miércoles, 26 de octubre de 2011

LA INSPIRACIÓN ESTÁ EN LA PANTALLA

Kaws, Spongebob, 2011.

La televisión, como elemento supuestamente indefendible de la sociedad, resulta el blanco perfecto. Criticarla es políticamente correcto. Su propensión endémica a la mala calidad en contenido y factura, así como su obcecación en proyectar que su programación se centra en la búsqueda frenética por el dinero de los anunciantes hacen de este negocio uno de los más fáciles de atacar. La televisión es un negocio y su pantalla es una ventana al país al que pertenezca: la sed de fama de los estadounidenses se refleja en decenas de reality shows. La aún inmadura y no asumida democracia española retrata sus miedos en una enorme cantidad de programas de tertulia zafios y vulgares que tienen paralizada a la opinión pública; la esencia del franquismo se vomita en mesas con participantes en los que la sentencia de José Millán-Astray, “¡Muera la inteligencia!”, es el guión de cada producción. En México la evasión se vacía en el melodrama, la fantasía de ser lo que no somos, la vida en la escalera de la casa, las clases sociales que se reinventan, la denigración de la pobreza: es ridícula y esperpéntica; la mitificación de la riqueza: son rubios, tienen implantes de silicona y sirvientes. Esa irrealidad es siempre mejor que cualquier instante de cruda verdad, la pantalla anestesia a la población del dolor de la pobreza, la violencia y la corrupción en la que agonizamos. Somos nuestra televisión.

Douglas Gordon, Star Trek: Predictable Incident in Unfamiliar Surroundings, Video 1995.

SI ES TAN MALA ¿POR QUÉ LA COPIAN?

La cuestión es que si la televisión no tiene salvación y no produce más que entretenimiento basura que hunde a la sociedad en la ignorancia, ¿por qué es la inspiración de gran parte del arte contemporáneo? Sus programas, anuncios, noticieros, sistemas de pensamiento, valores, lenguajes, héroes, personajes… todo es copiado e imitado. El arte, lejos de hacer una crítica a lo que la pantalla ofrece sin límite y que la sociedad traga con apetito voraz, toma su efectismo y lo reutiliza para sus propios fines.

La obra de Andy Warhol retomó la publicidad y la imagen de objetos de consumo como Coca-Cola y Campbell’s. El arte pop se limitó a seguir los pasos de los diseñadores de programas y publicistas para robar sus símbolos y relanzarlos como arte. La obra de Jeff Koons ha explotado infinidad de creaciones televisivas: Pink Panther, Popeye, Hulk, Odie, el perro deGarfield (por el que lo demandaron y lo obligaron a retirar la imagen). Douglas Gordon se robó para su video de 1995 Star Trek: Predictable Incident in Unfamiliar Surroundings las imágenes de esa serie de televisión de los setenta. Mark Leckey se ganó el premio Turner robando imágenes de Felix the Cat y los Simpsons, las cuales incluyó en un video titulado Industrial Light and Magic. Richard Prince se adueñó sistemáticamente durante años de las fotografías de los anuncios de cigarros Marlboro y las vende en 300 mil dólares. Takashi Murakami ha repetido a Pokemon y los personajes de manga. El artista urbano Kaws hace cuadros con Spongebob y los vende en 35 mil dólares. En el videoarte es ya un canon editar noticieros, programas de concurso, comerciales de toda clase de productos y series de televisión. Vemos exposiciones con maratones de los Charlie’s Angels o The Sopranos.


Jeff Koons, Popeye, oil on canvas, 2003.

Imposibilitados para crear sus propias imágenes, la televisión les aporta esa cuota de imaginación de la que los artistas carecen. La televisión no tiene aspiraciones de inmortalidad; de hecho, nada más lejano en sus objetivos que la permanencia, pues sus miras se lanzan a lo reemplazable, al consumo rápido y a que el olvido abra sitio en la mente del espectador y pida nuevos espectáculos. En cambio, se supone que el arte desea trascender. Así, como sucede con su adicción a la basura y a los objetos de consumo desechables, hacen de la telebasura un ready-made, lo perpetúan y lo llevan a un museo, un sitio que ni remotamente los dueños de los canales de televisión buscaron jamás para su programación.

El arte ha sublimado la zafiedad violando los derechos de autor de este negocio millonario por una sencilla razón: al depredar el contenido televisivo depredan al público. El arte hace de imágenes probadas, digeridas, admiradas y hasta idolatradas una forma de tener impacto en el público. No es gratuito que elijan programas y productos de gran éxito, se cuelgan de ese éxito: más que robar una imagen usurpan su poder mediático, algo que no alcanzarían de otra forma.


School of Saatchi.

AND THE WINNER IS…

Now I can tell you about the success, about fame. About the rise and the fall of all the stars in the sky.
—Madonna.

La televisión también impacta con su formato. El reality show del galerista y especulador de arte Charles Saatchi, School of Saatchi, es el medio masivo para hacer pública su capacidad de crear estrellas, anunciándose como “The King Maker”, “a Super Star”. Celoso de la fama que le regaló a un puñado de jóvenes desconocidos, Saatchi le dice al mundo que el verdadero genio es él, porque él inventa a la gente, él hace que cualquiera sea un artista internacional y millonario. Copia el formato de American Idol, pero aquí el show se cae a pedazos por varias razones. Por un lado, American Idol tiene un componente de emoción, la historia de cada concursante es un drama tremendo y éste inserta de inmediato sentimientos, eso crea identificación. Por otro lado, el talento en American Idol no se puede truquear, es evidente y eso provoca admiración, además los jueces son ultraglamorosos y tienen una vida complicada. En el de Saatchi no hay talento que defender, los concursantes presentan cajas rotas, sus correos electrónicos impresos y arrugados en bolitas, decenas de masas para pizza apiladas… Más que una escuela de talento parece un campus para los rechazados de la legendaria Animal School House, de John Belushi, es decir, el talento es “zero point zero”. Entre los jueces está la pesada Tracy Emin, a quien le urge un style consultant. Lo que Saatchi hace es seguir el patrón de existir a través del medio, pues no es suficiente ser famoso entre los millonarios, los museos y las casas de subastas, hay que ser famoso ante las masas, y para ello toma el medio más popular y se proyecta, se lanza a sí mismo al estrellato: “Saatchi Idol”. Los aspirantes a artistas buscan exactamente lo mismo y brincan en dos trampolines, el de un galerista que los utiliza para convertirse él en una estrella y el de un medio visto por millones de personas. El sueño de ser reconocido en el supermercado se hace realidad.


School of Saatchi.

ATÍNALE AL PERFORMANCE.

El formato de programa de concurso con sus retos que se decantan entre la humillación más degenerada y la feria de los pueblos es la fuente de inspiración, la musa del performance. Desde que se deformó y pervirtió la idea de la acción en vivo las actuales representaciones sostienen su valor en el nivel de martirio o esfuerzo que el performancero padece. Las acciones son un catálogo light de los retos de programas de concurso: beberse sus propios orines, cubrirse de comida, tatuarse, hacer aerobics, meterse en una caja de cristal durante horas, romper objetos, arrastrar cosas… todo eso supone para el performancero un esfuerzo que le merece el estatus de arte. Estas exposiciones se quedan atrás de los retos de los programas,que también son performances, en los que vemos gente que come alacranes vivos, que se deja picar por abejas y arañas, que se tragan quinientos huevos cocidos. Con esta imitación del reto sin objetivos también buscan la exhibición gratuita y la urgencia de despertar una falsa admiración para sustituir la responsabilidad creadora.

Publicado en la Revista Replicante.


9 comentarios:

Aldo Nadezh Hinojosa dijo...

Y espérate porque TV UNAM nos está recetando la nueva temporada de ARTE SHOCK, donde los concursantes usan argumentos como:

"tengo un poco de conocimiento de la teoría del color, pero nunca lo uso"

para justificar el ponerse un collar muy kitch. Pero bueno, busquemos el lado positivo de la tv. Un documental bastante interesante sobre como se inflan los precios del arte contemporáneo es el documental "La gran burbuja del arte contemporáneo".

Lo podemos ver acá:

http://youtu.be/40Xd1y_UtoY

Bendito internet!

Muchos saludos!!

Rubén Reveco dijo...

Siempre me ha llamado la atención (mal) las telenovelas mexicanas. A veces me detengo un par de minutos y me "deleito" con esos esteriotipos de belleza latina. ¿Acaso son todos lindos en México o hay algo más no asumido?

Xavier De la O dijo...

Esto es lo último en performace ! (solo eso faltaba)

http://yhoo.it/vGJlay

Anónimo dijo...

El performance que cita Xavier de la O.

Nueva York, 27 oct (EFE).- Una artista estadounidense dio a luz a un bebé ante el público en una galería de Nueva York como parte de una representación escénica de arte conceptual sobre su propio embarazo titulada "The Birth of Baby X".
Marni Kotak, de 36 años, alumbró el martes a un varón al que puso de nombre Ajax, según informó la Microscope Gallery de Brooklyn en un comunicado que se puede ver hoy en su página web.
Unas veinte personas asistieron al parto, para el que Kotak preparó un plató en forma de dormitorio con cama, nevera, ducha portátil, paredes pintadas de color azul y almohadas impresas con fotos, en el que se instaló el pasado 8 de octubre.
Mientras esperaba a dar a luz, la artista se dedicó a conversar sobre su maternidad con los visitantes de la galería. Todo el proceso fue grabado en vídeo, que será incluido en la exposición "The Birth of Baby X", que se puede ver hasta el próximo 7 de noviembre, según esta sala.
Kotak, quien lleva una década escenificando sus experiencias vitales como forma de arte, tiene previsto iniciar dentro de unas semanas "Raising Baby X", en la que transformará en otra obra de teatro conceptual el proceso de criar al pequeño Ajax durante su primer año de vida.

OkupART dijo...

La TV le dió respiración artificial al performance, declarado clínicamente muerto desde hace 10 años. A pesar de los miles de dólares que el establishment del arte contemporáneo le inyectó al performance en The artist is Present, solo sirvió como epitafio de esta actividad parásita de los presupuestos y espacios estatales para la cultura. Los arqueólogos y forenses de las efímeras modas del arte conceptual siguen buscando las causas de la muerte del performance, sin querer aceptar que la mediocridad es la principal culpable. Un ejemplo: El siempre tolerante NYT le atribuye el deceso de performance al internet que le quitó su capacidad de sorprender: http://www.nytimes.com/roomfordebate/2011/08/18/did-youtube-kill-performance-art

Guacamole Rojo dijo...
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Berza dijo...

Definitivamente es una señal de nuestros tiempos, que el arte además de pretender ser fresco en su tratamiento "espontáneo como la curiosidad de un párvulo" con artistas que pretenden ser jóvenes a los treintantos años, en museos que parecen gymborees, en temas sacados del marketing para adolescentes. La televisión es un instrumento indispensable. Pero el medio no hace al artista. Aunque el arte conceptual adore la pantalla, no tiene contenido para saciar el tipo de apetito que la tv necesita: entertainment

Aplicativos Moviles dijo...

La televisión es relativa, compleja pero también es arte, es lograr inspirar sentimientos diversos en las personas, es expresar, es permitirnos expresarnos

Ceballos dijo...

La televisión podría ser una buena plataforma para fomentar el arte y la cultura, pero desgraciadamente de lo más rastrero parece que resulta una mayor audiencia. En el enlace que sigue expongo mi opinión sobre este hecho tan lamentable.

Saludos desde Barcelona

http://laemociondelarte.blogspot.com/2010/02/artes-plasticas-en-television.html