lunes, 12 de abril de 2010

JOSÉ CLEMENTE OROZCO, PINTURA Y VERDAD



Nación Pequeña. 1944. Óleo y temple sobre tela / Colección Lucrecia Orozco.

La Violación. 1926-1928. Tinta y lápiz sobre papel / Philadelphia Museum of Art.

Bajo el Maguey. 1926-1928. Tinta y lápiz sobre papel / Museo de Arte Carrillo Gil.

Nación Pequeña la del gran Orozco, que todavía le tienen miedo. En la espléndida retrospectiva de José Clemente Orozco en el Instituto Cultural Cabañas solo se explica la ausencia de las autoridades en la inauguración por el temor que aun despierta este muralista. El México de Orozco no es del pasado, es de hoy, es nuestro terrible presente marcado por la sangre, la violencia y la ignorancia, su obra es el vaticinio trágico de nuestra actualidad.

La exposición reúne temples, óleos, bocetos y litografías. A pesar de la vocación humanista de Orozco el conjunto es aplastante por la veracidad con que describe la crueldad y la atrocidad del avance de la historia. En esta obra no hay idealismo, no existe la imagen mítica de nuestro pasado, la Revolución y la Independencia son una orgía brutal de asesinatos, destrucción, abuso y muerte. Los cadáveres caen fusilados, mutilados, las casas incendiadas, mujeres de luto que lloran y otras que pétreas despiden a sus hijos. México está construido sobre el sacrificio de los más débiles.

La obra gráfica de Orozco son machetazos violentos que vienen de un pasado en la lucha, sus líneas nos atraviesan, detalla con blanco el filo de los cuchillos, las bayonetas y las espinosas pencas de los magueyes. Para Orozco el sexo es parte de la brutalidad, es parte de la destrucción de la guerra, de la inevitable miseria de los más vulnerables que en una sociedad destruida siempre son las mujeres. No hay placer, hay una inmensa desolación y crueldad, es sangrante y dionisiaca. Sus prostitutas de la Casa del Llanto, que siguió repitiendo a lo largo de su vida, son dolorosas, pobres, enfermas, basura que se utiliza y se acribilla para tirarlas en una cuneta, para descuartizarlas. Una niña espera con las piernas abiertas a su cliente en su pequeña cama. La Chata, esa mujer que se carcajea enloquecida en La Katharsis, el fresco del Palacio de Bellas Artes, se repite en bocetos y óleos, en la guerra, en el burdel, es un fantasma en la obra que el pintor mata ya al final, en sus tintas de 1948.

La serie de las pinturas Nación Pequeña, una secuencia de la violación de una mujer a manos de soldados con armaduras, cascos prusianos, la furia en la sábana arrugada, la víctima hace el esfuerzo sobre humano de alejar con su brazo el rostro de su verdugo, en otra tres hombres sujetan a la mujer desnuda para que el general la sodomice con una bayoneta, mientras que sus serviles subalternos se cuadran ante la hazaña de su jefe. Orozco no le teme a desacralizar nuestro pasado, sabe que estamos hechos de sacrificios sangrientos y que ese destino nos perseguirá siempre.

En las escenas de burdeles las putas esperan a ser elegidas, otras bailan en un ritmo soez, manoseadas y apretujadas, sudor y olor a sexo rancio, a enfermedad y alcohol. Es lo que dejan las guerras, mujeres solas, analfabetas, sin trabajo y con su cuerpo débil para vender y salir de la miseria.

Mientras otros pintores idealizaban al México folklórico y reaccionario dictado por la optimista historia oficial, Orozco describía un México real, bandolero, con la fuerza bruta como única ley. El rojo óxido de hierro es la base de sus tonalidades y lo convirtió en el color que tiñe nuestra tragedia. A pesar de añorar a la civilización como la materialización del humanismo, la justicia y la libertad, regresan a la mente de Orozco los fusilamientos de la lucha armada, los desollados que satisfacían la furia de dioses que no existen. La iglesia, las creencias prehispánicas y la demagogia son parte de la oscuridad que detona la crueldad de nuestra nación. Los países se construyen con sangre y La Victoria coronada grita delirante sobre un lago rojo, desconociendo su propio espanto. La retrospectiva de Orozco nos encara con un artista heroico, que dominaba con excepcional seguridad sus técnicas, experto en poner texturas en decenas de capas y plasmar los colores con el rigor de nuestra tierra seca. Rojo óxido, blanco áspero y negro.

Los Cuadernos de Orozco es el libro con la recopilación de sus ideas geométricas del espacio y sus técnicas del fresco, organizado y razonado por Raquel Tibol, lo presentaremos en el Palacio de Bellas Artes el domingo 18 de abril a las 12 del día.

Publicado en el Suplemento cultural Laberinto, de Milenio Diario, el sábado 10 de abril del 2010.

José Clemente Orozco, Pintura y Verdad.

Instituto Cultural Cabañas. Guadalajara Jalisco.

Hasta el 31 de julio del 2010.