domingo, 18 de septiembre de 2011

EL EXTRAORDINARIO COTIDIANO


La memoria es involuntaria, hay ideas e imágenes que saltan sin que podamos controlarlos y otras que buscamos en la mente y no aparecen, se esconden para surgir cuando ya no las necesitamos. Los recuerdos se deforman con el tiempo, la emoción los pervierte, no los deja intactos, los hace más extraordinarios o mezquinos. Esa guarida infiel que es la memoria no los respeta y se divierte ultrajándolos. La naturaleza muerta disciplina a la memoria. El pintor fetichista del tiempo monta la escena inmóvil para recrearla, detiene su degeneración y la perpetúa intacta. Esta imagen hace que tomemos conciencia de la belleza del devenir cotidiano. Las pinturas de Chardin, con la sencillez de su ambiente, la canasta de fresas montadas en una delicada pirámide, dos flores blancas y un vaso de vidrio translúcido con agua, el fondo de la pared esta gastado, un marrón que se diluye para tornarse amarillento. El silencio habita la escena, a pesar del escandaloso rojo de las frutas, la luz se filtra a través del vaso y choca con la pared, dejando que Chardin la someta y la suspenda en el tiempo. El arte le gana a la vida una de sus crueles disyuntivas: la muerte. Esas fresas nunca se van a pudrir, esas flores no se van a secar, son eternas. Proust, que se obsesionó con el paso del tiempo y creó la gran novela que busca inmovilizar la existencia, contemplaba las pinturas de Chardin con la devoción del alumno que absorbe los secretos para retar el paso devastador de la vida.

En otra pintura una libre muerta, el gato que la observa, un brillante samovar y algunas peras y manzanas, para Chardin todo merece ser reproducido, no existe lo insignificante. Y sucede que en esta recreación los objetos adquieren un valor inmenso, la contemplación del animal muerto, de su piel que pierde brillo, los ojos abiertos, y un pichón que sangra recargado en él, rodeados de frutas. La naturaleza muerta es un altar al tiempo, redimensiona el sentido de la memoria y de la muerte: recordar. El virtuosismo que exige es una herencia de sus grandes artistas, Vermeer hizo de la cotidianeidad la razón de ser de una vida, esa delicada paz merecía ser conservada, las grandes cuestiones quedaban reducidas ante la presencia de una mujer que sirve leche en una mesa rebosante de pan. Cada elemento que habita el entorno es recuperado por Chardin y los pintores de hoy, deslumbrados por este descubrimiento, investigan en el transcurrir de la intimidad y en la relación con sus inmóviles objetos.

El hiperrealismo aprende de estos maestros que hacen de los simples detalles, portentos de técnica. Monedas dentro de un frasco de vidrio de Greg Haynes, manzanas y cajas de madera de Robert Jackson, la luz y los colores se alejan del drama, son imágenes que despiertan complicidad, la vida de hoy también puede recuperarse. El gesto mínimo se vuelve épico, si para Proust la apoteosis de un día era caminar por la habitación de Albertine, la intrusión de ver sus objetos, oler el aire, saberse poseedor del ser que duerme en esa cama, que usa esa ropa, es porque devorar esa imagen era su única posibilidad de alejarse de la muerte. Proust odiaba envejecer, sufría que sus amigos se deterioraran con la edad, murieran, se miraba a si mismo cambiar. La enorme naturaleza muerta que es su novela inmoviliza el marco, el contexto en el que las vidas se transforman, hace del recuerdo la única realidad que nos invita a vivir.

Dice Proust, en su ensayo sobre Chardin, que no estamos preparados para ver el placer de la vida diaria y de sus inanimados objetos, necesitamos esperar a que Chardin nos tome de la mano y los revele, los ponga al nivel de nuestra conciencia. Eso hace el arte, nos señala lo que no somos capaces de ver. La naturaleza muerta nos muestra la vida, selecciona lo esencial de una realidad desbordante, monta escenarios, altares, refugios, y nos deja estar y vivir a través de ellos. Lo que no naufraga en el pasado es lo que permanece intacto, lo que rebaza su condición efímera, lo que es a pesar de nuestra memoria. Ni el presente ni el pasado suceden como nosotros quisiéramos, entonces la única posibilidad para idealizarlos es una escena de Chardin, es esa presencia de lo inmenso cotidiano.

Publicado en el Suplemento Cultural Laberinto el sábado 3 de septiembre del 2011.

7 comentarios:

Pacotorres dijo...

Felicidades por sus intensidades textualizadas, me gustaria saber su opinion sobre Phil kelly. Gracias.

Theo dijo...

Pero ¿qué más extraordinario que la transfiguración de un objeto vulgar y corriente en algo sublime por el notable acto de cambiarlo del basurero a la sala del museo? Como dice Estrella de Diego "para qué pintar la cosa si la cosa ya está alli"

Aldo Nadezh Hinojosa dijo...

Hola! Los invito a todos y a ti también como buena crítica que eres a ver nuestro primer video de
MISTERIOS DEL ARTE SIN RESOLVER
en este cap:

Guillermo Gómez Peña VS Héctor Súarez!

pueden verlo y opinar acá:
http://nadezh.blogspot.com/2011/09/es-arte-no-es-arte.html

eric dijo...

Estimada Avelina, me parece muy interesante la reflexión que haces sobre la pintura de Chardin, sólo quisiera decir algo en relación con la concepción del arte de Proust, ya que esa idea de que nosotros no estamos preparados para ver el placer de la vida diaria y de sus inanimados objetos, me recuerda a lo que decía Oscar Wilde sobre que el arte no imita a la naturaleza, sino que ésta es la imita al arte, al revelarnos éste mundos desconocidos que no habíamos visto hasta que un gran artista o literato los develan... Sin embargo, esta concepción de que el arte nos señala lo que no somos capaces de ver, no la comparto, ya que no es que no seamos capaceces de ver -si bien es cierto que muchos rasgos del mundo se nos pasan desapercibidos, un libro de meditación, estimulación de los sentidos o historia natural nos los vuelven presentes-, sino que son creaciones, las de los artistas, distintas a las de la naturaleza: el arte no imita a la naturaleza, sino que la trasnforma, creando otra naturaleza distinta -no hay nada en la mente que no haya pasado antes por nuestros sentidos: John Locke-, no terrenal. Una "naturaleza" que entra dentro de otra dimensión: la dimensión de la creación artística. En todo caso, diría que gracias al arte podemos apreciar otro tipo de mundo... un mundo visto como desde aquella gruta de Fingal

eric dijo...

Estimada Avelina, me parece muy interesante la reflexión que haces sobre la pintura de Chardin, sólo quisiera decir algo en relación con la concepción del arte de Proust, ya que esa idea de que nosotros no estamos preparados para ver el placer de la vida diaria y de sus inanimados objetos, me recuerda a lo que decía Oscar Wilde sobre que el arte no imita a la naturaleza, sino que ésta es la imita al arte, al revelarnos éste mundos desconocidos que no habíamos visto hasta que un gran artista o literato los develan... Sin embargo, esta concepción de que el arte nos señala lo que no somos capaces de ver, no la comparto, ya que no es que no seamos capaceces de ver -si bien es cierto que muchos rasgos del mundo se nos pasan desapercibidos, un libro de meditación, estimulación de los sentidos o historia natural nos los vuelven presentes-, sino que son creaciones, las de los artistas, distintas a las de la naturaleza: el arte no imita a la naturaleza, sino que la trasnforma, creando otra naturaleza distinta -no hay nada en la mente que no haya pasado antes por nuestros sentidos: John Locke-, no terrenal. Una "naturaleza" que entra dentro de otra dimensión: la dimensión de la creación artística. En todo caso, diría que gracias al arte podemos apreciar otro tipo de mundo... un mundo visto como desde aquella gruta de Fingal

Gedosius dijo...

Y bueno, pintura, naturaleza muerta, nos has demostrado la vigencia de algunos géneros antiguos que están más que vivos hoy. El autorretrato en la foto del móvil y su contraparte en la pintura también está vigente, pero y la clásica pintura de animales? Hay tradiciones que han muerto.

Lorena dijo...

Estimada Avelina: por este medio me gustaría invitarte a la inauguración de mi exposición "Silencio habitado" que será mañana en el Centro Cultural Bella Época (Tamaulipas 202, Col. Condesa)del Fondo de Cultura Económica mañana martes 11 de octubre a las 7 de la noche. Esta exposición está inspirada en la poesía de Francisco Hernández, Fabio Morábito y Silvia Plath. Me parece que aportas una visión contudente a la critica del arte en México. Me gustaría mucho que vieras mi trabajo. Gracias. Saludos.