia vital decantada gota a gota en milenios.Por eso Nietzche define el hombre superior como el ser de más larga memoria.
Romper la continuidad con el pasado, querer comenzar de nuevo, es aspirar a descender y plagiar al orangután. Hasta aquí la CITA
Creo que los paralelismos con lo conceptual y demás expresiones conteporáneas son evidentes y viene a cuento porque me gusta que no sólo criticas esa desmemoria sino que vuelves a recordar cuál es nuestro pasado.
Un abrazo

AMALTEA dijo...

La representación de cuerpos en escenas bíblicas, no escapa de lo que es consustancial a la carne: la sensualidad, que por más sacralización que se le haya atribuido al personaje(la Virgen, por ejemplo) No escapa a la belleza que le ha transmitido el artista. ¿Cómo no emocionarse ante un Cristo sufriente o una madre que amamanta?
Sentimos la tracción por lo simbólico y lo terrenal. Porque a diferencia de los simios, no olvidamos, la historia humana -la occidental- está construida de imágenes y relatos. Un abismo de símbolos que marcan nuestra existencia.