domingo, 16 de agosto de 2009

Y SIN EMGARGO, NO ES ARTE





Páginas Amarillas, novela en varios tomos.

Zapatos Viejos, Vincent Van Gogh.

Wal-Mart, el museo de arte contemporáneo más grande del mundo.

Repetir teorías no las hace ciertas, sólo demuestra que seguir es más fácil que disentir. En el arte siempre ha estado presente el objeto común, desde sus orígenes ha sido motivo de reproducción, en las pinturas de los muros de Pompeya observamos a las personas y su cotidianeidad con los objetos que las rodean. Los bodegones y naturalezas muertas, las almohadas de Durero, los Golfillos de Murillo están enmarcados por objetos, las pinturas de Pieter de Hooch, los zapatos de Van Gogh, el objeto siempre ha sido recreado por el arte. Es absolutamente falso decir que con el ready-made se inventó la noción de que se podía llevar un objeto común al terreno de lo artístico y convertirlo en una obra de arte.

Establezcamos las diferencias. La pintura, grabado o escultura al recrear con maestría un objeto común lo convierten en una obra de arte, esto permite miles de interpretaciones diferentes, porque cada artista tiene una visión distinta de los objetos que plasma. Lo que hace el ready-made es expulsar el trabajo creativo para que a través de un decreto conferir status de arte a cualquier objeto, sin realización, con sólo una idea. Traslademos esto al terreno de la literatura: alguien toma las etiquetas de calorías de los alimentos, la composición química del Ritalin, las instrucciones de uso de la aspiradora y sin cambiarles ni una línea dice que son poesía. No dudo que teóricos tipo Arthur C. Danto lo aplaudan y en las universidades impartan un doctorado que lo explique y miles de “poetas” que lo imiten, y sin embargo no será poesía. Otra cosa es la apropiación, para el ready-made esto no es una búsqueda de aportación, es una forma de abolición de la creación artística, por eso hasta la Mona Lisa es un ready-made. Siguiendo el ejemplo literario, es la acción descarada de tomar una obra terminada de un autor, despojarla de su nombre y poner el nombre de otro escritor como autor. Lo que en literatura es plagio o robo, en artes plásticas es osadía. Esta doble forma de señalar lo que sucede en las artes plásticas y que no tolerarían en otras áreas del arte es lo que ha dado paso a que existan las “artes visuales” y que defiendan el found footage como obra y no le digan plagio. Llamarle apropiación dulcifica la prostitución de la realidad. Lo que hace bella a una pintura no es que plasme temas bellos, es que hay belleza en la factura; las frutas podridas del Caravaggio no son bellas, es bella su pintura, la habitación de Van Gogh no es bella, lo que es deslumbrante es la factura de la obra. Creer que el ready-made trató cambiar o trastornar nuestra idea de lo bello es el afán de despreciar la trayectoria de las artes plásticas.

Hacer de un objeto común y corriente una obra de arte por la designación del “artista” es apelar al fenómeno milagroso de la transustantación y pretender que algo cambia su sustancia porque el texto curatorial lo dice. Esto sucede por un acto de fe, se trata de “creer”, no por razones objetivas que lo avalen. Si alguien deja de creer en el fenómeno, este deja de existir. El arte no es magia, ni alteración de sustancia, es creación. Las obras existen porque los artistas las hacen, no porque las designen. Es tanto como afirmar que el directorio telefónico es una novela, porque el “escritor” así lo decidió, y los editores van a venderla con esta premisa y los lectores van a leerla y decir “no sabes, es de lo más interesante y tiene miles de personajes”. Y lo harán, surgirán seguidores que van a defender su causa, porque de esta forma les ahorran el inmenso esfuerzo de aprender a escribir y de la noche a la mañana existirán miles de escritores con sus novelas terminadas. Ya veremos a los escritores verdaderos denunciar la tomadura de pelo.

Así como hoy le dan el premio Turner a un robo de los cartoons del gato Felix y los Simpsons, le darán el Príncipe de Asturias al que haga sus novelas con las instrucciones de su computadora. Lo que sigue es que un curador o un teórico tipo Arthur C. Danto o un artista conceptual “designen” que el Wal*Mart es el museo de arte contemporáneo más grande del mundo. Venderán y comprarán sus ready-made en miles de dólares.

Y sin embargo, no es arte.


Publicado en Laberinto de Milenio Diario el 14 de agosto del 2009