sábado, 30 de abril de 2011

SANTIDAD, ASESINATO Y ARTE


I wanted to give this whole son-of-a-bitchin' country something to remember me by!
Bloody Sunday.
Nobody's innocent in this shit.
Body of lies.
Karlheinz Stockhausen afirmó que el ataque terrorista a las Torres Gemelas del 11 de septiembre era la “mayor obra de arte existente en todo el Cosmos” y entró, según él, en una crisis creativa, ¿qué hacer después de eso? Pues para llamar la atención, repetir el acto, el performance. ¿Por qué llamó Stockhausen al asesinato de miles de personas arte? por un lado porque se puede llamar arte a lo que sea, hasta a un genocidio como este, pero por otro porque parte de su éxito radicó en la magnitud del atentado que atrapó a todos los medios de información. Hoy que el arte aspira a ser mediático, que el escándalo vende más que el talento, una puesta en escena como esa, inconcebible en los alcances del arte actual, es la apoteosis del éxito. El 11-S puso en la paranoia colectiva a un grupo fundamentalista que antes de eso apenas y era conocido en los medios, se hizo famoso y nunca, hasta ahora, ha pagado por ese atentado. El terrorista realiza el performance por excelencia, un acto irrepetible que asesina a personas desarmadas y vulnerables para demostrar con esto el poder de su dogma. Si el crimen tiene la repercusión en los medios, cumple su fin, porque actúa como acción y castigo ejemplar. El terrorista y su grupo ideológico se auto designan verdugos de aquellos con quienes no comparten ideas, y los castigan con un crimen que no se puede perseguir, porque el culpable tiene la cobardía de suicidarse o se oculta y lo comete con una bomba a distancia. La autodestrucción del terrorista responde a la obvia irresponsabilidad de los actos, su cuerpo es un medio para destruir, sin vivir la condena social de su crimen. En el performance el cuerpo es la representación de ese castigo social, pero en escala hormiga. El performancero se tortura, mutila, maltrata para demostrar con este sufrimiento que tiene fe en su obra, y su intensidad debe motivar nuestra creencia en su verdad. Entonces hace uso de efectismos evidentes y elementales: se unta sangre en el cuerpo, se flagela o golpea a otro, la tortura debe llamar la atención, el suplicio debe involucrar. El espacio simbólico del cuerpo, siempre ejemplar puede ser humillado o admirado. El que asesina humilla, encuentra despreciable la vida del otro. El performance hace de ese espacio simbólico una autohumillación que pretende admirable. Para el terrorista y el performancero, su cuerpo es el vehículo para demostrarse como héroe y santo uno, y como artista en el otro.

Santidad, asesinato y arte. Con sus debidas distancias, los dos hacen lo mismo, la diferencia está en las consecuencias. El exhibicionismo de la brutalidad fundamenta su sentido en su impacto, aunque del autor de un suicidio terrorista no quedan más que trozos de piel y huesos, lo que permanece es la consecuencia del acto: la cicatriz imborrable de que una idolología es capaz de asesinar, es decir el miedo del otro. Para el performance, el sentido del acto es dejar una huella del atrevimiento, que sin embargo se queda en la medianía de las referencias sociales más superficiales. Entonces no llega a permanecer porque en la memoria colectiva tenemos cientos de ejemplos de castigos públicos: desde la Inquisición, la guillotina en el Terror en Francia, las mujeres lapidadas en los países islamistas, los colgados en Irán por homosexualidad, los descabezados de los narcotraficantes. El sacrificio social es demasiado potente, cruel y desproporcionado para que el hecho de ver a alguien que se dé golpes contra la pared de la galería nos impresione. El terrorismo conoce a su público, es un acto pensado no solo para asesinar, está diseñado como pieza de propaganda, para dar a conocer la capacidad de una ideología. Para eso el terrorista es lo de menos, de ese van a quedar pedazos de carne, él es un objeto igual que el explosivo, algo que se desecha, que sirve en ese instante. El exhibicionismo es la esencia de estos actos, como lo es del performance, la ideología se exhibe asesinando y el performance centrado en actos de evidente sufrimiento, se desnuda para encarnar el dogma. Los dos se hacen cuerpo de una verdad, de una ideología, de una idea.
La utilización del cuerpo como arma va mucho más allá de las limitadísimas implicaciones del performance, podríamos decir que aunque utilizan los mismos medios y lenguajes, uno si es irreversible, impactante y único y el otro es una caricatura de la obsesión monoteísta de hacer del cuerpo el receptáculo de las enfermedades sociales. El arte no se alcanza a través del crimen, Stockhausen hizo una afirmación frívola e irresponsable de enaltecimiento al terrorismo y como tal debe ser condenada. El martirio público no es materia del arte. Desde el sufrimiento gratuito hasta el asesinato hacen de la denigración humana, de la explotación de sus peores instintos la exaltación de la ideología. Los hombres pasan, pero las ideologías permanecen, dejarse utilizar no hace héroes, cultiva alienados.
Publicado en la Revista Replicante.

5 comentarios:

fernando castillo dijo...

Sólo el delirio enfebrecido de las mentes delirantes puede encontrar belleza en el sufrimiento. Pero ése es el problema en el que se ha instalado la “doctrina oficial” de los que dicen sustentar el arte actual. Si están refiriendo el arte como la originalidad como mérito exclusivo (al modo circense -u olímpico-) en el sentido de que cuanto “más alto, más rápido, más lejos”...más nos estamos acercando al ideal de arte, esa, la de Stockhausen, es la única consecuencia coherente con su planteamiento. Desde luego, la convierte en insuperable. Las tontunas de cuchillitos de la tal Marina Abramovich, no pasa de ser un juego infantil, de salón, (que es exactamente lo que es) aunque se seccionara todos los dedos de la mano y de las manos de todos los congregados a sus performances. Por tanto, la aseveración de obra de arte monumental insuperable, bajo estas premisas, efectivamente, ya se ha logrado. Mal que les pese, por haber quedado con el culo vergonzosamente al aire. Ha sido, aunque involuntariamente y a todos los efectos “artísticos” que se le quieran endosar, la actualización vergonzante de “la fontana” de Duchamps.
Rien va plus. Ahora, que? Si la afirmación va a más, la provocación por la provocación ha dejado de tener sentido, ya que, aunque se superara la barbarie de las Twin Towers, no pasaría de ser un “dejá vu” del original. Un mal remake, como sigue ocurriendo con Duchamps un siglo después de su jocosa ocurrencia miscitoria. Os han dejado vacíos de contenido. Jugabais por un terreno demasiado fácil, como niños de papá bien que hacen trampas en el juego cambiando las reglas a conveniencia a cada paso para sacar ventaja. Pero como tales chicos bien, la “perversión de la moralidad” tenía un límite que día a día ibais traspasando, pero poco, muy poquito, dentro de un orden, dentro de las reglas de la sociedad bien en la que os movéis; lo justo para levantar revuelo entre los salones de sociedad biempensantes que os dan de comer y os ensalzan a cada rato. (La misma actitud que siempre sonrojó a Jacques Brel y denunciaba en sus canciones).
Pero el hecho de que alguien señale con el dedo el que la mayor monstruosidad cometida en la historia (tras Hiroshima y Nagasaki) es digna heredera de ese fin último que vosotros perseguís a diario con vuestras obritas “rompedoras”, os deja descolocados. Huérfanos de futuro. Os lo han birlado. Se sale de lo que vuestra civilizada sociedad puede soportar...y sin embargo se ajusta a los criterios que vosotros mismos habías planteado: la originalidad más grande a cualquier precio. Pero ni aún así: mirad si sois cortos de miras, si vuestra capacidad de creación es pequeña (empezando por ti, Karleheinz Stockhausen) que hasta esa barbarie que llamas insuperable sí que puede ser superada. Ahora viene el “Michelángelo del siglo XXI” y tiene la idea de las ideas, el no va más de la performance: destruir de una vez y del mismo plumazo en un incendio apocalíptico, la Capilla Sixtina con todo el Museo Vaticano (arte griego, asirio-mesopotámico, etc. incluídos), la Cúpula de Miguel Angel, millares de turistas de todas las nacionalidades, a la vez que, simultáneamente, arden el Louvre, El Prado, L’Hermitage, los Uffici, el British, en un golpe de mano concatenado por unos genios...Ohhhh!!!. Grandioso!. Por fin están los analfabetos liberados del pasado. Aquéllos que nada saben porque nada aprendieron nunca, tienen el terreno expedito para hacer sus “obras” sin la vergüenza de un pasado histórico que los señale como lo que son: inútiles redomados que a falta de conocimiento, fabrican becerros de oro con materiales recogidos de la basura.
Fernando Castillo

Anónimo dijo...

Primer performancero muerto por su propia estupidez.

http://www.huffingtonpost.com/2011/05/03/colombian-student-asphyxi_n_857050.html

Aldo Nadezh Hinojosa dijo...

Pues que las autoridades le den una cátedra a la mamá del muerto sobre performance, para que tenga une experiencia estética como las que siempre claman... háganme el favor! más torpe no se puede ser...

Cafako dijo...

cada vez me convenzo de que las palabras de esta señora "crítica" me resultan más extrañas... en primera, su escrito tiene faltas ortográficas (lo cual es terrorismo a la lengua) y en segunda su entrecruzamiento con la teoría de medios me confunde. Dónde ha quedado la intencionalidad? Dónde han quedado los discursos de la postmodernidad respecto a la era del vacío? Dónde dice (hay algún manual de las "buenas intenciones" del arte) donde diga que el arte y lo humano se relega a "lo bello, lo positivo, y lo edificante". Si bien es cierto, y coincido con uds q muchos performers lo toman como "la vía fácil" para hacer escándalo, hay muchos puntos en los discursos del cuerpo y la transgresión que me parecen a lo sumo importantes e interesantes de estudiar y rescatar. Si bien el terrorismo artístico no es "mi corriente favorita", qué o quiénme da el poder de decir, "no, ese arte va por mal camino". Me parece demasiado mesiánica señora, como siempre...

Eduardo Mendez dijo...

CAfaKo:
Mesiánico lo que se rodea de intenciones, lo que se basa en “los discursos de la postmodernidad respecto a la era del vacío”, y lo que te confunda se resuelve con más lectura y observación. La “teoría de medios”, desconoces el mercado, estas manifestaciones son en esencia mediáticas.