viernes, 16 de enero de 2009

EL MUAC: A PIECE OF SHIT.

Los creadores del Museo Universitario de Arte Contemporáneo MUAC/UNAM presumen que su museo es “una experiencia para tus sentidos”. Esto es claro, no es una experiencia intelectual, es visceral. Responde a instintos, no a ideas, no al arte. Hablar del acervo expuesto es casi redundante, porque su calidad es ínfima y es evidente el trato corrupto que tienen con galerías porque lo expuesto es invendible en términos comerciales. Lo que aquí quiero referir es la absoluta irresponsabilidad y complicidad de exponer la instalación Cantos Cívicos de Miguel Ventura que no es arte, es una apología al nazismo, una obra panfletaria y doctrinaria. Dice al inicio una cédula “es una obra que denuncia regímenes totalitarios”. El nazismo más que un régimen totalitario, fue el régimen que instauró una política de exterminio en contra 6 millones de personas. Llamarlo régimen totalitario evade su responsabilidad como culpable del Holocausto. Este Hall of Fame es una apología y no una denuncia por una evidente razón: no hay exposición de las victimas, es un homenaje a los verdugos, nada en lo expuesto nos habla de la muerte y el sufrimiento de millones de niños, mujeres y hombres. Cuando Ventura expuso una versión de esta instalación en el Espai d’Art Contemporani de Castelló, declaró que las ratas eran los inmigrantes rumanos en Valencia y la presencia nazi, que es delito en la mayoría de los países de la Unión Europea, no alcanzó el exceso del MUAC. Eso significa que aquí en nuestro país las ratas son los judíos asesinados y el delito es arte. Esto no le ven ni el curador español Juan de Nieves ni la directora Graciela de la Torre porque viven en la cobarde complicidad de llamar arte a lo que sea, porque no tienen el valor de aplicar un criterio objetivo y responsable. Esto no es arte y es una invitación al racismo y al antisemitismo. Los “artistas oficiales” de la UNAM ahora pueden cambiar el lema de la universidad y llamarle por “Por mi lucha hablará el espíritu” y colocar la esvástica en lugar del águila. Graciela de la Torre declaró que “el arte contemporáneo es una experiencia que produce una fricción en el espacio público”. Eso no es una fricción, es una invitación a la violencia, es falta de memoria histórica. Entre el hipócrita racismo de los mexicanos y el cinismo de los curadores tenemos objetos monstruosos como estos. Para que se ubique la UNAM, traslademos esto a un ejemplo de algo que nos afecta y que ni remotamente tiene la dimensión del Holocausto. Hagan esta exposición con fotos enmarcadas de secuestradores mexicanos y sus instrumentos de tortura, en vez de coros de niños, música grupera mezclada a ritmo con las llamadas telefónicas que hacen a sus familias para aterrorizarlos, pongan armas y torres de dinero, empapelen las paredes con billetes y no expongan a las victimas, no hablen del dolor causado a las familias y digan que las ratas son los secuestrados. Eso dimensiona lo que hicieron en la UNAM con el dinero público, con la aprobación de sus dirigentes y con el beneplácito de la crítica. En su discurso de inauguración Sealtiel Alatriste Director de Difusión Cultural dice que “la misión del museo es estimular la libertad creativa y cimentar la creación”. No existen argumentos éticos o estéticos que permitan una instalación como esta en un espacio con vocación didáctica. La libertad no implica por ningún motivo la agresión a los derechos de otros, y en este caso es el derecho a que el Holocausto sea recordado como un crimen contra la humanidad, no como un circo nazi. Fueron campos de exterminio no un laboratorio kitsch en donde juegan ratas. El columnista P.J. O’Rourke cuenta que cuando trabajaba en el periódico de la Universidad de Miami los editores tenían un intenso debate acerca de publicar o no un artículo de unos estudiantes que sostenían que el Holocausto no ocurrió, los editores discutían que la libertad de expresión es un derecho pero que otros también tienen derecho a no ser difamados. P.J. O’Rourke se negó a publicarlo y les dijo “This is a piece of shit”. Como Zola en el Caso Dreyfus, yo acuso a la UNAM, al MUAC, al Rector José Narro, a Sealtiel Alatriste y Graciela de la Torre, de antisemitismo y racismo. Los acuso de usar el nombre de la Universidad para fomentar el peor de los males de la humanidad, el odio irracional entre seres humanos.
Publicado en Laberinto de Milenio Diario, el sábado 17 de enero del 2008.