domingo, 17 de enero de 2010

ARTISTAS EMERGENTES




Rafael, Madonna y Niño con Santos altar del Convento de Perugia.
Christian Holstad, Tubo de papel de baño vacío, instalación.
Eustache Le Sueur, El Rapto de Tamara.


“Más que una crítica al colapso económico” dice el texto curatorial de la exposición de Christian Holstad en la Reich Gallerie de Chelsea. Su visión del desastre que dejó en la miseria a millones de personas son instalaciones-collage con una barra de jabón usada, un tubo de papel de baño vacío, bolsas de Costco, Target y Wal*Mart, etc. Es lo que para el arte contemporáneo significa “crítica social”, algo light que no moleste a nadie, que sea servil, sin denunciar a los responsables de esta catástrofe o sus consecuencias reales. Es un artista emergente, y a sus 37 aún le llaman un joven valor. Y no es el único, hay cientos de emergentes en las galerías de Chelsea con este nivel de superficialidad. En este forzado High School entre más inmediata la “preocupación” y más pueril la “reflexión”, más modernos. Estamos padeciendo la dictadura del infantilismo, este arte es acné tardío. No hay crítica, ni poesía, tampoco hay belleza, porque se supone que la ausencia de estética es parte del lenguaje. En realidad la carencia responde a que producir belleza es un logro intelectual que no alcanza este pseudo arte. La galería se preocupa por aclarar que es emergente como si este término implicara una forma de tara mental, y los resultados justifican la explicación.

Así que me fui al Metropolitan Museum a ver a sus artistas emergentes en el ala de pintura europea. Georges de La Tour, La lectora de la fortuna, una gitana lee la mano a un ingenuo y elegante joven mientras las cómplices de la estafa lo roban delicadamente. Perdemos el presente pensando en el futuro. Esta obra la realizó de La Tour cuando tenía 27 años, todo un emergente. La composición con un alto grado de observación y la puesta en escena nos permite ver los caracteres de los personajes que enriquecen la anécdota. De Eustache Le Sueur, El Rapto de Tamara, realizado cuando el artista tenía 24 años. Las telas que cubren los cuerpos desnudos de los personajes, se mueven con la violencia de esta historia de incesto, infidelidades y crimen. Fragonard a los 37 años pintó Mujer con perrito, retrato perverso de Maria de Medicis, a partir de una obra de Rubens. Es parte de una serie de retratos que están en el Museo de Louvre. Estas obras las realizaba Fragonard con inusitada velocidad y virtuosismo, le tomaba dos sesiones para terminarlas, digamos que era un site especific de la época. Aún más bello y conmovedor es Interior Italiano que pintó Fragonard a los 28 años, un hogar desordenado y familiar, en donde el centro detallado y luminoso, resalta de las fronteras de la pintura que están inacabadas y oscuras, este contraste le da una sorprendente modernidad y osadía, la evidencia del virtuosismo es más reveladora en las áreas inconclusas, en donde el artista no ha corregido, con esos primeros trazos alcanzamos a ser deslumbrados y vemos su impetuosa habilidad. Más allá de las preocupaciones feministas, está la creación de Marie-Denise Villiers, alumna de David, a los 27 años fue incluida en el Salón de París con Autorretrato. A través de una ventana la luz que llega a su espalda, se desliza sobre su cuerpo mientras ella se recrea concentrada. Hugo Van der Goes, Retrato de un Hombre, una pintura de pequeño formato de un joven de ojos negros que reza, un rostro sereno, delicado, la austeridad de su ropa y la pequeña ventana nos dicen que vive lejos de las vanitas del mundo, un prodigio de técnica y emoción, autorretrato realizado a los 23 años. Y del Renacimiento, la época en que los emergentes eran genios, Rafael, que pintó el altar del Monasterio franciscano de Perugia a los 21 años. Su fama ya era la de un genio desconcertante de carácter caprichoso.

Mientras el talento es el valor del artista, las obras de juventud son maduras, bellas, arriesgadas y técnicamente profesionales. Cuando el valor del artista es ser jóvenes, las obras son infantiloides, irresponsables e infra inteligentes. Convierten a la juventud un estado mental degradante, en el uniforme de la mediocridad. Ser genial no es un regalo divino, es resultado de educación y trabajo, la insistencia de desmitificar el talento es un abuso igualitario. La igualdad obligada es síntoma del fracaso.

Christian Holstad, Reich Gallerie, Chelsea, 537ª W 23 Street. Hasta el 28 de febrero.

Pintura Europea, colección permanente del Metropolitan Museum de Nueva York, 5ª Ave y 82 Street.

Publicado en Laberinto de Milenio Diario el sábado 16 de enero del 2010.