sábado, 29 de octubre de 2011

MARTHA PACHECO, DELIRIO Y CADÁVER

Martha Pacheco, Dibujo al carbón.

La turbación que despierta la obra de Pacheco es una forma de admiración. Este corpus se bifurca entre la soledad de la demencia y la soledad del cuerpo despojado de vida y nos enfrenta a los sublimes y trágicos extremos de la condición humana. A los cadáveres y a los dementes les negamos la mirada, volteamos a otro lado, cerramos los ojos. Pacheco no es así, ella los abre, se detiene en una contemplación piadosa, estética, analiza la mirada del alienado, la rigidez del asesinado, la sangre seca, el pelo sucio. No tiene pudor, carece del prejuicio religioso y cobarde de la mayoría. Me dice: “De qué se asustan si para allá vamos todos”. Con el arte vacío que tenemos hoy cómo no se van a asustar con la obra de Pacheco, con la belleza de sus pinturas en las que estudia las heridas de la tortura, aplica decenas de capas de color hasta conseguir los tonalidades moradas y negras de los golpes que mataron a un hombre de unos treinta años, sin nombre, que no tiene familia, que yace en el limbo de una morgue. Estas pinturas no hablan de la muerte, -que es un instante, es un black out-, hablan de la descomposición del cuerpo inerte, martirizado.

Martha Pacheco, Autorretrato, Dibujo al carbón.

Martha Pacheco. Dibujo al carbón.

Martha Pacheco. Óleo sobre tela.

En un escorzo en el que el forense ha serruchado la cabeza de un hombre y sacado el cerebro, las texturas son nítidas, la policromía del plástico azul de los guantes, los órganos expuestos, el metal de la plancha, la piel sin calor. “Los cadáveres son amarillos” revela Pacheco. Inició esta pintura, cayó en crisis psicótica, se internó en el sanatorio y la retomó a su salida. La imagen es un viaje por su dolor y el abandono del cuerpo de un ser humano. Llegó a la solución de la composición en un momento de lucidez: el rostro del hombre está cubierto por su propio cuero cabelludo, la mano enguantada del forense entra con un cuchillo y hace un corte. El cuerpo estático es un objeto que se manipula para entrar en su misterio.


Martha Pacheco, Autorretrato.

En los dibujos al carbón los pordioseros dementes están acompañados de un perro callejero; primero nos abandona la razón que un perro. Pacheco dibuja con detalle a este lazarillo que guía por la penumbra de la locura: cada pelo, la musculatura relajada, la presencia coherente, leal. Un colgado, los pies suspendidos y abajo, paciente, una hembra con las tetas flácidas cuida el cuerpo, ella no lo dejará, ella sabe que la calle es cruel para los locos y los perros. En el piso duermen el indigente y el perro, descansan, el papel está cubierto con un fondo negro carbón, el perro en primer plano, el hombre en perspectiva se fuga, las dos cabezas juntas, y la paz del sueño.

Martha Pacheco, Dibujo al carbón.

Pacheco se autorretrata en un dibujo que contiene su drama y su búsqueda. Desnuda está a punto de lanzarse por una ventana. Un testigo desquiciado grita algo, ella mira al vacío, el cabello le cuelga, la vida la lanza, y el arte la detiene. La existencia luminosa, placentera, plena de Pacheco está en la creación. Perturba ver virtuosismo y perfección en imágenes atroces. Esta inmersión es exhaustiva y sobrecogedora, hay una sabiduría enorme en el cuidado de la representación, en la fuerza de la composición, una humildad que la obra exuda y que nos llena de preguntas. Tenemos idealizada y sobrevalorada a la existencia, negamos la fatalidad de que eso que les pasó a otros nos puede pasar a nosotros porque estamos hechos de la misma materia; somos carne, tejidos, órganos que se pudren sin vida, somos inteligencia susceptible de degradarse hasta extinguirse y habitar en la no vida de la demencia. Lo que Pacheco delata en estos dos episodios de su obra es el dolor incontenible, el del cuerpo destrozado, el final violento, y el del espantoso claustro de la locura. Pacheco desmitifica nuestra presencia, nuestro sentido, es la cruda y apabullante verdad de una parte de nuestro ser.

YO ACUSO.

A la exposición Antológica de Martha Pacheco le negaron todos los museos de la UNAM y de Bellas Artes en la Ciudad de México y lo hicieron personalmente sus directivos. Si los directivos y sus curadores son tan cobardes, mojigatos e ignorantes para negarse a exponer esta obra en los museos, por favor lárguense de ahí. Ya basta de su dictadura y su arbitrariedad. Los museos no son suyos. No hagan un uso corrupto e irresponsable de las instituciones.


MARTHA PACHECO, EXPOSICIÓN ANTOLÓGICA.

MUSEO DE ARTE DE ZAPOPAN, JALISCO.

Hasta diciembre del 2011.

Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto de Milenio Diario el sábado 29 de octubre del 2011.