sábado, 1 de agosto de 2009

MATISSE, EL GRAN VOYERISTA




Odalisque aux magnolias, 1923

Matisse y su modelo Wilma Javor, 1939

Grande odalisque a la culotte bayadere, 1925

“Matisse se ha vuelto loco. Matisse es peor que el ajenjo”. Pintó Utrillo en un muro de Montparnasse. Y sabía lo que eso significa, la locura del ajenjo fue el demonio de su época, los delirios se repartían entre la sífilis y la demencia del hada verde. La obra de Matisse tiene abismos que hacen pensar en esquizofrenia, son dos artistas los que pintan, uno busca la aprobación de las vanguardias y la experimentación y otro, quiere la sensualidad, el placer, la belleza. Este último es el Matisse de las odaliscas. Refugiado en Niza después de la Primera Guerra Mundial, recupera como dijo Ingres “el dibujo, que es el cimiento del arte y el ombligo que es el ojo del torso”, y se vuelca en los vientres redondos de sus modelos, en su reposada espera. Matisse en Niza se convierte en el primer voyerista moderno. En sus desnudos provocados, artificiales y teatrales, él es cómplice de quien posa, y la actitud de sus esclavas nos dice que él está adentro, que no están solas, que forman parte del harem. Estas odaliscas son las adolescentes que hoy conectan su webcam en la computadora y se muestran desnudas, se masturban y provocan a los miles de internautas que las observan, mientras que en la otra habitación, como en otra escena de Matisse, su madre y sus hermanos pequeños juegan al ajedrez.

Este fenómeno de explotación del estado íntimo, del rompimiento de esa pared y la intrusión indiscriminada de extraños en la privacidad, es antes que un vicio moderno un logro estético de Matisse. Sus obras son vistas por una cámara de video que graba 24 horas, en donde los personajes a veces evidencian que el espía está ahí, y otras lo ignoran, lo niegan voluntariamente. Él como los voyeristas de internet, les pide a las modelos que tengan una actitud, les monta un decorado, las viste, y crea espacios fantásticos, harems que sólo existen en el interior de su casa. En la mayoría de las de litografías de desnudos, las modelos descansan sobre un diván, están con la confianza de ser observadas por un viejo amante, a veces lo miran, esperan que les pida algo: que abran las piernas, levanten los brazos, cierren los ojos. Y a un lado está Matisse, con algo más de 60 años, pintando completamente vestido, con corbata y su bata blanca, mientras una joven posa de espaldas, mostrando sus nalgas perfectas, nalgas que Matisse conoce perfectamente y puede dibujar con dos trazos.

Estas litografías de desnudos son obras de quien ha tocado muchas veces esos cuerpos, que los ha tenido entre las manos, que los posee cuando le da la gana. Matisse conocía el poder de la intimidad, sabía que si lograba meternos dentro de esas casas, en las habitaciones de estas mujeres, nos íbamos enganchar como si fuera ajenjo. El poder de la adicción al sexo, a la curiosidad que implica ver, entrometerse en lo que no nos pertenece es una droga violenta. Y Matisse explotó ese vicio, esa adicción a la contemplación de la cotidianeidad ajena, reconstruyó con milimétrico detalle casas, estancias, ambientes y nos introdujo hasta el fondo para que supiéramos como viven esas personas. Lo cubrió de colores explosivos para jalar nuestro apetito. Son lugares hedonistas, aquí el placer corre de un cuarto a otro. Y al fondo una ventana abierta nos dice, me gusta que me vean, me encanta que violen mi espacio, que escuchen mis quejidos, que se enteren que estoy cogiendo con el pintor, que me cojo a Matisse.

Existen estudios de género que reprochan la pasividad de las modelos, dicen que son utilizadas, sin percatarse que no son pasivas, que gozan mientras son observadas. Los voyeristas existen porque los exhibicionistas son unos viciosos. Es la felicidad del apetito saciado, y la promesa de que habrá más. En las odaliscas con pantalones, una de rayas, otra blancos, los pliegues repiten los músculos del coño, y la piel está bañada por la luz cálida de Niza, que provoca brillos. Matisse que venia de los colores planos y las líneas sin luces, con voracidad describe hasta la obsesión la suave y tibia carne de sus esclavas, de sus mujeres dispuestas y amables. Ese ojo que es el ombligo que lo mira, es el otro espía, el que ve como Matisse ha regresado al placer, a la luz, a la voluptuosidad.

Publicado por Laberinto de Milenio Diario, el sábado 1 de agosto.

9 comentarios:

Guillermo Sepulveda dijo...

Avelina,
hace muchos años tuve la oportunidad de ver la gran restrospectiva de Matisse en el MOMA de N.York, la visite diario durante tres dias, y fui descubrinedo mucho. sobre todo su transito eliptico que a veces se distanciaba pero regresaba otra vez al punto pero en otro nivel, iva ascendiendo, en el sentido que los temas no eran lo importante sino el manejo de la pintura en si misma, hasta llegar a algo escencial (asi como Cezzane con su Moint Saint Victoire y sus Bañistas) Pero, como tu dices, las odaliscas ocupaban lugar aparte, respiraban ese contacto esa cercania indispensable, eran otra cosa.
Avelina como siempre tu ensayo excelente!
Guillermo

Anónimo dijo...

Avelina, no tengo el gusto de conocerte, pero te escuché hoy en la mañana en Radio Universidad, de la UdeG y me gustó mucho tu comentario.

Para nada soy ni crítico ni nada, simplemente me interesa el tema de la cultura y el arte, pero me gustó mucho tu agudo comentario, certero, bien escrito y mejor dicho.

Tu blog está muy padre. Seguro aprenderé mucho contigo y con tu blog.

Te mando saludos...
José Antonio Cabello

Avelina Lésper dijo...

José Antonio: gracias y bienvenido al blog, aquí subo las colaboraciones de Señales de Humo, Laberinto y otras publicaciones.

Betuel Mercado dijo...

Solo hay dos cosas en las que creo en el sexo y en la muerte. -Woody Allen
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JuanMa dijo...

Hola Avelina. Interesante texto.

Esa forma de entender la imagen como un ejercicio de voyerismo es algo que a mí particularmente me interesa mucho a la hora de crear imágenes, de hecho acabo de subir a mi blog (juanmamoreno.blogspot.com) un par de pinturas hechas hace escasos días que tienen mucho que ver con este tema tan sugerente. Mirándolas a ellas, y mirando las pinturas de Matisse, o la Venus de Urbino de Tiziano, o cualquiera de los miles de desnudos que el arte nos ha regalado a lo largo de milenios de historia, uno puede darse cuenta como con el tiempo va cambiando la forma de entender el erotismo a través de la imagen. Son diferentes formas de entender su belleza, pero todas responden a la misma motivación. Freedberg, de hecho, decía que el arte es una proyección de anhelos.

Juan Antonio Torron Castro dijo...

Es fantástico tu blog, lo seguiré con atención ya que se aprende mucho con él, muchas gracias. Un saludo.-

jansolo dijo...

Saludos

Conozco a maestros de artes marciales, de Karate, kendo, de iaido, a matematicos y linguistas personas que han practicado en cuerpo y alma una disciplina, que se han entregado por completo a lo que hacen porque su existencia esta ligada a ello, al llegar a una edad su energía no decae se perfecciona.

Desde una posición humilde, la entrega en lo que eres se traduce en lo que haces y se refleja en tu obra, puedo entender la fascinación del viejo pintor por sus jovenes modelos, yo me oculto tras mi pantalla mientras hablo con una persona mientras miles pueden ver mis confesiones más intimas, así el viejo pinta obras para si y nos convierte en voyeurs al resto

susana moo dijo...

Me encanta lo que dices y cómo lo dices, me chifla Matise y además soy voyeurista, e incluso exhibicionista, de modo que he disfrutado mucho leyéndote.

pilar baselga dijo...

hola avelina
desde madrid te escribo. me pregunto siempre que veo desnudos pintados por hombres ¿cuándo nosotras adoptamos las poses de las odaliscas? Creo que solo cuando queremos decir "cómeme". Para mí esta postura es la soñada por todo hombre: una mujer abierta, disponible ofrecida, ofreciéndose...La pintura, hasta ahora tan masculina, ha creado un imaginario erótico de mujer pasiva y complaciente con el que no me siento identificada, y la publicidad lo ha recogido, perdón, recuperado. Mi mundo erótico no encuentra eco en el arte, ¿estaré tarada tal vez? Creo que el imaginario erótico femenino está todavía por crear en nuestro mundo visual- porque en la literatura ya existe-, y que deberíamos ponernos a ello, antes que la publicidad, la televisión y el cine hayan destruido definitivamente la riqueza de nuestra imaginación.
mi blog http://nomoriridiota.blogspot.com/
gracias por tu articulo.