domingo, 24 de mayo de 2009

BRONCE, ADORACIÓN Y JUICIO


Francesco de Bortolomeo Bordini, La Fama.

New York. No me des noticias, dame escándalo. La fama es una droga destructiva que acaba con sus adictos. Podemos seguirla como los adoradores fanáticos del dios efímero. Es la religión de los que aspiran a un paraíso inmediato de dioses carnales. Adorar, no orar. Es la única religión que nos da el placer de ver sacrificados a los dioses, muertos por sobredosis, con un tiro en la sien o fracasados. La religión perfecta. En el Metropolitan Museum de New York exponen Bronces Franceses desde el Renacimiento hasta la Revolución. Inicia con la escultura de Francesco de Bortolomeo Bordini, La fama, un ángel que en la Revolución perdió sus alas y su trompeta. Esta fama ya no tiene que anunciar, está muda. Al recibir el encargo, Bordini la hizo ligera y grácil, los príncipes le pidieron que fuera más voluptuosa, le agregó curvas, senos redondos, nalgas, vientre y piernas carnosas. En la Revolución le destruyeron las alas de madera y la trompeta; aviso de caída de la imagen de la nobleza. La escultura en bronce tiene la obligación oficial del retrato y el desenfreno de la alegoría y la invención, son historiadores y novelistas.

La selección es reveladora por la perfección que alcanzan los artistas en cada escultura, no sólo en el dominio de la técnica, estos son los creadores de las imágenes que le dan realidad y sentido a la historia y la religión. Los retratos entre el juicio y el psicoanálisis, Richelieu y María de Médicis son vecinos de sala, famosos por sus métodos de eliminación del enemigo. María envenenaba y el Cardenal intrigaba, estrategias políticas y efectivas. De Henri Perlan está la Máscara de Medusa de 1653, es el grito de espanto de los enemigos caídos de Luís XIV en su victoria sobre la Fronda. Dos serpientes se enredan entre ellas, coronando el rostro cruelmente horrorizado de Medusa, entre los cabellos de esta tiara maligna bajan otras dos serpientes hasta la barbilla. Las serpientes están dentadas, son fieras que nacen de la fiera. Medusa abre la boca, grita, toda su musculatura esta expandida en ese aullido largo, gutural, histórico, es el abismo de sobrevivir a la decapitación. Maldice la fama que se inscribe en la Historia. El horror inspira tanto como la belleza, nos da ese placer enfermo de contemplar el dolor que no sentimos.
Prometeo de François Dumont de 1710. El desobediente de cuerpo hermoso está encadenado a un peñasco, trata de alejar al águila enorme que le desgarrara el hígado, no sabe como espantar a esa bestia hambrienta de su sangre. Ser devorado por un águila es un castigo cruel, el verdugo huye con las vísceras y vuelve, siempre regresa a las entrañas que crecen para alimentarlo.
El dios Saturno sabe que el placer no es matar, es devorar, hacer un solo cuerpo con la victima y llevarla dentro. De Simon Hurtrelle, Saturno devorando a su hijo, al contrario de Goya que lo sostiene como a un animal, este es un padre que abraza a su hijo y con espanto vemos como muerde el pie del niño que no puede defenderse. Saturno camina para esconderse, no quiere que descubramos lo que está haciendo, furtivamente se dirige con paso largo lejos de nuestra vista, mientras los llantos del niño nos guían hacia ellos.

En un pedestal, por fin en el centro para que la veamos de espaldas, El Invierno de Jean-Antonie Houdon de 1787. Cuando la presentó en el Salón de Paris los jueces puritanos la enviaron a un rincón para que nadie la viera por detrás, indignado Hudon retiró su escultura. El motivo es evidente, una joven de pie, el rostro, pecho y torso están cubiertos por una manta, solo vemos su culo y sus piernas desnudas. El culo es perfecto, bellísimo. Una invitación al sexo anal, es imposible resistirse a tocarla, acariciar el bronce pulido de sus nalgas. Ella elevada, nosotros en la tierra, con levantar la mano podemos sentirla. Soñar un culo es anuncio de fama, las imágenes son el lenguaje del que adivina.

En esta sala hay varios dibujantes copiando en sus cuadernos estas magnificas esculturas, es la única sala donde hay tantos artistas trabajando en vivo, espío sus trabajos y es evidente como la belleza sigue seduciendo a los que creen que el talento creador es para explotarlo, entregarlo y morir por él.

Bronces franceses del Renacimiento a la Revolución.
Metropolitan Museum of Art, de Nueva York.
Del 24 de febrero, hasta el 25 de mayo.
Publicado en Laberinto de Milenio Diário el 23 de mayo del 2009.