domingo, 18 de diciembre de 2011

FALSO O VERDADERO


That's a compliment when somebody makes someone else’s art.

Andy Warhol.

Those portraits, that’s why he did that. Because it’s so simple to do. It was so easy to do. But, you had to have that convincing...”This is art” “This is it.” This is it. Because if you are an artist and you create that thing, that’s Art. No matter how it comes out. No wadding them up and doing fifty of them before you get the right one you want. Every one you make is art. That’s a Duchampian thing.

Louis Walden, colaborador de Warhol.

Recientemente disolvieron el Consejo de Autentificación de la Fundación Andy Warhol. Esta oficina, envuelta en constantes problemas por sus decisiones acerca de la autenticidad de obras de Warhol que ya habían sido subastadas o que estaban a punto de serlo, llegó a la conclusión de la inutilidad de sus servicios.

Partamos de que la idea de hacer retratos en serigrafías no fue de Warhol sino de un amigo de él, Gerard Malanga, y las decisiones de color se tomaban en grupo. Cuando Warhol estaba en la realización de sus Red Self Portraits, el editor de Tape Recorder magazine, Richard Ekstract, tomó los acetatos y le pidió permiso a Warhol de enviarlos a un taller de serigrafías para que los imprimieran, el proceso era más barato y más rápido que en la Factory.

Warhol dio las instrucciones a los técnicos por teléfono, nunca fue al taller. El resultado más industrial le agradó y le permitió mantener las “manos fuera del trabajo” y acercarse a la idea de Duchamp del arte deshumanizado. Esto se convirtió en una costumbre en la producción del resto de sus serigrafías.

Ya en los 80´s contrató a un impresor que trabajaba con varios asistentes en el sótano del edificio de la Factory y vendía serigrafías por su lado, y Louis Walden -colaborador en la Factory- se jactó de hacer las mejores serigrafías de Warhol, y de hecho una de las series de Marilyn es de él. El caso es que los Red Self Portraits fueron rechazados como auténticos. Y ahí está la controversia.

Si las obras que no tienen el toque directo del artista van a ser dictaminadas como falsas, entonces, la gran inmensa mayoría de las obras del arte contemporáneo se pueden considerar falsas. Duchamp, haciendo alarde de su distancia con el objeto y la irrelevancia de la autoría, firmó el urinario con otro nombre: para ser autor de algo que no necesita autoría sobra el nombre del supuesto artista. Deja de existir el arte autógrafo. Para Warhol, como para Duchamp, lo importante no era hacer la obra, era aportar la idea, el arte está ahí sin que el artista meta las manos. Si la idea es lo que trasciende de la obra, si no hay que hacer la obra para que no esté contaminada con el trabajo manual y la autenticidad del objeto no es primordial, entonces tampoco es necesario que la obra provenga del artista. Es decir, si ni el origen, ni la factura, ni la autenticidad son válidas, ¿para qué se busca un original de un ready-made o de un objeto mandado hacer? No tiene sentido.

Si los warhols son fabricados en talleres con instrucciones telefónicas desde que el artista estaba vivo, hoy mismo reproducir un Warhol lo hace auténtico porque esas instrucciones están vigentes. No hay serigrafías falsas, como no puede haber urinarios falsos, ni cajas de zapatos falsas, ni perros metálicos falsos. En consecuencia las originales tampoco tienen valor. Y los coleccionistas en lugar de pagar dinero por esas obras pueden, siguiendo los preceptos del arte, hacerse de sus propias obras. El sentido de tomar un objeto prefabricado como obra o mandar hacer las cosas a talleres, es precisamente para no hacerlos, la autoría es algo que sobra.

En la teoría de Danto de la “indescernibilidad perceptual” la diferencia entre un objeto artístico y uno de la vida real, es ontológica. Esta ontología responde a una intención o cualquier pensamiento arbitrario que le dé un valor al objeto y lo haga “diferente” de uno real. Este valor ontológico es inasible, invisible, indemostrable y aleatorio, entonces lo puede aplicar quién sea, y consistir en la idea qué sea. Con esto la reproducción de una obra de arte es válida, fácil y con valor estético y económico. Los coleccionistas con un catálogo en la mano pueden “reproducir” las obras de arte que deseen y manifestarlas como auténticas, puesto que esa autenticidad no es exclusiva del autor, ni de nadie. Los objetos masificados tienen esa característica, son antes que nada algo prefabricado, sin autoría, hasta la sangre y toda parafernalia del llamado “narco-arte” son objetos prefabricados o hechos por otros.

Este anti arte, tan proclive a las utopías, ha creado una más en donde todo es auténtico, poniendo al alcance de cualquier comprador una obra. Es la verdadera democratización del arte. Para empezar que sigan el ejemplo de Joseph Mugrabi, el mayor coleccionista de warhols, y manden hacer varios en los talleres de serigrafías. Con esto no hay excusa para que los museos incrementen sus acervos de arte contemporáneo, desde ready-mades, objetos intervenidos e instalaciones, cópienlas, cómprenlos en los supermercados. Estos objetos, con su intencional simpleza, hacen aun más fácil la tarea de reproducirlos. Los museos no deben perder la oportunidad de hacerse de miles de obras con un mínimo de inversión. Todos son auténticos y la “indescernibilidad” entre unos y otros es un asunto ontológico.

Publicado en la Revista Antídoto.

5 comentarios:

AMALTEA dijo...

No hay arte falso, ni la primera Gioconda es mejor o más auténtica que la número un millón que sale de las reprografías. El "valor" del arte reside en la idea y su concreción en un objeto físico -o no- La cuestión es que el mercado le atribuye un contenido monetario muy relevante a determinados artistas y las obras salidas de sus talleres. Está claro que en el caso de la literatura, un manuscrito reproducido un millón de veces no disminuye su valor por más copias que se hagan. Conclusión, hay una voluntad explícita en hacernos creer que un Monet de 20 euros no es arte "verdadero" y que no vale más que el precio de la lámina, mientras que el valor del original es una operación económica de alto vuelo.
Muy interesante la entrada, abre una rendija para darle la vuelta al concepto de arte genuino.

pabgus dijo...

las ideas detrás de la gioconda, “el triunfo de baco” de velázquez, o los homónimos “judith y holofernes” de caravaggio y goya, tal vez puedan ser comprendidas sin necesidad de un original. hoy, gracias a los libros y otros medios de difusión podemos disfrutar de ese tipo de obras que la cultura ha dado. como entes culturales puede que valgan lo mismo en una edición de taschen que de rizzoli.

sin embargo, las artes plásticas tienen otra clase valor que no está presente en la literatura: no las podemos disfrutar por entero en los medios de difusión masiva, únicamente de forma parcial. ver los trazos, la caligrafía, de un manuscrito de james joyce no va redundar en una apreciación, complementaria y enriquecedora de su ulises. ver en vivo una pintura, o una escultura, siempre va a generar un impacto intelectual distinto en el espectador de aquel que se da cuando la obra se percibe por medio de sus distintas reproducciones.

en directo, una pintura hace evidentes toda una serie de detalles imposibles de apreciar en sus copias masivas. hay pintores que usan capas muy gruesas de material que generan relieves, sobre el lienzo, de varios milímetros de altura. en vivo, en distintos espacios, con distintas iluminaciones; esos relieves generan efectos ópticos improbables de apreciar en una reproducción de offset. con la escultura ocurre lo mismo; es muy diferente apreciarla en fotos de libros que en vivo, que estar a centímetros de ellas.

en ese momento es cuando se valoran los originales o, cuando menos, las buenas copias que son imposibles en masa. ahí en donde se aprecia la pericia técnica y metodológica de quien emprende la obra. ideas tenemos todos, ideas buenas, incluso; es algo ineludible de la naturaleza humana. la capacidad apropiada y los medios para realizar cada una de esas ideas....no siempre...¡y es algo para valorar!

gene roddenberry imaginó algo muy parecido a un teléfono celular para su serie star trek. años después, lo inventaron en motorola, bajo la guía de martín cooper. hoy todos los usuarios de esa clase de aparatos le debemos las gracias a cooper, no a roddenberry, por más fanatismo que se tenga de la serie: cooper fue quién tuvo la pericia de realizar la idea, de la que no tenía el monopolio el director de televisión.

Sergio Meza C. dijo...

Comenzaré a cpmentar por acá; este blog es bueno; lo incluí en mi listado de visitas periódicas.

Felicitaciones y mucha suerte.-

Dr Digginit dijo...

Dijo Gandhi: "Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca te disculpes por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo.
Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno sólo, la verdad sigue siendo la verdad."

Yo estoy totalmente convencido que definir que es arte, se ha convertido en una tarea sin sentido, en donde personas ajenas a la creación de este, (Galeristas, curadores, críticos) como en cualquier otra mafia, favorecen a sus compadres, comadres, amigos y amantes, o el primo de un amigo, dejando en el olvido y sin posibilidades de superación a artistas serios que estudian, investigan, y perfeccionan sus técnicas a lo largo de sus vidas y no reciben apoyo de difusión y claro, ganancias económicas que les ayuden, un artista verdadero, sin recursos, puede tener una idea mas interesante que llenar con bananas una combi, o mandar imprimir una serigrafía de su cara, si tuviera los recursos para esto seguro no tirarían su dinero a la basura comprando objetos de flea market y amontonándolos en una sala de exhibición, sobre todo después de lograr con un miserable pedazo de tela embarrado con pigmentos y aceite de linaza, (unos cuantos dólares) una pieza de una riqueza inigualable.

Siglos de investigación, por cientos de artistas, tirados a la basura por un puñado de gente ignorante del tema, y millones de pseudo-artistas produciendo basura.

Anónimo dijo...

Avelina eres fabulosa!