lunes, 3 de octubre de 2011

LOCURA Y CREACIÓN.

E.T.A. Hoffmann, dibujo.

Hay momentos de la vida humana en que se escuchan voces misteriosas.

-Schiller.

¿Por qué pienso dormido y me despierto tan a menudo en la locura?

-E.T.A. Hoffmann.

EL TEMA MÓRBIDO COMO OBSESIÓN.

Uno de los peores destinos a los que podemos acceder es la locura. El trayecto que recorre desde la cordura hasta la demencia es un viaje duro, mórbido y terrible. La contradicción además sucede paralelamente a una vida creadora, y los accesos de locura se alternan con periodos de riqueza y productividad artística. Esto ha dado un aura de romanticismo a la locura y ha impulsado a muchos artistas a fingirse falsos dementes -Dalí con gran éxito, Leonora Carrington de cura espontánea, por ejemplo- y hacer de la actuación de un estado enajenado parte de su leyenda artística. Pero para otros fue un padecimiento que llenó de dolor sus existencias. E.T.A Hoffmann tenía una personalidad que oscilaba entre la exultante felicidad y romanticismo hasta la decepción y tristeza más profunda; se obsesionó en el pánico y la vergüenza del que tiene en su familia y en la sangre el estigma de la enajenación. En una etapa de su vida, en el piso superior de su casa vivía una infeliz enferma mental, esa presencia aterradora le recordaba que no estaba a salvo de habitar en ese sitio delirante. En el auto castigo analizaba y detallaba en su diario los movimientos, gritos y desvaríos de su vecina, y los comparaba con su propia angustia y cambios de ánimo. Sus cuentos describen todos los estados de insanidad mental posibles, desde la manía persecutoria, la depresión catatónica a los automatismos. Abordan un mundo fantástico en el que la irrealidad, el ocultismo y la demencia son el refinamiento del horror, ese que estudió Freud para explicar el fenómeno de lo siniestro. El relato sobre el joyero Cadillac es un tratado de esquizofrenia que se anticipó al Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson. Hoffman cuestiona si la personalidad degenerada es en realidad la auténtica, sumergiéndose en la locura hasta sus entrañas, provocando al dragón.

Franz Xaver Messerschmidt, Kopfstücke o Cabezas de Carácter.

PSICOPATOLOGÍA DE UNA ESCULTURA.

Franz Xaver Messerschmidt obsesionado como Hoffmann con la locura, detuvo su carrera comercial, canceló las obras que le comisionaron y se enclaustró en su casa, preso de sus propios fantasmas y delirios, los que retrató en esculturas de cabezas, las Kopfstücke o Cabezas de Carácter. En 1770 presentó los primeros síntomas de “confusión mental” y en 1774 cayó en estado de crisis al ser rechazada su candidatura para ocupar el asiento vacante en la Academia Vienesa. Uno de los motivos fue que tenía “una imaginación insana”. Estas cabezas retratan distintos estados de su propia enajenación, furia, miedo, angustia, hilaridad, todas llevadas al extremo, con el virtuosismo del que busca en la representación del mal la cura de sus padecimientos. Observándose en frente del espejo realizaba estos autorretratos lunáticos de tamaño natural, en metal o piedra. Sin apegarse a las descripciones de un texto de divulgación científica, Messerschmidt explora y se adentra en la relación entre fisonomía y psicosis, en las expresiones que surgen cuando se pierde el control muscular que da la razón. La demencia es el rompimiento con las reglas de convivencia, es antisocial; estas cabezas provocan la sensación que es ver a un demente, el terror ante la delgada línea que nos separa de ese estado. Una cabeza con una cuerda al cuello, que cierra los ojos y la boca con obcecación, negándose a lanzar el grito de dolor; en otras la boca se abre descomunal dejando salir el aliento de la desesperación. El psicoanalista Ernest Kris las diagnosticó como “psicosis con tendencias paranoides que encajan en un cuadro de esquizofrenia”. Lo importante sería saber qué clase de fantasmas invocó y multiplicó Messerschmidt frente al espejo en la creación de cada cabeza. Estas esculturas demuestran que el virtuosismo sobresale y se expresa superando la fuerza animal del delirio. Con esta secuencia del dolor y la desolación de una mente sin sosiego, el artista crea la catarsis de su propia experiencia de vida. Ese riesgo, esa aventura titánica, fue la última obra del escultor, que murió a los 47 años.

Franz Xaver Messerschmidt, Kopfstücke o Cabezas de Carácter.

LA EVIDENCIA CIENTÍFICA.

Haciendo a un lado a la psicología a la que Paul Flechsig le negaba el rango de ciencia exacta y la llamaba “la arena de las ocurrencias extravagantes de cualquier tipo”, para la psiquiatría la evidencia científica señala que la locura o los desequilibrios mentales no potencian la creación artística. Schumann componía dentro de un cuadro bipolar que lo impulsaba en su periodo maniaco a crear sin detenerse decenas de piezas musicales, pero sólo algunas de ellas eran extraordinarias. En sus periodos de depresión era incapaz de componer, hablar o convivir. Ingmar Bergman, al igual que Pascal Quignard, después de un periodo de producción artística se sumergían en el silencio, incapaces de pronunciar palabra durante meses. Dos sombras posan fatídicas sobre la creación, el desorden bipolar y la esquizofrenia. Esta relación ha impulsado el mito del temperamento artístico, Lord Byron, Van Gogh, Edgar Allen Poe, F. Scott Fitzgerald, Virginia Wolf, William Blake, Sylvia Plath, Hemingway, Strindberg, Artaud. Con una incidencia más grande entre escritores que en otros artistas. Aunque los estudios se han realizado sobre artistas contemporáneos, los diarios, escritos y obras biográficas han permitido analizar sus experiencias y llegar a conclusiones, la cuales, más que nada, especulan y meten en catálogos a sus padecimientos mentales. Según los estudios, el temperamento artístico posee altos niveles de auto suficiencia y un ego fuerte, y es proclive de inventar ideas y pensamientos bizarros en una proporción mucho más alta que la población, digamos, normal. Esta afirmación ambigua e inexacta se puede aplicar a un político o a un asesino serial. Los expertos al tratar de relacionar la locura, el genio y la creación artística se encuentran con la contradicción de que por un lado la evidencia científica arroja pruebas de la simbiosis entre los desórdenes mentales y la creación, pero esto estigmatizaría a todas las personas con capacidades artísticas pues serían tomados como enfermos mentales potenciales.

Van Gogh, Noche Estrellada.

LA SINTOMATOLOGÍA DEL GOZO.

¿Esa locura cuánto ha aportado a lo obra de los artistas o hasta que punto la ha frustrado? El agotamiento mental de Van Gogh en gran medida fue por la relación tormentosa que vivía con Paul Gauguin, rebanarse una oreja, aunque exagerado, fue un chantaje amoroso, y ésos pueden llegar a los extremos más dramáticos, lo que en una pasión está permitido. Al ingresar al psiquiátrico de Saint-Remy-de Provence se aleja de esas emociones, se enclaustra para vivir en la realidad de la pintura. Cuando se disparó en el pecho, sus obras ya estaban en el mercado y venía de una producción desaforada. Sus colores revueltos con pinceladas centrífugas y repetitivas son producto de un análisis del movimiento de la luz, de una disciplina observadora que se impone a la desordenada pesadumbre de recrearse y engolosinarse con las emociones. La pintura poseía a Van Gogh, al suicidarse rompió con ella y dejó como venganza la sensación de vacío de las obras que no realizó. En el otro extremo la tristeza y la embriaguez de la cauda narrativa de Virginia Wolf y Sylvia Plath empapadas en las adictivas lágrimas de la depresión, hicieron que sus obras se centraran en el fenómeno de esclavizarse a los sentimientos. El incesto fue inseparable, sin esta droga tan embriagadora que es la tristeza, no hubieran creado nada. Su inspiración fue la morfina de ver sufrir a otros por el propio sufrimiento, tener el poder de magnificar lo minúsculo y llenar con esto páginas de auto flagelación. Sus suicidios, hasta cierto punto, llegaron con el agotamiento del tema, repetirse hubiera sido peor que la muerte. Eran adictas, viciosas de sus emociones.

Franz Xaver Messerschmidt, Kopfstücke o Cabezas de Carácter.

EL TEMPERAMENTO ARTÍSTICO Y EL TEMPERAMENTO NERVIOSO.

El temperamento es causa predisponente de la enajenación mental.

-Benedic Morel, Las enfermedades mentales, 1860.

El miedo del mundo, la lucha por encararlo y no huir, el miedo de la realidad, es la más real de todas mis experiencias.

-Tennessee Williams.

Los artistas son visionarios y trabajan con la materia que la normalidad reprime o inhibe: emociones, pasiones, lujuria, vicios. Dicen lo que nadie dice, exhiben lo que hay que ocultar y para hacerlo se revuelcan en la existencia y después se abstraen del mundo, en una contradicción intolerable para la sociedad. Estados alterados que frecuentemente se vieron potencializados con las sustancias, el alcohol, el ajenjo, la morfina, se cobraron más suicidios de los que la bipolaridad aspiraría. En el terreno que no entran las evidencias científicas y estudios, es que parece que la creación cuando se trata de una carrera profesional, de un proyecto de vida implica una carga muy dura. La responsabilidad ante la obra, enfrentarse al público, al lector, a las propias visiones y creaciones, a la posteridad misma, decidir inventar una forma de pensamiento o de representación de la realidad, empuja a un abismo que induce, traga y vomita angustia. La creación pone a prueba, encara con las limitaciones y posibilidades del artista; el fantasma del fracaso o el monstruo voraz del éxito son razón suficiente para iniciar manías persecutorias. La fatalidad de que la obra y la vida sean inseparables, y que en ese tan frágil e inestable panorama éste el medio de vida y sustento, puede crear una sensación muy lejana a la felicidad esquemática, utópica y artificial que envuelve al todo en un estado de ánimo uniforme. Entonces la locura está ahí, acechando para habitar con sus fuerzas oscuras el horizonte de quien al elegir la creación como destino, se exilia de la sociedad y se ubica en el terreno de lo anormal. Cuando Gregorio Samsa despertó convertido en un escarabajo, era el mismo Kafka despertando a su vocación de escritor; no era esquizoide, era autor. Ese es el primer paso para la locura.

Publicado en la Revista Replicante.

6 comentarios:

Dr Froid dijo...

Hoy los artistas contemporáneos posan un tipo de "locura" que hace sus vidas más interesantes y peligrosas. Demian mostraba el trasero y Tracy se metía monedas y billetes por la vagina. ¿Locos? hará falta la opinión calificada de un alienígena, pero fue el camino más corto a la fama. Los aristas locos conceptuales de hoy right now no comen mierda, la ennlatan (y la venden al museo)

Donato Grima dijo...

Si la locura en el artista no se traduce en genialidad, es simplemente estupidez.

Adolfo Preciado Solíz dijo...

Leí con mucho interés tu ensayo sobre la combinación de la creatividad artística y una mente, por decirlo de algún modo “alterada “. En principio si el artista es un ser con una agudeza más intensa de su sensibilidad a los estímulos de diversos tipos esto pre supone ya una personalidad diferente a la del promedio de las personas, para no hablar de normalidad y anormalidad, lo cual siempre será relativo. Es más la regla que la excepción, cuando uno lee detalles biográficos de mucho0s artistas, que se describan como víctimas frecuentes de depresiones, angustias, inseguridad y otras afecciones hasta llegar a la locura absoluta e invalidante y, no raramente al suicidio.
Lo que a mí me ha llamado la atención en muchos de estos casos, notablemente el de Virginia Woolf es la terrible insuficiencia de la ciencia médico que les tocó en suerte durante su vida. A esta escritora, todo lo que su médico le prescribía, según dice la su biografía escrita por su sobrino Clyde Bell, eran curas de reposo en el campo, largas horas de sueño, algunas gotas sedantes, quizás hidrato de cloral, muy usado por entonces, y otras cosas igualmente ineficaces.
Uno no puede menos de pensar que la medicina, hasta bien entrado el siglo XX, se limitaba a medio calmar algunas molestias y que la pobreza de los conocimientos y los medios disponibles fueron un factor importante en el triste desenlace y en la terrible vida de estos genios.

@moru dijo...

Avelina, como siempre un deleite leer tus ensayos. Hoy tuve la oportunidad de leer y saborearlos con más calma.
Hace algunos años estuvo por acá en Guadalajara Raúl Zurita poeta chileno y tuvimos la oportunidad de dialogar con él. Su obra refleja su dolorosa vida al igual que muchos de los artistas de los que nos comentas. Nos platicó que estuvo preso en un barco de la Armada,
experiencia que también se refleja en su obra, donde concibe la literatura
como la posibilidad de hablar y crear después del dolor y la tortura, donde
la palabra no es posible -así lo describe-. Cuando tenía como 20 años se intentó cegar con ácido y se quemó la cara, expresando por medio de este acto su impotencia frente a la realidad y expresarse sin palabras.
Entre sus expresiones artísticas está la escritura de poemas en el cielo en Nueva York con humo lanzado por aviones y el grabado del verso "Ni pena ni miedo" en el desierto de Atacama en Chile, que puede ser leído desde el cielo.
Seguramente ya has tenido acercamiento a su obra, que en general refleja ese sufrir que tienen la mayoría de los artistas.
Comulgo con Donato Grima en si la locura de éstos no se traduce en genialidad, es estupidez. Así es.

En uno de los párrafos escribes fisionomía -seguro error de dedo- es fisonomía. Sólo una pequeña observación. Un gran gusto disfrutar de lo que escribes. Te envío saludos afectuosos. Maru Vázquez

Cat Chow dijo...

Por dios, finalmente palabras justas sobre Sylvia Plath.

Médium dijo...

Recuerdo muy bien a una maestra de Historia del Arte que dijo que Van Gohg no pintaba desde su locura sino desde la parte más sana de sus ser. Con esta reflexión me mostró que la lucidez es necesaria para la creación sin embargo, un lúcido del todo no crearía, ¿para qué?, no hay motivo. La creación amalgama dosis de locura y de lucidez extremadamente sutiles.