miércoles, 10 de diciembre de 2008

EL VALOR DEL FRACASO


“Un artista tiene derecho a fracasar” dijo Miquel Barceló a los comisionados de la ONU encargados de darle seguimiento a su obra en la cúpula del Palacio de las Naciones en Ginebra, Suiza. Después de más de un año de pruebas, Barceló no lograba el efecto que quería para su obra y ante la insistencia de la institución por el avance del proyecto, Barceló con valor y humildad exigió su derecho al fracaso. Lo trascendente de la actitud del artista español es que en su obra existen parámetros de calidad y de factura, fines y objetivos y dentro de estos puede definir claramente cuando está logrando una obra o cuando no es lo que él quería. Aun terminada e inaugurada repitió que no era lo que él planeó y que la dimensión del trabajo lo sobrepasó. Él al reconocer este fracaso en su trabajo, reconocía también que el arte es exacto y que si el artista no está satisfecho eso sale a la vista. Por eso en el arte existen obras inconclusas y otras que sus autores destruyen porque saben que no son perfectas y que no son lo que ellos desearon. En el arte real la calidad es un objetivo, la perfección es una meta, llenar las propias expectativas esta en el plan de trabajo. El artista al crear toma riesgos y experimenta, enfrentándose a resultados excelentes o mediocres, y valiente toma de nuevo la decisión de seguir con la búsqueda y su obra. Esta capacidad de autocrítica y de honestidad se pierde cuando hablamos de obras conceptuales y de sus autores, porque no existen elementos con los que podamos saber si la obra está lograda o no lo está. Los autores viven en la sobre protección de los críticos de arte y no necesitan confrontarse con su obra, al contrario el accidente y la falta de calidad forman parte de su estilo. En la obra de Barceló es sencillo poder emitir una crítica, apreciar si la obra es congruente con la dimensión y la naturaleza del espacio, si la selección de materiales y colores responden al mensaje. ¿Podemos hacer lo mismo con otro tipo de obras? Por ejemplo, la cama revuelta con fluidos en las sábanas y rodeada de condones usados y ropa interior sucia tirada en el piso de Tracey Emin, o romper la galería cómo lo han hecho Salcedo, Mike Nelson y Bustamante, poner objetos en selección arbitraria y rebautizarlos como obras. Tengan estos trabajos el resultado que sea, la realidad es que en esto no existe una sola característica o factor que ni remotamente nos diga si esta obra está lograda o no lo está. Y no es un asunto de discurso ya sabemos que esto justifica la presencia de lo que sea, es un asunto de factura, sólo eso. En una cama sucia quién va a decir así no se hace, la cama tendría que estar volteada o las sábanas ser de otro color. Los hoyos de Mike Nelson son más grandes que los de Bustamante y ella puede argumentar que ese era el efecto que deseaba, o sea que todo esta bien. En el arte real eso si es evidente, hay cuadros que nunca se secan, catedrales que se caen a pedazos, retratos que no se parecen al retratado, obras que no alcanzan a desarrollar un clímax, miles de bocetos despedazados y cuadros quemados por los artistas. En las pruebas de rayos X que les hacen a las obras para autentificarlas, podemos ver cómo debajo había otra que fue sepultada por el artista bajo una capa de pintura. En las obras conceptuales no hay margen de error porque la perfección no es una meta, entonces cualquier fracaso es éxito. En las obras conceptuales el error es virtud, no saben la inmensa responsabilidad de reconocer cuando un trabajo es fallido. Ahí todo es bueno, todo es válido. Barceló tiene a los ojos del mundo sobre su obra, él sabe que no hay cabida para el engaño o la excusa, que si su material no resiste y se derrumba es responsabilidad suya, si el efecto de océanos y tierra que quiso dar no se aprecia es también responsabilidad suya. No va a salir un curador a armarle un discurso que diga que ese defecto es efecto, que significa su visión del mundo o la soledad de la humanidad. Ese es el valor del verdadero artista: que está solo ante su obra, no se refugia en elucubraciones porque el resultado de su trabajo es la denuncia misma de su capacidad y su alcance. La gloria o el rechazo sólo le pertenecen a él.

5 comentarios:

JuanMa dijo...

Muy buen artículo, expresas con excelentes palabras lo que yo pienso de conceptuales y demás caras-duras del estilo. En alguna asignatura me toca escuchar sus justificaciones ante despropósitos colosales, una que me hizo mucha gracia fué: "a mi es que me interesa más el proceso que la propia obra"

Un pico y una pala les daba yo!
(O un pincel y un lienzo en blanco)

Yo mismo empecé hace poco un blog de crítica y debate artístico, la dirección es: www.sobrearteyharte.blogspot.com

Bueno y ya de paso te pongo el link a mi blog donde subo mis obras: www.juanmamoreno.blogspot.com

Avelina Lésper dijo...

JuanMa: Es que para la mediocridad simpre hay coartadas, y como no existen parámetros de calidad todo es obra, y llamar más importante al proceso que a la obra es un cinismo enorme porque el proceso es invisible para el espectador, nadie, solo el artista conoce el proceso, o que nos lo muestren y hagan como Turner que retocaba sus cuadros frente al público y podias ver como de unas brumas de color sugía un incendio y un puente o un barco y el océano. Claro que para eso hay que saber pintar. Y de eso no tiene ni idea estos "artistas " oficiales.

Víctor Sulser dijo...

Pues a mi me parece que es cuestión de honestidad, sea el genero del que se trate.

Hay pintura vacía y fallida, que encuentra mercado y museos por que se le viste elegantemente por la critica.

también es posible, legitimado por la fama, venderle a la gente fiascos de grandes nombres. Porque hay gente que prefiere tener un Rivera, aunque sea el peor momento de la mano del maestro. Y no colgaría en su casa el mejor de los cuadros de un artista sin nombre.

En el caso del arte conceptual(que mal nombre tiene, deberíamos buscarle otro) también hay definiciones, retos a alcanzar.

la obra abierta al accidente es un reto; hay artistas que lo logran y otros no. Y se nota.

El problema cierto es la existencia de un circuito que legitima el arte y que puede dar certificados de calidad que a muchos les importan mas que ver la obra, sea conceptual o pintura-pintura.

Avelina Lésper dijo...

Víctor: El asunto es que la pintura fallida sí se enfrenta al fracaso, de hecho la obra de Barceló es un gran fracaso, como técnica y como lenguaje. Pero los conceptuales nunca se enfrentan a esto, tiene un discurso que encubre todas sus fallas, muchos dicen que el proceso es lo importante y ninguno hace sus obras por que su trabajo es pensarlas, no hacerlas. Aquí el valor es que los artistas están solos con su obra sin el amparo de curadores y críticos. Y por eso tu tienes el privilegio de poder decidir al ver una pintura si es un fiasco o una obra maestra. Entre un lata de sardinas, una caja vacía o un escusado con mierda ¿Cuál es mejor? ¿Lo sabes?

Eduardo Alvarado dijo...

Avelina,

Del trabajo de Barceló me desagrada enormemente un aspecto: los márgenes del espectro de lo que tu llamas "la perfección como meta" no existen.

En él, todo es aleatorio; da igual que la pintura sea grande o pequeña, que el motivo esté centrado o que no, que la línea venga por aquí o por allí, que sea blanco o negro (o gris), que haya más o menos figuras, que el ojo (o cualquier otro elemento) este más alto o más bajo, que se produzca tal o cual accidente...

Y curiosamente, pienso que esta falta de determinación, es la clave de su éxito y apreciación por parte de una gran mayoría.

Aprovecho para felicitarte otra vez por tus conocimientos, claridad de ideas y valentía.