lunes, 21 de diciembre de 2009

EL LIBRO DEL GÉNESIS

La revelación es una forma de sublevación. El que dice, transgrede. Para los que están cómodos con las versiones oficiales y el argumento sesgado, se convierte en un acto revolucionario desentrañar el contenido real de una historia, por más conocida que sea. En la versión judeo-cristiana del origen del mundo, el fin justifica los medios. Todo es válido para imponer la fe. Lo que es contradictorio, es que estas narraciones que son el pilar de su propaganda no se den a conocer en su totalidad y literalidad. El arte ha tenido como valiosos mecenas a las religiones, grandes obras han sido comisionadas para dar a conocer la Biblia en la labor de proselitismo más intensa, contundente y violenta que conocemos. En catedrales, templos, retablos, íconos y frescos desde la Edad Media, el Renacimiento y hasta la actualidad las escenas son escrupulosamente seleccionadas y su interpretación estudiada. Al Caravaggio le rechazaban sus obras. Miguel Ángel, cuando era un artista emergente de menos de 30 años, defendía acaloradamente su versión de los mitos ante la descomunal Sixtina. Estas imágenes conformaron la fe y la cultura de la humanidad.

En 1865 fue publicada la versión ilustrada de la Biblia realizada por el grabador Gustave Doré con clara influencia de Durero, en ella las imágenes de venganza, celos, violencia y horror de este relato fantástico superan con mucho la naturaleza del Libro. Lo hace exquisito y poético. Los grabados de Doré se desbordan, los pastores son orgías de cuerpos dibujados con el ideal grecolatino, son composiciones de masas que se despeñan por abismos, cielos tormentosos que abren su paso a la ira divina, a la presencia inmensa de lo que no es capaz de contener su furia y el dolor de estar semidesnudo ante el destino que no tiene piedad. Son épicas y monumentales, convierten a esta historia fantástica del origen de la humanidad en un relato que el cine ha imitado y desgastado sin superar, desde el technicolor hasta Mel Gibson.

Hoy después de Doré llega la nueva versión del artista de la novela gráfica Robert Crumb. Y al iniciar la revisión comparativa vemos la gran diferencia. Para Crumb que ha ilustrado la poesía de Bukowski que se revuelca en la miseria humana, la Biblia no tiene un sólo secreto para su dibujo. Muestra gráficamente a Dios y nos describe sus acciones ociosas, un Dios que se detiene a ver que hacen un puñado de pastores y como torturar sus miserables existencias con pruebas necias y castigos monstruosos exigiendo, en un acto de incomprensible vanidad, un amor superior a la vida misma. Las mujeres valen menos que una cabra o un camello y el mayor bien es la fe. Crumb no tiene la reverencia del convencido por el dogma, es un observador racional de cada una de las narraciones. Fríamente y con un análisis detallado hace una interpretación literal en la que nos describe cada cosa tal y como el Libro lo dicta. El rostro de un Dios con la barba larga y blanca, resultado de una eternidad sin rasurarse, y la furia en su mirada, gritando iracundo y maldiciendo a su creación. Mientras la escena del Paraíso de Doré es bucólica bañada por una luz mística que se despliega sobre el bosque, Adán y Eva son hermosos, inconscientes de su sensualidad y con los genitales discretamente cubiertos, en Crumb son humanos, desnudos y carnales. Presenciamos la masturbación de Onán y las escenas de incesto del anciano Lot con sus jóvenes hijas. La misión de reproducirse y poblar al mundo está gráficamente descrita y podemos ver como todos los personajes cumplen con su papel de intercambiar fluidos para dar más seguidores a la fe. Crumb en la introducción aclara que se apegó literalmente a lo que el Libro describe y lo único que hizo fue dibujar cada hecho sin inventar. Visto a través de Crumb, sin los ángeles bellísimos de Doré, este Libro adquiere la dimensión primitiva y elemental que tiene. A los cristianos esta versión realista les indignó, y para los seguidores ateos de Crumb les decepcionó que tomara este tema. Sin embargo Crumb hace con esta lectura la mejor novela gráfica publicada hasta ahora y descarna la iconografía oficial colocando a los ídolos en su sitio a través del mito que ellos mismos crearon.

Robert Crumb. The Book of Genesis Illustrated.

Norton & Company, New York, London.

Publicado en Milenio Diario, el sábado 19 de diciembre 2009.

martes, 8 de diciembre de 2009

VIVA LAS VEGAS



Blind Faith, Richard MacDonald.

Trio, Richard Mac Donald.

Voodoo Mike, Ronnie Wood.


I feel like the kling klang king of the rim ram room.

Leaving Las Vegas.

La evasión es voraz, cara y agotadora. El aburrimiento es una enfermedad incurable. La evasión es el medicamento y Vegas el hospital. Huyendo de la enfermedad son adictos a la medicina. En este parque temático nadie vive, todos están de paso, como en los hospitales. La taxista es de Ohio, el crupier es de Hawaii, los meseros coreanos, los cocineros y maleteros mexicanos y las prostitutas tailandesas y de Europa del Este. Las tiendas del Cesar Palace, de Chanel a Hèrmes, están saturadas de funcionarios mexicanos que gastan los recortes presupuestales, mientras hombres viejos pasean con jovencitas y jovencitos que desquitan en las tiendas tener encima a un ser decadente.

En el teatro de Ô del Circ du Soleil, dentro del Bellagio, están exhibiendo las esculturas de Richard MacDonald, el único escultor con autorización de usar a los artistas del Circo como modelos. La directora de la galería, una alcoholizada cincuentona, flaca, altísima y perfil de pájaro me prohíbe tomar fotos. Too late dear, ya las tomé. Son bronces de tamaño natural y otros de unos 50 cms, los precios van de los $16,000.00 a los $80,000.00 dlls. Me remiten a las esculturas de Javier y Jorge Marín que han realizado con bailarines. La obra de MacDonald es virtuosa pero dispareja, están expuestas litografías y dibujos de $5,000.00 dlls, y sólo algunas esculturas alcanzan un nivel sorprendente en la ejecución del tema. Es un equilibrio delicado, con la referencia del Circ du Soleil la mayoría de las obras caen en la cursilería estrepitosamente. Tres piezas se libran de ser souvenirs caros del circo y alcanzan el nivel de verdaderas obras de arte: un trapecista con los ojos vendados, un desnudo masculino y tres figuras, hombre y mujeres que comparten un musculoso y gimnástico menage. Las obras de los Marín son más dramáticas y emocionantes. Ellos son los que tendrían que estar con el Circo haciéndoles colecciones en resina y bronce, el Soleil ganaría con una interpretación audaz y sensual de sus espectáculos alejándolos de la visión de los turistas.

En el Venetian al borde de un canal de fantasía y gondoleros de Puerto Rico, está Jack Gallery. Es la primera vez que me sorprendo en Vegas, la galería tiene su propio taller de litografía y serigrafía, S2Art Group, que imprime en máquinas francesas del siglo XIX con tintas y técnicas originales. Con un programa de artistas residentes, crean un proyecto de obra y el artista lo realiza en esta Disney del desierto. Entre sus artistas está Ronnie Wood, el guitarrista de los Rolling Stones. Ronnie estudió arte en el Ealing College of Art y pinta, dibuja e imprime desde hace 35 años. Es Master Printer, y él mismo divide su carrera en rock and roll y arte. Hace dibujos y pinturas de sus giras, actuaciones en vivo, sesiones de grabación, retratos de Mike y el resto de los Stones. La obra expuesta son serigrafías en papel velvet black del Voodoo Lounge Tour, y retratos de otros músicos como Hendrix o Morrison. Mientras Warhol en sus serigrafías se iba por pocos colores, Ronnie trabaja con todo lo que puede, creando la misma intensidad de su música en la aplicación del color. Las obras tienen un estilo de boceto rápido, parece que dibuja sin parar mientras el concierto está en vivo, quiere retener la sensación de que son escenas que él vive y las recrea no como músico, sino como dibujante, como pintor. En ocasiones trabaja con un trazo furioso, que marca el ritmo de la música, la energía del aplauso de millones de personas. El color vibrante es el resultado de la iluminación de miles de LEDs sobre los músicos, los destellos los define con aplicación de hoja de oro. Las obras tienen precios entre los $2,500.00 a los $7,250.00 dlls.

En Jack Gallery también exponen cosas raras como dibujos de Donna Summer, muy malos y litografías estilo Mondrian de Frank Sinatra porque saben que en este parque temático las celebridades venden.

En Vegas el arte es la puerta falsa, hay obras que te hacen creer que es una ciudad real, no una maqueta gigante que se acciona con sustancias.

Publicado en el suplemento Laberinto de Milenio Diario el sábado 5 de diciembre del 2009.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

EL ERROR EN EL ARTE



Yoko Ono, Coathangers (1966)

El siglo XX es el siglo del gran error del arte, de la gran equivocación, el mal entendido de convertir lo banal e intrascendental en perpetuo, de confundir el ingenio rápido y fácil en reflexión profunda. Con el inicio del siglo XX comenzó la etapa más torpe y mediocre de la creación y la visión artística. En 1917 Marcel Duchamp hizo del sentido del humor la nueva filosofía, de la ocurrencia un aforismo y de la supuesta falta de la comprensión del público su máxima. Al llamar a un urinario Fuente, Duchamp inventaba el anti-arte, una pieza destinada a destruir al arte. Esta invención fue mal interpretada como una osadía estética y los teóricos y curadores, la instauraron como canon del arte. Este fue el primer error, afirmar que una obra anti artística, era arte y situarla en el contexto impropio, el museo.

Aquí el error no se detuvo, con la invención de Duchamp, el ready-made, se desencadenaron varios malos entendidos. El primero fue no entender el nombre. En la sociedad de consumo, un ready-made es un objeto que nos libra de pensar, está listo para usarse, no requiere de ningún esfuerzo de nuestra parte, ni intelectual ni físico. Si es una sopa, la comes de inmediato, si es aparato, no necesita que leas las instrucciones, lo usas y ya, listo. Y los ready-made artísticos son un compendio de contradicciones. A pesar de su simpleza e inmediatez, requieren de una “gran reflexión”. Primero por parte del artista, que le toma pensar exhaustivamente entre elegir una botella de plástico o sus zapatos, o revisar el contenedor de basura de su calle. Y si eso fuera poco, algo que con sólo verlo tendríamos que asimilar de inmediato las ideas trascendentales, enigmáticas y profundas del artista, necesita de las explicaciones exhaustivas del curador, sus interpretaciones y otros desgloses. Se supone que está listo para usarse, no sólo para evitar el trabajo del artista, que le basta elegir cualquier objeto de su casa y convertirlo en arte, sino porque está listo para el espectador lo aprecie sin trámites intelectuales que impidan el acceso a la comprensión de la obra.

De ahí surgió el otro error: creer que si Duchamp eligió un urinario, alguien podía ahora elegir una silla, un bote de limpiador o lo que sea y también convertirlo una obra. El ready-made inició y terminó con el primer objeto, nada que lo imitara o que continuara sobre esta dirección puede ser incluido como obra. Duchamp al elegir un urinario estaba eligiendo un objeto y esto resume a todos los objetos existentes, este es el único que puede ser una obra. El resto de montañas de objetos que han surgido después de este Adán de la invención, son discursos redundantes, repeticiones inútiles que no aportan algo. Creer que un refrigerador es diferente que un urinario es carecer de todo entendimiento de la propuesta. Se trata de que ya “es” un objeto, y para ese término todos los objetos son iguales. Sumar cosas no hace más grande a la propuesta, la hace repetitiva hasta el aburrimiento.

De ahí se desencadenó el otro error: creer que esto es arte. Negar la proclama del anti-arte como destructor del arte y posicionarlo como obra, atribuyéndole argumentos sublimes a algo que pretendía dinamitar lo sublime del arte.

Siguiente error: al establecer que cualquier cosa puede ser arte y que todo el mundo puede ser artista surgió la devaluación por repetición, la desvalorización por exceso. Todo es arte y todos son artistas, luego, esto no tiene una sola cualidad extraordinaria, entonces no tiene porque existir un museo para exhibir lo común y corriente. Exigir salas, difusión, precios exorbitantes para algo que supera con mucho la oferta sobre la demanda es una contradicción profunda.

Lo que llamaron la democratización del arte, el proceso de despojarlo de su “aura” es un error más. Relacionar la democracia, o sea el hecho de poner algo al alcance de todos, fue la popularización de la mediocridad. Negar el virtuosismo para acercar la realización del arte a todas las personas, incluidas las que no tienen talento creador, no hizo al arte cercano a la gente, lo hizo mediocre. Conectar masas y poca inteligencia no es un favor ni al arte ni al público.

A esta concatenación de despropósitos se reunió la imposición de esta estética al adueñarse del término “arte contemporáneo” para denominar a los objetos, y todas las formas pseudo artísticas que siguen de esta propuesta del ready-made, como instalaciones, videos, efectos sonoros y performances. Lo que se suponía una democratización se convirtió en una tiranía, imponiendo que todo lo que implica virtuosismo, talento, trabajo e investigación no es contemporáneo, porque esto significa tradición. Este error de sacar del círculo contemporáneo a los artistas que hacen sus obras, que son pintores o escultores, convirtió a la propuesta revolucionaria en el status quo, en el arte oficial, y los que antes representaban a las academias ahora son la transgresión, son los out siders, la verdadera guerrilla creativa. La revolución del urinario se convirtió en dictadura.

Un sólo objeto y su cadena de errores tiene hundido al arte en la más profunda de las depresiones, en la idea de que la falta de talento es una virtud y la repetición sistemática de una idea es una aportación. El siguiente y último error es perpetuar esto, creer que las teorías que sostienen esta estulticia son leyes, someterse a la prohibición de disentir y continuar presenciando obras banales y fáciles como si fueran valiosas. Los grandes errores de la historia se cometieron por cobardía y por complicidad. Una voz que se levante y diga NO es suficiente para destruir estos mitos.