lunes, 20 de junio de 2011

¿PARA QUÉ SIRVE EL DINERO, INGENIERO SLIM?


El coleccionismo privado ha aportado mucho a los museos, desde los grandes como el Prado de Madrid, cuyos muros están habitados por la colección privada de Carlos V y Felipe IV. El Louvre existe gracias a que la Revolución Francesa decidió que los tesoros del rey eran del pueblo y más tarde esa colección se alimentó de los triunfos de Napoleón. En Nueva York tenemos ejemplos notables, la Frick Collection, su creador Henry Clay Frick se puso como misión tener la colección de arte más importante de América y dedico su fortuna y su vida a lograrlo, sacrificó a sus obreros para heredarle a la ciudad bellinis, tizianos, el gabinete de la Du Barry pintado por Fragonard, y una finísima colección de muebles y tapices, entre muchas obras.
Rendido antes de emprender la competencia, Guggenheim decidió coleccionar arte moderno porque asumió que nunca igualaría a la Frick.
La colección de la Neue Galerie es una de las más cultas, refinadas y bellas que existen en el mundo, su dueño Ronald Lauder -de la firma de cosméticos Estée Lauder- , se ha centrado en el arte de alemán y austriaco las primeras décadas del siglo XX, entre sus piezas tiene varias obras de Otto Dix y el retrato de Adele Bloch Bauer de Gustave Klimt que adquirió por 135 millones de dólares. Y por supuesto la dignísima e interesante colección Andrés Blaistein de arte mexicano.
Por eso la expectativa era muy alta, al hablar del Museo Soumaya estamos hablando de la colección del hombre más rico del mundo, lo que pudieron invertir estos coleccionistas es nada comparado con la muy superior capacidad de compra del ingeniero Slim. Y digo ARTE no objetos para decorar la casa.
Roman Abracamovich, el ruso multimillonario número 53 en la lista Forbes, excéntrico que los tabloides critican por sus compras impulsivas se hizo en una subasta de Christie’s de dos obras extraordinarias: un desnudo femenino de Lucen Freud por 33.6 millones de dólares y un tríptico de Bacon por 86.3 millones de dólares. Eso es lo que esperamos ver en un museo, no lo que hay en el Soumaya. La arquitectura es un edificio pretencioso que promete algo que por dentro no cumple, nos meten en un cilindro de concreto con rampas mal diseñadas, sin acabados, una entrada mínima y salas sin organización y sin flujo. No existe una museografía, es una reunión de cosas como si estuviéramos en la casa de alguien- con sus particulares aficiones decorativas- que se deja aconsejar mal por esos anticuarios que rellenaron la Galería de Palacio Nacional. Un cartón del Sodoma, un José de Rivera, el mural de Siqueiros, un dibujo de O’Gorman y los bronces de Rodin, es todo lo el museo ofrece, lo demás es decoración y obras de muy, muy dudosa originalidad y objetos disímbolos sin valor histórico.

Lo que más duele al ver esto es que no hay colección, ni amor al arte. Cuando una colección está configurada con pasión, se denota un cuerpo coherente de obras, preferencias claras que hacen de la reunión un acontecimiento, es el caso de la Neue Galerie y ya no digamos de la Frick, pero aquí hay compulsión por comprar, poca cultura y ninguna pasión estética. No es una colección de arte sacro, no es de barroco, no es de impresionismo, porque todas las obras de estos estilos son menores y las obras de arte novohispano son casi artesanía. Y esto no tendría ningún problema si este museo no fuera un gesto del hombre más rico del planeta “que le da a los mexicanos la oportunidad de que conozcan arte internacional”, entonces esperamos algo de igual importancia. Si las pinturas del Museo del Prado se pagaron con el oro de las Indias esta colección también, ahí está el dinero de una nación, todos de alguna forma hemos pagado por eso. Cuando Tita Cervera se casó con el Barón Thyssen Bornemisza y comenzó a comprar arte, en el mundo de los grandes dealers se reían de su voracidad que llegó a desequilibrar los precios del arte, pero al fin creó una colección infinitamente superior a esta.
Una cosa es clara, nadie pasa a la Historia por su riqueza, al morir las fortunas se dispersan, y siempre surgirá alguien con más dinero, es la rueda de la vida, por eso los magnates hacen colecciones de arte y museos, para no quedar en el olvido y trascender. Si el ingeniero Slim está buscando pasar a la Historia, está a tiempo de sacar esas cosas del museo y comenzar una auténtica colección de arte, coherente, interesante y por lo tanto valiosa. Mientras se decide, como se ve que al ingeniero le gusta adquirir por lotes, sin elegir con cuidado cada pieza que le dará forma a la leyenda que dimensiona una gran colección, solo le pido que no le compre al matrimonio Noyola su lote de 1200 obras y objetos falsos atribuibles a Frida Kahlo o a quién sea. Y gracias por no cobrar la entrada al museo, no merece que la paguemos.
Publicado en Laberinto, Suplemento Cultural de Milenio Diario, el sábado 18 de junio del 2011

13 comentarios:

El Gran vidrio dijo...

Concuerdo completamente Avelina, es un desastre el museo. Parece que estamos ante un gabinete de curiosidades renacentista, y aun dudo si merece tal título.
Bien pudiera estar un tigre disecado al lado de un Greco, para Slim, ambos tienen el mismo valor. Esto solo es un síntoma del nivel cultural y educativo de nuestras clases adineradas.
Al parecer alguien le comentó que tener obras de arte le daría prestigio. Pero mínimo, si él no tiene idea de qué está comprando que se rodee de gente más capáz. Eso me hace dudar también de su inteligencia. Mejor se hubiera guardado todo esto. Así sólo s epuso en evidencia.
La arquitectura, un desastre, y fuera de contexto.

Aldo Nadezh Hinojosa dijo...

Es evidente en este museo la prisa por abrirlo y presumirlo pasando por alto cosas básicas como la curaduría y la museografía que aquí son evidentemente nulas. Quizá el señor Slim pensó que como casi el 50% de los mexicanos nunca ha ido a un museo, nadie notaría las carencias del suyo y se equivocó.

Lo dijo también Raquel Tibol en el noticieron de Aristegui:

"hay que decirle al señor Slim que así no se compra arte, al arte hay que amarlo, buscarlo con lupa. Tiene que haber una experiencia que le cambie algo a uno después de verlo"

Esperemos que el dueño escuche la opinión de la crítica y del público pues tiene (literalmente)todo el dinero del mundo para corregir su museo, hacer una selección de piezas y ofrecer un espacio amigable con una buena exhibición, en vez de una estructura hueca y salas sin pies ni cabeza.

Muy buen artículo, saludos!

Guillermo M. Díaz dijo...

¿para qué sirve el dinero? quizá para ser el número uno de una lista.
Es claro que el todo el dinero del mundo, no es sinónimo de un trabajo comprometido, profesional e interdisciplinario. El Museo Soumaya o "museo para todos", es un alarde MÁS y, una incongruencia MÁS de nuestro país.

Un gabinete de curiosidades, como en siglos pasados... lamentablemente sin erudición.

Finesse dijo...

No estoy de acuerdo con Avelina. No creo que "engañaron" al ingeniero Slim, más bien él es quien nos quiere engañar, pretendiendo que sus obras de ínfima calidad tiene valor. El ingeniero nos está dando gato por liebre. Tal vez pensó que nos iba a intimidar su exaltada posición y los nombres que forman parte de la colección. Cualquiera se impacta con un Van Gogh. Pero ni siquiera es un cuadro conocido y nadie sabe de dónde salió. Probablemente los Noyola tienen un baúl con los Bruegels, los Van Goghs y los Courbets cuando éstos pasaron sus vacaciones en Guanajuato. Ver la colección del ingeniero me viene a la mente las inmortales palabras de Scorsese: "The fuck is that"?

Alfredo Sánchez dijo...

Querida Avelina:
No podrías haber sido más clara y contundente. estoy totalmente de acuerdo con tus apreciaciones sobre el Museo Slim, Soumaya o como se llame. te comparto una columna que publiqué sobre el tema hace unos meses. Creo que las peguntas que propongo al final, tú las respondes de alguna manera en tu artículo.
Te mando un abrazo
Alfredo Sánchez

PELOS Y SEÑALES 199
25 de Abril 2011
Por: Alfredo Sánchez

El Soumaya de Slim
Intuyo que pocos nombres provocan tanto revuelo como el de Carlos Slim. Escucho y leo frecuentes reproches de los muchos usuarios de sus compañías telefónicas: malos servicios, de los más caros del mundo, el Internet es lentísimo, etc. Yo mismo he estado tentado a maldecirlo cuando he tenido que hacer un trámite en los “centros de atención” (de “agresión”, les dicen algunos) de su compañía de celulares. Y a ello hay que sumarle que es, dicen, el más rico del mundo en un país mayoritariamente miserable. Por si fuera poco, en estos días se ha aliado en su contra el duopolio televisivo cuyas cabezas se odian entre sí pero, como buenos capitalistas salvajes, ponen el negocio por delante; ahora quieren convencernos de que ellos son los buenos y de que el diablo está en otra parte. A ver quién se los cree.
La más reciente de las noticias relacionadas con don Carlos es la apertura de la nueva sede de su museo, el Soumaya de Polanco, que alberga su enorme colección de arte, ahora a disposición de todos los ojos. Slim dice que el arte debe ser gratuito y por ello no hay que pagar la entrada a su museo. Habrá algún cínico que diga que el costo de ingreso ya nos lo cobró con sus servicios de telefonía, pero ese es otro cantar.
El caso es que fui a la ciudad de México y aproveché para visitar el nuevo museo, enclavado en un centro comercial aún en construcción –Plaza Carso- que al parecer es uno más de los monumentos al ego –y a la cartera- del empresario. La primera impresión es abrumadora: un edificio de 47 metros de altura cuya fachada de aspecto metálico consta de 16,000 hexágonos que brillan al sol. Un edificio imponente, sin duda, diseñado por el yerno de don Carlos –todo queda en familia-. En cuanto al contenido del museo yo francamente salí confundido. Mucha revoltura, muchos nombres célebres pero escasa información que nos permita entender cuál fue la idea detrás del museo –un guión museográfico coherente, pues-.
Al salir no pude más que preguntarme: ¿en qué piensa un hombre como Slim cuando adquiere obras como estas? ¿en su propio gusto por el arte? ¿en que está haciendo una jugosa inversión a futuro? ¿en pasar a la posteridad?

Alfredo Sánchez dijo...

Querida Avelina:
No podrías haber sido más clara y contundente. estoy totalmente de acuerdo con tus apreciaciones sobre el Museo Slim, Soumaya o como se llame. te comparto una columna que publiqué sobre el tema hace unos meses. Creo que las peguntas que propongo al final, tú las respondes de alguna manera en tu artículo.
Te mando un abrazo
Alfredo Sánchez

PELOS Y SEÑALES 199
25 de Abril 2011
Por: Alfredo Sánchez

El Soumaya de Slim
Intuyo que pocos nombres provocan tanto revuelo como el de Carlos Slim. Escucho y leo frecuentes reproches de los muchos usuarios de sus compañías telefónicas: malos servicios, de los más caros del mundo, el Internet es lentísimo, etc. Yo mismo he estado tentado a maldecirlo cuando he tenido que hacer un trámite en los “centros de atención” (de “agresión”, les dicen algunos) de su compañía de celulares. Y a ello hay que sumarle que es, dicen, el más rico del mundo en un país mayoritariamente miserable. Por si fuera poco, en estos días se ha aliado en su contra el duopolio televisivo cuyas cabezas se odian entre sí pero, como buenos capitalistas salvajes, ponen el negocio por delante; ahora quieren convencernos de que ellos son los buenos y de que el diablo está en otra parte. A ver quién se los cree.
La más reciente de las noticias relacionadas con don Carlos es la apertura de la nueva sede de su museo, el Soumaya de Polanco, que alberga su enorme colección de arte, ahora a disposición de todos los ojos. Slim dice que el arte debe ser gratuito y por ello no hay que pagar la entrada a su museo. Habrá algún cínico que diga que el costo de ingreso ya nos lo cobró con sus servicios de telefonía, pero ese es otro cantar.
El caso es que fui a la ciudad de México y aproveché para visitar el nuevo museo, enclavado en un centro comercial aún en construcción –Plaza Carso- que al parecer es uno más de los monumentos al ego –y a la cartera- del empresario. La primera impresión es abrumadora: un edificio de 47 metros de altura cuya fachada de aspecto metálico consta de 16,000 hexágonos que brillan al sol. Un edificio imponente, sin duda, diseñado por el yerno de don Carlos –todo queda en familia-. En cuanto al contenido del museo yo francamente salí confundido. Mucha revoltura, muchos nombres célebres pero escasa información que nos permita entender cuál fue la idea detrás del museo –un guión museográfico coherente, pues-.
Al salir no pude más que preguntarme: ¿en qué piensa un hombre como Slim cuando adquiere obras como estas? ¿en su propio gusto por el arte? ¿en que está haciendo una jugosa inversión a futuro? ¿en pasar a la posteridad?

Diego Manuel dijo...

Hace unos días estoy leyendo tu blog me parece muy valiente y claro lo que expresas, cuando hablás de los conceptuales como una especie de secta de mediocres que han venido a destruir al talento y la virtud en el mundo, se me viene a la mente la novela de John Kennedy Toole, "La conjura de los necios", jaja!. Realmente me divierto mucho leyendo el blog.
Muchas de las cosas que has escrito me parece haberlas escuchado mil veces en mi cabeza. Es cierto, hoy día, tratar de pintar con oficio y decir cosas trascendentes es la gran transgresión. De todas formas no todo es el arte de los grandes museos de "arte contemporáneo" y bienales, hay miles de artistas, excelentes pintores y escultores por todo el mundo. Quizás el arte verdadero necesite de 15 , 20, 40 años de distancia para ser reconocido, y es una rara excepción que a un verdadero artista , de esos que se les reconocerá por generaciones, se lo festeje en vida. Por ejemplo, muchos de los artistas que eran famosos en vida en el siglo 19 ahora llenan las bodegas de los museos, y nadie los recuerda, y los que eran ninguneados y descartados por esa misma época ahora están arriba, en las salas de exposición y tienen museos con su nombre.
Felicitaciones! un abrazo desde el Sur.

fernando castillo dijo...

Creo que lo que se le escapa al eje central de la cultura americana es, precisamente, la falta de cultura en materia de arte. Es rasgo común en todo el mundo anglosajón y, de hecho, así se lo han transmitido a su propio lenguaje ya que no hay una palabra concreta para referirse a él. Para ellos las Artes son la música, danza, teatro, el cine…y el video. En Europa, en cambio, tenemos bien diferenciadas a las Bellas Artes: Pintura, escultura y arquitectura, de las artes escénicas, musicales y literarias. La denominación inglesa “fine arts” deja traslucir el escalón inferior en el que ellos colocan a las Bellas Artes europeas, más próximo el concepto a la artesanía que a un auténtico sistema de valores conceptuales que aumenten en alto grado esa categoría de Arte con mayúsculas que por aquí se le otorga.
Un ejemplo muy significativo está en la página del New York Times. Si abres la sección Arts, encontrarás todas las actividades de Broadway, danza, estrenos de filarmónicas, cine, vídeo….nada de pintura y escultura. Para ello tienes que abrir la sub-solapa Arts & Designs, en la que por fin aparecen contenidos de exposiciones….pero nuevamente vuelven a colarse instalaciones, vídeos, decoración, etc. Como digo, está insertada en su estructura mental la idea de que la pintura, escultura son escalones aparte, inferiores.
Además de hacer capítulo aparte para la arquitectura, porque parece que ésta ya es obra de listos, gente con carrera, y no freelancers sin oficio como son los pintores, a los que como mucho asimilan a ilustradores, gacetilleros o, a lo sumo, grupos étnicos que desarrollan una actividad artesanal transmitida por generaciones culturales, con sus colores simpáticos, su iconografía propia, su fuerte componente naif, etc
Sin embargo, al oído del nuevo rico ha llegado que una forma de status superior es la colección de arte. Y quiere comprarse status. Como las grandes obras están fuera de mercado, se “asesoran” con sus “expertos” y compran los valores cotizados del momento. Así les va. Si se trata de un Abramovich, es más probable que tenga buenos asesores debido al entorno cultural en que se mueve que si se trata del rey de las hamburgesas de Virginia, por poner un ejemplo, cuyos miramientos en cultura van a ser del tipo olímpico: lo más grande, lo más caro, lo más novedoso…
Y luego otro factor decisivo en esa cultura anglosajona: si la cruel realidad dice que las inversiones de arte son un producto que, aparte de ese status, te va a permitir especular y limpiar dineros oscuros…cuanto más libertad tenga para falsear el valor real de la obra comprada y multiplicarlo por mil, más se van a beneficiar mis impuestos. Por tanto, basta con crear valores ficticios en obras de artistas prefabricados para crearles un mercado ficticio que le valora la obra recién adquirida al precio que a él le convenga…y a llenar todos los museos que se le pongan por delante. Es todo tan ficticio que si eleváramos estos simples razonamientos a la enésima potencia, nos saldría, perfectamente encuadrado, todo el sistema falso y embaucador que se llama Wall Street.

Bernard L'ermite dijo...

slim No es ingeniero. no termino la uni. quiza compro titulos despues.

Mau dijo...

A todo mundo se le ocurren mejores ideas de que hacer con el dinero de Slim.

Me acordé de la Tira de XKCD de ayer.
http://xkcd.com/915/

Saludos!

Anónimo dijo...

quisiera saber su opinion del trabajo del artista olafur eliasson.

gracias.

MIRYAM dijo...

Destaca tu agudeza de siempre Avelina y es delicioso el final con el que rematas el artículo "Para qué sirve el dinero Señor Slim?" (buen cuestionamiento para reflexionar acerca de que el dinero no compra el talento, la sabiduría y el buen gusto)...yo tampoco pagaría por visitar este museo, asi que: "gracias, por nada, Sr. Slim". Por esa fina ironía que me arranca carcajadas...muchas y merecidas gracias a tí, Avelina.

Anónimo dijo...

Agudos comentarios, dignos de una crítica de arte. Sin embargo, me parecen crueles, cuando menciona que, “ hay compulsión por comprar, poca cultura y ninguna pasión estética”.
Supongamos que lee su artículo y deduce que usted sí sabes y le busca para que lo ilumine. ¿Aceptaría? ¿Cree usted que sería una buena asesora para que el ingeniero redefiniera y concretara su colección? ¿Le podría armar un equipo de arquitectos, museógrafos y curadores para que el edificio lograse la categoría de museo? ¿Conseguiría de una vez por todas certificar las obras de “dudosa originalidad” , para que deje de ser tema de burla de personas con demasiado tiempo libre?
Supongamos una vez más que acepta y logra convertir ese edificio pretencioso en un verdadero museo con una colección culta, refinada y bella. Le aseguro que saldrán algunos críticos a destruir su trabajo, incluso algunos, sin conocerlo. Si usted cree de verdad que, “todos de alguna forma hemos pagado por eso”, trate de rescatarlo. Ofrézcale su información y sus conocimientos. Haría más una carta sincera ofreciendo ayuda, que un periodicazo.
¿De verdad cree que le importa al hombre mas rico del mundo su comentario?