sábado, 5 de marzo de 2011

ENTREVISTA PARA MILENIO GUADALAJARA

Entrevista realizada por Ignacio Dávalos para Milenio Guadalajara.

Guadalajara.- Hace un par de días, presentamos la visión de Patrick Charpenel, un tapatío mecenas y promotor del arte contemporáneo en donde afirma que esta expresión es incluyente y crítica. Aquí, le ofrecemos una entrevista con Avelina Lésper, una crítica que diverge de ello.

¿Cómo percibes el arte contemporáneo?
Creo que es una corriente que ha venido a dañar muchísimo la manera en que percibimos el arte y lo que vemos en los museos. Fomenta un relativismo según el cuál todo es arte y todos pueden ser artistas, con el simple hecho de construir un discurso que medianamente sustente un planteamiento cualquiera. Es una especie de tiranía, en donde el arte es lo que un grupo decide que lo es.

¿Por qué es una expresión tiránica?
Porque es una imposición que deben acatar los demás. Se trata de artistas privilegiados y ociosos que cuentan con el apoyo del mercado y de las instituciones para ejercer un poder en donde no cabe la actitud crítica de quienes observan. Por eso es tiránico y además es mediocre por lo simplista del mensaje.

¿Ves al arte contemporáneo como un arte para todos, con críticas al estatus quo en que vivimos?
Por supuesto que no lo es. Es un discurso infantil, con nivel de secundaria en donde las críticas son totalmente superficiales y simplistas. Si hubiera una trasgresión real al orden político y social, entonces no podríamos explicarnos que sea este mismo aparato el más apoya y fomenta estas expresiones. Sus críticas son berrinches infantiles y ante eso, la oligarquía que marca los pasos de la sociedad está muy cómoda. Por eso, gustosos, invierten dinero en ello, porque les sirve para evadir impuestos y para legitimarse socialmente.

¿Qué futuro le ves al arte contemporáneo?
Es una moda de élite en donde se exalta el consumismo y se pagan cantidades exorbitantes de dinero en donde el que compra vale lo que gasta. Para ellos, ‘si no te gusta, es porque no entiendes, no tienes el bagaje necesario’ Yo invito a al público a que exprese sin miedo su opinión. En la medida en que quitemos este yugo y digamos qué no nos comunica y por qué, será como podamos ir evolucionando. Ha hecho un grave daño a las instituciones, pero es una moda que pasará de largo

5 comentarios:

Anónimo dijo...

La pregunta no debe ser "qué futuro le ves al arte contemporáneo" la pregunta debe ser qué pasado le ves al arte contemporáneo: Desde el Ready-Duchamp-made en 1914 a las intalaciones de basura y ropa sucia povera de los 60's, hasta el primer video-artista-bromista Baldessari en los 70's (y ni siquiera es el primero, de hecho el primer "video-artista" ha sido tan copiado y apropiado que su nombre ya no es relevante), hace más de 50 años que los conceptuales no proponen absolutamente nada nuevo. Claro que comparado con el llamado arte “tradicional” que lleva la experiencia acumulada de más de dos mil años, con toda justicia sí podemos llamarlo arte “emergente” “joven” “rompedor” “visual”, etcétera.

Anónimo dijo...

un amigo me contaba hace poco que cuando estudiaba piano en Alemania por los setentas, se levantaba a las cinco de la manhana y practicaba hasta las doce del mediodía, luego iba a clases, trabajo, y dos horas mas de práctica antes de dormir, solo así pudo alcanzar el nivel de técnica que le EXIGÍAN en el conservatorio, hoy en día cualquier persona joven puede decirse artista sin exigirse demasiado, reflejamos nuestra ignorancia colectiva y adornamos las calles con nuestras ideas y ruidos, la verdad es que el arte siempre fue elitista y aun hoy se necesita tener cierta seguridad económica para "practicarlo", quien va a criticarte por intentarlo? por "sentir" dentro de ti que tienes un punto de vista que defender? "lo que importa es que te guste lo que haces" se dicen para justificarse internamente...
quien se atreve a definir el arte?
arte caprichoso, embustero, dijiste que el fruto me abriría los ojos y que sería semejante a Él, ahora me he dado cuenta de mi desnudez y estoy avergonzado, moriré por tu culpa, por la manera tan absurda en que me convenciste de desobedecer y aún ser participe de las desgracias de mi hermano...
si los hip hoperos se sienten reprimidos y piensan que rimar es un arte, si los grafitis son una forma de muralismo, que si hacer manualidades con epoxica, que esas fotografías no reflejan nada de lo que pasa, que los darketos haciendo teatro oscuro, que tipos bien ajos haciendo ilusiones con una bola de cristal... los mismos de siempre... quien va a negar que la manera en como me corto las uñas es arte?, podría grabarme mientras lo hago y presentar la grabación en una galería!

Lector horrorizado dijo...

Dejar que el público se exprese. Está muy bien o muy mal, pues al final dependerá de la inteligencia y la formación de ese público para juzgar. El arte contemporáneo tiene muchas cosas criticables. Muchas. Pero también las tiene el academicismo tradicional realista que, por cierto, fue y continúa siendo otra tiranía artística, que se empeña en pulverizar todo lo que no es figurativo. El público, en general, tiende a lo fácil, a lo cómodo, a lo que no conlleva ningún esfuerzo suplementario. Se prefieren las novelas, y si son populares mejor, a la poesía. Y preferirá un jarrón de flores pintado con oficio antes que una composición abstracta ejecutada con el mismo oficio. ¿Debemos dejarlo todo a la opinión del público como si arte fuera un programa televisivo de máxima audiencia? ¿No sería acaso ésto otra nueva tiranía que podría poner en peligro la creatividad artística? Que no pase como en las editoriales, que publican muchos libros y muy poca cultura.

NN dijo...

Deja que el público se exprese, pero modera los comentarios. Jajaja.
Por lo demás, completamente de acuerdo con Avelina Lésper. Lo que sí es verdad, y el lector horrorizado de algún modo atina a decirlo, es la necesidad de educar el gusto estético del público. Está bien, es una empresa más que dificultosa y de la cual el mismo público puede evadirse, pero supongo que en eso se basa la democratización del arte, en estimular la comprensión de los espectadores ante lo que están viendo; tener el capital necesario para confrontar con una obra -en su ejemplo abstracta- y poder reconocer en ella ciertos valores plásticos. Algo como lo que me sucede con respecto a los neo-conceptualismo.
Un error en que se incurre a menudo es en criticar la falta de novedad del arte contemporáneo, siendo que quienes defendemos el trabajo de taller, de la disciplina, y el oficio tampoco podemos enarbolar dicha bandera. Es decir, sólo en la medida en que ellos plantean la novedad como valor inherente de sus obras puede ser criticable, pero existen otras herramientas para tal fin, como la aceptación acrítica y la falta de un canón (ignoro si es el término indicado pero es el que se me ocurre) para enunciar algún juicio de valor sobre la obra. Esto lo hablé en algún momento con un profesor de historia del arte que basa su currículum en arte conceptual latinoamericano . No habiéndolo, por estar todo permitido, uno cae forzosamente en subjetivismo. Desde allí, puedo decir que “Tucumán Arde” me parece una experiencia radical del arte conceptual militante, encontrar rescatable la obra de León Ferrari (que ni siquiera es pensada como obra artística sino política), que el CADA propuso formas audaces de denuncia en un contexto adverso, (todo esto es realmente lo que pienso, y no hablo aquí de valor artístico) sin ser cuestionado Ahora no puedo señalar la frivolidad de los Happenings del Di Tella, ni decir que no logro ver absolutamente nada rescatable en un obelisco de pan dulce, o unas tapas de yougurt, sin ser tachado de ignorante, de nula compresión ante manifestaciones del arte contemporáneo, pero son ellos mismos los que no me ofrecen las herramientas –porque no las tienen o no existen-.
Veo también que la definición en torno al arte es otra de esas preocupaciones. No veo nada de malo en ese relativismo. A fin de cuentas es el mercado el que determina y soluciona este tipo de problemas, mezquina y oportunistamente. Y en las historias del arte dentro de mucho muchos años (si la humanidad no acaba consigo misma relativamente pronto) habrá una nota al pie para ellos. A mi mientras tanto me emociona un grabado de Vallotton, un dibujo de Steinberg, un óleo de Alonso y no logro lo mismo con una caja vacia, un animal en formol, una mancha de sangre, ni una cama revuelta. ¿Soy ignorante? Es probable, pero puedo vivir con ello.

Salud.

Javier dijo...

Hola Avelina

Me gustaría invitar a ti y a todos los lectores de tu blog a entrar en la revista digital Calle Ficción, dirigida por el escritor venezolano Edgar Borges (http://www.calle-ficcion.debatepress.com/). Allí podéis leer un breve relato (Falanges y deltoides) y que tiene la pintura y el elitismo como tema de fondo.

Javier
wwww.javierfarto.wordpress.com